Sombras de Lonquén (1981)
Llegaron
una noche,
agazapados como delincuentes.
Realmente
a todos los rincones
de la geografía amada,
mi amada geografía.
Somos los que levantamos
las pirámides,
los templos,
los rascacielos.
Damos la ribera
para que el río
mueva el tiempo
en la historia.
Todos reciben las monedas
todos en el banquete,
todos los criminales
Nosotros no.
Somos los acribillados
Todos viven en sus hospitales
todos cursan las universidades
todos viven en su mundo.
Nosotros, no.
Llegaron
un día
o una noche
drogados por la muerte.
Realmente
en todos los rincones
de la patria,
mi amada patria.
En limusinas al cóctel,
en yates al carnaval,
en aviones al desfile.
Todos llegaron a la fiesta.
Nosotros, no.
Somos la multitud,
la masa,
la humanidad.
Y rompieron vidrios
golpearon las mascotas,
insultaron a los ancianos.
Violaron estanterías
escupieron pisos
y muros.
A la calle
nos sacaron
a culatazos.
En medio
de la noche
encapuchados y maniatados.
Derribaron
tu rostro
y la multitud,
la masa,
la humanidad cayó.
Caí hombre,
caí hermano,
caí mujer,
caí pueblo.
Nos pasearon
las noches
por sótanos
y rincones.
Somos
los torturados.
Nos convirtieron
en huesos
y huesos aun continuamos detenidos.
Nos convirtieron
en cadáveres
y cadáveres fuimos por las cárceles.
Somos
los muertos
y aun muertos nos dinamitaron.
Pero nos negamos
a morir,
Nos acribillaron
nos raptaron de las tumbas,
nos cubrieron con cal
Pero aun a través del
concreto respiramos.
Jueces y asesinos
fueron perdonados.
Y acribillados,
raptados,
sepultados,
presos
seguimos en las calles
en la multitud,
en el hombre.
Somos los Maureira,
somos los Fernández,
somos los de Cuesta Barriga.
los de Peldehue.
Nos dispararon
por la espalda,
pero aun seguimos
Caminamos en los pechos
construimos con nuestros hijos.
Somos
los que levantamos
al mundo
para sembrar el planeta de fiestas.
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Regresos Siempre
hay diferencias sustanciales
entre lo de ayer
y lo de hoy.
Cuando creímos
tomarnos
las calles
o enfrentábamos
la represión.
Y nos abrazábamos
detrás del kiosco
mientras el guanaco
doblaba
las conciencias
y nada era coincidencia.
Por que encontrarnos
con un santo y seña
era de vida y no de muerte,
ya que la muerte
era un estado perpetuo.
Todo ocurría entre
el plan comunal
o el plan regional.
¿ Dirías hoy
que fueron tiempos felices?
Recuerdas
cuando hacíamos el amor
sobre los panfletos
y quedábamos
delatados por la tinta del mimeógrafo
o cuando nos vestíamos
de prisa
por que en ese mismo instante
un vehículo en actitud
sospechosa paraba frente a la ventana.
Estaba todo previsto,
saltar por la casa del vecino,
tomar el pasaje angosto
y separarnos
sin besos y temblando,
sin saber si volveríamos a encontrarnos.
Que manera de amar la vida
y soñar por el mañana.
¿ Dirías hoy
que fueron tiempos felices?
Avisar la hora
de llegada
es un hábito
que hasta hoy mantenemos.
La espera por el retraso
era angustiante.
Cuántas veces
esperé bajo el farol
y corrían unas lágrimas
junto a cada minuto.
Luego ver
el microbús a la distancia,
Jamás quise
tanto esos encuentros.
Tú bajando
del microbús
saber
que estabas y que sonreías.
Hoy regresó
el dictador
Pensé que bastaba
la indiferencia.
¿ Dirías
que fueron tiempos felices?
A veces
a lo lejos sonaban
los disparos
o estallidos
y entre la sombra
buscaba bajo
las sábanas,
te besaba la frente
tomaba tus manos
y dormía nuevamente.
Entre ayer y hoy
van 20 años.
No temo
por tus retrasos,
sigo buscando
bajo las sabanas.
Fue un amor
distinto.
Era como un río
serpenteando,
te buscaba
serpenteando
con miedo
entre la muerte.
Fue un amor
valiente.
¿Dirías hoy
que fueron tiempos felices?
