Cuadro de texto:  De Alemania a Bilbao en un motovelero

 

        Después de un par de meses de gestiones, llamadas de teléfono, faxes, quebraderos de cabeza y transferencias varias, conseguí tener al día toda la documentación del Valentin Taifun 17 EII que había comprado el 14 de Enero.

 

        Ya solo faltaba que la meteorología acompañara un poco y que la previsión fuera acertada con unos 4 o 5 días de antelación, para poder comprar los billetes de avión y viajar hasta Speyer para recogerlo.

 

Ignacio con Erich, el anterior propietario

 
         Por fin,  el día 14 de Marzo la previsión meteorológica para los días del 19 al 21 de ese mes era lo bastante buena a lo largo de las 615 millas náuticas que debíamos recorrer.

 

Confirmé con Ignacio, el instructor del aeroclub a quien pedí que me acompañara como  safety pilot (tampoco es cuestión de que el primer vuelo de mas de 150 millas náuticas y fuera de mi país me lanzara a semejante aventura en solitario) que estaba disponible e hice la reserva de los dos billetes de avión de Santander a Frankfurt-Hahn, el coche para ir hasta Speyer (145 Km.) y el hotel para pasar una noche allí.

 

El plan era tomarme un día de vacaciones, el viernes 19, salir de Santander a las 10 de la mañana, llegando a Speyer a eso de las 14 horas. Hacer unas tomas esa misma tarde y la mañana siguiente a primera hora partir para Bilbao.

 

Todo parecía estar saliendo a pedir de boca. A la llegada a Hahn la meteo era perfecta, el espíritu en su punto álgido ante el viaje que se nos presentaba en la siguiente jornada.

 

Cuadro de texto:  Recogimos el Corsa que tenía reservado en Avis y nos plantamos en Speyer a la hora prevista, donde ya nos esperaba Erich, con su habitual eficiencia, con el avión listo para practicar unas tomas, primero con Ignacio, y después conmigo. A pesar del viento cruzado que barría la pista entrando por entre los hangares, todo se desarrolló con normalidad.

 

Ignacio, recién llegados a Hahn con varios DC10 al fondo

 
Antes de seguir, he  de mencionar el extraordinario aeródromo que tienen montado en Speyer. Totalmente de gestión privada, cuenta con unas instalaciones extraordinarias, con multitud de hangares dotados algunos de ellos de plataformas rotatorias para el estacionamiento de los aviones. Varias empresas de mantenimiento, escuelas, tiendas, y un bar-restaurante a pie de la cabecera con acceso libre desde el exterior en el que poder tomar un refrigerio mientras se observa el impresionante movimiento de aviones que tienen allí. Como último dato cabe citar que la empresa Basf opera dos jets privados desde este campo, un Falcon 2000 y un Cessna Citation II. En fin, instalaciones de este tipo son las que se echan en falta en España, pero...

 

            Bueno, una vez recogido el avión en el hangar, y preparado todo para el vuelo del

día siguiente, nos despedimos con mucho afecto de Erich, quién no podría venir la mañana siguiente (en su lugar vendría Udo, copropietario del avión), y nos fuimos al hotel, a descansar un poco y dar un ultimo repaso a los mapas y la organización en general del vuelo.

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Un par de imágenes del aeródromo, los aviones de la Basf y un hangar con plataforma giratoria

 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


            Allí nos esperaba la recepcionista, a quién bautizamos cariñosamente como la sonrisas, por el “buen talante” que mostró en todo momento. Una vez verificado que todo estaba listo, nos fuimos a cenar al casco antiguo de Speyer y a la vuelta, o fatalidad, ya nos avisó el destino de que todo no iba a ser un camino de rosas, unas gotas nos indicaban que la previsión no era tan acertada, pero pensamos, mañana será otro día y seguro que hará “sol y buen tiempo”.

 

Cuadro de texto:              Sin embargo, al despertar por la mañana la situación no sólo no era mejor, sino que había un techo alarmantemente bajo, incluso caían algunas gotas. Bueno, quizá tengamos que volvernos en Ryanair a casa e intentarlo quizá durante la Semana Santa. A pesar de los malos augurios teníamos tiempo para acercarnos al aeródromo y esperar alguna mejoría.

