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Situar los productos en su fase es, sin duda, un paso
previo e indispensable para orientar la política de márketing
de la empresa. Así, por ejemplo, sería absurdo realizar un
gran esfuerzo para reducir el coste de un producto en fase de
crecimiento, cuando en realidad los esfuerzos deben
encaminarse a activar y atraer hacia sí una demanda creciente.
Si bien este análisis tiene gran utilidad desde el punto de
vista conceptual, el principal inconveniente que surge al
intentar su aplicación a un producto concreto es la gran
dificultad para situarlo en su correspondiente fase de vida.
Las razones se basan principalmente en:
• El carácter interdisciplinario del márketing.
• La duración de las fases es muy variable.
• Es frecuente que los productos en sus últimas etapas no
sigan un camino descendente hacia el declive, sino que se
produzcan fluctuaciones debidas a innovaciones técnicas que
se incorporan a los mismos.
• En algunos productos (principalmente los de temporada)
es muy rápido el proceso que va de la primera a la última
fase, de forma que un análisis anual de este tipo no tiene
utilidad.
No obstante, a pesar de estas dificultades, las
informaciones que se obtienen de este análisis justifican, en
la mayoría de los casos, hacer un esfuerzo para intentar
situar el producto en su respectiva fase de vida. |