Diario Clarin Jueves 14 de enero de 1998 Ni la lluvia pudo con sus fieles Unas 22 mil personas resistieron un aguacero feroz sólo para ver a Soledad. Y si bien la chica de Arequito y su entorno esperaban superar el récord de los 55 mil fieles del 98, el dato de la multitud que se mojó hasta los huesos para quedarse a revolear el poncho con ella no se puede anotar como una derrota, ni mucho menos. Antes de salir al escenario, la Sole confesó sus temores ya que afuera la tormenta no amainaba y hasta obligó a suspender la doma. Pero cuando apareció de un salto a las doce y veinte de la noche, el miedo se le trocó en energía. La platea empapada y sedienta de su imagen estaba allí y, como de costumbre, le declaró su amor a los gritos ante cada mohín, cada gesto de la Pastorutti. Lo cual no es novedad para nadie pero, convengamos, esos momentos que rozan la magia no dejan de impresionar. El que toca nunca baila fue el tema que eligió para arrancar una cabalgata agotadora. A lo largo de una hora, con sus bombachas negras y su poncho blanco, hizo sus temas de siempre, saltó y corrió como la adolescente que es, pero también se le animó a chacareras de Cuti Carabajal y a un candombe de Los Olimareños. "¿Me quieren o no me quieren?", preguntaba cada tanto al público que, unánime, le respondía con un sí ensordecedor mientras le arrojaban una lluvia de peluches que Soledad recogió uno por uno. Su hermana Natalia la acompañó casi todo el espectáculo y, como lo viene haciendo, cantó sola Sapo cancionero. Aunque el público la recibe con un cariño que le llega por carácter transitivo, es obvio que en esta historia la estrella es Soledad y "la Nati" -más de una vez- queda desdibujada sobre un escenario que le depara, por momentos, baches de incertidumbre que se le notan en una carita casi angustiada. Vale la pena preguntarse si es necesario exponerla tanto al fuego -y al peso- del carisma explosivo de su hermana. Como siempre, el fin de fiesta fue con A don Ata y los clásicos ponchos al viento. Un revoleo que durante todo el día desató polémicas, ya que se supo que los representantes de la Sole registraron el vuelo del poncho como una coreografía exclusiva. Lo cierto es que más allá de polémicas -o con ellas-, y más allá del cuestionado talento vocal de Soledad, quedó claro que su huracán festivalero sigue soplando fuerte. Domadora de multitudes, su paso por Jesús María no hizo más que demostrar que su estrella sigue brillando. Pero el batacazo lo habían dado Horacio Guarany y el humorista cordobés Cacho Buenaventura. El lunes, 33 mil personas se quedaron hasta las tres y media de la mañana disfrutando de este dúo incidental: mientras el cordobés se lucía con sus (buenos) chistes y sus (acertadas) imitaciones, entre ellas la del propio "Potro", Guarany, quien ya se había retirado del escenario, volvió para acompañarlo y reírse in situ de su propia caricatura. Una fiesta.