Desde el primer día que fui a un rave dije "soy de aquí".
En primer lugar porque es una fiesta en la naturaleza. En el cráter de un volcán, en un lugar tropical, una playa, o al lado de las pirámides de Teotihuacán; bajo la noche estrellada, bajo el cielo azul; viendo el paso de la noche a través de la oscuridad o el nacimiento del sol en el horizonte, rodeados de árboles, de bosques, de palmeras y hasta de nopales.

Hay desde 500 a 25 mil personas. Del Earth Dance al Aca World Sound Festival, en todos los casos veo a la multitud congregada con el fin de bailar y escuchar música electrónica. Seguro que el 90% están en el estadazo, hasta el huevo, hasta la madre; tachas, ácidos, motita, special-K y otras. Hay pantallas con imágenes psicodélicas, jóvenes con boleadoras de fuego, tiendas de campaña, fogatas, yoyos con luces, gente en zancos, etc. Cualquier cosa puede ser vista y puede suceder en un rave.

Llego y, en el mejor de los sentidos, a nadie le importa quién sea o lo que haga, cómo me vista o cómo baile. La respetuosa indiferencia o la indiferencia respetuosa hacia el otr@. Cada quién está en su trip. Se han disfrazado para el rave, o visten así, y en el estrado está el Dj como un dios materializado y tangible. La música a todo volumen sacudiendo la naturaleza, cimbrando la tierra bajo nuestros pies.

"Di no a las drogas... somos muchos y quedan muy pocas"

Ingiero alguna sustancia y al cabo de unos minutos todo se transforma; en un instante el mundo cambia. La música suena diferente, las luces se ven distintas. Bailo y no dejo e bailar, no puedo. Todo mi cuerpo se vuelve música; dentro de mi cuerpo nace, sale y entra la luz. Bailo con los árboles que danzan conmigo; bailo con la luna que parece sonreírme; he bailado también con flores que parecen alegres danzantes. La música se vuelve un camino por el cual transitar, acompañado por luces y el resto de los seres que están a mi lado. Deshaciéndome en luz, deshaciéndome en música, me voy creando una vez más. Yo soy mi demiurgo y el creador de mi propio ser.

Cierro los ojos y viajo por el universo, el cosmos entero; he llegado a Plutón y dado la vuelta en U de regreso a la tierra. De día, he viajado hacia el sol; un camino largo y luminoso lleno de puertas y ventanas iluminadas. ¡Es tan hermoso!

Me he tirado al pasto para ver el cielo y las formas que dibujan las nubes, desde el Arca de Noé, pasando por brujas, dragones y leones, hasta galeones y mares de aguas pasmadas. Son momentos, horas, minutos de paz, de reconciliación, de éxtasis. (Muchos dicen que el drogarse es "no querer pensar", tomar una sustancia "para no pensar". ¡Qué equivocados están! Al tomar alguna droga, lo que pasa por el cerebro, son millones de pensamientos, miles de imágenes, cientos de sentimientos. Cada uno, con su capacidad, tiene que ir eligiendo selectivamente qué pensar, qué pensamientos dejar y cuáles olvidar o dejar pasar de largo. Por ejemplo, en ecstasy, hay un momento en que hay una inmensa claridad de pensamiento, mucha más que en un estado de sobriedad. Incluso uno es el que puede controlar su trip, eludiendo así el "mal viaje")

"La voz de dios es techno"

Me conecto con todo lo que sucede a mi alrededor, principalmente los fenómenos naturales. Es un regalo ver los relámpagos acercándose en una noche húmeda o ver el nacimiento del amanecer tras las montañas. En el viaje nos acompaña la tierra, el agua, el viento y el fuego. Puede llegar a ser un viaje místico, espiritual. La música se convierte en un mantra que nos hace bailar durante horas y horas. Skazi, Talamasca, SUN Project, Alien Project, GMS, Goa Gi, sea quien sea el shamán del momento, él será el dios que nos conduzca en este viaje. La música electrónica ha dejado atrás la letra de las canciones para dar lugar a sonidos que se transmiten sensorialmente. Es el Esperanto de la música que une a los ravers de todo el mundo.

He ido con pocos y con muchos amigos. Siempre conectados los unos con los otros, preocupados entre nosotros por si no hemos tomado suficiente agua; tapándonos, cubriéndonos del frío; acompañándonos al baño, por una cerveza, por un dulce. Nos hemos tomado de las manos, nos hemos abrazados y, aunque sea debido a las sustancias, uno no se siente solo, ni desprotegido; el cariño está ahí. Las fotos que nos hemos tomado lo demuestran y serían exactamente lo opuesto a la publicidad de "Vive sin Drogas", porque la alegría, la felicidad, nos brota por todas partes.

