La conquista y el reparto de la tierra
En
1582, a dos años de haber fundado Buenos Aires, Juan de
Garay dotó a los vecinos más prominentes de la ciudad
con tierras de chacra y estancia, las primeras destinadas al cultivo
y las otras a la crianza de ganado. La concesión de estos
terrenos se efectuó por medio de un sorteo, por lo cual
las mismas fueron denominadas suertes. El reparto de suertes de
estancia se prolongó hacia el norte hasta el actual partido
de Zárate y hacia el sur hasta la Magdalena. En cuanto
a las suertes de chacra, parte de las mismas fue distribuida en
la Costa de San Isidro y el resto sobre el río de las Conchas
(actual río Reconquista). Puede presumirse, en consecuencia,
que las actuales localidades de Hurlingham y Villa Udaondo fueron
ocupadas por el español desde aquel entonces.
Entre
quienes bajaron con Garay desde Asunción para fundar la
ciudad se encontraba el capitán Juan Ruiz de Ocaña,
hijo de uno de los soldados españoles que habían
arribado al Río de la Plata con don Pedro de Mendoza. Este
no había resultado favorecido con tierras en aquel primer
reparto, pero antes de 1589 recibió en merced unas tierras
situadas al este del arroyo Morón. Esta circunstancia determinó
que durante todo el siglo XVII esta zona fuera denominada Cañada
de Juan Ruiz. Un testimonio posterior -el testamento de la viuda
de Ruiz de Ocaña, doña Bernardina Guerra, fechado
en 1638- nos informa que las mismas tenían media legua
de frente al arroyo y una legua y media de fondo en dirección
a la ciudad, de lo que resultaba una superficie de alrededor de
1800 hectáreas.
Los
sucesivos gobernadores del Río de la Plata continuaron
con la política de asignar títulos de propiedad
a aquellos vecinos de Buenos Aires que los solicitaran, siempre
que estos pudieran demostrar que contaban con casa poblada en
la ciudad, que habían participado con armas y pertrechos
en su defensa y que descendían o estaban emparentados con
los vecinos fundadores. La segunda merced más antigua de
nuestra zona data de 1589, en que el teniente de gobernador y
justicia mayor de Buenos Aires, Hernando de Mendoza, otorgó
una legua de tierras en la Cañada de Juan Ruiz a Pedro
Verdún de Villaysán, contador de la Real Hacienda.
Posteriormente, en 1596, el gobernador Juan Ramírez de
Velasco entregó a Mateo Sánchez una fracción
de similar extensión, y en 1609 el gobernador Hernandarias
hizo lo propio con García Hernández.
El
pago de la Cañada de Juan Ruiz se halló tempranamente
conectado con la ciudad de Buenos Aires. Ya el título de
propiedad de Verdún de Villaysán hace mención
al camino real que conducía a Córdoba, a cuya izquierda
se encontraban los terrenos que pertenecían a éste.
Pronto aparecieron rutas secundarias, como el llamado camino de
Andrés Lozano, que ya en 1613 bordeaba las tierras que
el gobernador Diego Marín Negrón otorgó en
merced a Andrés Lozano de Saravia, y que corría
en dirección a un vado sobre el río de las Conchas.
El
proceso de ocupación de la tierra en nuestro partido no
supuso, que sepamos, el desalojo de tribus indígenas. En
realidad, nada sabemos del Morón anterior a la conquista
española. Aunque el arroyo pudo haber servido eventualmente
de parada a las tribus nómades de querandíes que
circularon por la región hasta los tiempos de la conquista,
se carece de yacimientos arqueológicos que permitan determinarlo.
En las primeras décadas del siglo XVII el pago de la Cañada
de Juan Ruiz se hallaba aún muy próximo a la frontera
con el indígena, y aunque posteriormente esta frontera
se adentró en dirección al río Salado, puede
considerarse que hasta la década de 1740 nuestro partido
estuvo todavía en la zona de riesgo de malones. No existe
ningún documento escrito, sin embargo, que permita afirmar
que durante el gobierno de Hernandarias se erigió un fortín
dentro de los límites actuales de nuestro partido: esta
aseveración proviene de la interpretación de una
pieza cartográfica realizada por el historiador Raúl
Molina, que escritores locales posteriores han tomado por segura,
pero que nunca ha sido respaldada por evidencias escritas o arqueológicas
con el objeto de superar el campo de las presunciones.
