Perfil Del Gran Dios
El
Wodan germánico es el Odín escandinavo
que los romanos confundieron con el dios Mercurio, por
su sombrero de viajero, por su condición de mago que iba
obrando maravillas con su varita y por ser un maestro en el arte
de la escritura sagrada.
Debe
advertirse que los primeros nórdico-germanos adoraron a
un dios al que llamaron "Diu", Padre universal,
Allvater o Alfadur, que paulatinamente fue adquiriendo
el perfil que corresponde al gran señor de Asgard,
la región superior.
Pablo
el Diácono, en su Historia de los longobardos, (I, 9) indica
que Wodan o Wotan es nombre que está relacionado
con "Wut", es decir, Furor, lo cual debe
entenderse más como energía vivificadora que como
furor teutonicus, aunque fuera Odín el gran señor
de las batallas.
Odín
se halla en su gran trono de mil resplandores, Hlidskialf.
Muestra hermoso semblante y ostenta una larga barba y una gran
cabellera rubia que desciende ondulante sobre sus hombros. Mira
a través de un solo ojo, pues se dice que sacrificó
el otro para obtener el don supremo de la sabiduría. Los
estudiosos de otros tiempos han querido ver, en la condición
monocular del dios, un símbolo del Sol. Hubo una época
en que los mitólogos se movían a sus anchas en el
mundo meteorológico como clave suprema para desentrañar
los misterios de la simbología. Decían, por ejemplo,
que el cabello ondulado significaba las nubes o que la gran capa
de tonos azulados correspondía al firmamento. El nombre
de esta prenda, en el viejo germano, era hokull, de ahí
que Odín fuese conocido como Heklumadr, el
cazador de los cielos, el de la rugiente comitiva de vendavales
y truenos, conocido como Hakolbérand, Hakelberend...
Dicen
que Odín tiene puesto el ojo en el mediodía,
porque de aquella regi6n llegarán los gigantones de fuego
para el gran combate final.
Una
lanza enorme - Gungir - aparece apoyada junto al trono
del dios. A sus pies, descansan dos lobos, Gerim, el Ávido
y Freki, el Voraz, que continuamente están masticando
las carnes de un jabalí. No estará de más
indicar que los lobos devoraban los cadáveres extendidos
sobre el campo de batalla. Las viejas canciones recogían
la creencia de que cuando nacía un gran héroe, los
lobos aullaban de contento, como si presintieran los bocados que
tenían asegurados.
Ristra
y Mistra, dos hermosísimas valkirias, estaban pendientes
del gran dios para llevarle, en todo momento, el recipiente de
cuerno, cubierto con lámina de oro, que contenía
el delicioso hidromiel de la eterna juventud.
Dos
cuervos, Hugin, es decir, Reflexión, y Munin,
o sea, la Memoria, o bien se apoyan sobre los hombros del dios
o bien revolotean junto a su cabeza para contarle todo lo que
han visto en sus desplazamientos por los distintos mundos.
Dios
De Batallas Y Cosechas
El
dios de las batallas y de las victorias es también el señor
de la abundancia y de las buenas cosechas. La relación
es clara: ningún héroe puede acudir al combate si
va mal alimentado. Aunque pueda resultar curiosa la relación
entre Odín y las cosechas de los campos, debe advertirse,
por una parte, que la bendición de la fertilidad deriva,
en último término, de la región de los muertos
y, por otra, que la "gran cosecha de Odín" es
el conjunto de las almas de cuantos expiraban en el combate.
Era costumbre de los campesinos de baja Sajonia dejar una porción
de los cereales cosechados para el caballo de Wodan.

Odín
se muestra, en las batallas, completamente armado con yelmo, coraza,
espada y lanza. Va montado en su caballo blanco de ocho patas,
Sleipnir. No combate, pero otorga la victoria al ejército
entre cuyos guerreros aparece. Este dios pasaba por inventor del
arte militar. Inspiraba inteligentes estrategias a sus elegidos.
Por ejemplo, refiérase que cuando Araldo, el rey
de los daneses, ofreció al dios las almas de sus guerreros,
antes de iniciar la batalla contra Ingón, soberano
de los suecos, apareció un viejo bizco, de estatura mayor
que los humanos, el cual sugirió al danés que dispusiese
el ataque de sus tropas en forma de cuña para romper filas
y adentrarse en las huestes suecas. Ni que decir tiene que Araldo
alcanzó la victoria.
Odín,
Señor Del Saber Y De Los Cantos Celestiales
Odín
descendía, por parte de madre, del linaje de los iötunos,
los gigantes de los viejos tiempos y, por ello, había sido
iniciado en la sabiduría de los primeros principios, en
el conocimiento de los orígenes. Es comprensible que los
gigantes gozasen del saber primordial de los remotos fundamentos
de toda cosa, pues descendían de Ymir, que existió
antes de que el mundo fuese creado. Pero Odín no
sólo poseía el legado de un saber antañón,
sino que sentía la invencible necesidad de ampliar información.
