A SANTO TOMÁS DE AQUINO, PATRÓN DE LOS ESTUDIANTES

 

Aquí tienes algunas coplas dedicadas a Santo Tomás de Aquino, patrón de los estudiantes.

 

Jazmines de plata vuelcan sus cálices

de agua mañanera y limpia

en el lustre marrón de sus sandalias,

y un cruzar de golondrinas

le teje el aire de aureolas nuevas.

¡Buey mudo por los campos

de esmeraldas infinitos!

¡Buey mudo con ojos de estrellas

profundos y fijos!

Hay un sol que por dentro ilumina

sus mejillas de cera y sus labios

de aliento apretado.

Fray Tomás no es mudo, descifra

poemas de luz

en la tierra de sombras y espinas.

Luz blanca de lirios,

luz blanca, blanquísima

de otros mundos ideas.

Candor de hostias blancas,

calor de otra vida,

que trasvasa en sus versos

la sangre divina.

 

De albas ciñole un cordón de cintura

y una blanca paloma le hablaba mística

de algo nuevo y eterno al oído,

y él siempre escribía, escribía...

¡Hasta la nieve del hábito

era un reflejo de su alma sencilla!

Frente al pupitre, con los ojos lejanos

pensaba sin fin y escribía...

Y su pluma incesante grababa el papel

en todas las horas de la noche tibia.

 

No había descanso en sus sienes de mármol,

su boca era rosa marchita,

sólo la pluma callaba,

cuando eran sus labios

los que hablaban

al crucifijo de las cinco heridas.

 

Una espada de sol pálido

traspasaba de platino las ojeras

lilas de Tomás el insomne,

cuando al aire las campanas gritan

un pregón de liturgia y plegaria.

Tomás olvida su quehacer de letras

y se embebe en una nueva teología.

Casulla de oro le oculta el hábito blanco

pero entre sus manos le nace blanquísima

carne nueva de Dios

y alza en un cáliz escrita

la idea de dios hecha sangre,

estrujada y roja de viñas...

 

¡Eran verdad sus sueños de sabio y poeta

en los amaneceres de la noche tibia;

palpaba con ojos y manos

lo que escribiera y lo que sentía!

¡La fe descubriendo al Señor infinito

bajo los trigales y bajo las viñas!

¡Olor de incensarios y sendas de juncia!

Toda la gloria barroca de los ostensorios

latieron fulgor en sus rimas...

 

¡Custodias de luz de los arfes

que se hacen al sol pedrería!

Alboradas de los jueves santos,

frutos agridulces de la fe y la mística.

¡Caminos de España vestidos de fiesta

para el paso lento de la eucaristía!

 

¡Caminos de España sembrados de flores

y un recio doblar de rodillas!

¡Congresos eucarísticos, custodias inmensas,

símbolos benditos de la tierra unida!

¡Oro de sagrarios de puertas labradas!

¡Alzares majestuosos de la santa misa...!

 

Tomás lo vio todo: le temblaban

de un fulgor extraño las pupilas.

Bajaba del altar, como quien lleva

alas de paloma dispuestas a volar,

como una herida caliente

que quisiera abrirse

y ser torrente de sangre viva.

Llegó a su celda soñoliento y tardo.

Sólo callaba y sonreía

y escribió despacio, en latín,

la mejor copla estudiantil del mundo:

PANGE LINGUA

 

ATRÁS

 

 

 

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