Para
contener los frecuentes ataques indígenas que asolaban
a la ciudad de Buenos Aires, el gobernador Hernandarias crea un
destacamento militar en la zona que corresponde al centro de la
ciudad de Morón, eligiéndose ese lugar por ser una
altura estratégica. El Fortín de Morón, uno
de los tantos creados en la campaña bonaerense durante
el siglo XVII, sirvió de base al posterior asentamiento
estable de la población.
Estos
pobladores se concentraron en la Cañada de Morón
que era, además, la primera posta en el tránsito
hacia Cuyo y el alto Perú por el nuevo camino Real (actual
ruta 7).
En
sus orígenes (siglos XVI y XVII) Morón formaba parte
de un solo partido, el Partido de La Matanza y Cañada de
Morón.
En
1784, dada la extensión del mismo, el Cabildo de Buenos
Aires, establece dos autoridades, una con residencia en La Matanza
y otra en la Cañada de Morón.
Esta
solución trajo muchos problemas para los vecinos ya que
podían reclamar indistintamente ante las dos autoridades,
por lo tanto en 1812 se estableció un límite a la
jurisdicción de cada autoridad: es el Camino de Burgos
(actual Av. Don Bosco, límite entre Morón y La Matanza).
Sin embargo el Partido no se dividió hasta 1822 cuando
se crearon los Juzgados de Paz y se nombró un Juez de Paz
para Morón, quedando de hecho erigido en Partido y comprendiendo
los actuales partidos de Merlo, Ituzaingó y Hurlingham.
Las
autoridades recibieron a través del tiempo distintas denominaciones:
Alcaldes de Santa Hermandad (siglos XVII-XVIII), Jueces de Paz
(desde 1812 a 1856), Presidentes de la Municipalidad ( desde 1856
a 1891) y por último Intendentes a partir de 1891. El primer
Intendente de Morón fue Gregorio de Laferrere.
Morón en tiempos del Virreinato (1776-1810)
El
pago de la Cañada de Morón no se constituyó
en entidad administrativa independiente hasta 1785, en que por
decisión del cabildo de la ciudad de Buenos Aires fue convertido
en partido. Cuando esto sucedió, se le otorgó un
territorio que se extendía desde el actual barrio porteño
de Flores hasta el fortín de Lobos, en la frontera con
los indígenas, y tuvo por máxima autoridad a un
alcalde de la Santa Hermandad, nombrado por el cabildo, quien
dirimía los conflictos entre los vecinos y perseguía
a cuatreros y vagabundos.
Para
entonces ya se había formado un reducido caserío
en torno a la primitiva iglesia de Nuestra Señora del Buen
Viaje, que ocupaba un conjunto de diez cuadras alrededor de la
actual plaza de Morón y que fue el germen de lo que dos
siglos más tarde sería nuestra populosa ciudad.
Sin embargo, la mayor parte de la población del flamante
partido era rural y vivía diseminada en chacras a orillas
del arroyo Morón y del río Reconquista, dedicada
al cultivo de trigo. El fortín de Lobos, por su parte,
albergaba a varias decenas de soldados y sus familias, y se encontraba
bajo las órdenes de un sargento mayor de milicias.
La
legislación colonial establecía que en el partido
de Morón, considerado tierra de pan llevar, la agricultura
tenía prioridad por sobre la ganadería. Estaba por
lo tanto prohibida la crianza de animales, a excepción
de las bestias de tiro al servicio de las labores agrícolas,
como los bueyes para arar o los caballos atahoneros, y de los
estrictamente necesarios para el consumo. Pero la documentación
de la época nos indica que estas disposiciones fueron desobedecidas,
y que en Morón no faltaron grandes criadores de ganado
vacuno. Su existencia generó conflictos entre dos actividades
productivas cuya convivencia era entonces sumamente problemática,
ya que la falta de alambrados impedía a los labradores
contener a los animales ajenos, lo que a menudo les acarreaba
la pérdida de sus cultivos. Las disputas entre uno y otro
sector daban generalmente lugar a pleitos judiciales en los que
el alcalde de la Hermandad se veía obligado a intervenir.
La
presencia del camino real, que conducía a Chile y Perú,
fue fundamental para el partido. Este camino, que es hoy la avenida
Rivadavia, pasaba por el pueblito de Morón para dirigirse
luego al río Reconquista, al que atravesaba por el que
fue llamado desde entonces Paso del Rey. Un sitio alternativo
para vadear el río era el llamado Paso de Morales, llamado
así porque se hallaba sobre las tierras pertenecientes
a Domingo Morales, en lo que luego sería la ciudad de Hurlingham.