 

            Además, para terminar de complicar la salida, el aeródromo empieza las operaciones a las 9 de la mañana, así que para cuando rellenamos y presentamos el plan de vuelo, obtuvimos los informes meteorológicos y volvimos al hangar, eran ya las 10:15. Teniendo en cuenta que habíamos calculado unas 7 horas de vuelo más el tiempo del repostaje en Limoges, y que el ocaso en Bilbao era a las 19:30, no nos quedaba mucho margen para decidirnos. En cualquier caso el techo había ascendido algo, y un piloto que aterrizó mientras estábamos en la torre reportó techos a 2500 piés, esto nos dejaba margen para salir, con la seguridad de que más adelante las condiciones eran CAVOK.

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Este era el aspecto del aeródromo a las 9, Udo y yo

 
 


Durante una media hora aproximadamente volamos justo por debajo    de    la   capa    de   nubes ,   con

suficiente control del terreno, y conociendo que no se eleva demasiado en esa zona.  Volábamos con dos GPS y un tercero de seguridad, el que tiene incorporado el avión, un modelo de Garmin bastante antiguo, así que preferimos utilizar el Garmin 96C de Ignacio y mi PDA iPaq 2210, con el GPS Bluetooth Navman y el programa aeronáutico PocketFMS. Justo antes de cruzar la frontera con Francia empezó a subir bastante el techo y a perder solidez, apreciándose claros, y teniendo mayor altitud sobre el suelo.

 

Ignacio a 2.200 pies de altitud

 
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A pesar de ir  a tope de carga conseguimos una tasa de ascenso aceptable a una velocidad de 160 Km/h.

 
Al llegar a la altura de Estrasburgo teníamos ya unas condiciones óptimas, y nos autorizaron ascender  a nivel  de vuelo  085,  donde reinaba la

paz y la ausencia total de turbulencias. Con los flaps a –8 grados la dirección se puede controlar prácticamente con los pies, y sujetar la palanca entre las rodillas te deja las manos libres para ver los mapas, beber agua, o jugar a los chinos, cosa que no hicimos, claro.

 

            Desde Estrasburgo hasta Limoges, prácticamente no tuvimos ninguna novedad, pudiendo concentrarnos en nuestros nuevos juguetes, los GPS, por supuesto, y en contemplar el paisaje, que nos ofrecía unas vistas increíbles, y que difícilmente podré volver a tener a tiro, al menos en bastante tiempo. Solo alguna necesidad biológica nos interrumpió momentáneamente el relax, y nos proporcionó alguna anécdota graciosa que, por respeto a su protagonista, de momento no voy a relatar con mayor detalle, pero nos hizo reír bastante. Unicamente recomendaré a quién se plantee un viaje de cierta duración que lleve a bordo algún recipiente susceptible de ser utilizado como urinario.

 

            Todo discurría con absoluta normalidad hasta que , justo a las 3 horas de vuelo, y por motivos que aún hoy no alcanzo a conocer aunque sospecho de un fallo de alimentación en la tarjeta CF de la PDA, el PocketFMS perdió todos los datos, no solo del vuelo en curso, sino que toda la información contenida en la tarjeta se borró por completo, haciendo imposible incluso utilizar el programa a partir de ese momento y hasta que pudiera recuperar la información, ya en Bilbao. Nos faltaba una media hora para llegar a Limoges, y la sensación que hasta ese momento había sido de absoluto control, se tornó en angustia, al pensar que habría sucedido si no hubiera contado con otro GPS. La navegación de VOR a VOR habría supuesto un considerable retraso y la necesidad de replantear todo el plan de vuelo, trazar la nueva ruta en los mapas, tirando de cronómetro, es decir, a la antigua usanza, y olvídate del relax. Seguro que no nos habríamos perdido, pero no habríamos disfrutado del mismo modo.

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Abeam de Estrasburgo, cerca de Saverne, recién cruzada la frontera franco-germana

