La Pagina De Yhan

actualizado

11/03/2007

esta sección se la dedico a todos los colombianos y extrangeros que creen que la verdadera colombia esta llena de violencia y no saben de lo que se pierden...también para aquellos otros colombianos que etán en el exterior y que por algun motivo no pueden asistir a colombia

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     Colombia es pasión       colombianos en el exterior                RCN radio


Colombia

Son pocos los países que ostentan tanta variedad de recursos naturales y culturales como Colombia: playas de arena blanca, montañas , cumbres nevadas, llanuras interminables, selvas, vegetación exótica, zonas arqueológicas, ciudades modernas y pueblos apacibles de sabor colonial que parecen haberse quedado suspendidos en el tiempo. Y está, desde luego, su gente, amable y acogedora. 

Lo invitamos a visitar el país, a recorrer sus más hermosos rincones, a conocer su folclor y sus gentes, y a saborear sus platos típicos y su aromático café.


¿Defensores de qué?

   Aparentemente, los colombianos de dentro y fuera del país, gozamos del privilegio de tener defensores para todo lo que tenga que ver con nuestro modus vivendi. En Estados Unidos, por ejemplo, existen infinidad de organizaciones que, escudadas en un falso patriotismo, pregonan a a los cuatro vientos ser las abanderadas de nuestros derechos cívicos, morales, culturales y religiosos, engañando a cuanto ingenuo cae en sus manos en busca de alguna solución a sus problemas cotidianos.

   En Colombia, por su lado, tenemos otra clase de defensores. Los medios impresos del país se atribuyen pomposamente el hecho de tener el defensor del lector. Igual cosa sucede con las cadenas de televisión y con algunas emisoras radiales. ¡Y hasta el gobierno se da el lujo de tener un defensor del pueblo!

   Pero, realmente, ¿de qué nos defienden estos buenos samaritanos del acontecer nacional? Pues, limpia y llanamente, de nada, así tengan muy buenas intenciones de hacerlo, porque a las directivas de las instituciones que promueven parece no importarles un comino sus insinuaciones. Sí, porque el defensor del lector de los periódicos defiende, a capa y espada, la política amarillista, centralista y sensacionalista de su respectiva publicación y justifica su falta de espacio para reseñar las actividades positivas que tengan que ver con la provincia colombiana, salvo que se trate de asesinatos, secuestros o narcotráfico. El defensor del televidente, a su turno, protege las martirizantes tácticas de una pobre y violenta programación, que no respeta horarios ni franjas de adultos e infantiles, irrespetuosa, por demás, con el nucleo familiar colombiano. El defensor de las radioemisoras, promueve sin cesar que  su cadena es la número uno en sintonía, pero no critica la falta de calidad y profesionalismo en el lenguaje de sus locutores ni ampara la esencia de los programas de noticias, de humor o de opinión que, generalmente, terminan convertidos en agobiantes espacios de engañosa publicidad y autobombo. Y, finalmente, el defensor del pueblo, pues..., no sé..., ¿alguien podría explicarnos qué hace esta figura de la burocracia colombiana?

   Entonces, se preguntarán ustedes, ¿quién podrá defendernos? A nuestro humilde entender, solamente un gobierno consciente y digno, apoyado por directores de periódicos, jefes de redacción y gerentes de programación radial y televisiva, deben ser quienes lleven la batuta en esta crisis de ética profesional que azota a nuestros medios de comunicación masiva, con muy pocas excepciones. Un gobierno que, a través de sus instituciones respectivas, como el Ministerio de Comunicaciones y la Comisión Nacional de Televisión, dicte y haga cumplir normas eficaces para acabar con el irrespeto y atropello que dichos medios le propinan diariamente a sus usuarios y, así, liberarnos de tantos seudocolumnistas amargados, resentidos y envidiosos, que se mantienen difamando al gobierno y sus instituciones, para quienes en Colombia no existe nada positivo, digno de ser comentado a través de sus mediocres opiniones habladas y escritas.