Como ninguno de estos vados tenía puente y debían
pasarse a nado o en balsas hechas de cuero, el vecino Pedro Márquez
construyó en 1771 un puente de madera sobre el Reconquista,
el primitivo Puente Márquez, al que se llegaba a través
del camino de Gaona. Existía en la zona una posta, que
ofrecía caballos de refresco a los mensajeros oficiales
del virrey que transitaban hacia el norte del país.
A
finales del período colonial, el partido de la Cañada
de Morón sufrió los primeros recortes en su territorio.
Entre 1800 y 1805 se creó el partido de la Cañada
de la Paja, que se extendía de Merlo hasta el fortín
de Lobos. En 1806 Merlo volvió a integrarse a nuestra jurisdicción,
pero San Salvador de los Lobos se segregó definitivamente
para constituirse en partido. En 1807, finalmente, también
San José de Flores se separó para convertirse en
circunscripción independiente.
De la emancipación a la presidencia de Rivadavia (1810-1827)
Una
de los primeros cambios que afectó al partido de Morón
después de la Revolución de Mayo tuvo que ver con
la definición de su jurisdicción territorial. Durante
el período colonial, los alcaldes de los partidos de la
Matanza y Cañada de Morón habían entrado
a menudo en conflicto por cuestiones de competencia. No fue hasta
1812 que se otorgó a cada uno un territorio propio, siéndole
asignado al primero el que se hallaba recostado sobre el río
Reconquista, mientras que el segundo debió resignarse a
actuar en el que se cernía sobre el río Matanza.
El límite que se estableció entre ambos sigue estando
en vigencia: el camino de Burgos, que es hoy la calle Don Bosco.
En
1815, la población moronense fue censada por primera vez
tras haber concluido la dominación española. Este
empadronamiento vino a confirmar lo que venía sucediendo
desde hacía un siglo: predominaban los agricultores, que
resultaron ser entonces el 56,5% de los habitantes del partido.
El mismo también nos muestra, no obstante, que la aplicación
de la legislación española no había logrado
desarraigar la ganadería, ya que el 26,3% de los pobladores
subsistía gracias a la crianza de animales. El resto de
los censados se componía fundamentalmente de trabajadores
manuales (zapateros, panaderos, carniceros, veleros, pulperos,
carpinteros, sastres y otros, que sumaban el 3,3 %) y de comerciantes
(2%), algunos de los cuales residían en el pueblito de
Morón.
El
partido de Morón, como todos los que componían de
la Provincia de Buenos Aires, fue controlado a partir de 1822
por un juez de paz, funcionario nombrado por el gobernador que
vino a reemplazar a los alcaldes de la Santa Hermandad. En nuestro
caso, esta reforma vino acompañada de un reordenamiento
jurisdiccional. El 6 de febrero de ese mismo año el partido
de la Matanza fue suprimido para volver a reunirse con el de Morón.
Pero esta reunificación fue transitoria, ya que el 29 de
abril de 1825 el Tribunal Superior de Justicia restableció
el juzgado de paz de la Matanza con sus límites anteriores,
señalándole por territorio "todo el que sea
de hacendados desde donde acaban las tierras de labranza".
A resultas de esto último, el partido de Morón se
circunscribió desde entonces a una extensa franja territorial
que se extendía desde los actuales municipios de San Martín
y Tres de Febrero hasta los de Merlo, Marcos Paz y General Las
Heras.
Mientras
tanto, el pueblito de Morón continuaba creciendo lentamente.
Refiere el padre Juan Presas que en 1824 una delegación
pontificia atravesó el territorio argentino para informarse
de la situación de los fieles de nuestro país, y
el 16 de enero de ese año recaló en la villa de
Morón. Este se componía, según refiere el
diario de uno de los sacerdotes que integraban dicha misión,
de "pequeñas casas de veraneo, dispersas por una y
otra parte, pobres casuchas y rancheríos". El camino
que conducía al poblado era bueno, ya que muchos vecinos
pudientes de Buenos Aires habían elegido la zona para retirarse
a descansar con sus familias, pero las casas de hospedaje y las
quintas donde éstos pasaban sus vacaciones contrastaban
con los míseros ranchos de adobe de los agricultores que
sembraban trigo en las chacras cercanas.
Morón en la época de Rosas (1829-1852)
Como
es sabido, el partido de Morón no fue ajeno a la guerra
civil que se produjo entre unitarios y federales. En el que era
entonces su territorio se suscitaron dos importantes batallas,
la primera de las cuales abrió y la segunda cerró
el período rosista. Fue en el Puente Márquez, el
26 de abril de 1829, donde las tropas federales de Juan Manuel
de Rosas vencieron a las del unitario Lavalle. Y sería
en el Palomar de Caseros, el 3 de febrero de 1852, en que Rosas
fue derrotado por Urquiza.
