Comienzos de la Edad Moderna. Durante varios siglos, el Sudeste europeo vivió sometido al Imperio turco, que, tras su prodigiosa expansión hacia el Occidente de Europa, después de 1453, dominó la serie de montañas y llanuras constituidas respectivamente por los Cárpatos y el Danubio. Durante toda esta época en que Moldavia (v.) y Valaquia (v.) se hallaron bajo el poder turco, estas regiones agotaron sus energías en combatir a las osmanlíes, defendiendo con su perseverante resistencia la cultura y civilización de Occidente. La segunda mitad del s. xv es una época de luchas casi continuas contra el poder turco y la rivalidad de clanes enemigos deseosos de ostentar la dignidad de príncipe, que entre 1457 y 1504 recayó en el nieto de Alejandro el Bueno, Esteban III el Grande, el cual inauguró para Moldavia un periodo de paz y esplendor, que conservó gracias a su valiente y bien organizado ejército, independiente de Polonia y los turcos, durante cerca de medio siglo. Esteban el Grande inició una política de expansión territorial que le llevó a enfrentarse con los polacos, a los que derrotó en 1461, y a los húngaros, seis años después. En 1475, invadió Valaquia, a la vez que infligía a los turcos una aplastante derrota, que le proporcionó el dominio de parte de Besarabia. Simultáneamente, y como política interior, organizó la Iglesia, fundando un nuevo obispado y numerosos monasterios como medio de fomentar la cultura del país.
Bogdán III (1504-17), hijo del anterior, ante una mayor presión turca, hubo de comprometerse a pagar a los turcos un tributo anual, mediante el que, tanto a Moldavia como a Valaquia, se le consentía el mantenimiento de la fe cristiana, así como la libre elección de sus príncipes y una administración interior independiente. Sin embargo, el poder turco se fortalecería en toda la región danubiana, tras la batalla de Mohács, comenzando para los dos principados un periodo de mayor sujeción a Turquía que, estableciendo guarniciones en puntos importantes, obligó a los príncipes a rendir homenaje personal a los sultanes de Constantinopla cada tres años, a ofrecerles presentes, auxilio militar y a entregarles rehenes de sus familias; e incluso los sultanes se tomaron el derecho de nombrar y destituir a su arbitrio a los voivodas de ambos principados, que se convirtieron así en meros instrumentos del imperio turco. Turquía les nombraba para cortos periodos tras considerables sumas que exigía luego a sus propios súbditos. En 1595, Miguel el Valiente (1593-1601) de Valaquia sacudió el yugo turco, lo que le facilitó la ocupación de Transilvania (v.) y, en 1600, de Moldavia, realizando así la unidad rumana, que se deshizo de nuevo al morir asesinado Miguel. El reinado de Matías Basarab (1633-54) fue igualmente próspero para Valaquia, cuyas fronteras danubianas protegió contra los turcos, a la vez que en su tiempo se establecía la primera imprenta rumana, y se compilaba un Código basado en las leyes griegas y eslavas. El ejemplo de Valaquia fue seguido por Vasile Lupu de Moldavia (1632-53), que fomentó la cultura mediante la creación de escuelas y establecimientos de beneficencia, germinando una literatura eclesiástica y poesía lírica, que conservaron viva la conciencia nacional, al tiempo que el antiguo idioma eslavónico era paulatinamente sustituido por el rumano.
Rumania en el s. XVIII y principios del XIX. Cuando, a fines del s. XVII y principios del XVIII, el poderío turco decayó a consecuencia de los golpes de Austria, la influencia de ésta y Rusia comenzó a sentirse en los negocios de los dos principados rumanos, cuyos voivodas se volvían ya hacia el uno ya hacia el otro, en busca de apoyo contra los turcos, que, para ahogar los deseos de independencia de los dos principados, dejaron de nombrar voivodas a los nobles de aquellos principados, poniendo en su lugar a ricos griegos, que también podían ofrecer por su nombramiento mayores sumas que los boyardos.
