ATENCIÓN TEMPRANA EN EL NIÑO SORDO O DEFICIENTE AUDITIVO

ESTIMULACIÓN PRECOZ
Los primeros años de la vida de un niño son los más decisivos. El problema que puede llegar a tener un hijo sordo está condicionado por el nivel de lenguaje en el momento de aparición de la sordera. Es diferente el desarrollo de un niño con el lenguaje oral y/o escrito adquirido que un niño que es sordo desde el nacimiento. Distinguiremos, pues, los niños con sordera congénita y los de sordera adquirida.
Por todo ello, el diagnóstico precoz y la aplicación de un tratamiento adecuado son decisivos: la estimulación temprana, la utilización de prótesis (audífonos), la reeducación (aprendizaje de lenguaje por signos, lectura labial) y el tratamiento médico-quirúrgico (implantación de prótesis, intervenciones quirúrgicas, medicación…) siempre y cuando el equipo médico lo considere necesario.
La estimulación del niño con deficiencia auditiva deberá potenciar sus posibilidades de relación, comunicación y desarrollo global.
En un
principio, se trabajarán
las capacidades sensoriomotrices : visual, táctil y en
algunas ocasiones,
auditivo. Para ello debemos utilizar todo lo que pueda llamar su
atención . Por
ejemplo, acompañando los estímulos auditivos de
vibraciones percibidas por el
tacto - un molinillo de café, la lavadora, la voz grave de
papá, la aspiradora…
Respecto al lenguaje , siempre que hablemos con nuestro hijo deberemos
hacerlo
de cara permitiéndole que pueda leer nuestros labios. La
lectura labial
facilita la comunicación (sobre todo en los casos de
audición deficiente).
Los padres debemos evitar las conductas de sobreprotección y
de rechazo y
debemos, por encima de todo hablar, cantar, jugar con nuestros
hijos… y, en la
medida de lo posible, sin pensar "no me oye". Debemos considerar que
aquello que afecta al niño con deficiencia auditiva no
siempre es una cuestión
de volumen sino más bien de calidad del sonido.
Cuanto
más grave es la sordera
más frecuentes son los trastornos de personalidad y de
desarrollo afectivo.
El niño sordo
suele ser más indisciplinado que los demás. A
menudo no controla sus
reacciones. Da muestras de cólera, agresividad o
melancolía cuando se le lleva
la contraria. Al enfrentarse a situaciones que no siempre puede
dominar, el
niño sordo reacciona a la defensiva, huye, se esconde y se
aísla de un entorno
que le es desagradable o dañino. La privación de
comunicación y sus
limitaciones en general, son percibidas por el niño como una
fuente de
frustración. Debido a su déficit, no entiende
-como podría hacerlo un niñe;o
normal- las órdenes que se le dan en casa o en la escuela.
Todos estos aspectos
influyen sobre su personalidad y hay que tenerlos en cuenta a la hora
de tratar
sus conductas inapropiadas. Es recomendable la intervención
de un psicólogo
para tratar los problemas afectivos del niño y atender las
necesidades de los
familiares.
Los padres necesitarán ayuda y mucha dedicación para educar a un hijo con un trastorno auditivo y siempre deben evitar poner en segundo lugar a los otros miembros de la familia, especialmente a los hermanos. La paciencia, la constancia y la actitud positiva son imprescindibles para que la convivencia familiar se desarrolle dentro de unos límites de normalidad y se cree un ambiente emocionalmente estable en el que el niño pueda crecer equilibradamente.
ESTIMULACIÓN TEMPRANA
Debe iniciarse en cuanto se detecta la deficiencia. Las sesiones son individuales, de 45 minutos de duración media, tres o cuatro días a la semana (según orientación psicopedagógica). Se trabaja de forma globalizada y con espíritu lúdico, en un ambiente de afecto y confianza, en los siguientes campos:
Área de autonomía personal-social: Hay que fomentar en función de la edad del niño la actuación por sí mismo, para que aprenda de sus propias acciones. Es necesario que existan unos límites claros y razonables dentro de un contexto de libertad que proporcionen al niño estabilidad, equilibrio y seguridad.