   Por eso — amable y paciente lector— corre..., ve... y diles a quienes dicen velar por nuestros derechos, que ya es hora de que a los colombianos se nos brinde una óptima calidad y eficiencia informativa, en donde prime la ética profesional por encima de los mezquinos intereses económicos particulares, camuflados en la patriotera figura de defensor del lector, del televidente, del radioyente, o como quiera llamársele.

¡Qué indignidad, por Dios!

El Editor


Agudezas del ingenio.

En todos sus sueños más bellos, el hombre no ha sabido jamás inventar nada que sea más bello que la naturaleza.

Alfonso de Lamartine, poeta francés.


Capurganá:

tesoro del

Urabá chocoano

 

 

Cuando se trate de respirar aire puro y empaparse de naturaleza virgen, mar y cielo, Capurganá constituye una de las mejores opciones que colombianos y extranjeros puedan tener, pues sus variadas riquezas naturales le ofrecen al visitante un cúmulo de oportunidades ecológicas y náuticas, todas ellas apropiadas para quien, por una u otra razón, desea aislarse por unos días del bullicio y ajetreo de las grandes ciudades.

 

 

Capurganá se encuentra localizada en el Golfo de Urabá, la ensenada más grande con que cuenta Colombia en el litoral caribeño, cuya longitud total alcanza los setenta kilómetros. La riqueza hídrica de la región es prolífica, pues allí desembocan numerosos ríos y quebradas, entre los que sobresalen, el Atrato, Acandí, Caimán nuevo, Caimán viejo, Currulao, León, Negro, Rabal, Tolo, Turbo y Urabá.

Cabe citar también varios accidentes costeros, como los cabos Pinololo y Tiburón, así como las puntas de Arenas del norte, Arenas del sur, Caimán, Goleta, Las vacas, Napú, Ocaba, Piedra, Triganá, Tolo, Turbo y Urabá. Se encuentran, así mismo, la ensenada Triganá y las bahías Candelaria, Ceverá, Coco grande, Colombia, El Roto, Estola, Grande, Necoclí, Perdida, Pichindí, Pinololo y Zapzurro.

Precisamente allí, al norte de Colombia, a escasos diez kilómetros de la frontera con Panamá, en las estribaciones de la Serranía del Darién, frente al Cabo Tiburón, el punto más extremo al noroeste de nuestro país, en el vértice donde empieza la integración de nuestras culturas aborígenes, se encuentra este corregimiento de Acandí (Chocó), acogedora y apacible población que no sobrepasa los dos mil habitantes, catalogada hoy en día como uno de los tesoros escondidos del Urabá chocoano, a donde se llega, bien sea por vía marítima, en panga, a dos horas (en temporadas de calma marina) del puerto de Turbo (Urabá antioqueño), o bien por vía aérea desde las principales ciudades de Colombia, con escala en Medellín.

 

Tan pronto se llega a la Tierra del ají  —nombre con que fue bautizado este paradisíaco lugar por los indígenas cuna (Kuna Ayala), etnia amerindia de la familia lingüística chibcha que habitaron mayormente en el Istmo de Panamá y que hoy viven en zonas de la costa septentrional de dicho país, en las selvas que constituyen el Parque Nacional del Darién, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1981, y en las vecinas islas de San Blas—, una vez allí, repito, se encontrará con la amabilidad y hospitalidad de los capurganenses y con la esmerada atención del personal de los diferentes complejos turísticos de la zona, particularmente —como en nuestro caso—, del Administrador y empleados del hotel Las mañanitas ([email protected]), quienes poseen un elevado concepto de cómo debe acogerse al recién llegado: cálido recibimiento, cortesía, amabilidad, preocupación constante por el bienestar del turista e integración continua con los visitantes de otras nacionalidades que visitan el lugar.