El periodo de los fanariotas (1712-1821), esto es, de los voivodas griegos del barrio constan tinopolitano de Fanar, ha sido el más triste de la historia rumana, pues tomaban posesión del país, a cuyas clases campesinas e incluso propietarios y boyardos dejaban sumidos en la miseria, al no ser ellos compatriotas suyos. Gran parte del territorio fue donado a los monasterios griegos del país y muchos de sus bienes favorecerían a los monjes griegos de todo el Oriente, y de modo especial a los del monte Athos (v.), al mismo tiempo que la Sublime Puerta (el gobierno turco) aumentaba arbitrariamente los tributos. Algunos príncipes, sin embargo, fueron honrosas excepciones; se distinguieron Nicolás y Constantino Mavrocordatos en Valaquia, y Gregorio Chica en Moldavia.
Durante el periodo fanariota, R. fue con frecuencia escenario de las guerras sostenidas por Turquía contra Austria y Rusia. En 1718, la porción occidental cayó en poder de Austria; pero en 1739 fue recobrada por Turquía. Después de la guerra turco-rusa de 1768-74, Rusia pretendió ocupar los principados rumanos, pero Austria se opuso, y Turquía, en pago de este servicio, cedió a los austriacos la Bucovina o Alta Moldavia. A principios del s. xlx, Moldavia tuvo que llevar el peso de la guerra turco-rusa de 1806-12, a consecuencia de la cual Turquía cedió a Rusia la parte comprendida entre el Prut y el Dniéster, es decir, la Besarabia. Posteriormente, y en cuanto a la gobernación de los fanariotas que apoyaron la independencia de Grecia, la Sublime Puerta no pudo ya nombrar voivodas griegos, viéndose obligada de nuevo a designar nobles rumanos, cuyo nombramiento, tras el tratado de Akkerman (1826), recaería por derecho, únicamente, en los boyardos.
A la vez que en el Sudeste europeo surgía el espíritu nacionalista que llevaría a Grecia a conseguir su independencia, y el Imperio turco se desmoronaba, Rusia comenzó a mostrarse muy afecta a los dos principados, que ocupó en 1828, tras la paz de Adrianópolis, que concluía también la guerra sostenida entre Rusia y Turquía, en apoyo aquélla de las libertades griegas. La ocupación por Rusia de los dos principados supuso para éstos una época de reconstrucción política y administrativa, debido en buena parte a las gestiones del gobernador ruso, el conde Kiseliov, que ahogó también los intentos de varios príncipes, deseosos, siguiendo el ejemplo griego, de realizar reformas autónomas importantes.
La independencia. Primero con la sumisión secular a Turquía, y luego con la ocupación rusa, el espíritu independentista se mantenía indemne en el pueblo rumano, oprimido por los extranjeros, y ahora animados por el ejemplo griego, que difundió las ideas patrióticas y de libertad, que le llevaron en 1848 -al tiempo que en toda Europa se producía una violenta conmoción revolucionaria general (V. REVOLUCIÓN DE 1848)- a un intento de rebelión, impulsado por el consiguiente deseo de unidad nacional, que fracasaría aplastado por las tropas rusas y turcas. Seguidamente, Rusia y Turquía ocuparon en común los principados, aboliendo la Constitución y restaurando el anterior orden de cosas por el convenio de Balta-Limani (1849), a la vez que se suprimía la elección de príncipes vitalicios y la Asamblea nacional. De acuerdo con las dos potencias opresoras, Barbü Stibeiü fue nombrado príncipe de Valaquia, y Gregorio Alexander, príncipe de Moldavia por un periodo de siete años. Durante la guerra de Crimea (v.), ambos principados fueron ocupados primero por Rusia y luego por Austria. Pero al final de la contienda, con la paz de París (1856), los dos principados quedaban liberados del protectorado ruso, al mismo tiempo que se ponían las bases del nuevo Estado rumano.
Además de la declaración de los dos principados, por el congreso de París, como territorios neutrales bajo la protección de las potencias, se adjudicaba una parte de la Besarabia rusa a Moldavia, y se establecía que había de consultarse el parecer del pueblo acerca de las bases de la reorganización política y la reforma administrativa. Sin embargo, en 1858, Turquía, incumpliendo lo acordado, pretendió que los principados pagaran tributo a Constantinopla y que los príncipes recibieran la investidura del sultán, lo que llevó, a principios de 1859, a las Asambleas legislativas de Moldavia y Valaquia a proclamar a Alexandru Cuza como rey de los dos principados, iniciándose con esta unión personal la posterior unión nacional de ambos territorios.
