Editorial
Defender lo indefendible
Todos estaban reunidos, el tema era por decir lo menos, complicado, algunos lo defendían pese a sus pésimos hábitos y aunque a algunas por no decir a todas las había tratado hasta de zorr...; el asunto era claro, había que aplicar el malinterpretado espíritu de cuerpo, pues el pobre infeliz había sido “obligado “ a renunciar (para que con ello no perdiera sus emolumentos) o de lo contrario tendría el Director que firmar una hoja de vida cargada de atrocidades y fuera cancelado por ello, pero atrocidades en lo absoluto desapegadas de la verdad, todas eran ciertas. Grave error, pecó de generoso el Director y se aprovechó de esto el individuo para pedir apoyo a quienes siempre maltrató y ofendió, y éstos se condolieron... pobres!

De Guayaquil hasta vino un sindicalista, de esos que obligan a pensar mal de los sindicatos, hasta se jactaba de ser un experto en “defender lo indefendible”, ya que lo primordial era defender al “compañero”. ¿Habrán tomado al menos un minuto para meditar semejantes conceptos? ¿Qué pasó con la ética, con la moral? ¿Acaso el hecho de ser un grupo agremiado les da derecho a amparar a sus camaradas, sin al menos tomarse la molestia de reflexionar cuan bien están actuando, y en base a qué...?

La democracia no es perfecta, y situaciones como ésta son las que nos hacen cuestionarnos acerca de la idoneidad académica y ética que deben tener las personas que nos representan en las distintas esferas sociales. ¿Qué es lo que necesitamos? ¿Una persona que haga lo que le da la gana, relegando la ética, despreciando las leyes y reglamentos? ¿y qué pasa cuando los intereses particulares de unos pocos perjudican los de los demás, los de toda una comunidad de casi 60 mil habitantes?¿No sería mejor tener a quienes hagan respetar la ley sobre todo, asegurando de esta manera el bienestar común y obligándonos, en consecuencia, a hacer siempre lo correcto?

Las leyes se hicieron para que todos podamos ser iguales ante la responsabilidad de nuestros actos, pero si la necedad de ciertos sindicatos y sindicalistas permanece enquistada en nuestra sociedad, entonces no tendrán razón de ser y reinará la anarquía.

A propósito del caso, anotemos esta historia: “Una fría tarde de invierno regresaba un labrador a su casa, en el camino se encontró con una víbora venenosa, estaba malherida y sintió pena por ella. La tomó y la llevó a su casa para abrigarla hasta que sanase. Pasaron los días y una tarde cuando el labrador empujó la puerta para entrar, tan pronto puso un pie dentro sintió el aguijonazo de dos colmillos en su pie... Ya en agonía alcanzó a preguntar: ¿Por qué lo has hecho?... yo te salvé la vida. La serpiente contestó: ¿Acaso no sabías que era una víbora?”.

 
Naranjal chiquito
María José Uyaguari Jibaja
Un profundo y sentido suspiro arrebataron a mi ser las imágenes del recuerdo de mi Naranjal chiquito. La denominación chiquito no es su extensión; al contrario, mi Naranjal es basto y extenso en su territorialidad: su población urbana y rural, sus variopintos cultivos agrícolas, su policroma flora, diversidad turística, étnica y fáunica.
Lo designo chiquito por su acogedora recepción humana, por la sincera demostración de familiaridad entre sus habitantes. La afectividad se transmite impregnada en la cortesía (claro con sus penosas excepciones)... ¡qué complaciente resulta adquirir, por unos pocos centavos, un delicioso helado! entregado con tal amabilidad que provoca un pronto retorno; degustarlo en una calurosa tarde, durante amena plática o en una fría noche protegida de mi cálido suéter azul, que tantos inviernos me viene acompañando...
....ir a la tienda y regresar con la sonrisa al aire, producto de haber escuchado casualmente las ocurrencias de niños bienaventurados (eventualmente opacados por desastrosas escenas protagonizadas por adultos en estado etílico) ...caminar hacia la librería y en el trayecto contestar los saludos cordiales de los transeúntes conocidos ...y desconocidos también.
....salir por las mañanas en cómodas fachas a la puerta de casa para comprar el preciado lácteo, y recibir hasta la yapa para el gato (¡pobre gato! nunca probó la yapa, pues la bebía yo por las noches antes de intentar conciliar el sueño) ...ir al cyber y solicitar una que otra ayudadita tecnológica para agilizar el trabajo; sin olvidar portar un óptimo ánimo para aceptar una que otra cháchara de camaradería...
......recibir las esperadas llamadas telefónicas y concluirlas sin la oportunidad de despedirse a causa de desperfectos técnicos de las líneas digitales, ( por cierto, oportunos desperfectos si no, nos dormiríamos con la bocina en la oreja) ...tener la visita del Presidente del Consejo Editorial en víspera del cierre de edición para recordar la entrega de los artículos...
...Sin querer queriendo, “de vez en cuando”, inmiscuirse en las conversaciones de los mayores (en donde hablan de extraños que pretendemos conocer por lejanas y mal dadas referencias, ¡así cuándo vamos a enterarnos bien!), y hacernos merecedores de los respectivos reproches...
...o ser invitado a reuniones donde los demás llegan con 10,15,30,60 minutos de retraso a la hora estipulada o mas prácticos no llegan....
¡Ay mi naranjal chiquito!, ha revelado lo que tengo de romanticismo hasta su máxima expresión. Somos un punto en la geografía nacional. Nos ven con lupa en la geografía mundial, y con... no se qué desde el espacio.
Ya seamos un punto, nos vean con lupa o con no se qué, somos una población constituida por hombres y mujeres de acción: eficientes profesionales, perspicaces comerciantes, jóvenes innovadores, niños colaboradores, todos dedos de una misma mano, juntos en un mismo puño para ejecutar con la fuerza de la unión un próspero futuro.
 