He cruzado mi mirada con la mirada de otras personas desconocidas en el rave; de ellos he recibido sonrisas, pulgares levantados celebrando mi forma de bailar, o mi expresión extasiada, o quizás por los lentes que traiga puestos o la tela que traigo enredada al cuello. Sin prejuicios ni timidez, me sucede lo mismo, y veo a alguien que me simpatiza o que me gusta su forma enloquecida de bailar y le sonrío o levanto mi pulgar. Es un regalo que nos damos los unos a los otros, aunque no nos conozcamos. Porque estando ahí, la mayoría de las veces y la mayoría de la gente, se siente unida, en una sociedad común; nos unen las drogas, la música, el espacio, el tiempo transcurrido, la forma de vestirnos, nuestra oposición a la forma de divertirnos y de ser, dictados por la moda y una sociedad que, de entrada, nos rechaza. Nosotros somos "los drogadictos", "los antisociales", "ponemos en riesgo los valores familiares", "somos peligrosos", "debemos ser rehabilitados".

"Somos paganos. Adoramos paredes de sonido"

Si en los 60's el lema fue Peace and Love, el lema del rave es P.L.U.R. (Peace Love Unit & Respect) y no hay que olvidarlo nunca. Estas cuatro palabras deben encerrar el sentimiento de todos los que vamos al rave. Ya no somos comunas, somos comunidades, unidas por la cibernética, la electrónica, las drogas psycotrópicas, el frenesí del baile enloquecido. No sólo es la Paz y el Amor; ahora hay que sumar la Unidad y el Respeto. La Unidad como grupo, como sociedades fuera de la norma, como individuos responsables de nuestros actos; somos una tribu a los que nos identifica el Psychodelic-Trance, o el House, o el Goa o el drum&basse. Respeto al otr@, a su identidad sexual, a su ideología, a su religión, a su forma de pensar. Después de los hippies seguimos los ravers, rescatando elementos de la cultura de los años 60 y añadiendo los del Siglo naciente.  Los que somos hijos de hippies de los 60's hemos venido a la escena raver a reivindicar antiguas posturas que siguen vigentes y a dar nuevos elementos. Después de Woodstock vienen los raves. Todo esto es evolución. Si antes era "sexo, drogas y rock'n'roll" ahora es "sexo, tachas y bum bum bum".

Pero vamos más allá del rave; nuestra actitud trasciende a lo cotidiano. Llevamos el PLUR por todas partes. Intercambiamos discos, los quemamos (socios de la piratería que sólo contrarresta los altísimos precios que imponen las voraces casas productoras), nos juntamos para hablar de nuestros "viajes", de nuestras experiencias; dentro y fuera del rave se comparte todo (o casi todo): las tiendas de campaña, los dulces, el agua indispensable, los cigarros, las cobijas.

"Es más fácil desbaratar un átomo que un prejuicio", Albert Eistein

El que ha ido a un rave, me entenderá; tendrá mucho más qué decir al respecto y ojalá comparta sus experiencias con los demás ravers. El que no, debería darse a sí mism@ la oportunidad de conocer y comprender lo que es esta nueva manifestación cultura, la del Silgo XXI, y no rechazarla, estigmatizarla  o criticarla a priori. Siempre han sido los prejuicios los que han frenado el avance de la sociedad y del individuo. 

Sin proponérselo (¿o sí?) el rave es una expresión que ha hecho cimbrar a la sociedad. Desgraciadamente, como toda manifestación contra cultural, al principio es rechazada, prohibida y perseguida; pero después, la sociedad de consumo la absorbe, la manipula y la deforma. Ahora los amos de la mercadotecnia, que ven en cada uno de nosotros a un consumista potencial, nos venden ropa, música, look para el rave, cervezas, aguas, dulces; las fiestas son más caras, más "exclusivas". ¿Dónde quedaron aquellos días de los raves en las bodegas abandonadas, en los lotes baldíos? No, hoy en día el rave es una industria más.

A pesar de todo, sigue siendo una expresión que desafía a una sociedad convencional, conservadora y moralista. El consumir drogas ilegales y el no entrar dentro de ciertas normas sigue manteniendo en estado de alerta a esta sociedad enferma que promulga "di no a las drogas" pero anuncia "Fuma Marlboro" o "Don Pedro, el brandy que tiene el Don". Porque con nuestro baile, con nuestras boleadoras de fuego, con el beat electrónico les estamos diciendo: no queremos lo que la sociedad nos ofrece; no queremos ser lo que ustedes esperan de nosotros. Con orgullo aceptamos que consumimos sustancias ilegales, con orgullo contamos nuestras experiencias en un rave, con orgullo caminamos con nuestros pantalones guangos, o con nuestras playeras con la imagen de Krishna o una hoja de marihuana. Somos la oposición de la sociedad de consumo que nos presiona para tener el último celular, la computadora más veloz, el auto más moderno, la ropa de marca; somos lo opuesto a la imagen familiar de la sociedad; somos una comunidad hermanada por la música electrónica, una tribu dentro de la aldea global que adora Dj's y música electrónica.

Ojalá de todo lo que se nos acusa sea cierto, que seamos inadaptados, antisociales y pongamos en riesgo los valores cristianos y familiares convencionales. Esto sólo podría catalogarse de una forma: una revolución, la revolución electrónica, una revolución pacífica en el Siglo XXI.

Por: Psychodelic Cowboy

(Soy raver de corazón; abogo por la legalización de las sustancias que ha prohibido el Estado; mi ideología es el PLUR y mi religión es la música electrónica)

Hosted by www.Geocities.ws

1