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Cuando
un docente se hace cargo de un grado, un curso o una división lo asaltan
un sinnúmero de interrogantes: ¿qué voy a enseñar, cómo voy a enseñar,
cómo evaluar si aprendieron, cómo calificarlos, qué hacer con la
disciplina, cómo calificar al que no aprende o a quien se porte mal? Por
suerte lo primero que encuentra es un programa analítico (el currículo),
que sin duda lo tranquilizará. Sumergido en la interminable secuencia de
conceptos, sus preguntas se reducirán a: ¿cómo voy a hacer para enseñar
todo
esto? La
lista de contenidos a enseñar es tranquilizadora: ahora es sólo cuestión
de buscar material informativo. Como en un globo de historieta, surge en
su mente la imagen de un aula repleta de alumnos tomando nota muy
interesados en lo que el docente dice, con silencio total, orden absoluto,
levantando la mano para preguntar y pidiendo permiso para salir... ¡La
clase perfecta! ... Bastará buscar mucho material para tenerlos ocupados
copiando. Y estudiarlo antes, para eludir ese escalofrío en la espalda
que puede sobrevenir frente a una pregunta impensada. Pero
la realidad a la hora de ponerse frente a la clase es muy distinta. ¿Por
qué? Quizás porque "los alumnos de ahora no son como los de
antes", son más indisciplinados, inquietos, insolentes, indolentes,
carentes de motivación para aprender hechos y verdades. Es
un hecho reconocido por la mayoría de los docentes que los "alumnos
cada vez vienen peor", no quieren ni les interesa estudiar. Cierto
también es, por otro lado que nuestro mundo
ya no es el de antes. En el término de los últimos años ha
cambiado todo tanto que en un libro no se podría resumir. Pero hay dos
variables que parecen importantes para
destacar: MEDIOS DE INFORMACIÓN Y POLUCIÓN MENTAL. Medios
de información De
la clase modelo a los modelos de clase El
increíble desarrollo de la informática y de los medios masivos de
comunicación, que acaba de despuntar, resulta en su aspecto negativo en
una polución mental: los seres humanos recibimos una brutal cantidad (le
información que nos bombardea diariamente. Información veraz,
tendenciosa, publicitaria, cruel, subliminal, antagónica, desvalorizante,
necesaria, instructiva, inútil, etc., además de que podemos alquilar un
arsenal de imaginación ajena en videos, dibujitos animados, películas,
series y novelas de T.V., todo un mágico mundo prestado al que accedemos
cómodamente sentados en el living y hasta aprendemos a tener sentimientos
vivos sobre la fantasía que vemos y escuchamos, comentar sobre ellos e
intercambiar información con
los familiares, vecinos y amigos. Tenernos de qué hablar al
recordar parte de esa información y nuestras cabezas están tan llenas de
comentarios de "gente importante", que hasta hablamos a través
de pensamientos que no nos pertenecen. El
humilde y simple maestro de clase, mal puede competir con los medios
masivos de transmisión (le información con su despliegue de colores y
sonidos deslumbrantes. Si
pensamos que detrás de una hora de película hay un equipo de
profesionales creativos, actores y técnicos cuyo objetivo es, captar la
atención de la audiencia y transmitir (o no) algún mensaje, amalgamado
todo en una empresa de costos y beneficios millonarios, advertiremos lo
poco preparado que está el maestro de escuela para competir en ese mismo modelo
sedentario en el cual el alumno
debe recibir pasivamente
los aprendizajes que el docente le querrá enseñar En
la competencia por transmitir información desde Un emisor . sor activo
hasta un receptor pasivo.. el maestro y el profesor de escuela llevan la
última posición, y con pocas posibilidades de un
reconocimiento
por su labor La
escuela, en realidad, debería ser un espacio diferente, de aprendizaje
activo, un lugar donde los alumnos se "descontaminen" de la
polución mental; y, mejor , aún, donde se preparen con recursos valiosos
para hacer frente a los niveles de polución mental que vendrán. Pero...