Cabe también
otra pregunta.
¿ Habrá amores como éste?
Entre el ayer
y hoy solo
esto se mantiene.
Mi amor,
los sueños
la esperanza...
Hoy regreso
el dictador.
Que importa,
hoy llegaré
puntual.
Aún somos felices.
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Amar historias. Era como
un amor de viejos
tu me protegías
yo te protegías.
Andábamos
entre la muerte.
Entonces
para buscarte
en las cuarteles
legalizamos y
firmamos
papeles.
Reivindicamos
el matrimonio.
Fue distinta
la historia.
Andábamos
con pasión.
La
revolución
recorría
pintando
las esquinas.
Armábamos
molotov.
Bebíamos
la última copa
cada noche.
Nos andábamos
con pasión.
Derribábamos
auroras
en silencio.
Eramos
grito,
patria
rebelión.
Fuimos
transparentes
no recibimos
becas.
no visitamos
Europa.
Nos andábamos idealistas,
borrachos
y amantes.
Extraños
y anónimos.
Nuestro
amor
tiene de historia.
Tiene
de vida
y de muerte.
Tiene de
héroes,
los que no aparecían
en la prensa.
excepto
en el obituario
o cubiertos
con un periódico
desgajado.
Hay quienes
piden olvido,
que abandonemos
las estaciones.
Que construyamos
alta tecnología
Vender
cursos a empresas.
Globalizar y
canjear los muertos
por bonos del mercado
Mirar
al futuro,
borrón
y cuenta nueva.
No comprenden
la pasión
de amarte
en presente
con el pasado
hacía el futuro.
Quizás
entre tanto mate
y araucaria.
nos fuimos
haciendo tierra.
Y somos
mitad huinca
mitad pehuenches.
Vamos
por antiguos
ramales,
viejas
estaciones
recorren
nuestros cuartos.
Abriendo tajos
en la mina,
abriendo
surcos,
rompiendo
hachas contra
el quillay.
No puede
el anden quedar vacío
y dejar
solo olvido,
derribar andamios.
Primero
hubo un muerto
al siguiente
día veinte
luego
muertos en el río
y muertos
en las esquinas.
Un tiro
sobre Víctor
dos tiros sobre Víctor
miles
disparando
cañones contra Víctor.
Casas
trizadas
por impactos,
muertos
arrancados
de sus tumbas
para desaparecerlos
aún después de desaparecidos.
Como olvidar
sin morir
o perder
el alma.
Aún quedan
estaciones
esperando tranvías
y conservo
fotos
de los ramales.
Aún quedan
brochazos
en los tajamares
del Mapocho.
Por que nos
andábamos con pasión
Después
volamos torres
por que a oscuras
amamos
la libertad
y hacíamos
temblar al Dictador.
Teníamos
esperanzas.
Pero tu
rostro
impreso
en la foto
sobre mi pecho
me hace seguir
presente.
Tu recuerdo
y la razón
de las estaciones abandonadas
o los tranvías
derrumbados en la berma.
Sabías
que cuando abren
con un yatagan
el vientre,
el agua inunda
cada espacio
y los cuerpos
caen al fondo
y se confunden
con la arena.
Eso hicieron
contigo
Ricardo.
Como ir
de compras al mall
y callar
la historia.
Después
de eso
los muertos
en las calles
son lo cotidiano
Ya nadie
dice nada.
Entonces
mueren quemados
Siete niños
en la cárcel de menores
y nadie
dice nada.
Menos por los
25 asfixiados
por que
el gendarme borracho
no abrió las rejas.
Podrá
que nos hablen
de Aldea Global.
Correos electrónicos
Portales punto com.
Chat
,videoconferencia.
Pero aún siento el
dolor profundo.
Y no estoy
dispuesto
a bajar
indiferente
desde el metrotren.
Acaso
se puede tener
un presente
olvidando el pasado.
Tampoco
es venganza
es cosa de mirar
Las páginas
web de nuestros mártires
Las becas
de compensación para los hijos.
Ellos querían
a sus hijos profesionales
pero los
sacaron
a las 4 de la madrugada.
Llamaron a la guerra
Operación Cóndor
Helicópteros
de la muerte.
Militares
héroes disparando
por la espalda.
Guerra contra
obreros
y niños.
Cuando la salud
me acompaña
voy con su foto
en mi pecho
a reclamar
tu cuerpo.
