Para cuando me vaya
no habrá amanecido
ni para el amor, ni para el olvido.
Para cuando me vaya
la vida nos premia
poniendo los sueños de penitencia
Niño de primavera,
que un golpe de viento
te quiera llevar,
ponme un beso
donde tengo el miedo
y ponme otro beso
donde nunca más.
Que me lleve el sol, que me lleve,
pegado a su andar
Que me lleve el sol, que me lleve,
pegado a su andar.
Para cuando me vaya
no habrá amanecido
ni para el amor, ni para el olvido.
Para cuando me vaya
la vida nos premia
poniendo los sueños de penitencia
Niño del verano,
que inundas de luz
lo que no destellé,
ponme un beso
cercano a la risa
y ponme otro beso
en lo que no se ve.
Que me lleve el sol, que me lleve,
mecido en su red
Que me lleve el sol, que me lleve,
vencido en su red.
Para cuando me vaya
no habrá amanecido
ni para el amor, ni para el olvido.
Para cuando me vaya
la vida nos premia
poniendo los sueños de penitencia
Niño del otoño,
que algún mes de octubre
se te llevará con él,
Ponme un beso
donde las estrellas
y ponme otro beso
para no volver.
Que me lleve el sol, que me lleve,
prendido a su piel
Que me lleve el sol, que me lleve,
prendido a su piel
Para cuando me vaya
no habrá amanecido
ni para el amor, ni para el olvido.
Para cuando me vaya
la vida nos premia
poniendo los sueños de penitencia
Niño, niño del invierno,
que el gris ha bordado
sobre mi niñez,
Ponme un beso donde va la herida
y ponme otro beso para no querer.
Que me lleve el sol, que me lleve,
Si no te veré.
Que me lleve el sol, que me lleve,
Si no te veré.
Para cuando me vaya
no habrá amanecido
ni para el amor, ni para el olvido.
Para cuando me vaya
la vida nos premia
poniendo los sueños de penitencia
Para cuando me vaya
no habrá amanecido
ni para el amor, ni para el olvido.
Para cuando me vaya
la vida nos premia
poniendo los sueños de penitencia
Ay, del amor
Mike Porcel
Todas mis ilusiones
andavan de fiesta
cuando llegó a mi puerta
queriendo encontrar un nido.
No trajo nada consigo,
sólo el pesar de la vida
que le encendía la piel,
pues del amor, no sabía
Como el andar solitario
no es cosa de broma
me acostumbré a su aroma,
así, como si nada,
Y en la primera alborada,
que en el silencio salvamos,
entre el deseo y el miedo de no caer,
nos amamos.
Ay, del amor
Que, cargado de sed,
vuela, se posa y se marcha otra vez.
Ay de los sueños
que van a morir en el mar.
Ay de mí.
Ay, que ha pasado el amor
y no vuelve a pasar, ay de mí,
nunca más
Y así empezó la historia,
mientras corría marzo.
Me dormía en sus brazos
al viento vespertino.
Ya dueño de mi camino,
de mi esperanza y mi verso,
se fue incubando el presagio
que hace al amor rutinario.
Y una de tantas mañanas
se nos quedó en la cama
el amor quedó muerto,
apareció desierto
en medio del recuerdo
que se quedaba tendido
y que quisimos salvar
pero ya estaba perdido.
Ay, del amor, que cargado de ser
vuela, se posa y se marcha otra vez.
Ay de los sueños
que van a morir en el mar.
Ay de mí.
Ay, que ha pasado el amor
y no vuelve a pasar, ay de mí,
nunca más.
Don Carlos
Mike Porcel
Don Carlos fue un señor
de cuello y de corbata,
viajante de comercio,
un hombre de su casa.
Fue pura seriedad,
según cuenta su gente.
Sportman, pescador,
celoso, intransigente,
apuesto y fanfarrón,
erecto y atildado .
Hoy luce una joroba
y un traje mal planchado.
El caso es que los años
le han dado una manía
que la gente de bien
no entiende todavía.
Es su mayor placer
hurgar en los latones
donde duermen recuerdos
entre cien mil honores.
Objetos sin valor,
aquel que no se olvida
creyendo que a la larga
es dueño de la vida.
Don Carlos los recoge,
los ata con cariño
y esboza una sonrisa
que sólo dan los niños.
