Roberto Arlt
escribió Los Siete locos.
Conspiraban contra el sistema
político imperante.
Profundamente injusto. No se lo
puede encasillar al hombre en un
partido político. Aunque algunos
lo encuentran cercano al
anarquismo. De los tipos
especiales que se acercaban
a él para conspirar, respetaba
más a los que tenían un
proyecto concreto que a los que
sólo discurseaban sobre la
revolución. Arlt anduvo por
Patagones, justo antes de la
aparición del peronismo. Se
enamoró del pueblo, del río, y
de la morocha del correo. Por eso
escribió un aguafuerte que
decía que en Patagones se podía
morir de amor. La hija de la
morocha del correo vive y tiene
la certeza de ser hija de ese
viajero escritor que pasó por
Patagones, por un día, y luego
de ir al correo a despachar una
carta, quedó prendado y se
quedó un mes. Un mes de paseos
románticos en lancha y caminatas
mirando el río, bajo la mirada
de los vecinos, controladores de
la moral de la aldea. Roberto
Arlt no quería irse de Patagones,
aunque el diario El
Mundo de Buenos Aires, que
lo había enviado, le exigió que
siguiera viaje en tren a
Bariloche, para seguir con sus
crónicas. Arlt en Patagones,
además, se conectó con masones
de la Comarca y dio una charla
secreta sobre el silencio de las
religiones y la hipocresía de la
iglesia. También participó en
una noche de fiesta en el
castillo Landalde. La dueña de
casa, Leonor Landalde, le
arrastró el ala y le propuso
llevarlo en auto a Bariloche, ya
que el tren llegaba sólo hasta
Maquinchao. Pero
Arlt sólo pensaba en la morocha
del correo, joven viuda, que lo
embrujó con la franqueza de su
mirada y una ternura que le daba
una extraña paz. Además del
guindado maragato y del misterio
de no pedirle nada. Ella nunca le
pidió que se quedara. Al
contrario, le recordaba que era
un hombre que debía viajar, para
imaginarse un mundo mejor. -
¿Porqué lo hacés? -le decía
él-, porqué no me pedís que me
quede. Y ella hacía un silencio,
hasta que le respondía: porque
te quiero, te pido que sigas tu
camino. Si te quedas, este
pequeño puerto de Patagones, te
quedará pequeño algún día, y
tu partida entonces, será una
tragedia.
Una pasión
estable y tranquila, no estaba
entre tus planes. Roberto Arlt
dudó varios días, hasta que un
día se cortó el pelo en lo de
Pelusa Montes de Oca, frente a la
estación y tomó el tren a
Bariloche. Todo era posible,
hasta conspirar y hacer una
revolución con los siete locos,
pero el Amor de una mujer, se le
hizo inmanejable por mucho tiempo.
Se vieron sólo una vez más. Él
vino en uno de los últimos
barcos que llegaron al puerto de
Patagones. Ella nunca le dijo que
tenía una hija. La hija tiene
todos los libros de su padre y
los Aguafuertes del diario, un
estilo literario que permite
acercarse a la gente común,
lejos de la literatura de elite,
verdadera feria de vanidades, que
gira sobre sí misma. Otro que
tuvo una gran influencia de
Roberto Arlt, fue el padre de
Danilo y Lautaro Vassiloff, que
vivían en la comunidad búlgara
de Berisso y tenían ideas de
izquierda. Leían Los Siete Locos
entre obreros y la idea de la
revolución se les metió en la
sabiola. Una noche armaron un
golpe contra el sistema
capitalista y los militares
usurpadores del poder popular. Se
fueron en un auto viejo a la
plaza de Mayo. Eran Lito Cruz,
Federico Luppi y Vasiloff.
Esperaron toda la noche que
viniera un contacto para iniciar
la revuelta, pero nunca apareció.
Hasta en eso la hicieron igual
que la imaginación de Arlt. Para
él, lo importante era pensar en
la conspiración, vivir
conspirando contra la injusticia.
No descartar ninguna idea por
descabellada que parezca.Levantarse
pensando en la rebeldía, para
dormir tranquilo sin ser
cómplice. Danilo Vasiloff vive
hoy frente al viejo muelle al que
llegó en su último viaje
Roberto Arlt. La hija de Arlt le
compró un cuadro. Ella también
piensa como su madre. Su padre
debía viajar. Ser libre.
Fuente:Tulio
Galantini

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