El conocimiento es siempre algo abierto a una extensión
de mayores horizontes.
Odín
se desplazó, como misterioso viajero, hasta Iotunheim,
el país de los gigantes, donde se hallaba la fuente del
sabio Mimir, la Sabiduría, y le dijo que le diese
un solo sorbo del agua del conocimiento. El gigante le indicó
que, para lograr aquella agua, había de sacrificar un ojo.
Si estaba dispuesto a arrancárselo, podría tener
acceso a las límpidas aguas siempre que quisiese. El dios
as no vaciló. Para apuntar bien, hay que tener un ojo cerrado
o si se quiere entender de otro modo: el verdadero conocimiento
de las cosas se alcanza cuando se ha podido superar la dualidad,
la oposición, el enfrentamiento entre el que conoce y lo
conocido...
Se
tenía a Odín por inventor de las runas,
los caracteres sagrados de los nórdico-germanos. Grababa
las runas sobre su varita mágica para obrar portentos.
Nada, absolutamente nada, puede oponerse a la fuerza mágica
de las runas de Wodam. Gracias a este recurso, el dios
dispone de la omnipotencia. Él enseñó todo
cuanto sabía el sin par Odhr.
Además,
Odín era un incansable viajero, visitaba los distintos
mundos, siempre a la búsqueda de interesantes noticias.
Se dedicó a Odín o Wodan el miércoles
(Wodastag), cuyo nombre aún resuena en el Wednesday de
los ingleses, en el Woensdag de los holandeses, en el Godenstag,
en el Gonstag, Gaunstag, Gunstag, Goverstag...
Engaño
Y Muerte De Odhr, El Inspirado
No
era hidromiel corriente. Al líquido, además de la
miel divina, los enanos Fiallar, el Trocador, y Giallar,
el Derribador, habían añadido la sangre de Odhr,
Señor de toda inspiración. Pues bien, el líquido
vital de éste otorgó a la bebida, un poder inimaginable.
Esa aguamiel de propiedades excepcionales recibió el nombre
de "Odhraeir", pues la sangre del Señor
de toda inspiración excitaba notablemente el espíritu.
Bastaba beber un pequeño sorbo de aquel hidromiel para
que uno quedase convertido en sabio poeta. La "sangre de
Odhr" podría referirse a algún tipo
de sustancia embriagadora o alucinógena. Los enanos iban
diciendo que el pobre Odhr había muerto por exceso
de inspiración.
Enanos
Vencen Gigantes
Los
enanos son taimados y conocen grandes cosas. Su ingenio y, en
ocasiones, su malicia suple talla y fuerza. Al contrario, los
gigantes son algo bobos, quizá para contrarrestar, de este
modo, su gran fuerza. Diríase que hay una tendencia a equilibrar
defectos y excesos.
En
cierta ocasión, Fiallar y Giallar invitaron
al gigantón Gilling, el Alborotador, a navegar.
Le indicaron que le conducirían a lugares portentosos.
Bastaría que, con su gran nave, siguiese sus menudas barquichuelas.
Así se hizo y los enanos condujeron al necio de Gilling
hacia una zona de escollos entre los cuales sus barquitas podían
pasar fácilmente, pero la nave del gigante no tardó
en dar contra unas rocas y se hundió. El gigante se ahogó.
Quedaba
la viuda. Los enanos se encaminaron hacia la cueva de la giganta
para comunicarle la desgracia. Fiallar entró en
la cueva, encargado de la triste misión. Gritos, alaridos,
lamentos. El enano le indicó que quizás, si veía
el lugar donde su esposo se había hundido, podría
llevar a cabo rituales y, de este modo, posiblemente, su dolor
disminuiría. La pobre mujerona siguió al enano gimoteando.
Giallar estaba esperando en lo alto de la salida de la
caverna, dispuesto a poner en movimiento una rueda de molino así
que la giganta apareciese. La pobre mujer sucumbió bajo
aquella piedra.
Dones
Quebrantan Venganzas
Lo
que no sabían los enanos es que Gilling tenía
un sobrino llamado Suttung, el Ruidoso. Cuando la noticia
de la muerte de sus parientes llegó hasta él, determinó
vengarlos como cumplía. Partió en busca de los enanos,
los apresó y los condujo por mar hasta una roca donde no
había nada de nada. Sin duda, en aquel lugar, los enanos
morirían de hambre. Antes de que el vengador les abandonase
a su suerte, los enanos le prometieron que si les sacaba de aquel
lugar y olvidaba su venganza, le entregarían un odre lleno
del hidromiel Odhaeir. Gilling dejó correr
su venganza y recibió el valioso odre que fue a ocultar
en un monte del país de los gigantes. Encargó a
su hija Gunnlod la custodia de aquel tesoro de inspiración.
Odín
Busca Inspiración
Los
cuervos de Odín, que lo vigilan todo, acudieron
a su señor para contarle todo lo ocurrido con los esposos
Gilling, los enanos, el sobrino y el odre de hidromiel.
