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NACHA GUEVARA CANTA A BENEDETTI 

Nacha guevara canta a Benedetti CD: NCL CDDP-3017 (México-1975)
Presentacion (Canciones de la oficina)
Sueldo
La balada del empleado nuevo
Amor de tarde
Yo soy la secretaria
Cuando te jubiles
Guardería
Aquí no hay cielo
Presentación (Tres versos para cantar)
Vidalita por las dudas
De qué se ríe
Vamos juntos
Presentación (Tres canciones de amor y desamor)
Todavía
Vos lo dijiste (A la izquierda del roble)
Te quiero




Presentació
Mario Benedetti - Alberto Favero


Antes de comenzar debo participarles de una aclaración necesaria: este recital nosotros lo hacemos, cuando es posible, con Mario Benedetti en el escenario, en ese sentido está armado y estructurado. Ahora, esta vez, por razones ajenas a nuestra voluntad, él no se encuentra entre nosotros y es por esa razón que yo, modestamente, voy a tomar su lugar dentro del espectáculo, aparte de, naturalmente, de tocar el piano y acompañar a Nacha. Así es que, de aquí en adelante, cuando hable en primera persona, es porque Benedetti lo hace. Por ejemplo, él siempre dice antes de comenzar las canciones de la oficina: No piensen ustedes que estas letras de canciones que ahora se llaman “de la oficina” fueron originariamente escritas para ser cantadas. Nada de eso. En mil novecientos cincuenta y seis, cuando fueron escritas y publicadas por primera vez, formaban parte de los “Poemas de la oficina” que, aunque era mi séptimo libro, fue en realidad el primero que me consiguió lectores. En esa época la rutina burocrática de mi país no era cantable. Todavía cuatro años después escribí que el Uruguay era la única oficina del mundo que había alcanzado la categoría de república. Con los años todo ha cambiado y, como ustedes seguramente lo saben, hoy hay en mi país ciertas cosas que son más importantes que las oficinas; estas canciones, de algún modo, recuerdan un país que ya no es. Quizá por ello podemos convertir aquellos triste poemas en canciones un poco menos tristes y, quizá, un poco menos ingenuas. El contorno humano y la historia reciente se han aliado para quitarles ingenuidad, aunque el texto siga siendo el mismo. Debo aclarar, sin embargo, que esto sólo lo entendí cuando, en mil novecientos setenta y dos, Alberto y Nacha me comunicaron su intención de transformar en canciones aquel viejo pesimismo. Sólo entonces entendí que la gente joven, a partir de sus nuevas ansiedades, podría comprender y cantar aquella vieja ansiedad. Porque siempre que el dolor se instala entre nosotros ese mismo sufrimiento nos hace generosos. Y la generosidad, que es el único egoísmo legítimo, nos acerca al prójimo. Incluso a aquel oscuro y rutinario prójimo que, en mil novecientos cincuenta y seis, estaba tan solo, tan aislado, tan inmerso en sus frustraciones.



Sueldo
Mario Benedetti


Aquella esperanza que cabía en un dedal.
Aquel ir y venir del sueño.
Aquel horóscopo de un larguísimo viaje.
Aquella confianza desde no sé cuándo.
Aquel juramento hasta no sé dónde.
Ese alguien que yo hubiera podido ser
con otro ritmo y alguna lotería.
En fin, para decirlo de una vez por todas,
aquella esperanza que cabía en un dedal,
evidentemente, no cabe en este sobre
con sucios papeles de tantas manos sucias
que me pagan, es lógico, en cada veintinueve,
por tener los libros rubricados al día
y dejar que, simplemente, transcurra la vida.



La balada del empleado nuevo
Mario Benedetti - Alberto Favero


Viene contento el nuevo,
la sonrisa juntándole los labios.
El lápiz “Faber” virgen y agresivo.
El duro traje azul de los domingos.
Decente. Un muchachito.
Cada vez que se sienta piensa en las rodilleras.
Murmura “Sí, señor”.
Se olvida de sí mismo.
Agacha la cabeza.
Escribe sin borrones.
Escribe hasta las siete menos cinco.
Sólo entonces suspira
Y es un lindo suspiro
de modorra feliz,
de cansancio tranquilo.
Claro, uno ya lo sabe,
se agacha demasiado.
Dentro de veinte años,
quizá de veinticinco,
no podrá enderezarse
ni será el mismo.
Tendrá unos pantalones mugrientos y cilíndricos.
Y un dolor en la espalda, siempre en su sitio.
No dirá “Sí señor”.
Dirá “Viejo podrido”.
Rezará palabrotas despacito
y dos veces al año pensará convencido,
sin creer su nostalgia ni culpar al destino,
que todo, todo, ha sido demasiado sencillo.