Hay
estaciones vacías
que se
llenan de estudiantes,
con carnavales
y batucadas.
Van los funeros.
Escupen sus
nombres
rayan nuevamente
las paredes,
palomean las
calles
enrostrando
a los criminales.
Podrán estar viejos
y decrépitos
pero llevan
la sangre en sus huellas.
Cuando traten
de tirarse
a los rieles del metro
sus fantasmas
los detendrán
no podrán suicidarse
vivirán
hasta el último exhalo
es vuestra condena
sobrevivir
aferrado a los
recuerdos
de los golpes
que dieron un día.
De las bala
que entro
por una vértebra.
De un hueso
roto.
De un alarido
en medio de la noche.
Serán sus fantasmas
y morirán viejos
temblando,
sin mirar a sus hijos
a los ojos.
Sin acariciar
un rostro amable
por que morirán
solos ,
con la agonía
de los fantasmas.
y con los carnavales
de los que hoy
recorren las calles
pidiendo
lo que sus abuelos,
lo que sus padres.
Y sabrán
que no triunfaron.
Por que
seguimos amando
y nos juntamos
a cantar
y leemos poemas.
Hasta a veces
seguimos siendo felices.
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Mientras nos convencen Tu estabas
lejos
en otros territorios.
Mientras
yo veía desmoronarse las torres.
Lloraban
los neoyorkinos
por que era terrible
encontrar la guerra
en la entrada de Manhattan
en el living
de su casa.
Caían bombas
que no eran bombas.
Explotaban
vidas incrustadas en medio
del majestuoso progreso.
Mientras la bolsa de Tokio
ardía en alza
por el petróleo,
el segundo avión
impactaba las torres
y las transnacionales
ganaban millones de dólares.
Los operadores
transpiraban extenuados
compraban y vendían.
Desde ventanas
saltaban hombres y mujeres.
Aplastados
sucumbían los voluntarios.
El fuego
consumía las almas.
Algunos
en directo
entre comercial y comercial,
sorprendidos,
estupefactos,
asombrados
seguíamos
los acontecimientos
como si fuera
el mundial de fútbol
frente a la pantalla.
El pipermeter
rompía recores.
A los canales llamaban
los agentes
Se adquirían
los mejores segundos.
Entre explosión y explosión
mayor era la audiencia.
La gente consumía
pizzas y gaseosas.
El reparto
a domicilio
y oficinas
no daba abasto.
Taxis,
motocicletas,
hombrecillos
corrían con
combos-ofertas.
Los casinos
quedaban vacíos.
La muerte en 28 pulgadas
era colosal,
nítida.
Solo el viaje
a la luna causo tal revuelo.
Mientras
tu estabas en otros territorios.
Bebías mate
y comías sopaipilla
con pebre.
Han pasado meses,
y siguen cayendo
bombas en los patios.
Harapientos
y hambrientas bocas
Alzan la vista
para ver como el progreso
en los superB-27
o el estratégico F-16
desparraman muerte
como si fuera
una noche de juerga
y las granadas fuegos artificiales.
Bombas
con grafitis,
noche de brujas en carnaval.
Ahora nos quieren
convencer
que la muerte es necesaria.
Hay que aniquilar
el terrorismo.
Es ofensiva
de la libertad,
la guerra santa.
A pasado un tiempo.
La hora
de las noticias
bajo de ranking.
Ya, no es Manhattan
o New York.
No es París
o Londres.
Es la mierda,
un país
de escombros
de hambrientos y
analfabetos
antioccidentales.
Que la guerra
tiene errores.
Que los terrorista
se ocultan en hospitales.
Tratan de convencerme
mientras frente
al televisor
un niño
descuartizado
dejo sus ojos
pegados en
el cielo.
El B-27 e colosal
ave mitológica
magia del progreso.
Y ahí quedó,
sin lágrimas, sonriendo.
Creyendo
que eran
bolsas de arroz y confites.
Caramelos
del mundo occidental.
Mientras
tu compartías
con los Pehuenches
del Alto Bio-Bio
y Ralco Lepoy.
Esos peñis alegres
que también mañana
verán como el progreso
inunda sus patios.
Y asfalta
sus cementerios.
Por que los huincas
necesitan
más kilovatios
para sus deslumbrantes
y oscuras ciudades.
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