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El álbum de fotos

El descanso

Fernando R. Ortega
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IMAGÍNALO
El silencio se carga con notas de sal
acaricia nuestros sentidos junto al resto
de sol descolgado sobre estos hombros,
buscadores de alianzas nuevas en ese horizonte
sin comienzo ni fin —eterno—;
inabarcable trozo de mar:
las manos tocan por encima
de sus crestas blancas
alimentando con aires sureños nuestras mentes
atrofiadas por el humo de la modernidad;
liberan de sus cadenas invisibles
arrastrándonos hasta esta orilla fugitiva, encubridora;
nos coloca mantos dorados donde
escondemos pecados irrelevantes
bautizándonos sobre olas santas
redimiendo el cansancio de lo intangible;
plegamos las velas de nuestras camisetas
creándose para la eternidad
nuestra verdadera esencia de ser:
nuestra libertad.
LA BICICLETA OXIDADA
Presidiendo paseos sobre piedras
en los que estallan las olas,
tus ruedas herrumbrosas de carreras pasadas
filtran las eternas gotas de mar
engarzándose con los gritos del ayer;
radios corroídos por el rojo roín
descansan ya olvidados sobre sus pedales
parados con la luz del último sol de verano
quedando atrás —perdido— en tus ojos de niño,
esos que no volverás a ver,
callejuelas salpicadas con palabras de sal
esperando nuevas carreras para sentir
ese manillar desvencijado que se arropa
con el sol lánguido
que descansa todavía sobre el horizonte.
VIENTO
Despeinas la olas del mar
alborotando hasta las alas de las gaviotas;
despintas los rayos de sol
alterando las composiciones de esa luz cegadora;
desprendes trozos de tierra
arribando buques a la deriva hasta tu orilla;
desenvainas miles de espadas punzantes
ensartando nuestra almas vagabundas
que merodean por tus aledaños
aireando nuestras vergüenzas,
alimentando sus lenguas;
destrozas miradas fugitivas
ahogando amores heridos de muerte;
destronas a su majestad la calma
echando sobre la orilla miles de sílabas silbantes
y sin susurrar sonido alguno
sueltas sin sosiego soflamas sin sentido.
PULSERAS
Brazos que se ensartan con redondos
vestigios de un pasado que no existió;
ahora revelas en círculos colocados
reflejos blanquecinos de cuerdas atando
olvidos de cerámica turquesa
con la fuerza que une nuestra mano a la tierra,
la que tocamos y sentimos,
de donde venimos
y sin posibilidad de torcer el destino,
donde acabamos.
Serpientes sin alas
ayudan a mover esos brazos
que un día levantaron las mejores banderas:
trozos de trapo preñados de calor.
Estas gotas hiladas de nácar que enseñas
las deseo para mí y encadenarme sin fin
a la única vida que nos queda:
tu vida.
HIPPIES
Rosario de mantas de colores
apostados en el borde del mapa;
tierra sin dueño conquistada
con rastas al viento y timbales saltarines;
colección de cuadros de ajedrez
repletos de extraños sentimientos
de juglares modernos;
mostradores al mundo de caras distintas
de grises alternativos que, fundidos
con el azul añil violeta,
arrojan al escenario
pasiones y sensaciones cubiertas de azahar;
multitud de olores mezclados con el único
respirar de los paseantes cansados,
deseosos por convertirse
en corazones salvajes,
primitivos,
esenciales,
raciales,
libres.
PIETRO
Los surcos atraviesan la faz de una vida
repleta de emociones salvajes;
blancos brotes de sabiduría tapan su mirada;
se pierde en los ríos de los días
donde el sol no se pone
aunque llegue la noche;
tacto frágil de algodón pacífico
al borde de esa libertad infinita,
comprada entregando su alma por juventud eterna;
ojos que llenan los espacios donde mira
sin olvidar canciones que una noche dejó de oír
cuando los césares dijeron adiós a su tierra;
refugio de almas hambrientas con las que compone
su rompecabezas estrafalario y vital;
morada que un día nos dejará a todos
cuando su luz se apague al sumergirse
en su gran trozo de mar.
COLLAR DE NÁCAR
En el valle engalanado de reflejos blancos
descansa tu respiración
alterada por la cercanía de mis caricias;
trofeo que cuelgas de tu hermoso cuello lunar
se baña en mis pensamientos mediterráneos
de deseo por ser ese trozo de nácar
que encierra tu coartada hospitalaria.
OLAS
Una tras otra marcan el vals
de un adiós que no llega;
composición de miles de idas y venidas
a una tierra siempre mojada,
añorante de baños en saladas bolas de agua;
¡melodía de seducción!
¡atraes con tus notas
amores fugaces hasta el frío de la arena!
unión de cánticos sonoros nos sugieren
sonetos de mar interpretados por invisibles
tenores que pasean por tu escenario;
azul turquesa venido a azul profundo
transformado, en manto infinito de azul marino.
CADENAS
Cadenas invisibles adornan tu tobillo:
eslabones de cristal pulidos que se abrillantan
cada mañana al levantar las pestañas de tu alma;
nudos encontrados bajo las sábanas de tu mirar;
ante esa tentación, izamos trozos de banderas
buscando la revolución de tu esencia,
rompiendo en perlas ensangrentadas
las cuerdas dibujadas a lo largo
de toda esta vida.
CABALGANDO EN LA TORMENTA
Trotan los caballos acompañándose
por el paso del incesante
caer de estas gotas cautivas;
viajan por las llanuras teñidas de gris
notas que marcan el cabalgar
de nuestras monturas naranjas;
vuelan agarradas a la tierra las alegrías
que pasadas por agua elaboran los labios
infantiles de nuestros amores pasajeros;
sueñan sin descanso nuestras palabras
rozando con suavidad el trigo mojado;
descansar con sosiego los maltrechos sentimientos
regarlos con múltiples agujas acuosas
de tu presencia venerada;
cabalgando en la tormenta.
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Copyright ©Fernando R. Ortega, 2005
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Fecha de publicaciónMayo 2006
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