La irracionalidad del hombre
Luther Vera Realpe
Sería demasiado forjado pensar ahora que desde la cima del poder, existe en forma deliberada la pretensión de hacerles penosa la vida a los demás sin otra razón que la de ofrecerles luego recetas para aliviar la vida, por ejemplo, sus leyes con la finalidad supuesta de reprimir y sancionar la trasgresión de un sistema de derechos que por igual beneficia a todos; su religión como instrumento que revela en carne viva las llagas y padecimientos de la condición humana exacerbadas por medio de la idea del pecado; su maquinaria política cuya representación se encarga de cultivar la miseria y las injusticias sociales para decantarlas en el tinglado en donde se oferta la ansiada reivindicación de las masas.
Sería algo liviana la apreciación de que ante el gran público no se ha levantado la construcción ya no nada más de la civilización, el progreso mirado como fin último, cuanto una fisionomía absurda de la sociedad que se presenta solo como transparencia, como atisbo en virtud de lo que yace oculto, con lo cual el género humano se llena de soberbia y se sumerge en las viscosas aguas de su propia vanagloria.
La cuestión es encontrar las definiciones que expliquen la conversión global del mundo en lo que se percibe como un andamiaje diseñado para hacer al hombre el lobo del hombre utilizando el poder, la alineación, los enredos de la burocracia, las amenazas de la coacción, y los horrores de la guerra. Que expliquen el desarraigo de las generaciones jóvenes en relación a este ordenamiento de naturaleza kafkiana dentro del que ellas aparecen extrañadas, equidistantes mientras una poderosa fuerza unipolar impone su voluntad a sangre y fuego.
Qué es lo que se entenderá después de que el único individuo de la naturaleza con la facultad de razonar no haya conseguido demostrar que esta no es solo una característica perteneciente a un sujeto más del reino animal, como lo es la de los otros el no poseerla, que se encuentra supeditado igual que ellos al “principio de selección natural” según el cual bajo determinadas condiciones las especies débiles perecerán por acción de las más fuertes, sin que sirva para nada digno de la idea de Dios y de sí mismo el privilegio de tener dicha facultad.
Quizás lo que ha venido sucediendo es que el instinto y lo irracional, ejercen una mayor fuerza que todo intento de alejamiento de la animalidad inconsciente, a la que el hombre sin embargo vuelve persistentemente.
 
Meditación pre-electoral
Dr. Pedro Villavicencio Campoverde
Y como un sino fatal que vive en nuestro país, prácticamente han iniciado su frenética carrera los desesperados por “servir” a la comunidad, en un derroche encomiable e impredecible de fervor cívico.

Hay ciudadanos que no conciben su vida sin llegar a un cargo de elección popular desde el cual pueden asegurar su futuro... por el recuerdo grato que tendrán de ellos las nuevas generaciones.
Siempre he sostenido y me ratifico en una verdad: quienes ostentan estos cargos públicos, lo han hecho gracias al voto popular y en ocasiones a maquinaciones nefastas a nivel de las instancias de control electoral.

Cuando se nos convoca a elecciones tenemos en nuestras manos un instrumento valioso para ejercer el derecho cívico para expresar nuestra voluntad. Esto simplemente se llama DEMOCRACIA.
Más... ¿qué sucede? La gran mayoría de nosotros no hemos desarrollado una orientación ideológica definida. No conocemos la declaración de principios o de la bases programáticas de cada tienda partidista. Simplemente nos dejamos llevar por las simpatías o antipatías, la publicidad millonaria, los ofrecimientos demagógicos, los donativos y favores -muchas veces cancelados con el propio dinero del pueblo y lo que es peor, nos dejamos subyugar por el perdón y el olvido propio de sociedades incapaces de conseguir un cambio positivo.

Lo ideal sería despertar nuestra conciencia cívica, valorar la seria responsabilidad que tenemos en nuestra manos, analizar toda y cada una de las candidaturas que nos ofrecerán, registrar sus antecedentes personales, su antes y después tan groseramente ostentoso; y con la seguridad de poder dormir con la conciencia tranquila, tomar la opción que parezca más aconsejable.
Es necesario darle la oportunidad a nuevas figuras, a gente no comprometida con un pasado oscuro o con los grupos de poder que asfixian la conciencia ciudadana.

Existen jerarcas de ciertos partidos que, dominando los diversos poderes del Estado manejan a su antojo los diversos cargos de trascendental importancia para un mejor control del país. Caso concreto: el nombramiento del Contralor General de la Nación.
Los honorables padres de la patria no consiguen llegar a un acuerdo, pacto, negociado -o como se llame- respecto al nombramiento de este funcionario cuyo labor, de ser imparcial, es vital para controlar la corrupción.
Uno de los motivos fundamentales y como dice textualmente un diario de Guayaquil es: “un intento por proteger a sus coidearios en alcaldías y prefecturas”.
¡Qué desfachatez!. Qué irrespeto hacia quienes consignamos el voto por ellos. Esto no es más que una ligera muestra de nuestra tragedia. Tenemos muchísimos más que resultaría ocioso mencionarlos, sin riesgo de caer en un pesimismo profundo respecto al futuro del Ecuador.

Meditemos, analicemos y decidamos; en nuestras manos esta el futuro de la provincia y de nuestro cantón.

 
 
 
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