Somos los guerrilleros
de la Nueva Canción.
odiamos la injusticia y la guerra,
no como ustedes, burgueses.
Hay canciones idiotas
que nos ponen de muy mal humor.
Los que las cantan no tienen vergüenza-
A esos pocos les importa
si la viuda de Canales se casó.
Si ustedes están disconformes
ahuyenten sus frustraciones,
no con la acción como algunos,
sino con bravas canciones.
La música puede ser tonta
y no importa si en alguna línea usted se ve forzado a colocar un par de sílabas de más.
Suena más bella si está mal cantada
y si no rima jamás.
(Oh, perdón: nunca!)
¿Recuerdan la guerra española
que tanto nos conmovió?
Aunque Franco ganó las batallas,
a hacer canciones ¿quién nos ganó?
Por eso enrólense en nuestras filas.
La guitarra es nuestro cañón.
Con ella venceremos la guerra y el hambre.
Listos, apunten, ¡canten!
La java de las bombas atómicas
Boris Vian - Alain Goraguer
Mi tío era un ladronzuelo
que tenía el hobbie
de fabricar bombas.
Aunque era un tanto analfabeto
se las ingeniaba
y las hacía redondas.
Se encerraba todo el día
en su tallercito
a ver qué le salía.
Y a la noche cuando regresaba,
nientras se afeitaba,
así nos relataba:
Para decirles la verdad
hacer las bombas "A"
es un juego de niños.
Hacerlas explotar
se hace sin pensar,
me lleva apenas seis semanas.
En cuanto a las bombas "Napalm",
si he de decir verdad,
son las que me atormentan,
porque no alcanzan más
que un radio de acción
de cuatro metros con cincuenta.
Hay algo que no anda bien.
Volveré para el taller.
Dedicó toda su vida
y su sabiduría
a tal experimento.
Ni su madre, cuando puso
cohetes en su cama,
pudo distraerlo.
Hasta el día en que probaba
si un tornillo andaba
y le explotó en la cara
y, cubierto por las gasas,
tomando tisanas,
así se lamentaba:
A medida que envejezco
yo me avivo más
que mi cerebro falla.
Si he de decirles la verdad
yo que en lugar de sesos
tengo salsa blanca.
Tanto tiempo que he perdido
queriendo extender
el radio de mi bomba
sin haberme dado cuenta
que lo que interesa
es dónde se coloca.
Hay algo que no anda bien.
Volveré para el taller.
El día en que se enteraron
los Jefes de Estado
fueron de visita.
Y el tío se lamentaba
de que su inventiva
fuera tan chiquita.
Enseguida que entraron
él cerró la puerta
y les dijo "Cuidado!"
y cuando la bomba explotó
de esos personajes
ni sombra quedó.
Mi tío frente al resultado
y sin desanimarse
se hizo bien el burro.
Mas luego, frente al tribunal,
al ser interrogado,
se-se puso tartamudo:
"Señores, a decir verdad,
fue por casualidad
que yo metí la pata.
Mas juro ante dios
que amasijándolos
he servido a la Patria".
El Jurado lo entendió,
primero le condenó
y después le absolvió.
La población, en agradecimiento,
instantáneamente
le hizo un monumento.
Qué es lo que está esperando
Boris Vian
Qué es lo que está esperando
para abrazarme, para abrazarme.
Qué es lo que está esperando
para en sus brazos tomarme.
Acaso usted espera
para abrazarme, para abrazarme,
acaso usted espera
que yo de el primer paso.
No, yo no lo daré.
Ya está bien, ya está bien.
No, yo no lo daré
porque me falta un pie.
Qué es lo que está esperando
para decirme, para decirme.
Qué es lo que está esperando
para decir que me quiere.
Acaso usted espera
para decirlo, para decirlo,
acaso usted espera
que lo diga yo primero.
No, yo no le diré
que lo quiero, que lo quiero.
No, no se lo diré
la lengua ya no tengo.
Qué es lo que usted espera
para verme, para verme.
Qué es lo que usted espera
para ver que no soy fea.
Acaso usted espera
que yo me vea, que yo me vea,
acaso usted espera
que primero yo me vea.
No, yo no me veré.
Qué se cree, qué se cree.
No, yo no me veré,
los ojos me arranqué.
¡Ay, es de feo!
Cuando tenga viento en el cráneo
Boris Vian - Serge Gainsbourg
Cuando tenga viento en mi cráneo
y gusanos sobre mis huesos
quizá les parezca que me río
pero no haré nada de eso.
Porque me faltará
mi elemento plástico,
plástico, plástico,
que las ratas se habrán llevado.
Mi par de pantorrillas,
mis codos, mis costillas,
mis dedos, mis nalgas,
sobre las que me sentaba.
Mis ojos cobrizos,
mis dientes postizos,
mi lengua rosada,
con la cual les hablaba.