Después de almacenarlos,
al tiempo, se le olvida
que recogió una flor
entre la porquería.
Don Carlos es feliz,
feliz completamente,
desde que se cambió
el traje de decente
por el de colector
de alambres y tornillos.
No hay tira de papel
que escape a su bolsillo.
No hay nada que lo turbe.
No hay nada que le falte.
La vida es una veta
de cosas desechables.
¡Hurra por ti campeón
del sueño y la sonrisa!
¡Salud, gran andarín,
te dirán que sin prisa!
Esta canción
Silvio Rodriguez
Me he dado cuenta que miento.
Siempre he mentido, siempre he mentido.
He escrito tanta inútil cosa
sin descubrirme, sin dar conmigo.
Esta canción
es, más que una canción,
un pretexto para sufrir.
Y más que mi vivir.
Y más que mi sentir.
No sé si fue
que mataste mi fe
en amores sin porvenir
que no me queda ya
ni un gramo de sentir.
Yo sé que a nadie le interesa
lo de otra gente,
con sus tristezas.
No amar en seco
con tanto dolor
es quizás la última verdad
que quede en mi interior
bajo mi corazón.
Esta canción
es la necesidad
de aferrarme a la tierra al fin,
de que te veas en mí,
de que me vea en ti.
Yo sé que hay gente que me quiere.
Yo sé que hay gente que no me quiere.
Vuela pena
Amaury Pérez
Sopla el primer viento y trae la pena,
cabizbaja, aún somnolienta,
con el polvo haciendo lazo
en su cabeza.
Sopla el primer viento y trae la pena
de una ingrata primavera
que cambió su traje blanco
por el gris de la tormenta.
Pena, pena que se va y regresa,
como lleva y trae la arena
una ola que rabiosa roba huellas.
Pena, pena ajena,
que me acecha
como propia, como nueva,
como una ave que, cansada de viajar,
al fin se queda.
Pena, vuela pena
adonde quieras,
rómpete contra las piedras
o queda, quédate quieta.
Pena, vuela pena
adonde quieras,
pero lejos de la tierra
donde yace moribunda la inocencia
Pena, pena que mata, que quema,
Pena inmensa que envenena,
que te empaña el horizonte
Aunque ya, ya no haya niebla.
Pena, pena enorme, pena eterna,
que endurece, que lacera,
que convierte a la princesa
en la más anciana reina.
Pena, pena ajena
que me acecha
como propia, como nueva,
como una ave que cansada de viajar
al fin se queda
Pena , vuela pena
adonde quieras.
Rómpete contra las piedras
o queda, quédate quieta.
Pena, vuela pena
adonde quieras,
pero lejos de la tierra
donde acaban de enterrar a la inocencia
Yo no te pido
Pablo Milanés
Yo no te pido
que me bajes una estrella azul.
Sólo te pido
que mi espacio llenes con tu luz.
Yo no te pido
que me firmes
diez papeles grises para amar.
Sólo te pido
que tú quieras
las palomas que suelo mirar.
De lo pasado no lo voy a negar.
El futuro algún día llegará.
Y del presente qué te importa la gente
si es que siempre van a hablar.
Yo no te pido
que me bajes una estrella azul
Sólo te pido
que mi espacio llenes con tu luz
Sigue llenando este minuto
de razones para respirar.
No me complazcas, no te niegues,
no hables por hablar.
De lo pasado no lo voy a negar.
El futuro algún día llegará.
Y del presente qué te importa la gente
si es que siempre van a hablar
Yo no te pido
que me bajes una estrella azul...
Años
Pablo Milanés
El tiempo pasa,
nos vamos poniendo viejos
y el amor no lo reflejo como ayer,
Y en cada conversación,
cada beso, cada abrazo,
se esconde siempre un pedazo
de razón
Pasan los años y cómo cambia lo que yo siento.
Lo que ayer fuera amor se va volviendo otro sentimiento.
Porque años atrás
darte la mano, pedirte un beso,
sin forzar un momento
formaban parte de una verdad.
El tiempo pasa,
nos vamos poniendo viejos
y el amor no lo reflejo como ayer,
Y en cada conversación,
cada beso, cada abrazo,
se impone siempre un pedazo
de temor.
Vamos viviendo
viendo las horas que van muriendo.