 

Camino a El cielo

Quizás, una de las primeras y principales caminatas ecológicas que hay que hacer, ya instalado en Capurganá, es emprender el camino a El cielo, una reserva de cincuenta y una hectáreas de bosques naturales, rodeada y atravesada por una decena de aguas dulces, localizada a cinco kilómetros de la población, en donde serán recibidos por don Agustín, quien los atenderá amigablemente y les contará mil y una historias relativas al encanto de la región... Que dicen que dos paisas llegaron de Medellín, sin un centavo entre el bolsillo, y se instalaron a vivir en Capurganá, en un rancho de paja, a la orilla del mar...; que cansados de no hacer nada les dio por internarse en la montaña, tentados por la cantidad de riachuelos que de allí se desprendían, con la esperanza de encontrar una mina de oro que los sacara de la pobreza en que vivían...; que, efectivamente, al cabo de los días, hallaron una roca-tunel (ver foto entrada a El cielo) que conducía a una cascada doble, cuyas entrañas estaban repletas de oro...; que, entonces, acamparon en un llanito antes de la entrada, para cuidar que nadie pasara (donde hoy atiende don Agustín) y preservar así su apreciable tesoro...; que se dedicaron a recoger todo el oro que pudieron y que después de unos seis meses, regresaron al pueblo...; que sus amigos, extrañados, les preguntaron  que dónde estaban y no se les ocurrió otra cosa que contestar que "en El cielo"...; que desde entonces el lugar quedó bautizado con este nombre...; que la noticia del oro se regó por toda la región...; que los paisas desaparecieron con su carga dorada y nunca más se volvió a saber nada de ellos...; que empezó la peregrinación de gente en busca de más tesoros...; que con los buenos también llegaron los malos a destruir la naturaleza...; que si el gobierno esto...; que si el gobierno aquello... y mil anécdotas más que alimentarán su imaginación por un buen rato.

 

Rumbo a Zapzurro y La miel

 

Zapzurro, Bahía profunda en lengua kuna ayala, es la más cercana población de Capurganá, a una hora aproximada de caminata por atractivos senderos ecológicos. Esta primera población de Suramérica, del Mar Caribe hacia abajo, con alrededor de doscintos habitantes, se constituye en un punto obligado de visita, ya que sus riquezas submarinas, su topografía y sus acogedoras playas y alrededores, harán de su excursión una experiencia inolvidable.

 

De aquí, sin lugar a dudas, hay que seguir hasta La miel, en territorio panameño, atravesando la selvática frontera con nuestra hermana nación, en donde serán recibidos amable y cortésmente por los miembros del puesto de control policial, cuya amigable actitud para con el turista, es digna de aplauso por parte de quienes cruzamos dicho límite.

 

La miel es una pintorezca población, corregimiento de Puerto Obaldía, Provincia de Colón, cuyos ciento cincuenta habitantes viven de la pesca, el turismo y parte de agricultura. Sus playas gozan del privilegio de ser las más bellas y nítidas de la región, lo cual ha convertido el caserío en sitio de descanso privilegiado del turismo local e internacional.

 

 

 

 

Finalmente, si todavía le queda un poco de tiempo, no olvide que en los alrededores de Capurganá hay muchas cosas más que visitar: Bahía del aguacate, Playa soledad, Isla de los pájaros, Archipiélago de San Blas, entre otras. Recuerde que sus playas coralinas son un escenario especial para el deporte del buceo. Además, para los interesados en la fauna, la región se presta para el observamiento de aves y el desove de las tortugas canaá, también conocidas como tortugas canal, consideradas como el quelonio más grande del mundo; anida en las playas del Darién, Caribe colombiano, específicamente en las del municipio de Acandí, y se acercan a la costa para cumplir su ciclo de desove entre los meses de febrero a junio de cada año.

 

¡Espectáculos gratis, que nuestra madre naturaleza nos brinda!


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