Mi nariz adorable,
mis pies y mis orejas,
esas cosas admirables,
que me hicieron apreciar.
A duques y a duquesas,
a papas y a papistas,
a frailes y a tigresas,
doctores y artistas.
Y tampoco tendré
ese fósforo blando.
Cerebro que servía
a imaginarme muerta.
El cráneo con viento.
Verde la osamenta.
¡Ah! Qué mal me siento
al volverme vieja.
La mala memoria
Boris Vian - Alberto Favero
La Cabeza es un órgano curioso, curiosamente organizado.
Esta es la singular historia de un tal Martín Flor,
cuyo cráneo sin pena ni gloria, era extravagante sólo en su interior.
Ese tipo sufrió, desde la edad primera, de un mal que es en verdad corriente,
una memoria traicionera que no le trajo más que inconvenientes.
Siempre que le enseñaban algo, fuera en su casa o en el aula,
Martín, con gesto huraño, instantáneamente lo olvidaba.
Pero... se había olvidado de olvidar lo que debía olvidar,
entonces, como se olvidaba de olvidar,
se acordaba de todo. ¿Me siguen?..¿.Sí?
Y, muy rápido, esta facultad, en vez de hacerlo aparecer como un gaznápiro,
le dio prioridad. Olvidado de olvidar sus cursos, Martín todo lo podía retener
así que, a pesar de ser tan poco sesudo, sin sobresaltos llegó a ser bachiller.
Pero un día, en que llovía a cántaros, mientras corría hacia el subterráneo,
chocó con un tipo que se dirigía en sentido contrario y, al caer,
golpeó contra el suelo su valioso cráneo, que hizo un ruido musical: “prrrrrrr”,
y produjo en su croqueta un trastorno que fue fatal
porque, de ahí en adelante, se olvidaba de olvidarse lo que debía olvidar
y, entonces, como se olvidaba de olvidar, ya no se acordaba más. Me siguen?... Sí?
Despojado por ese tonto accidente de sus recuerdos de siempre,
siguió viaje a Calamuchita, él, que vivía en Chacarita.
Pero en el camino, ¡qué mala pata!, un colectivo que iba embalado,
sin importarle su carga de almas, cruzó delante del desgraciado
que había olvidado la existencia de los transportes y del peligro y, nuestro
héroe, flor... de inocencia, se llevó por delante al colectivo
y murió bajo los neumáticos asesinos, sintiendo en su cráneo
un sacudón extraño antes de conocer el olvido
y, entonces se olvidó de olvidarse de olvidar que debía olvidar de olvidarse
de olvidar-vida vida vida vida-
Ah!... me olvidé el final...
Canción para cantar desnuda
Griselda Gambaro - Alberto Favero
Encontré tres hojas de parra.
Qué lindo encontrarlas ahora tan de moda.
Las hojas de parra, no yo.
Entré en una casa desnuda.
Impúdica la casa, no yo.
Paredes blancas, patios desiertos.
Me miraba la casa avergonzada.
La casa, no yo.
Me olvidé una hoja de parra en la casa.
Quedó la casa vestida.
La casa, no yo.
Un hombre cantaba en la plaza.
Estaba muy solo, cantaba.
No eran palabras, cantaba
penas muy viejas
entre los dientes cerrados.
Estaba desnudo.
Desnudo en la angustia.
El hombre, no yo.
Tenía otra hoja de parra en la mano.
No el hombre.
En mi mano la hoja de parra.
Le cubrí la pena.
Quedó la pena vestida.
La pena, no yo.
Tenía la última hoja en la mano.
La tiré en el aire.
Quedó el aire vestido, no yo.
Me acerqué al hombre desnuda.
Desnudas las manos, no yo.
Y quedamos vestidos los dos.
La mucamita
Del Fragson - Eros Celiamus
Aunque su mujer parece encantadora
el Señor Durand no está satisfecho.
¡Caramba! -piensa su mucamita-
el señor es muy mujeriego.
Él le murmura: "¿Sabe, muñeca?
acá, entre nosotros, usted está muy buena,
y su personita, seguro estoy,
al natural debe estar mejor".
¡Ay, señor! -dice la mucamita-
lo que usted dice no es novedad,
porque lo mismo, cuando me vieron,
todos sus amigos me lo dijeron.
Durand, cada vez más embalado,
a la mucamita se quiere levantar
y, para convencerla, sin esperar más,
le hace creer que está enamorado:
"¡Vamos, no te hagas la estrecha!
Deberías sentirte halagada.
A tu cuarto subiré esta noche,
no dejes la puerta cerrada".
¡Ay, señor! -dice la mucamita-
lo que usted dice no es novedad,
cuando a mi cuarto subieron
todos sus amigos me lo dijeron.