Durante
el régimen rosista, la población moronense continuó
en crecimiento: la misma fue empadronada en dos oportunidades,
de lo que resultó la suma de 2548 habitantes en 1836 y
de 2786 habitantes en 1838. Entre estos se muestra una mayor proporción
de agricultores que en el censo levantado en 1815: el 62,7% de
los individuos empadronados en 1838 manifestó su condición
de chacarero. Esta cifra atestigua no sólo el acentuado
predominio del sector agrícola sino también su crecimiento,
estimulado por el incremento de la población de Buenos
Aires, cuya demanda de cereales iba en aumento. En cuanto a los
establecimientos ganaderos, la mayor parte de los mismos quedaron
relegados en extremo oeste del partido, entre Merlo y la Cañada
de la Paja (General Las Heras).
La
gran mayoría de los moronenses, como era usual entre la
gente del campo, militaba en el Partido Federal. Fieles como eran
a la figura de Rosas, rindieron un verdadero culto a su personalidad,
estimulados por la propaganda partidaria impulsada por el gobernante.
Festejaban el cumpleaños del Restaurador de las Leyes o
sus aniversarios políticos con bailes, carreras de sortijas
y asados con cuero, e inevitablemente cerraban estos festejos
paseando su retrato alrededor de la plaza. Aquellos que no concordaban
con la ideología oficialista eran tildados de salvajes
unitarios, y generalmente fueron perseguidos y sus bienes confiscados.
Esto le sucedió, en concreto, a varios propietarios de
la zona, como Mariano Castex, Fermín Rodríguez,
José Timoteo Bravo y Mariano Monterroso.
El
Restaurador era gran conocedor de nuestro pago, que por otra parte
parece haber visitado asiduamente, ya que la parroquia del Buen
Viaje se hallaba de camino a una hacienda de su propiedad, la
estancia del Pino, que hoy se encuentra en el partido de la Matanza.
Pero si el partido de Morón le interesaba era más
bien por su posición estratégica, y mandó
que se emplazaran en el mismo varias invernadas de caballos del
ejército, necesitado como se hallaba de tener a mano corceles
suficientes para sus emprendimientos militares. Una de dichas
invernadas, provista de "regulares pastos dulces", se
encontraba en 1840 en la orilla occidental del arroyo Morón,
abarcando gran parte de la actual localidad de Castelar.
Entre
1838 y 1852, el partido de Morón tuvo por juez de paz a
Tomás Fernández de Cieza, hombre incondicional a
Rosas. Contra lo que se ha dicho tradicionalmente, éste
no tenía su centro de operaciones en el pueblito de Morón
sino en el de Merlo, donde era propietario de dos casas. También
poseía estancias en Lobos y en Escobar, pero no fue hasta
finales de su gestión que adquirió terrenos dentro
de los actuales límites de nuestro partido: en abril de
1848 compró unos terrenos de poco más de 292 hectáreas
junto al arroyo de Morón, que hoy forman parte de la VII
Brigada Aérea. La suerte de Fernández de Cieza estuvo
curiosamente ligada al destino del Restaurador, pues murió
a las pocas horas de haber sido éste fue vencido en Caseros.
Cuando el gobernador de Buenos Aires fue derrotado por Urquiza,
en efecto, las tropas rosistas buscaron amparo en la estancia
de Fernández de Cieza, y acaso para perpetrar algún
tipo de venganza ataron al juez de paz a un catre y lo quemaron
vivo.
De la caida de Rosas a la actualidad
En
1855 se introdujo un cambio en la administración de los
partidos de la provincia de Buenos Aires: fueron creadas las municipalidades.
Cada partido fue dirigido desde entonces por una corporación
municipal que se componía de un juez de paz nombrado por
el gobernador y de otros cuatro miembros elegidos por medio del
voto de los ciudadanos. El primer juez de paz de Morón
que encabezó una corporación municipal bajo este
régimen fue Serapio Villegas, en 1856.
En
1856 asumió el Sr. Serapio Villegas el gobierno comunal
y bajo su mandato se cumplió un viejo anhelo, ya que Don
Pedro de Beneit planeó y llevó a cabo el primer
trazado del pueblo.
El
5 de febrero de 1859 a las 7:00 am, se detuvo en nuestra estación
ferrea el primer tren, conduciendo a la banda del Coronel Arenas;
esta avanzó por las calles de Morón con sones marciales
ante los aplausos del publico. El pueblo de Morón recibió
asi al tren, orgulloso simbolo del progreso.