 
  En fin, el último tramo lo hicimos siguiendo las indicaciones del 96C, que no perdió los datos, gracias al destino, pero que a mi parecer tiene un interfaz muy inferior al PocketFMS. En cualquier caso llegamos sin problemas a Limoges e hicimos una toma aceptable, a pesar de que en total entre los dos habíamos hecho 3 tomas con el Taifun, y de que el controlador francés no era muy amigable que digamos, le pedimos que repitiera un par de instrucciones y no le debió sentar bien, porque fue mas seco que el bacalao salado. Incluso cuando le preguntamos por el servicio de combustible para repostar, nos mando a tomar por donde florecen los pensamientos. Bueno, ya sabemos como las gastan por gabachilandia. Otro cantar fue la gente de uno de los clubes locales (una abrazo para Guiomar), que nos ayudaron en todo momento (el camión del combustible tardo como media hora en presentarse y tuvimos que llamarle al menos 5 veces tocando un timbre fijado en un poste), y nos invitaron a beber algo. Ignacio incluso se hizo con unos nikis de recuerdo. Al final el gasolinero fue también bastante amable y nos repostó 64 litros de AVGAS al módico precio de 1’55 € el litro. Teniendo en cuenta que salimos de Speyer a falta de unos 10 litros para ir a tope, eso nos da unos 54 litros para 3’5 horas de vuelo a una media de 100 nudos. No está mal para un “Rotavator” como ha bautizado a mi máquina, con mucho sentido del humor, algún socio ocurrente del aeroclub.

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No te lo pienses tanto, Ignacio hay cosas que imponen su criterio, por encima del control mental están las necesidades biológicas

 

Una vista de Limoges ciudad.

 

 


Justo antes de salir de Limoges otra instantánea de Ignacio. Al fondo las instalaciones del aeropuerto con el edificio terminal, de impresionante arquitectura, en construcción.

 
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A partir de aquí el vuelo entró en una fase un tanto más farragosa, nuevamente algún problema con el idioma unido a lo complicado del espacio aéreo en el sudoeste de Francia, y a que teníamos el tiempo bastante justo para llegar antes del ocaso me pusieron bastante nervioso. Así que iba controlando más el reloj y el anemómetro que cualquier otro instrumento. Ni siquiera la vista a lo lejos de la línea de costa y el mar lograba aportarme la suficiente tranquilidad. Más tarde pagaría el precio de los nervios con la consabida “fatiga del  combate”.  No  ha sido  la primera

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Hossegor desde 6.500 pies, aquí pase mi segundo aniversario de boda...... o fue el tercero?

 
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Port D'Albert, lo tardío de la hora a que se tomo ya la foto, mas la calima que traía el viento sur causan la imagen turbia

 
vez que me pasa, pero ya llegaremos a eso. A la altura de Burdeos el servicio de información de esa zona nos autorizó la navegación a nuestra discreción, y siguiendo un rumbo sur-suroeste alcanzamos la costa un poco antes de Port D'Albert. Un poco más al sur, cerca de Hossegor decidimos (más bien decidió Ignacio, porque a mi me daba un poco de yuyu) que podíamos acortar en línea recta, recortando el golfo, directos hacia la zona de Zumaia, tirando a ojo. Teniendo en cuenta las características de planeo del avión y la altitud a la que volábamos (FL 065 en ese momento), teníamos asegurado alcanzar la costa en caso de fallo de motor, así que, por qué no? Así tendríamos menos probabilidad de llegar “tarde”. Por fin, a las 18:50 nos autorizaron a entrar en circuito, y como era la primera toma del avión en su nueva casa, solicitamos una baja aproximación , que nos autorizaron y realizamos a unos 210 Km./h Después, la toma, en la pista 28, y abandonando por D3 al parking del aeroclub, donde nos esperaba un buen comité de recepción del aeroclub, y 3 minutos después de apagar el motor, mi familia en pleno, mi mujer, de infinita paciencia conmigo, mis cuatro churumbeles, y mi sufrida madre, que lleva 40 años tragando saliva ante mis aficiones aeronáuticas (esto empieza a parecer la entrega de los Oscar).

 

 

En cuanto puse pie a tierra y la tensión nerviosa se relajó, el bajón de adrenalina me dejó el cuerpecillo como unos zorros, apenas pude cenar y a las 21.30 estaba ya en brazos de Morpheo, agotado, inquieto por si mi nuevo “juguete” estaría a salvo en su nuevo hogar, pero satisfecho por haber conseguido lo que llevaba tanto tiempo planeando.

 

           Ahora solo me queda seguir aprendiendo a volarlo como se merece, para que el me corresponda con grandes vuelos durante muchos años.

 

           Bueno, al que haya llegado hasta aquí muchas gracias, y si detectáis algún error u omisión , o queréis hacer algún comentario, podéis hacerlo en el libro de visitas. Espero poder añadir en el futuro la narración de nuevos viajes.

 

Marzo / 2005

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