Apuntes sobre la cultura raver

 

 

¿CÓMO NACIÓ EL DJ?

 

Antes de las fiestas masivas, de los raves como los conocemos en la actualidad, las fiestas eran clandestinas, en bodegas, casas abandonadas, lotes baldíos, etc. No existían los flyers y el temor a una redada era constante. Se corría la voz para invitar a la banda a la próxima fiesta. Todo era casero e improvisado.

Por otro lado, la música electrónica no era un producto comercial, así que las casas discográficas no editaban este tipo de música. Por lo tanto, en aquellos no tan remotos tiempos, el DJ era el encargado de conseguir la música para la fiesta.

¿Dónde? Con cuates, amigos músicos, "el amigo del amigo", etc.  Recopilaba una cantidad de música y la llevaba a la fiesta; así se convertía en el rey, en el dios de la misma. Su mérito era el conseguir la mejor música donde fuera.

A pesar de la comercialización, eso ocurre hasta ahora; el DJ busca música electrónica y prepara un set para la noche; de ahí la adoración casi religiosa que tiene por él la banda.

El DJ no es aquel que sólo pone discos y sabe mezclar el beat (cosa que piensan muchos, más que nada los que no entienden de música electrónica). Más difícil que poner discos o que mezclar el beat, está el encontrar la música adecuada para la fiesta. Tanto así que actualmente la música es conductista; esto es, nos puede llevar a través de muchos estados de ánimo... y todo gracias al tipo de música que ha conseguido el DJ. No sé de música, pero la he sentido en un rave; muchos DJ comienzan con una música "preparatoria", van preparando el momento culminante. Todo va in crecendo. En el clímax, aparece lo mejor de la música, el mejor beat. Y a lo largo de la noche te va conduciendo por túneles, por veredas, por caminos, por la vía láctea.

 

 

 

 

MÍSTICA RAVER

ESPIRITUALIDAD RAVER

 

¿Existe una mística raver? ¿Existe una espiritualidad raver? ¿El PLUR (Peace, Love, Unit and Respect / Paz, Amor, Unidad y Respeto) se lleva a la práctica durante un rave? ¿La gente que acude a un rave conoce lo que es el PLUR y, de ser así, lo practica?

Las respuestas son: sí y no.

Sí existe una mística, una espiritualidad dentro del rave. De la banda que acude a un evento masivo, la gran mayoría va a bailar, a divertirse, a experimentar nuevas sensaciones (físicas, emotivas, psicotrópicas), a escuchar al dj, la música, a compartir con sus amigos, parejas, novi@s, probar drogas, viajar de adentro hacia afuera y de afuera hacia adentro, desde lo más profundo de su ser, hasta lo más lejano de sí mismo. El mejor raver es ese que va a divertirse, a dejarse llevar por sus sensaciones, a comunicarse con la música y bailando; es aquél que va a divertirse y a gozar de una larga noche y de un largo amanecer.

Hay quienes van a un rave a conectarse con la música, a expandir sus sentidos, a contemplar las estrellas, ver el paso de la luna por la bóveda celeste, admirar la aparición del sol tras el horizonte; baila con los árboles, siente y ve la tierra respirar y vibrar. Para todo esto se puede ir drogado o no. Si no se consume en exceso alguna sustancia, si no se "pierde" uno, y si va con esta intención, la de experimentar y divertirse: puede lograr la conexión cósmica, la conexión con la naturaleza, consigo mismo, con el o l@s otr@s.

Extasiado, puede conectarse con la música y volverse sonidos. Conectarse con las luces y volverse luz. Si practica el PLUR, estará en Paz consigo mismo y con el resto de la gente; estará dispuesto a recibir y a dar Amor de y a sus prójimos (próximos, conocidos o no; el de al lado simplemente); estará Unido al otr@, a la tierra, a la naturaleza, al universo; y por lo tanto tendrá Respeto por los demás, por sí mismo, por lo que consume. Sí, el ir a un rave puede ser toda un experiencia mística, llena de espiritualidad. En un estado alterado por alguna droga, puede incluso aprovechar el viaje como una terapia, escarbar en lo más hondo de su ser, acomodar las piezas, resolver los problemas de su vida cotidiana. El mejor de los viajes es aquel que te armoniza contigo mismo, con tu entorno, con la gente que te rodea y con el planeta mismo.

Pero la escena rave se está viendo amenazada, por un lado, por la aparición de aquellos que no conocen ni les interesa el PLUR; los que van a drogarse ("a ponerse hasta el huevo, hasta la madre") sin ton ni son, los que buscan ligarse a alguien, los que van a vender drogas, los busca pleitos, los que quieren dar portazo por una u otra razón.

Por otra parte existe la amenaza de la comercialización del rave.