Ella fue fiel a la cita,
aunque con cierto recelo,
y Durand, cada vez más embalado,
con su corazón ya muy inflamado
al verla sacarse la camisa
y ruborizarse como una niña
le dijo con voz inquieta:
"En mi vida vi mejores..."
¡Ay, señor! -dice la mucamita-
lo que usted dice no es novedad,
porque lo mismo, cuando me vieron,
todos sus amigos me lo dijeron.
Como Durand tenía mucha guita
y no era demasiado feo
dejó de lado sus devaneos
y se entregó muy complacida.
Aquí puntitos, por la censura,
luego él gritó entusiasmado:
"Te lo aseguro, estoy asombrado,
lo haces mucho mejor que mi mujer".
¡Ay, señor! -dice la mucamita-
lo que usted dice no es novedad,
¿lo hago mejor que su mujer?
debe ser cierto.
¡Todos sus amigos también me lo dijeron!
No se casen, chicas
Boris Vian - Alberto Favero
¿Han visto ustedes a un hombre desnudo
saliendo de pronto de la bañera,
chorreando agua por sus muslos peludos
y con el bigote lleno de tristeza?
¿Han visto ustedes a un tipo bien feo
comer tallarines, tenedor en mano,
mientras, como un retardado,
se tira la salsa sobre el chaleco?
¿Han visto ustedes a un gordo estirar
sus piernas lechosas, llenas de rollos,
mirarse los pies como una marmota,
mientras se frota la barriga y se rasca las...?
No se casen, chicas, no se casen,
mejor en la televisión trabajen.
Permanezcan vírgenes en casa de papá.
Háganse sirvientas en lo de un general.
Eduquen monos, eduquen loros.
Levanten la pata en el Colón.
Vendan bombones, tomen los hábitos
O no los tomen.
Hagan strip-tease para los gagás.
Levanten puntos en el hotel Alvear.
Pero no se casen, chicas, no se casen.
¿Han visto ustedes a un tipo mufado
llegando muy tarde a cenar
von manchas de rouge en el saco
y tambaleándose al caminar?
¿Han visto ustedes en un cabaret
a un señor que parece muy bien
frotarse insistentemente
sobre una chica inocente?
¿Han visto ustedes a un tipo esmirriado
llevar a una mujer al restorán?
Cómo se retuerce los tres pelos del bigote
Y, para hacerse el importante,
a los mozos tiene al trote.
No se casen, chicas, no se casen.
Vistanse de gala, al River acudan y bailen.
Cuatro veces por mes cambien de amante.
Agarren guita, mucha guita y guarden.
Escóndanla bajo el colchón;
a los cincuenta años tendrán un montón
para pagarse lindos muchachos
con nada en la cabeza y todo en los brazos.
¡Ah!, que buena vida será esa
si no se casan, chicas, si no se casan.
Los ameriquenos
R.Socol - Alberto Favero
¡Ay, qué buenos
que son los ameriquenos!
Si la industria y el comercio están famélicos
y no hallamos solución ni psicodélicos,
ellos llegan de Wall Street con su cigarro
y con tres dólares nos tiran bien del carro.
Ellos llegan de Wall Street con su cigarro
y con tres dólares nos tiran bien del carro.
¡Ay, qué buenos
que son los ameriquenos!
Nos adoran sin rencor y sin inquina
y se vienen y se vienen y se vienen
con la Krieger Vase(li)na.
Si la fábrica de acero se hizo "smash".
Y si el banco del pueblito se hizo "crash".
Si las vacas de Anchorito se hacen "plash"
que las compren, que las compren
qué "carash".
Si ellos llegan con "dolares"
y nos sacan los dolores
no protesten, no protesten,
si los johnnies se acobardan
bye, bye, bye...
Si la fábrica de acero se hizo "smash".
Y si el banco del pueblito se hizo "crash".
Si las vacas de Anchorito se hacen "plash"
que las compren, que las compren
qué "carash"!
Y si un novio que yo tuve me hizo "smash"
Y, después que me entretuvo, me hizo "plash".
Si la inflación casi casi me hace "smash"
Y que me compren, que me compren
qué "carash"!
¡Ay, qué buenos
que son los ameriquenos!
Balada de la pera
Boris Vian - Alberto Favero
Oh, los arenques ahumados mañana estarán arruinados.
Para nada servirán los pepinitos
pero a vos te importa un pito.
Ah, qué desgracia, la heladera está repleta.
Vino divino te había comprado.
La mayonesa se ha apenado.
Me habías prometido venir esta noche, querido.
Te preparé salsa blanca, champiñones, salamines tan finos.
Oh...
Es culpa mía haber creído en tu apetito.
Ese apetito chiquito, chiquito, chiquito.
No has venido, desgraciado...
Los caracoles, con ojitos de lágrimas llenos,
a sus casas se vuelven en silencio.
