En el museo aparecen
imponentes las carabelas de
Colón aunque en escala 1/73.
Fueron donadas por un aficionado
viedmense llamado Marcelo
Osterman, quien cultiva el
modelismo naval desde hace más
de 50 años.
Las construyó basándose en
planos publicados por la revista
"Hobby" en 1945 e
información adicional de museos
europeos. Utilizó aplicaciones
de maderas de roble, paraíso y
cedro. El casco y velamen fueron
pintados y teñidos en aceite de
lino y té, respectivamente, para
ajustarse a las impresiones que
dejaban las construcciones de esa
época.
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Osterman
no sólo es un experto en
modelismo naval. También
cuenta con información
adicional del primer
viaje de Colón que sirve
para ilustrar una óptica
distinta y romper con
algunos mitos.
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"'La
Niña' tenía velas 'latinas' (como
si fueran un triángulo), pero
todos los dibujos muestran a las
carabelas navegando con velas 'cuadradas'.
Incluso, Colón le hizo cambiar
el velamen a 'La Pinta' en las
islas Canarias porque la
embarcación era muy ligera, se
les adelantaba mucho, y además
las 'latinas' le rompieron el
timón antes de llegar a esas
islas", reveló.
Mientras revisaba las
embarcaciones en escala, mostró
un detalle oculto en "La
Pinta" a la que no le
colocó velas para que se pueda
apreciar la arboladura (palos y
jarcias).
El secreto es que en la cabina le
construyó en miniatura una
cucheta con un camastro que sólo
se puede apreciar introduciendo
el haz de una linterna. Asimismo
cuenta con otros minuciosos
implementos como la parrilla con
gancho del cual se colgaba el
caldero para cocinar.
Su construcción le demandó
varios años ya que les ponía
mano en los ratos libres.
En su domicilio de Viedma, tiene
concluídos además una carabela
española y un galeón inglés
del siglo XVIII que aún no
tienen destino de donación.
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