La sociedad se opone, en un principio, a la contra cultura underground. Más tarde la absorbe, la manipula, la transforma y la vuelve banal, la convierte en un producto más del sistema, de esta sociedad de consumo ávida por nuevas experiencias y nuevas emociones. Los gerentes de mercadotecnia ya han visto en esos miles de personas que acuden en un rave a un consumidor en potencia.

Los que vamos con un fin místico y espiritual a un rave (o al menos a bailar y a divertirnos, a pasarla bien) estamos siendo amenazados por estos dos elementos; por aquellos que van a un rave sin el espíritu PLUR, y por esta sociedad que ha encontrado en los raves un medio más para vender sus productos (smart drinks, cervezas, ropa, dulces, boletos, viajes, hoteles, discos, compilaciones, páginas web, etc.)

Lo que en un principio surgió como una manifestación contra cultural, marginal, underground, puede convertirse rápidamente en una moda más. Ahí tenemos como ejemplo el Aca World Sound Festival 2002 (y no lo digo por la cancelación del segundo día). ¿No es de temer que Televisa promocione este evento? La mera presencia de esta empresa debería hacernos temblar. La producción es inigualable: el stage, las luces, el sonido, el espacio (donde pueden caber 40 mil personas). Pero si una empresa conservadora y mojigata, como lo ha sido siempre, pone sus ojos en el rave, la cosa está como para pensarse más seriamente. La industria ya no nos ve como un puñado de "antisociales" pobretones; ya somos sus próximas víctimas.

Como siempre ha sucedido con otras manifestaciones contra culturales, el sistema acabará devorando al rave. Es indiscutible. Ya comenzó la moda "raver": pantalones con cientos de bolsas, holgados; playeras con motivos psicodélicos, tenis de colores, jueguetes y joyas fosforescentes, dulces ácidos, chupónes de caramelo, bebidas energetizantes. Amig@s, el rave se está industrializando, se está convirtiendo en un producto más de esta sociedad de consumo.

¿Qué será, entonces, del PLUR y de los que encontraron en el rave una nueva actitud y un espacio libre de imposiciones comerciales y sociales? ¿Cuál es el futuro del rave?

Ravers: hay que estar alertas.

 

 

 

CHIVO EXPIATORIO: LOS DROGADICTOS

 

Basta de prejuicios y mojigateríass, ¿quién no consume alguna droga?

Tabaco, café, Coca-Cola, bebidas alcohólicas, medicamentos, aspirinas, Prozac, Tafil, té, chocolate, ginseng, marihuana, cocaína, ecstasys, ácidos, peyote, hongos alucinógenos, mezcalina, special K, MDMA, heroína...

Esto por mencionar sustancias. Hay otros que son adictos al internet, a la comida, a los deportes, a los juegos de azar, al sexo, a conservar la línea, a vestir a la moda, a consumir los productos que se anuncian en televisión. No es consuelo, simplemente es un hecho: todos hemos caído en algún tipo de adicción. De hecho, el hombre parece ser un ser adictivo por naturaleza. O en todo caso, algo peor: nuestras sociedad produce seres adictivos.

Alguien diría: "sí, pero hay de adicciones a adicciones". Así es. Aquel adicto a la comida acabará siendo un obeso en "comedores compulsivos", matándose a base de dietas, con problemas cardiovasculares y seguro estará out en la moda. Del lado opuesto se encuentran la anorexia y la bulimia, ese afán por parecerse a las modelos de revistas (que son anoréxicas y bulímicas). Pero un momento: un gordo es un "gordito". En cambio un drogadicto es simplemente eso, no se le tiene la menor compasión, nadie lo llamará nunca un "drogadictito". El gordito es simpático, el borrachito cuenta buenos chistes, al consumista compulsivo se le dirá "total, no es mi dinero; haz con el tuyo lo que te dé la gana"; pero el drogadicto es un perverso, un enfermo, un ser al que hay que temer y tenerle cuidado; él pone en riesgo los valores familiares, religiosos  y sociales (de lo que hablaremos más adelante).

Aquel que es adicto a los deportes no sólo puede lastimarse una parte de su cuerpo, puede llegar a accidentes mayores o incluso a encontrar la muerte. Pero un boxeador o un torero o un alpinista no son considerados criminales, ni antisociales, ni enfermos.  Es más, se les admira. Sus hazañas son dignas del Récord Guines. Se les condecora.

Los que consumen tabaco se hacen daño a sí mismos y a los que lo rodean. Pocas sustancias son tan adictivas como el tabaco y más difíciles de erradicar.

El alcoholismo ha matado a cientos de personas, es un problema de salud pública; produce uno de los índices más altos de mortalidad; provoca crímenes, suicidios, violaciones. "Nada con exceso, todo con mediada", rezan los anuncios publicitarios de bebidas alcohólicas.

El que toma café, de menos, se buscará una buena úlcera, elevará su presión sanguínea, endurecerá sus venas y arterias.

El adicto al sexo, de no cuidarse, podría encontrar una de las peores enfermedades conocidas por la humanidad: el sida. La promiscuidad tampoco lleva a nada bueno.

