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Almost Famous (2000). Película de Cameron Crowe. Con Patrick Fugit, Frances Mc Dorman, Kate Hudson, Billy Cudrup y Philip Seymour Hoffman. |
ALMOST FAMOUS: COMO CERRAR LOS OJOS
El rock irrumpe, desde el vinil de los años 70, en una familia frágil. La madre y viuda (Frances McDorman) -el esposo ha muerto hace muchos años-, teme por la suerte de sus hijos adolescentes William y Anita (Zooey Deschanel) quienes ya manejan la idolatría del rock. Para Anita es cuestión básica de independencia. Y así el rock fractura la familia cuando la muchacha se marcha de casa. En los 60s la contracultura fracturó también las sociedades. Cameron Crowe, el director de Almost Famous, quien alega narrar una historia autobiográfica, no se puede colocar "más allá" de lo social, y ante todo de cierta mitología. A la pregunta sobre la fractura familiar, le opone la reconciliación de los muchachos mechudos con la madre asertiva, de la candidez del fan con los medios de comunicación. Aunque Anita se va de casa, William ha sido inoculado con la pasión del rock. Pero, como en las tragedias griegas, el muchacho es a la vez un "salvador" y restituidor de valores. Su fijación es doble, además. No se fija tanto en la música, como en la posibilidad de escribir de música, ser un cronista rock. El fan especializado tiene de modelo a Lester Bang, y recibe de este (interpretado por Philip Seymour Hoffman) la bendición o autorización necesaria. Todo es mitología pop en Almoust famous. Las secciones mejor desarrolladas del filme, y por cierto muy disfrutables, son las de la gira del grupo Stillwater en donde el mundo es revelado al teenager William. Irrumpen las groupies, ante todo Penny Lane (Kate Hudson) de quien William obvio se enamora, pero la que vive de un amor masoquista con el guitarrista líder Russel Hamond (Billy Cudrup). Pero este cruce del mundo por el jovencito William no podía ser más virginal: controlado por la distante vigilancia materna y por su compromiso de escribir para Rollin Stone se mantiene alejado de los obvios 'peligros', sexo y drogas, y ubicado en un lugar de privilegio para "aprender". Muy bien llevado el desarrollo dramático de esta parte, aparece menos violento (y crítico) de lo que podría ser dado que las canciones de rock and roll endulzan los instantes ásperos (para citar Rubén Darío). El rock, entonces, como himno melancólico y como reconciliación, como retorno de cierta armonía infantil (o infantiloide a veces) que el rock and roll siempre ha perseguido. Incluso la divina criaturita de la Kate Hudson, en vez de ser triturada por la maquinaria, como uno esperaría, se idealiza en cromos postales, aunque haya alguno conmovedor, con lágrimas y todo. Almost famous pregona un regreso, un retorno. Parece decir: hemos vuelto enriquecidos de una escapada algo turbulenta pero que valió la pena. En las últimas secuencias el ídolo rock (Cudrup) cruza la puerta del cuarto del fan que duerme (Fugit). La reconciliación ha sido posible: todo es posible si hasta las articulaciones salvajes y crueles (como la venta de Penny Lane a otro grupo) son donadas al romanticismo. Es posible la portada en Rollin Stone, la amistad entre el fan y el ídolo, entre la madre y el fan, entre la hija que se fue y la madre que la recibe, entre la groupie maltratada y la que vuela lejos, a otro paraíso. No se trata de congelarle el gusto romántico al espectador, sino de advertirle que el orden de aquí afuera es diferente. Y que Almost Famous es como cerrar los ojos, porque con su quieto romanticismo Crowe no pretende perturbar demasiado la realidad. Será cuestión de taquilla. |
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