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La Guerra



A partir de la segunda visita de RIDLEY y de sus inaceptables propuestas, no se produjo ningún avance en las negociaciones; antes bien, las relaciones entre ambos países se fueron endureciendo hasta culminar con el episodio de las Georgias y la posterior ocupación militar de las Malvinas por la Argentina.
Breve reseña de los acontecimientos.

El episodio de las Georgias, aparente desencadenante del conflicto armado.

Hacia fines de mayo de 1981, la empresa "Georgias del Sur", en cumplimiento de un convenio firmado en Gran Bretaña, contrató un grupo de operarios argentinos con la misión de desmantelar una planta ballenera que se hallaba instalada en la Isla San Pedro -la mayor de las Georgias del Sur-, islas éstas que forman parte del grupo de las Malvinas en la definición hecha por las Naciones Unidas.

Esas actividades de la empresa -no obstante ser conocidas por el gobierno británico- provocaron, en el mismo, notoria irritación, que se puso de manifiesto al ser destacado a la vista de San Pedro el patrullero inglés Endurance, el cual según versiones de Londres, tenía las instrucciones de desalojar por la fuerza, si se lo consideraba necesario, al grupo de trabajadores argentinos.

Así las cosas, en la noche del 26 de marzo el comité Militar argentino resolvía prestar apoyo y proteger al citado grupo de ciudadanos. A efectos de dar cumplimiento a esas funciones de protección, fueron destacadas hacia las proximidades del lugar varias unidades de la flota de guerra argentina; entre ellas, el Bahía Paraíso, con 200 infantes de marina a bordo.

Entretanto, en medio de una tensa situación en ciertos círculos cercanos al Ministerio de Relaciones Exteriores británico se hablaba de negociaciones en curso alrededor del episodio; -destinadas a presionar al gobierno argentino - para un retiro inmediato del grupo que trabajaba en las Georgias.

Durante las horas subsiguientes, las noticias procedentes del sur daban cuenta de un inusual movimiento de buques de guerra de la Armada Nacional en el Atlántico Sur.

En vísperas del 2 de abril, seguían las tareas de desmantelamiento de la paralizada planta ballenera. Al respecto, el presidente de la empresa contratista expresó al periodismo que el permiso originario para completar el operativo se extendía hasta marzo de 1983, con la posibilidad de prorrogarlo por un año más, si fuera necesario.

La ocupación militar de las Malvinas.

Durante la noche del 1 ° de abril de 1982 y la madrugada del viernes 2, parte de la flota argentina de mar operaba frente a las Islas Malvinas. Entretanto, la reducida dotación de infantes de marina británicos destacada en la capital malvinense (entonces Puerto Stanley) se desplegaba en actitud defensiva.

Esa misma noche se reunía el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, a pedido del Reino Unido de Gran Bretaña, que denunció "la inminente amenaza de invasión argentina a las islas". La reacción argentina fue inmediata. Nuestro embajador ante las Naciones Unidas denunció, en dicho Consejo, la situación de grave tensión provocada arbitrariamente por aquel país en las Georgias.

A las 6.30 de la mañana del viernes 2, mediante un operativo combinado de las tres fuerzas, la Argentina logró desembarcar en Puerto Stanley y ocupar las islas, luego de algunos enfrentamientos en diversos lugares de las mismas, que culminaron con la rendición del gobernador británico ante el contralmirante Carlos Busser al mando de las fuerzas nacionales de Infantería de Marina, que fueron las primeras en desembarcar. Al mismo tiempo, el general Osvaldo J. García fue designado comandante de las Fuerzas Armadas en el teatro de operaciones.

A1 día siguiente de la ocupación era designado gobernador de las Malvinas el general MARIO BENIAMIN MENENDEZ, pasando a ser el segundo gobernador argentino del Archipiélago. El primero fue Luis VERNET, designado en 1829 por MARTIN RODRIGUEZ.

El 3 de abril se reunió, a pedido de Gran Bretaña, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y dictó la Resolución 502 "exigiendo el retiro de las fuerzas argentinas de las Islas del Atlántico Sur". Votaron los 16 miembros del Consejo. El único país que lo hizo en contra del proyecto británico fue Panamá. Se abstuvieron China, España, Polonia y la Unión Soviética.

