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Advertencia: esta crítica es injusta. |
JULIA EN EL KARAOKE
Para aquellos que dudan de si el WASP (blanco anglosajón protestante) existe, La boda..., les demostrará que no sólo existe, sino que encuentra gente como Hogan, dispuestos a celebrar sus horrendos gustos estéticos, sus melancólicas manías culturales. Algún cadáver muy descompuesto de guión de Wooddy Allen es usado por La Boda... La comedia romántica en serio degenere escatológico. La boda... es peor que Sabrina (Sidney Pollanck, 1996) y Mi querido presidente (Rob Reiner, 1996). Es, desde los créditos, como una Grease remontada en karaoke y mal cantada. Julia Roberts debe estar recibiendo malos consejos o malas influencias. Antes le daba cuerpo a sus papeles de cenicienta. Y lo hacía con talento. Luego, sospechando de las posibilidades de ese talento, coqueteó con directores famosos (Wooddy Allen, Stephen Frears, Neil Jordan, Allan Pakula). Ahora se rinde ante el matrimonio clásico con una rival que es un engendro de ciencia ficción (Cameron Díaz). Gracias a sus cualidades grandilocuentes y ventosas, La boda... ha despertado la curiosidad de nuestra clase media. Todo se debe a las, hoy en entredicho, cualidades de Julia. Pero lo sentimos, La boda... es la capitulación de Julia, ya no la veremos buscar trapos y lucirlos (su especialidad), ahora aspira a ama de casa, ¿no es horrendo?
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