MALI Solo soy un pobre viajero bajando por el río Níger, el tercero más caudaloso de Africa. Este continente es el mas duro que existe, y sino que se lo cuenten a mis acompañantes. En nuestra llegada a la capital de Malí, Bamako, una maleta se perdió. Dos semanas con ropa prestada: -¿No me quedan un poco grandes estas zaapatillas de jugador de NBA, yo calzo un 37? -¿No tendríais unas compresas más pequeeñas, estas se llaman Dodotis en mí país? Aunque no conozcan el gel y el champú, las pastillas de jabón Lagarto, siempre les dieron muy buen resultado a nuestras abuelas, de todas formas, cuando te lavas en un pozo, bajo una pequeña cascado, o bajo, la lluvia, "si aquí también llueve", lo que menos te importa es el jabón. De todas formas, la tormenta de la otra noche, nos dejo bastante empapados. De las cuatro tiendas de campaña, solo aguanto una al viento y a la fuerte lluvia. Normal, cuando los palos están unidos con cinta aislante, y las tiendas están clavadas al suelo a golpe de nuestras zapatillas, y con clavos de carpintero. De todas formas, los diez conseguimos meternos en la única que quedo en pie, lastima que al estar toda mojada por dentro, y al estar tantos en una tienda para cuatro personas, los huesos se entumecen y no puedes dormir demasiado bien. Hoy vino lo mas divertido, nuestra pinaza embarranco con unos pedruscos, y empezó a inundarse. Aunque con nuestras cacerolas y vasos, bogábamos el agua que estaba entrando, "esto se hunde". Unos pescadores, vinieron en sus barcas hechas con medio tronco de árbol vaciado, y nos ayudaron a llegar a la orilla. Pero, adonde vais, hay que ayudar a los de la pinaza a reflotarla, así que al agua patos. En el río Níger, viven cocodrilos, hipopótamos y de mas clase de vida submarina, pero como el agua es tan rica en sedimentos, no se ve nada, y ojos que no ven... , y la guía de viaje aconsejaba no meterse en arroyos ni riachuelos, je je. Dentro de dos días llegaremos a Tombouctou, ciudad mítica donde las halla. Aparte del tercer o cuarto pinchazo que volverá a tener nuestra furgoneta, ya no recuerdo, nos desilusionaremos al comprobar, que de su antigua leyenda, solo queda la mezquina de Djingareiber, echa como todas de adobe, con las lluvias, algunas partes se rompen y los habitantes de la ciudad tienen que reconstruirla. Y la casa de Gordon Laing, que fue del 1º europeo que llego aquí, pero esta cerrada, pues adiós. Esta noche toca dormir en cama, hay que mirar dentro antes. No quiero que me pase como en Mopti, que al despertarme al día siguiente, vi entre las sabanas, cadáveres de moscas, arañas y otros insectos sin determinar. No importa, esa noche me había hecho amigo del escarabajo y de las dos cigarras, que se ducharon conmigo. De todas formas, lo mas divertido ocurrió en el País Dogon. Cuando habíamos montado las tiendas sobre los techos de algunas de sus casas, uno de sus habitantes nos dijo que vendría una tormenta. -¿Una tormenta con este cielo tan despeejado? A este abuelete le a afectado la cerveza de mijo, pense. Una hora mas tarde, una tormenta de arena arrojo de los tejados todas las tiendas. Donde nos metemos para dormir ahora. - Mi cuadra está vacía, todos los burroos pastan por ahí, nos dijo el abuelete. Otra noche en vela, con el repelente antimosquitos siempre alerta, pero quien penso en las pulgas, y estas dejan unos buenos recuerdos. De todas formas hay que aguantar hasta que por fin podamos ver la mezquita de Djenne, aunque después del último desfile de moda que organizaron los italianos allí, ya no dejan entrar a ningún hereje, va, a estas alturas, ya no me importaría convertirme al Islam. Esto se termina y hay que volver para casa, pero antes, problemas en la aduana. Nuestra agencia solo había sellado nuestros visados para dos días y llevamos dos semanas aquí, habrá que desprenderse de nuestros últimos Cefas, aunque estos billetes están tan gastados, que no creo que aguantasen tantas horas de avión con el consiguiente desinfectante de la compañía aérea. Y es que solo soy un pobre viajero europeo por el Africa negra.