LA PUERTA DE DON PEDRO

 

 puerta allá arriba

fin de escalera

siempre cuidarse

Pues abre hacia afuera

……………………………

Mandaron matar,

Pidieron prestado,

orden de morir o

vivir sufriendo 

……………………………

(Antigua ronda)

Entonces subo de nuevo la escalera de mármol blanco, desgastado, muy-limpio, pasados-pasos, pasos-puerta, puerta-allá-arriba, al fin de la escalera, siempre cuidar porque se abre hacia afuera, entonces así-quedar-colgado, colgado-caer,  caer-hacia-atrás, desnucarse-mismo.

(Mármol, puerta, caer, morir).

Ella, doña Agustina, con su pelo blanco y sus ojeras, recién levantada de la siesta, algo incómoda pero igual pase. Alfileres, máquinas, un tejado repleto de maquinistas, cien mujeres, un hombre,  inseguro equilibrio (el tejado), camino por el costado de todos con un reloj en la mano, mi cronómetro de tomatiempos sin agujas. Todo se disuelve, no hay nadie salvo doña Agustina, yo y el mármol-puerta-caer-morir. Mármol de escalera-lápida transitoria, lave, lave, lava la sierva, qué palabra tan poco… ¿vino la sierva?, pronuncia la Señora De con la nariz hacia arriba. Lave, sierva, que es mármol-puerta, esto es: caer-morir, antes que venga el Doctor, con D de diplomacia y o de onestidad, Doctor Padre de Don Pedro, la Señora De, muy suegra, paz descanse, Dios la guarde muy bien en la gloria, no vaya a escaparse.  No hace falta ser demócrata, ni tolerante, mientras se tenga buen dinero en el banco, mármol-alcancía-lápida y se pueda sacarDoña Agustina me toma las medidas para el traje. Ah, me lo dijo Alcira, tenés que tener un traje, Benítez (ella me dice siempre Benítez, sabe que me molesta, enfatizaBenítez como si dijese: ESO que se llama Benítez, como una etiqueta denigrante, o un suponer, como la empleada del Residencial que lleva el bolso del último ingresado, sosteniendo un asa en la punta de los dedos, ropa palabra destinada a la fumigación, fumigación, malatión, malatión, Corina, acordate , porque está quedando poco y estos viejos de mi)No le pregunto nada, hace años que no le pregunto -cuando supe lo que no hay que preguntar-  antes sí,  por la puerta cerrada, por la puerta de don Pedro, o veía cambios de cara  y diferencias de tono y gesto entre hablar-con y hablar-de, gran diferencia que como es sabido constituye la sociedad constituida, sobre todo cuando uno cree que está hablando-de, pero en realidad está hablando-con, de donde provienen no pocas confusiones y rispideces.

Ah, sí.

Una tarde de invierno Don Pedro fue  a dormir la siesta y nunca más se le oyó. Nada, nadita. No fue más a la esquina a comprar tabaco y hojilla, ni al bar. Nada. No preguntes, nene. No preguntes. Esas son  cosas de grandes, problemas. Más vale no meterse.

Ella no preguntó, no dio aviso a las autoridades o a la Asistencia Pública,  ni fue a abrir la puerta. Mejor así, decía, imponiendo un gesto de silencio, como si Don Pedro pudiera estar durmiendo, mejor dicho, tal como si una voz, pobre y sola, sin siquiera tentar un grito, voz de niño, acento entusiasmado,  pudiera despertarlo de semejante siesta exagerada, eterna.

Empero cuando estábamos allí, a salvo (provisoriamente) del mármol ahora esperando en bajada, blanco cocodrilo veteante, acechado, caer-de-frente, no morir, no, salieron rajando: las costureras, el costurero (no figurante en planilla), yo mismo el de antes, reloj en mano; intentando no demostrar desesperación en nuestra huida,  mientras el primer cañonazo-trueno-miedo saturaba todo de humo, crisol de espanto, rapsodia en sangre, humo sangrando sin vergüenza, más allá del dolor, las heridas de la guerra duelen mucho, mucho después,  correr en sentido contrario, tratar de esquivar las balas. Temblaron los cimientos, trepidaron los vidrios, cayó polvo del techo, anunciaron nueva era de paz, pereció la flor y nata de la generación taytantos de conscriptos, se robaron todo militar y  civilmente, mandaron-matar, mataron de hambruna prestando dinero hasta que nadie tuvo nada para devolverlo,  solo su propia hambruna, intransferible, incivilizadamente,  morir de hambre en los jardines del mundo, en los graneros, en los frigoríficos del mundo.

Solamente entonces,

se abrió la puerta y nunca

   

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