Cuza subió al trono con el nombre de Alejandro Juan I (1859-66), obligándose a abdicar en el caso de una unión efectiva de los dos principados, entorpecida por desavenencias internas entre ambos territorios que hacían imposible toda política de coordinación. A tal efecto se crearon dos cortes, una en las¡ y otra en Bucarest, y una Comisión Central en Focsani, que dificultaron la obra de unificación y de reforma administrativa, aumentada por pasiones y rivalidades internas, a la vez que crecía la tirantez entre las dos asambleas y el príncipe. En vistas de la imposibilidad de gobernar los dos principados, las potencias firmantes del tratado, así como Turquía, consintieron en una unión temporal con la condición de que el príncipe gobernaría con la cooperación de un Ministerio común y una única Asamblea nacional, a consecuencia de lo cual una proclama real, de 8 dic. 1861, declaró la fundación del Estado unificado de Rumania.
Desde la proclama de unificación y por varios años, Cuza hizo uso de un poder ilimitado y dictó leyes importantes: una agraria, que abolió los restos de servidumbre y diezmos, y otorgaba a los labradores la propiedad de los terrenos; un Código Civil, comercial y penal; una ley de educación; etc. Sin embargo, a consecuencia de la implantación del monopolio de tabaco y la requisa nacional del mismo, se produjo una insurrección en Bucarest que se extendió a gran parte del país, descontento por las malas cosechas y el aumento de las tasas contributivas, lo que llevó a la abdicación de Cuza.
Meses después, la Asamblea constituyente elegía y proclamaba príncipe a Carlos Hohenzollern, que juró una Constitución liberal, calcada de la belga. Durante su gobierno como príncipe (1866-81), el progreso fue lento, debido a obstáculos de todo tipo: ineficacia del sistema representativo, diversidad de miras políticas, debilidad de la Hacienda, atraso cultural del pueblo, etc., aparte de las insurrecciones de los judíos y las incursiones de bandas de búlgaros. Participó también con éxito en la guerra rusoturca de 1877, al lado de Rusia, lo que le llevó a conquistar su independencia, que más tarde fue ratificada por el congreso de Berlín. En 1881, Carlos era coronado rey (Carol 1, 1881-1914). A partir de entonces se acentúan numerosos problemas, de carácter interno, tales como la cuestión judía, la difícil coyuntura económica por la que atravesaba el país, la opresión de campesinos y labradores, etc. Se hicieron algunas reformas para mejorar el estado de la población y solventar los problemas. En el exterior, la cuestión macedónica, que dificultaba el programa panhelénico de Grecia, culminó en la crisis de 1905, pese a la intervención de Turquía (v. MACEDONIA 11, 2).
Rumania en el s. XX. Durante la primera guerra de los Balcanes (v. BALCANES ni, 5), R. mantuvo su neutralidad, pero en la segunda se alió con Grecia y Servia, y como resultado de su participación se anexionó una parte de Bulgaria. Durante la I Guerra mundial, adoptó una política de neutralidad hasta agosto de 1916, en que se puso al lado de los aliados, sufriendo desde entonces, hasta el final de la guerra, sucesivas derrotas infligidas por los Imperios centrales, que le llevó a la firma del tratado de Bucarest, si bien éste quedó abolido por el armisticio general en noviembre de 1917. Al año siguiente, con objeto de detener la expansión bolchevique, R. invadió Hungría y ocupó Budapest. El tratado de Saint-Germain (1919), con la anexión de toda Besarabia, duplicó la superficie y la población, a la vez que garantizaba la protección de las minorías nacionales.
En 1922, Fernando 1 y la reina María ciñeron la corona de la Gran R., siendo el país gobernado por Ion Bratianu hasta 1926, y luego por el general Alexandru Averescu. A la muerte de Fernando 1 (1927), la corona recayó en su nieto, el príncipe Miguel, tras la renuncia de su hijo Carol a los derechos de sucesión para vivir en el exilio con Magda Lupescu, pero en 1930, con el apoyo de varios políticos, Carol fue proclamado rey; influido por Magda, implantó una política dictatorial que culminó en 1938, en que se proclamó la ley marcial y promulgó una nueva Constitución, que disolvía los partidos políticos, creándose un solo partido con el fin de resistir la expansión del comunismo de la URSS y del fascismo de Alemania, tan amenazadores para Rumania.
