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Desde el primer día
que fui a un rave dije "soy de aquí". "Di no a las drogas... somos muchos y quedan muy pocas" Ingiero alguna sustancia y al cabo de unos minutos todo se transforma; en
un instante el mundo cambia. La música suena diferente, las luces se ven
distintas. Bailo y no dejo e bailar, no puedo. Todo mi cuerpo se vuelve
música; dentro de mi cuerpo nace, sale y entra la luz. Bailo con los
árboles que danzan conmigo; bailo con la luna que parece sonreírme; he
bailado también con flores que parecen alegres danzantes. La música se
vuelve un camino por el cual transitar, acompañado por luces y el resto de
los seres que están a mi lado. Deshaciéndome en luz, deshaciéndome en
música, me voy creando una vez más. Yo soy mi demiurgo y el creador de mi
propio ser. Me he tirado al pasto para ver el cielo y las formas que dibujan las nubes, desde el Arca de Noé, pasando por brujas, dragones y leones, hasta galeones y mares de aguas pasmadas. Son momentos, horas, minutos de paz, de reconciliación, de éxtasis. (Muchos dicen que el drogarse es "no querer pensar", tomar una sustancia "para no pensar". ¡Qué equivocados están! Al tomar alguna droga, lo que pasa por el cerebro, son millones de pensamientos, miles de imágenes, cientos de sentimientos. Cada uno, con su capacidad, tiene que ir eligiendo selectivamente qué pensar, qué pensamientos dejar y cuáles olvidar o dejar pasar de largo. Por ejemplo, en ecstasy, hay un momento en que hay una inmensa claridad de pensamiento, mucha más que en un estado de sobriedad. Incluso uno es el que puede controlar su trip, eludiendo así el "mal viaje") "La voz de dios es techno" Me conecto con todo lo que sucede a mi alrededor, principalmente los
fenómenos naturales. Es un regalo ver los relámpagos acercándose en una
noche húmeda o ver el nacimiento del amanecer tras las montañas. En el
viaje nos acompaña la tierra, el agua, el viento y el fuego. Puede llegar
a ser un viaje místico, espiritual. La música se convierte en un mantra
que nos hace bailar durante horas y horas. Skazi, Talamasca, SUN Project,
Alien Project, GMS, Goa Gi, sea quien sea el shamán del momento, él será el
dios que nos conduzca en este viaje. La música electrónica ha dejado atrás
la letra de las canciones para dar lugar a sonidos que se transmiten
sensorialmente. Es el Esperanto de la música que une a los ravers de todo
el mundo. "Somos paganos. Adoramos paredes de sonido" Si en los 60's el lema fue Peace and Love, el lema del rave es P.L.U.R. (Peace Love Unit & Respect) y no hay que olvidarlo nunca. Estas cuatro palabras deben encerrar el sentimiento de todos los que vamos al rave. Ya no somos comunas, somos comunidades, unidas por la cibernética, la electrónica, las drogas psycotrópicas, el frenesí del baile enloquecido. No sólo es la Paz y el Amor; ahora hay que sumar la Unidad y el Respeto. La Unidad como grupo, como sociedades fuera de la norma, como individuos responsables de nuestros actos; somos una tribu a los que nos identifica el Psychodelic-Trance, o el House, o el Goa o el drum&basse. Respeto al otr@, a su identidad sexual, a su ideología, a su religión, a su forma de pensar. Después de los hippies seguimos los ravers, rescatando elementos de la cultura de los años 60 y añadiendo los del Siglo naciente. Los que somos hijos de hippies de los 60's hemos venido a la escena raver a reivindicar antiguas posturas que siguen vigentes y a dar nuevos elementos. Después de Woodstock vienen los raves. Todo esto es evolución. Si antes era "sexo, drogas y rock'n'roll" ahora es "sexo, tachas y bum bum bum". Pero vamos más allá del rave; nuestra actitud trasciende a lo cotidiano. Llevamos el PLUR por todas partes. Intercambiamos discos, los quemamos (socios de la piratería que sólo contrarresta los altísimos precios que imponen las voraces casas productoras), nos juntamos para hablar de nuestros "viajes", de nuestras experiencias; dentro y fuera del rave se comparte todo (o casi todo): las tiendas de campaña, los dulces, el agua indispensable, los cigarros, las cobijas. "Es más fácil desbaratar un átomo que un prejuicio", Albert Eistein
El que ha ido a un rave, me entenderá; tendrá mucho más qué decir al
respecto y ojalá comparta sus experiencias con los demás ravers. El que
no, debería darse a sí mism@ la oportunidad de conocer y comprender lo que
es esta nueva manifestación cultura, la del Silgo XXI, y no rechazarla,
estigmatizarla o criticarla a priori.
Siempre han sido los prejuicios los que han frenado el avance de la
sociedad y del individuo. A pesar de todo, sigue siendo una expresión que desafía a una sociedad convencional, conservadora y moralista. El consumir drogas ilegales y el no entrar dentro de ciertas normas sigue manteniendo en estado de alerta a esta sociedad enferma que promulga "di no a las drogas" pero anuncia "Fuma Marlboro" o "Don Pedro, el brandy que tiene el Don". Porque con nuestro baile, con nuestras boleadoras de fuego, con el beat electrónico les estamos diciendo: no queremos lo que la sociedad nos ofrece; no queremos ser lo que ustedes esperan de nosotros. Con orgullo aceptamos que consumimos sustancias ilegales, con orgullo contamos nuestras experiencias en un rave, con orgullo caminamos con nuestros pantalones guangos, o con nuestras playeras con la imagen de Krishna o una hoja de marihuana. Somos la oposición de la sociedad de consumo que nos presiona para tener el último celular, la computadora más veloz, el auto más moderno, la ropa de marca; somos lo opuesto a la imagen familiar de la sociedad; somos una comunidad hermanada por la música electrónica, una tribu dentro de la aldea global que adora Dj's y música electrónica. Ojalá de todo lo que se nos acusa sea cierto, que seamos inadaptados, antisociales y pongamos en riesgo los valores cristianos y familiares convencionales. Esto sólo podría catalogarse de una forma: una revolución, la revolución electrónica, una revolución pacífica en el Siglo XXI. Por: Psychodelic Cowboy (Soy raver de corazón; abogo por la legalización de las sustancias que ha prohibido el Estado; mi ideología es el PLUR y mi religión es la música electrónica) |
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