Los salsifíes, derrotados,
al arroz le cuentan su desencanto.
La escarola y la zanahoria
están pálidas cual achicoria.
Las frutillas de la primavera
en el champaigne ahogan sus penas.
Oh... Todo se ha arruinado y no puedo comer más.
Y mañana con todo esto qué es lo que va a pasar.
Alguien tendría que aprovecharlo.
Oh... A los pobres les encantaría.
Ha llegado la ocasión de cometer una bella acción
con todas esta vituallas.
Al diablo con la pera que me has hecho.
La agrego al menú, la pongo junto al berberecho.
Oh... Los pobres cómo engordarán.
Ah ¿sí? Corro a llamar
a "Sábados de la Maldad".
Pedro
E.Patti - Alberto Favero
Con Carlos fue así:
Veraneábamos en cuartos vecinos
en un hotel de Villa Gesel.
De noche él me pedía
fósforos o el diario
no me acuerdo bien.
La cama era tan ancha
que se quedó a dormir.
No me interesaba.
No era mi tipo.
Pero lo mismo
pasé otra noche con él.
Ay, Pedro no entiende nada.
Me ha hecho una historia
que no termina nunca
y la repite todo el tiempo
y la repi-
Después fue lo de Lino,
con quien recorrimos
los lagos del sur
en Topolino.
Fuimos a un motel
Y, no sé por qué,
terminamos en la cama.
Y al día siguiente otra vez.
Cuando le conté.
Pedro. Indignado.
llorando me decía:
“¿Por qué otra vez?”
Ay, Pedro no entiende nada.
Me ha hecho una historia
que no termina nunca
y la repite todo el tiempo
y la repite todo el tiempo
y la repi-
Como aquel otro día,
cuando el hombre del service
vino una mañana
a ajustar la válvula
del televisor
y, en el sillón,
hicimos el amor.
Eso, lo juro, fue casualidad.
No sé qué me pasó por la cabeza.
La penumbra, el sillón, ese desconocido...
Pero fue una cosa rápida.
¡Ni cinco minutos!
Ay, Pedro no entiende nada.
Me ha hecho una historia
que no termina nunca
y la repite todo el tiempo
Y la repite todo el tiempo
Y la repite todo el tiem-
Nadie me entiend.e
Son cosas pasajeras
que vienen y se van.
Yo las olvido.
Porque mi amor,
mi verdadero amor,
fue siempre Pedro.
Soy snob
Boris Vian - Alberto Favero
Yes.
Soy snob.
Soy snob.
Es mi defecto mejor.
Me llevó meses de trabajo lograrlo.
Es una vida tan agitada,
pero ahora...
con el resultado estoy encantada.
Soy snob.
Terriblemente snob.
Todos mis amigos lo son,
porque ser snob es un amor.
Vestidos de Pucci.
Zapatos de cebú.
El soutien de Madrid.
En el dedo un rubí.
En el del pie, ¡eh!
Las uñas negras
para hacer juego con las medias
Voy al cine
sólo a ver vistas suecas.
Cuando voy al boliche.
Pido whisky a secas...
No sufro del hígado.
Ya no se usa.
Tengo una úlcera
que es más patética
y menos piruja
Soy snob.
Soy snob.
Tengo abono en el Colón
pero no voy.
Todas las mañanas
cabalgo por la costa
porque me fascina
el olor de la bosta.
Sólo visito a los nobles
con apellidos dobles.
Soy snob.
Soy snob.
Y cuando hago el amor
lo hago con guantes y en el comedor.
Tengo un guardarropas
expectacular.
Me accidento los martes
en mi Jaguar.
Porque en estas sutilezas
se distingue la snobleza.
Soy snob, tan snob,
que Nacha Guevara
a su nueva casa
ya me invitó.
Oh! Just one more time.
Soy snob, tan snob,
que cuando me muera
tendré una mortaja
de Christian Dior.
De Christian Dior.
Llorá argentino
Julio Cortazar - Alberto Favero
Y, si el llanto te viene a buscar,
agárralo de frente.
bebe entero el copetín de lágrimas legítimas.
Llorá argentino, llorá por fin
un llanto de verdad.
Llorá las desgracias que creías ajenas,
la soledad al pie de un río,
la culpa de la paz sin mérito,
la siesta de barrigas rellenas
de pan dulce...
Llorá tu infancia envilecida
por el cine y la radio.
Tu adolescencia en las esquinas,
La patosta, el amor sin recompensa,
llorá el escalafón, el campeonato,
el bife vuelta y vuelta.
Llorá tu nombramiento, tu diploma.
que te encerraron en la prosperidad o en la desgracia.
que en la llanura más inmensa te estaquearon
a un terrenito que pagaste en cuotas trimestrales.
Llorá argentino, llorá por fin
un llanto de verdad.