El 26 de mayo se reunió nuevamente el Consejo de Seguridad, aprobando la Resolución 505, por la que reafirma la anterior (502), instando a las partes en conflicto a cooperar plenamente con el Secretario General de las Naciones Unidas, JAVIER PEREZ DE CUELLAR, en sus esfuerzos por poner fin a las hostilidades. Entre tanto -mientras se desarrollaban esas gestiones de pacificación, a las que se sumó el gobierno de los Estados Unidos- el gobierno británico alistaba gran parte de su poderosa flota de guerra y la desplazaba a toda máquina, rumbo al teatro de operaciones.

Simultáneamente, tanto el gobierno inglés como los países de la Comunidad Económica Europea disponían drásticas sanciones económicas y financieras contra la Argentina.

El 28 de mayo se reunieron en la sede de la OEA (Washington) los cancilleres de los 21 países miembros del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y adoptaron una resolución por 17 votos a favor y 4 abstenciones (Estados Unidos, Colombia, Chile y Trinidad-Tobago) "condenando el ataque británico a la Argentina y solicitando a los Estados Unidos que cese su asistencia militar al Reino Unido". A la vez, autorizó a los países latinoamericanos a ayudar a la Argentina en la emergencia; es decir, dejando la puerta abierta a una posible acción colectiva, o aislada, contra Gran Bretaña. Esto no llegó a concretar más allá de generalizadas expresiones de encendida solidaridad y apoyo diplomático, incluyendo, en algunos casos, ofrecimientos de eventual ayuda militar.

La visita de S. S. el Papa Juan Pablo II.

Ante la extrema gravedad de la situación, el Sumo Pontífice decidió viajar de inmediato a la Argentina, lo cual "configura -según se estimó en círculos vaticanos- un dramático gesto de paz sin precedentes en la historia del Pontificado Romano".

El Papa llegó a Buenos Aires el 1 de junio, permaneciendo en el país dos días, durante los cuales desplegó una intensa actividad que comprendió, fundamentalmente, una prolongada entrevista con la Junta Militar y con el presidente de la Nación, dos misas concelebradas por él mismo y los cardenales, que congregaron centenares de miles de Fieles. Una de ellas en Palermo y la otra, en Luján. Durante esos actos y otras apariciones ante la multitud, el Papa pronunció conmovedoras alocuciones en español, instando a toda la Nación a orar por la paz.

En el momento de disponerse a partir hacia Roma, el Sumo Pontífice mantuvo una conversación a solas con el presidente Galtieri, cuyos términos no trascendieron.

El desenlace.

Al mismo tiempo que el Papa elevaba sus súplicas por la concordia y la paz ante inmensas multitudes, recrudecía en las Malvinas y en las Geórgicas la lucha después del desembarco británico en diversos puntos de sus territorios.

El día 14 de junio las fuerzas británicas presionaban con una manifiesta superioridad en armamentos y en efectivos humanos, en las afueras del Puerto Argentino, capital malvinense.

Al promediar la tarde de ese día el Estado Mayor Conjunto argentino dio a conocer el Comunicado 163, cuyo texto decía: "El Estado Mayor Conjunto comunica que el comandante de la fuerza de tarea británica, general More, conferenció con el comandante militar de las Malvinas, general de brigada Mario BENJAMIN MENENDEZ, hoy, 14 de Junio de 1982 a las 16 horas. En estos momentos, en la zona de Puerto Argentino, hay un alto el fuego de hecho, no concertado por ninguna de las dos partes".

El mismo día 14, cerca de la medianoche, fue firmada el Acta Final de Rendición del comandante de las fuerzas argentinas de aire, mar y tierra, general Menendez ante el general J. J. Moore como representante del gobierno británico. El general Menendez, al firmar, tachó la palabra "incondicional" que seguía a la de "rendición", y otra que resultó ilegible.

Desde la firma del Acta de Rendición el 14 de junio de 1982, como resultado del conflicto armado, la situación político-jurídica con el Reino Unido por la posesión del Archipiélago y sus adyacencias no ha variado sustancialmente.

Nuestro país ha continuado sosteniendo reiteradamente en todos los foros internacionales sus derechos a la soberanía de dichos territorios y su intención de reanudar las negociaciones bilaterales; pero las mismas se ven trabadas, dado que el gobierno inglés se mantiene inflexible en su posición de no avenirse a tratativas que estén condicionadas por la Argentina a la cuestión de la soberanía, a la vez que se afirma en su conocida tesis de que el futuro de las islas debe ser resuelto por los isleños.

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