¿cómo hacerlo? Un
primer paso es cambiar el modelo educativo. El
alumno debe ser más protagonista de su propio camino de aprendizaje, de
su propia capacidad de imaginar Un modelo de clase donde los alumnos
descubran verdades, que aunque archí conocidas para el maestro serán
nuevas para ellos; un modelo de clase donde la imaginación no tenga límites,
y donde habrá que buscar la forma de comunicarla a los compañeros,
discutirla, compartirla y disfrutarla; un modelo de clase creativa y
participativa, donde el objeto de conocimiento se construya activamente en
la mente de los alumnos y no pretenda estampárselos en sus cabezas con la
forma ya definitiva ,compite
avasalladoramente contra el modelo sedentario y representa, al
mismo tiempo el espacio eficaz de “detoxificación” y reflexión sobre
el papel del niño y del adolescente frente al bombardeo de información. En
este modelo de clase el lugar del docente ya no es aquél que mostraba el
globo de historieta, sino que su función es ahora la de acompañar y
facilitar al alumno en su camino de aprendizaje. Un camino que deberá ser
transitado al mismo tiempo que construido por cada individuo. La tarea del
docente será estimular dicha construcción, y no esperar del otro lado
del camino, o alzar en brazos al alumno y caminar por él. Como
educadores brindemos al alumno lo que éste necesitará para vivir en
el siglo XXI No
se trata a de oponerse a los recursos tecnológicos nuevos. Con esa
actitud sólo lograríamos automarginarnos. Analicemos un ejemplo: si le
ofrecen la opción de conocer un hecho histórico mediante la lectura de
un texto de 900 hojas, o mirando las veces que desee una película de 90
minutos sobre el mismo tema ¿,qué preferiría?
Evidentemente ver la película. ¿Porqué quejarse, entonces de que
los chicos actuales no leen? Nosotros no teníamos esa alternativa en
nuestra infancia Ahora bien,
si entre dos divisiones escolares hacemos una competencia teatral
que dure 30 minutos, con el título “Un fin de semana de 1810 en Buenos
Aires", para preparar diálogos, narraciones, descripciones,
caracterizaciones de personajes, ubicaciones geográfico históricas,
etc., los alumnos deberán crear, discutir, releer, reflexionar, en una
palabra... aprender! La
meta de la educación de cualquier sociedad democrática y moderna debe
ser producir individuos autónomos, capaces de adquirir información por
su cuenta, capaces de juzgar la validez de dicha información y hacer, a
partir de ella, inferencias racionales, lógicas y coherentes. La educación,
entonces, está dirigida a hacer independientes a los estudiantes. Parte
de lo que hace a los estudiantes independientes es la información sin
embargo, si existiera algún conflicto entre la adquisición de información
y la habilidad intelectual de cómo adquirirla, esto último es, sin duda,
lo más importante y lo que hay que privilegiar desde la docencia. Fuera
de la escuela se recibe todo el tiempo información, utilicemos a la
escuela para capacitar a los alumnos a repensar, filtrar y crear a partir
de esa información. Polución
mental De
la enseñanza de teorías a las teorías de aprendizaje
El
pavoroso nivel de contaminación ambiental de todo tipo que estamos
provocando en nuestro único hábitat terrícola, se contradice con el
maravilloso despliegue científico tecnológico al que han arribado
las naciones más desarrolladas del planeta. ¿Cuál es la relación entre
la educación y la mencionada contradicción? Podríamos
describir a la contaminación ambiental como la aceleración artificial de
procesos de concentración y producción de sustancias, que requerirían o
requirieron millones de años para producirse naturalmente. Un ejemplo
claro es la contaminación atmosférica debida al dióxido de carbono
proveniente de la quema de combustibles. Estos residuos líquidos fósiles
se formaron a partir de materia orgánica viviente reproducida durante