En
1871, el pueblo de Morón conoció el terror de la
Fiebre amarilla, esta epidemia cobró 43 victimas entre
las cuales se encontraba el Dr Don José María Casullo.
El
9 de abril de 1876 se conoció el primer periodico, aparecia
los domingos, su nombre era "El Progreso" siendo su
primer director Don Manuel Lima. Luego aparecerian "El intransigente",
"La Democracia", "El civico" y "El Imparcial".
El
cargo de juez de paz desapareció en 1885, para ser reemplazado
primero por el de presidente de la municipalidad y luego, en 1891,
por el de intendente, que todavía continúa vigente.
El primer intendente de nuestro partido fue el afamado escritor
Gregorio de Laferrere.
A
la vez que se producían estos cambios, el partido de Morón
fue sometido a la pérdida de una parte de su territorio.
Recordemos que durante la primera mitad del siglo XIX, el mismo
abarcaba una amplia franja territorial limitada al norte por el
río Reconquista y al sur por el camino de Burgos, que como
dijimos lo separaba del partido de la Matanza. Pero en la segunda
mitad de ese siglo sufrió significativos recortes en su
extensión, con motivo de crear nuevas unidades administrativas:
en 1864 se separó el partido de San Martín y en
1865 el partido de Merlo.
A
lo largo de 130 años Morón conservó sus límites
de 1865, hasta que la ley provincial 11.610 estableció
que fuera fraccionado en tres partidos: Ituzaingó, Hurlingham
y Morón. Esta disposición se concretó con
la elección de intendentes de mayo de 1995, a partir de
la cual cada uno de dichos partidos contó con autoridades
propias. El objetivo de esta medida fue crear municipios con una
población máxima de 300.000 habitantes, de manera
que la administración de los mismos se convirtiera en más
eficiente. Las localidades que han permanecido dentro de los límites
del partido de Morón (lo que a partir de esa ley se ha
denominado "Morón residual") son las de Morón,
Castelar, Haedo, Palomar y Villa Sarmiento.
Origen del Nombre del Partido de Morón
Existen
diversas opiniones sobre el nombre del Partido y su origen:
a)
Se atribuye al hecho de haberse elegido para ubicar el fortín
una altura, montecillo o Morón.
b)
Entre los primeros pobladores que se radicaron figuraban algunos
naturales de la ciudad andaluza de Morón de la frontera.
c)
Responde al nombre de uno de los más antiguos pobladores
el Capitán Diego de Morón, que se estableció
con su familia en esta zona, instalando una tahona de molino que
trajo gran prosperidad al lugar. Esta es la hipótesis más
aceptada sobre el origen del nombre del partido.
También
debe considerarse que la zona ocupada por la ciudad de Morón
fue conocida por diversos nombres que se utilizaron en forma simultánea
y que se aplicaban tanto a la ciudad como a todo el partido que
la zona ocupada por la ciudad de Morón fue conocida por
diversos nombres que se utilizaron en forma simultánea
y que se aplicaban tanto a la ciudad como a todo el partido: "Cañada
de Morón", "Cañada de la Paja", "Chacra
de Altolaguirre y Arguibel", "Cañada de Juan
Ruiz". En el año 1932 el gobierno conservador sustituyó
el nombre de Morón por el de "6 de setiembre",
en conmemoración de la revolución de 1930, hasta
que en 1946 recuperó su antigua denominación.
El Gallo de Morón
El
juego de riñas de gallos en tiempos de la colonia fue una
de las diversiones preferidas. Morón se hizo famoso en
este entretenimiento y pese que fue prohibido por las autoridades,
el pueblo lo seguía jugando hasta que no faltó oportunidad
en que alguien dijese "como el gallo de Morón",
frase que encontró aceptación entre la gente y con
el tiempo se aplicó a los bravos gauchos del lugar y por
extensión a todo hombre de campo de carácter jactancioso
y pendenciero.
El
gallo español, según la tradición, desplumado.
No así el de Morón que fue pintado con importante
plumaje, soberbio y erguido.
Así
se lo evoca como señal de guardia, defensa y símbolo
de la ciudad. Su imagen está ubicada en una esquina de
la Plaza San Martín, fue obra del escultor Amado Armas
e inaugurada el 11 de agosto de 1963.
Fuentes:
Municipalidad de Morón, (http://www.moron.gov.ar/)
Sintesis Historica del periodico La ciudad. (1986).
Sintesis Historica del 7 de Octubre de 1961, por Juan Antonio
Presas.