La magnitud del amor divino
Es tal mi amor por mis criaturas, que si uno de mis hijos faltara por ser salvo, por ese hijo solo me haría crucificar de nuevo. Cada vez que vuestros labios o vuestro pensamiento me dice: -Señor, ¡Ten misericordia de mí! ¡Padre, apiádate de mi dolor! ¡Señor, no me niegues tu perdón!- estás probando vuestra ignorancia, vuestra confusión y lo poco que me conocéis.