miles de años y luego reducida químicamente bajo condiciones de presión
y temperatura extremas durante milenios. Ahora, en menos de cincuenta años
las estamos quemando, devolviendo el carbono a la atmósfera. Pero como es
tal la cantidad de dióxido de carbono que se libera, su "digestión"
le resulta imposible a la superficie terrestre; así es como se acumula en
la capa de aire ejerciendo efecto invernadero y otras consecuencias ecológicas
impredecibles. Todos
los descubrimientos científico tecnológicos no pueden acelerar los
lentos procesos de detoxificación característicos de la Naturaleza de
ese planeta. Análogamente
a la Naturaleza, el Hombre, que forma parte armoniosa de ella, tiene un
tiempo para cada uno de sus procesos vitales. Es
importante conocer, aceptar y respetar el tiempo que requiere el hombre en
su proceso de aprendizaje, como uno de los tantos que él ejercita. De
esta forma, se entiende que no importa la cantidad de información y
conocimientos que pujen desaforadamente por "entrar" en nuestra
inteligencia: sólo entrarán algunos, con diferente nivel de comprensión,
y a su debido tiempo. En apenas unos cuantos miles de años de historia,
la mente del hombre común no evolucionó como para acumular, en una vida,
la suma de los conocimientos producidos mundialmente con el aporte de
miles de cerebros excelsos. La mayoría de nosotros somos felizmente
comunes, necesitamos un tiempo para aprender y tenemos una memoria
limitada. Nuestra
capacidad creadora ha permitido que la humanidad inventara máquinas para
hacer los trabajos más rudos, para transformarlos en más seguros, más rápidos
y más eficientes. Conociendo nuestras limitaciones pudimos crear aparatos
que las superaran. ¿Qué hay que enseñar, entonces? ¿La simple
descripción de estas miles de herramientas como el idioma, las matemáticas
y cientos de disciplinas diferentes con sus leyes, teorías y excepciones?
La información es tanta y tan compleja que en trece años de escuela
(primaria y secundaria) sólo podrían aprenderse algunos fundamentos; y,
en ese tiempo, la cantidad de temas a aprender habría crecido ya geométricamente. La
conclusión es, por lo tanto, enseñar a pensar, enseñar a aprender, enseñar
a crear. Debemos
aceptar que antes de enseñar teoría sobre cada conocimiento humano,
deberíamos saber algo más sobre teorías de aprendizaje del ser humano. Ya
que para ayudar a los alumnos a pensar creativamente, los docentes
necesitamos entender el proceso creativo y las cualidades que caracterizan
a los individuos creativos, así podremos acondicionar el escenario para
los estudiantes. Aparentemente
el desarrollo del potencial creativo está asociado al estímulo de
ciertas actitudes en los individuos, y lo que está bien documentado es
que Se pueden modificar actitudes a través de la educación. Creemos
que la teoría cognoscitiva y el enfoque sociocultural, (representado
principalmente por las aportaciones de Vygotsky, sus contemporáneos y los
teóricos neo-vygotskyanos) ofrecen grandes posibilidades a la educación
de nuestro país. Aunque no se niega que hay docentes que trabajan
brillantemente conforme a la metodología del enfoque sociocultural
cognoscitivo (intuitiva o empíricamente), pensamos que para muchos
docentes les exigirá
un nuevo rol y una reconceptualización y clarificación de su práctica
educativa. También
creemos, por nuestra experiencia, que vale la pena estudiar a los teóricos
del enfoque sociocultural y cognoscitivo, indagar y observar sistemáticamente
la propia práctica y buscar los espacios de interlocución con otros
docentes. Estamos seguros de que estas acciones, en el contexto
sociocultural propio, redundará en un aprendizaje significativo acerca de
la importante labor educativa que se desempeña día con día en nuestro
país, en general y en nuestras instituciones en particular. |