Odín,
siempre sediento de mayor inspiración, partió a
la búsqueda del aguamiel enriquecido con la sangre de Odhr.
Odín
Hace El Trabajo De Nueve Hombres
En
su marcha hacia el país de los gigantes, Odín
llega a las tierras de Baugi, el Encorvado, que era el
hermano de Suttung. Encontró allí siete siervos
que estaban segando heno. Odín se ofreció
a afilarles las hoces. Los trabajadores aceptaron y, desde aquel
momento, las hoces empezaron a segar de tal manera, que todos
querían conseguir la piedra afiladora. Pero Odín
les dijo que no tenían suficientes monedas para comprar
aquella maravilla. Lo único que podía hacer era
lanzarla hacia lo alto para que se la quedase aquel que la cogiera.
Así lo hizo y los operarios desplegaron tal furia para
conseguirla, que se mataron unos a otros. De este modo, Baugi,
el Encorvado, se quedó sin siervos y el henal, sin segar.
En éstas que llega Odín y Baugi accede
a que pase la noche en su casa. No había de tardar el gigante
en quejarse de la mala suerte que había caído en
su campo. Odín le propuso terminar el trabajo si
le proporcionaba un solo sorbo del hidromiel Odhraeir.
Baugi contestó que nada podía hacer en lo tocante
al sagrado licor, porque pertenecía a su hermano, pero
que gustosamente le acompañaría hasta donde se hallaba
para que se lo pudiese pedir directamente. Odín
efectuó el trabajo de nueve hombres y Baugi lo condujo
hasta las tierras de su hermano.
Lo
Que Un Padre Guarda, La Hija Lo Regala
Suttung
no estaba dispuesto a ceder ni una gota del hidromiel Odhraeir
aunque se lo pidiese el mismísimo Odín. Pero
un dios no renuncia fácilmente a sus propósitos.
Fue al encuentro de Gunnlod, la hija de Suttung,
bajo la apariencia de gigante; porque, como es sabido, un dios
puede adquirir todas las formas. La joven quedó prendada
ante la apariencia del hermoso gigantón y se entregó
complaciente. Pasaron tres días y tres noches en placentera
y reiterada unión. ¿Podría negarse la joven
a dar a su amante unos sorbos de aquel licor cuya guarda se le
había encomendado?
Los
sorbos de Odín fueron tales, que consumió
todo el líquido de la inspiración. Después,
el dios adoptó forma de águila, sin duda, para salir
volando.
Con
Un Traje De Águila, Se Puede Perseguir A Un Dios
Suttung,
al ver que Odín, transformado en águila,
iba atravesando espacios, se enfundó su casaca voladora
y se lanzó tras el dios. Odín iba lleno de
aguamiel, casi se había convertido en un odre con alas;
por ello, pudo alcanzarlo Suttung y se permitió
luchar con el señor de las tormentas. Pero un dios es un
dios y un gigante con alas no por ello pierde peso, por eso corre
riesgos en lo alto. Como era de suponer, Suttung cayó.
El
dios llega al país de los ases y allí distribuyó
el brebaje divino de la inspiración entre sus compañeros.
Por eso, en el lenguaje sagrado, se conoce a la poesía
como "conquista de Odín" (Odins Fang) o bien
"bebida de Odín" (Odins Trank). No es raro, pues,
que algunos se hayan referido a la inspiraci6n que viene de lo
alto, como "embriaguez de Odín". No hay creación
sin transporte, sin "presencia" de lo divino.
Un
Asunto De Barbas
Los
vinilos y los vándalos iban a empezar un
singular combate. Los segundos se dirigieron a Odín
para que éste les concediese la victoria. Por su parte,
los vinilos acudieron a Frigga, la esposa de Odín.
Hete ahí enfrentados el poder del señor de las victorias
y la singular astucia de su mujer. Ésta suplicó
a su esposo que concediera la victoria a los vinilos, pero el
dios le contestó que ya había concedido su apoyo
a los vándalos y no podía revocar su decisión.
Frigga
urdió una singular estratagema. Aconsejó a sus protegidos
que se dispusiesen en orden de combate antes de la salida del
sol colocando, además, a las mujeres en primera línea.
Éstas debían deshacer sus largas trenzas para disponerlas,
a modo de barbas, alrededor de su boca. Así lo hicieron.
Frigga, entonces, cambió la disposición de
la cama matrimonial, de modo que el dios, al despertar, viese
ante sí, por la ventana, el ejército vinilo que,
según la disposición prevista, debía hallarse
a sus espaldas. ¿Cuánto puede conseguir una esposa
orientando bien su lecho?
Odín,
el sabelotodo, esta vez engañado, otorga la victoria a
los "barbudos" que tiene delante y una vez más,
las astucias de una mujer logran modificar el destino de un pueblo.
Desde aquel momento, los vinilos dieron en llamarse Langbarte,
es decir, longobardos o si se quiere, para entendernos,
"longas barbas"..