Al estallar la guerra en Europa en 1939, Alemania intensificó su presión para obtener un mayor suministro de petróleo y materias primas, así como el establecimiento de un Gobierno favorable al Eje. Carol 11 intentó mantener una política intermedia entre ambos contendientes, aunque paulatinamente se inclinaba por Alemania, que, para conseguir su favor, había hecho devolver a la URSS los territorios conquistados por ésta en Transilvania y parte de la Dobrudja. La situación de descontento interior provocó la abdicación de Carol Il en su hijo Miguel (1940), que inauguró un reinado títere favorable a Alemania, la cual convirtió a R. en un protectorado hasta 1944, en que el ejército ruso invadió el país, obligando a romper la alianza con Alemania, a la que declaró seguidamente la guerra. Una vez terminada ésta, R. cayó, cada vez más, bajo la influencia de la Unión Soviética, aumentando preponderantemente la dominación comunista, que, no obstante, hizo pagar, en concepto de reparaciones por daños, una importante suma. En diciembre de 1947, con la abdicación del rey Miguel, el Parlamento declaró al país «República del Pueblo». Las elecciones, celebradas inmediatamente, dieron a los comunistas la absoluta mayoría de los asientos del Parlamento, y se promulgó una nueva Constitución (1948), tras un esfuerzo sistemático por exterminar la oposición.
A consecuencia de la instauración del comunismo como único sistema político rumano, fueron nacionalizadas casi la totalidad de las empresas, a la vez que se imponía la colectivización de la agricultura y la iniciación de un plan quinquenal en 1951, con el fin de estimular la producción industrial y agrícola, en estrecha colaboración con los otros Estados comunistas, a los que, desde 1955, estaba unida R. por un tratado de amistad y alianza militar (V. VARSOVIA, PACTO DE). Durante varios años se produjeron, a consecuencia de la enérgica política, como antaño sucediera en Rusia, una serie de descontentos, acrecentados por las estrecheces económicas y el brutal sistema de represión política, que llevaron ya en 1952 a la destitución de la ministro de Asuntos Exteriores Ana Pauker, acusada de «desviacionismo derechista». Desde 1948, la historia de R. se vincula estrechamente a la de la Unión Soviética, que instauró, encabezado por Petru Groza hasta 1952, un Gobierno, en el que los comunistas, con el apoyo manifiesto de las tropas soviéticas, primero, y luego con la prestación de ayuda económica, tenían en exclusiva el poder que sirve los intereses, casi más que de R., de la Unión Soviética, y de los países europeos dependientes de ésta, en la que R. representa sólo una pieza del mosaico político comunista.
Finalmente, y tras el ejemplo de Yugoslavia, en 1967 R. siguió una política de aparente vuelo independiente con respecto a la URSS. Se aumentan relaciones con países occidentales, se rechaza la invasión de Checoslovaquia (1968), la de China en Vietnam (1979), la de Vietnam en Camboya (1979) y la soviética en Afganistán (1980); se propone un plan de desnuclearización de los Balcanes (1982). El impulsor de esta «vía rumana» al socialismo fue Nicolau Ceaucescu, quien accedió a la secretaría general del Partido en 1965. Sin embargo, en política interior, Ceaucescu aumenta sus poderes personales, crea un estado policial que elimina toda oposición y se rodea de leales colaboradores, principalmente familiares (su mujer, Elena, es nombrada viceprimer ministro en 1980), que acaparan puestos de influencia. La situación económica empeora hasta hacerse insostenible a partir de 1981: racionamiento de alimentos básicos -muy drástico en algunas zonas-, interrupciones en el suministro eléctrico y de agua, carencia de combustible para calefacción, etcétera.
Las protestas y manifestaciones contra la dictadura comunista de los Ceaucescu desembocan en una revolución popular en diciembre 1989, cuya represión causa miles de muertos. El 22 diciembre son apresados N. Ceaucescu y su esposa, quienes después de un juicio sumarísimo, sin garantías, son ejecutados ese mismo día. Gentes procedentes del comunismo forman un Frente de Salvación Nacional (FSN) que el 26 diciembre nombra a Ion Iliescu nuevo Presidente de R. Se suceden varias reformas constitucionales (V. 11) y el 20 mayo 1990 se convocan elecciones presidenciales, que gana Iliescu, y legislativas, que gana el FSN. Iliescu y el FSN han sido acusados por la oposición de ser legítimos herederos del comunismo.
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