Los hijos de los migrantes
Claudia Zambrano
Los hijos de la separación, los hijos de la pobreza, de la explotación y de la esperanza. ¿Quién cuida de ellos? ¿Era esa la solución?
Ahora las familias separadas, no saben qué es peor, que uno de sus miembros esté allá enviando dinero, o acá viviendo con muchas carencias pero juntos....
Esta ambivalencia se presenta en las familias, se siente la nostalgia, la duda y la incertidumbre de cómo será el futuro, aquí o allá.
Y mientras tanto los que se quedan, los hijos, viven con los abuelos, tíos, primos, con quien puedan quedarse, con la mejor de las intenciones; pero con la dificultad producida por la brecha generacional o de costumbres que impide que los niños sepan a quien ver como padre o madre. No saben a quién obedecer, se les genera un conflicto en las identificaciones, el modelo paterno que tienen ahora puede ser muy diferente del que estaban acostumbrados a seguir, se puede presentar depresión, retraimiento, desobediencia o incluso conductas agresivas, todo como medio de expresar lo que sienten. El lenguaje de los niños es el de la conducta es la forma con la que manifiestan sin hablar, su confusión y angustia.
Llegando a éste punto, los niños necesitan que se les hable claro, que se les explique la situación, de manera que no vayan a tomar una actitud evasiva frente al momento por el que atraviesan y sobretodo es muy importante hacerlos responsables en sus actividades diarias, pero no echarles la carga pesada de la culpa con frases como: “tu papá está trabajando durísimo afuera y tu aquí vagando” ellos no son culpables de nada, y somos los encargados de hacérselos saber. Somos el único soporte que tienen en éste momento, y debemos serlo a cabalidad, en la medida, de nuestras posibilidades, pero conscientes de la altísima influencia que tenemos en la débil estructura emocional de éstos niños.
 
 
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