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PENSAMIENTOS
“ESCUELA DE FOLCLORE DE COLINDRES”
(30.04.2004 – Jesús Manuel Piedra. )
El pasado viernes, con ocasión de la entrega de
premios al ganador del Concurso para el Cartel de la Décima edición del
Festival Sauga Folk, se
celebró en Colindres un acto musical digno de
reseñar. La escuela de Folcklore de Colindres, que nació no hace mucho a iniciativa de Sauga y que se
desarrolla auspiciada por el Ayuntamiento de la localidad, hizo un meritorio
alarde que se une a las numerosas iniciativas culturales que apoya este
Ayuntamiento liderado por José Hierro, el cual se hallaba presente al igual que
algunos concejales de la Corporación Municipal.
Cuando en muy pocos años se puede conseguir esto, a
pesar de las circunstancias adversas que
en otros campos como en el coral existen para atraer a la participación activa
de la juventud, puede hablarse de un trabajo meritorio tanto para los que lo
realizan como para quienes lo apoyan. Además, no cabe duda que afianzan las
señas de identidad cántabras en nuestros pueblos, algo que por circunstancias
históricas, los cántabros debemos recuperar con todos los honores y
trasladárselo a nuestros hijos y nietos. Colindres,
en este caso, está dando muestras de todo un camino por el que sin duda habrá
de discurrir este desarrollo.
Digo que fue un alarde, porque alarde es la
ostentación que se hace de alguna cosa, y la Escuela de Folcklore
de Colindres alardeó sin duda de lo conseguido hasta
ahora en campos como la gaita, el silbu, el pito, la pandereta, el tambor, el rabel, o la
dulzaina, y cuando una auténtica banda de gaitas con tambor y bombo entró
entraron en la Casa de Cultura de Colindres tocando
una “tonada”, sin querer sentías una sensación de que aquello te era familiar,
aún cuando no es usual, máxime cuando iban todos vestidos con trajes populares
del siglo XIX y aún más, no todos el mismo, sino alternando las distintas
comarcas de Cantabria, pasiego, trasmerano, pejino, montañés, tresviso, y danzante.
A continuación, con el profesor Raúl Molleda a la cabeza,
Ignacio Unzué, e Iñigo Ansola
interpretaron con el silbu, similar o igual al txistu vasco, el pasacalles “Marcelo”, al que siguieron
Adela, Trini, Yoli, Raúl,
Tono y Fernando bailando una Jota a lo pesau y a lo ligeru con
pandereta. Y otra jota a lo pesau y a lo ligeru con pito y tambor a cargo de Victor
Crespo y Pedro Luis Ruiz Samperio, para que
aparecieran tres rabeles con los dos componentes del grupo “la Jila”, Tono Reguera
-que antes bailara- y Rodrigo Gómez -que aantes acompañara con el tambor-,
flanqueando nada menos que a su profesor y extraordinario rabelista
y yo añadiría que fino cantor de
historias de nuestra tierra, Miguel Cadavieco, y éste mismo, ya en solitario
cantaría una jota acompañándose con su rabel, para que fuera bailada por Mali, Margari, Lucas y otra vez
el “jilero” Tono. Apareció luego ese instrumento que
ya los ángeles tocaban como “chirimía”: La dulzaina, que es tan nuestro,
además. Lo tocaban Soledad Muela, David Sainz con Raúl Molleda,
su profesor, que se aventuró a presentarlos tras seis meses de aprendizaje, y acabaron
con bien. Supongo que les entregó el título de “dulzaineros” aunque a partir de
ahora es cuando más van a tener que trabajar. Mabel con la gaita y Fernando con
el tambor, dieron un recital auténtico tocando “El Saltón”, pieza de
maravillosa compostura y cambios de ritmo, con una evolución constante de
arpegios, trinos y mordentes, que sólo los muy avanzados pueden interpretar. Y
el final fué una “polka”
con toda la banda de gaitas en danza, y nunca mejor dicho.
La fiesta continuó con el grupo “Baraka”
de Laredo liderado por el guitarrista Manolo Díaz, que hicieron unas diez obras
originales de ascendencia celta con guitarra, flauta, gaita, percusión batería
y bajo, interpretados además por Manolo García, Roberto Martínez, Mateo
Marañón, Cesar Alberdi, Amaya Lavín y Angel Soto.
El cierre fue el acto de entrega de premios, cubierto sin duda por los corresponsales correspondientes. Mi labor únicamente quiere ser la del testigo que quiere dejar constancia de un trabajo encomiable, y aún cuando a vuela pluma pueda haber omitido algún nombre o transcribirlo mal, por lo que pido comprensión, que todos sepan que en un lugar, antes pequeño y ahora menos, de la costa oriental cántabra, hay un pueblo comprometido con nuestra cultura histórica y que trabaja no sólo por investigarla sino para entenderla y sentirla y hacer llegar a los demás estas bellas e íntimas sensaciones.-
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