Una adivinanza: ¿Qué diferencia hay entre un heroinómano y un torero? El heroinómano toma su jeringa, se pincha, y en un ratito comienza a volar, a viajar, a alucinar. Si la calidad de la droga es pésima o si el individuo se excede con la cantidad, es muy probable que muera. Si bien le va, formará parte de las estadísticas por muertes a causa de las drogas. Un drogadicto menos. Por su parte, el torero sale con su traje de luces, todo ajuareado, paseándose por la plaza ante la ovación de un público que lo admira. Pero en cuestión de segundos puede aparecer el toro y darle semejante cornada que en unos instantes estará sobre una plancha fría agonizando inevitablemente. A él seguramente le alzarán un monumento y su nombre resonará por mucho tiempo en los anales de la historia taurina. ¿Pero qué diferencia hay entre estos dos adictos a la adrenalina y a las emociones fuertes?  Ninguna. Ambos, como dueños de sus cuerpos y sus almas, hacen con ellos lo que quieren, ya sea morir de una sobredosis, o bien asesinado por un toro.

¿Entonces por qué el drogadicto es un paria, una lacra social? Es típico de muchas señoras decir: "unos marihuanos asaltaron a fulanito", "a menganita la violaron, seguro estaban drogados". ¿No podría ocurrir que un jugador de pókar, que lo ha perdido todo, haya asaltado a  fulanito? ¿O que un alcohólico haya violado a menganita? ¿No es más probable que alguien desesperado por su situación económica cometa un asalto? ¿Y a su vez, que una persona desquiciada, enferma, sea el responsable de una violación?  No. La culpa de todo la tienen los drogadictos.

Como mencionamos arriba, muchos dicen: "el drogadicto pone en riesgo los valores familiares, religiosos y sociales; es una amenaza para nuestra sociedad"... Un interlocutor mucho más sutil e inteligente respondería: "¡Qué bien! ¡Arriba el drogadicto!". Quizás sin saberlo y sin que sea su intención, el drogadicto es un revolucionario. Con suerte, será quien ponga en jaque esos "valores" que, en más de dos mil años de civilización, han demostrado que han servido para muy poco. Si el drogadicto hace temblar a esta sociedad enferma que produce hijos enfermos: ¡Viva el drogadicto! Porque, encima de todo, la mayoría de los que se drogan lo hacen porque están en contra precisamente de esta sociedad que anuncia Marlboro, Smirnoff, Bacardí, que les quiere vender sus autos último modelo, sus viajes todo pagado, sus complejos residenciales, quiere vestirlos de Gucci o Armani, les exigen ser "los primeros", "los mejores", que sean ¡productivos!, que formen familias "felices"... Sin tapujos: se niegan a ser esclavos y engendrar más esclavos de una sociedad a la que rechazan porque en ningún momento les han ofrecido una verdadera oferta, una verdadera posibilidad de vivir y ser felices.

El drogadicto puede decirle a un feroz activista que apoya la prohibición de las drogas: "combates la legalización de las drogas en lugar de combatir la guerra". Al presidente de su país podría decirle: "inviertes millones de dólares en la lucha contra el narcotráfico y sin embargo tu población se muere de hambre, están desnutridos, no tienen educación; mejor drogados que miserables". Al mismo papa le podría decir en plena cara: "condenas el uso de las drogas, el uso de los anticonceptivos; condenas el aborto, la homosexualidad, las relaciones sexuales fuera del matrimonio, la eutanasia, y no haces nada contra la hambruna mundial, la sobre población, las catástrofes ecológicas... Excomúlgame, yo no estoy contigo".

Así es que el drogadicto simplemente es, como tantos otros, un invento más de la sociedad. Ésta misma que ha inventado tantos terrores para mantenernos sometidos bajo oscuras y dudosas amenazas como lo fueron los rojos, los comunistas, los espías de la KGB, y en la actualidad son los terroristas talibanes, los fundamentalistas árabes y los inmigrantes, los nacos. Hoy en día, cómodamente, el nuevo chivo expiatorio puede bien ser el drogadicto. Sin embargo es un enemigo mucho más sutil y difícil de linchar que los rojos o los talibanes; los drogadictos pueden existir en cualquier "casa decente", en cualquier familia católica, en cualquier escuela de colegiaturas estratosféricas, en cualquier oficina de alguna multinacional, en el gobierno y en la presidencia de cualquier nación.

Para consuelo de aquellos que suelen drogarse: menos mal que no vivimos en una sociedad tan cristiana y papista como la España del Siglo XVI, porque si no, los drogadictos hubiéramos acabado en una hoguera.  La iglesia estaría en deuda con nosotros como lo ha estado con las mujeres que asesinó, los homosexuales que torturó, los científicos que acusó de hechicería, los hombres inocentes que mató en sus calabozos y autos de fe en el nombre de Dios. Amén.

Y.P.

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