Las viejas discusiones
se van perdiendo entre las razones.
A todo dices que sí,
a nada digo que no,
para poder construir
la perfecta armonía
que pone viejos los corazones
El tiempo pasa,
nos vamos poniendo viejos
y el amor no lo reflejo como ayer,
En cada conversación,
cada beso, cada abrazo,
se impone siempre un pedazo
de razón.
El tiempo pasa...
El manantial
Pablo Milanés
Ay amor, que te vas
como un ave fugaz
y el plumaje lo deja
donde se ha ido.
Ay amor, que te vas
esperando encontrar
lo que nunca has hallado ni hallarás.
Érase un camino muerto
por los años y el dolor
de ser camino y no poder caminar
lo ataban al cruel destino
de esperar y esperar.
Y llegó un manantial,
cauce joven de amar,
y se puso a regar lo que murió.
Ni el amor ni el dolor
de agua fresca de amar
pudieron impedir lo que pasó.
Érase un camino muerto
por los años y el dolor
de ser camino y no poder caminar
lo ataban al cruel destino
de esperar, y esperar
Y llegó un manantial,
cauce joven de amar,
y se puso a regar lo que murió.
Ni el amor ni el dolor
de agua fresca de amar
pudieron impedir lo que pasó.
El manantial se secó
El camino se murió
Diario
Mike Porcel
Te preguntas qué ha sido de mí
en los últimos meses, desde que me fui
con las aves más viejas emigran al sol,
si mi canto se ha muerto entre sueños de amor.
Y confundes la falta de fe
con la pena y el llanto
que marcan mi sien,
y entre tantas preguntas
llegas a pensar
que he olvidado tu beso
y tu forma de estar,
que de nada ha servido
perder la belleza de tanto mimar.
Vivo con mis sueños al pairo,
así, como siempre, sigo siendo lo mismo
que en aquel entonces,
una oveja perdida, un poco más vieja
yo no sé, tal vez más inocente.
Abandoné mi cuerpo a la llovizna.
Y he sentido la falta de tu beso.
Pero me dio la lluvia una riqueza
que tu aliento y tu beso no me dieron.
He visto que la flor se muere sola
porque siempre le falta un compañero.
Cuando la soledad me acariciaba
aprendí el refranero de memoria,
alimentando el verbo y la sonrisa
de una brisa nocturna y aleatoria.
Y, tras almacenar rayos de luna,
comprendí que la dicha no era eterna.
Pero la tierra, siempre blanda y buena,
acunó mi canción
y me dio fuerzas
He tenido en mis manos las palabras
Que, te confesaré, sirven de poco.
Los besos se reparten como el agua
y la sed sigue siendo para todos.
Como ves, solamente he vivido
del alba al ocaso,
como un labrador.
Hoy cuento con mis brazos,
sin miedo, sin prisa.
Creo que, eso sí,
que ha cambiado mi risa.
Tengo un credo
para resistir la nostalgia y el tiempo.
Creo en el amor.
Ahora paso el invierno más cerca del mar.
No me faltan amigos.
Tengo un trozo de pan,
mi guitarra y un hijo,
en fin, que no me puedo quejar.
Y aunque he sido feliz
pienso en ti.
En busca de la nueva flor
Mike Porcel
Si tu ser, rompiendo las distancias,
se confunde, andando, con mi ser.
Y tu aliento se alza, hasta tocar el sol,
en busca de una nueva flor.
Y si tu pecho vela mi descanso
y mi andar desata tu canción
y tu luz se abriga en mi corazón
en una sola voz.
Tendremos sueños que tejerle al mar.
La mansa estrella de la libertad.
Y aquella flor
que hay que encontrar, más allá,
donde el verso será la paz que crece.
Si tus manos fueran, con mis manos,
mil gaviotas que, al volar,
se reparten sol, amor, y pan,
seremos mil gaviotas más
que vuelan sobre el mar.
Tendremos sueños que tejerle al mar.
La mansa estrella de la libertad.
Y aquella flor
que hay que encontrar, más allá,
donde el verso será la paz que crece
Si tus manos fueran, con mis manos,
mil gaviotas que, al volar,
se reparten sol, amor y pan,
seremos mil gaviotas más
que vuelan sobre el mar.
Que vuelan sobre el mar