Amor de tarde
Mario Benedetti - Alberto Fabero


Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro los brazos como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco,
Una lástima, aunque estés a diez metros,
mientras soy la manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o alguien que hace cifras y les saca verdades.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y ya son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa y decirme “¿Qué tal?”
Y quedaríamos, vos con la mancha roja de mis labios,
yo con el tizne azul de tu carbónico.

Es una lástima que no estés conmigo.



Yo soy la secretaria
Mario Benedetti - Alberto Favero


Yo soy la secretaria ideal.
Mi jefe es elegante.
Mi jefe es tan discreto.
Es alto, es distinguido,
es un jefe completo.
Cuando viene y me encarga una copia textual
yo soy la secretaria ideal.

Mi jefe tiene esposa,
dos hijos y dos criadas.
La esposa, por lo menos,
no lo comprende nada.
Cuando viene y me dice “Somos tal para cual”
yo soy la secretaria ideal

Mi jefe tiene un Mustang
y algún departamento
donde vamos a veces
yo y su remordimiento.
Entonces lo conforto, es pecado venial.
Yo soy la secretaria ideal.

Mi jefe se comporta como un tipo maduro.
La panza disimula uando viste de oscuro.
Y si bosteza y dice “Hoy no, me siento mal”
yo soy la secretaria ideal.

Cuando se va mi jefe, mi jefe, ese hombre viejo,
yo me desarmo y quedo sola frente al espejo
y a mí misma me digo el cansado ritual
“Yo soy la secretaria ideal”




Cuando te jubiles
Mario Benedetti - Alberto Favero


El cielo de veras,
que no es este de ahora,
el cielo de cuando te jubiles,
durará todo el día,
todo el día caerá
como lluvia de sol
sobre tu calva.

Estarás algo sordo
para escuchar los árboles
pero, de todos modos,
recordarás que existen.
Tal vez un poco viejo
para andar en la arena,
pero el mar todavía
ye pondrá melancólico.

Estarás sin memoria.
Estarás sin dinero.
Con el tiempo en los brazos.
Como un recién nacido.
Y llorará contigo.
Y llorarás con él.
Estarás solitario
como una ostra.
Y podrás hablar
de tus fieles amigos
que, como siempre,
contarán desde Europa
sus más tímidos
contrabandos y becas.

Estarás en la orilla del mundo
contemplando desfiles para niños,
eclipses y regatas.
Te pondrás el sombrero
para mirar la luna.
Nadie pedirá informes,
ni balances, ni cifras.
Sólo tendrás horario
para tu muerte.

Pero el cielo de veras,
que no es este de ahora,
ese cielo de cuando te jubiles,
habrá llegado demasiado tarde.




Guardería
Mario Benedetti - Alberto Favero


Hoy vino el patrón
y nos dejó su niño
Casi tres horas
Nos dejó su niño.
Indefenso, sonriente y millonario,
Un angelito gordo y sin palabras.

Lo sentamos allí,
Frente a la máquina
Y él se puso a romper su patrimonio.
Como un experto desgarró la cinta
y le gustaron efes y comillas.

Nosotros, satisfechos como tías, dejamos que haga y que deshaga.
Por suerte ya la máquina está rota.
Después de todo, el niño es un encanto.
Sólo dice “Papá”.
En diciembre dirá “Está despedido, no sea idiota”




Aquí no hay cielo
Mario Benedetti - Alberto Favero


Quién me iba a decir que el destino era esto.
Ver la lluvie a través de letras invertidas
Esa pared con manchas que parecen ministros.
El techo de los ómnibus brillantes como peces
Y esa melancolía que impregna las bocinas

Aquí no hay cielo.
Aquí no hay horizonte.
Hay una mesa grande para todos los brazos.
Y una silla que gira cuando quiero escaparme.

Otro día se acaba y el destino era esto.
Es raro que uno tenga tiempo de verse triste.
Siempre suena una orden, un teléfono, un timbre.
Y, claro, está prohibido llorar sobre los libros.
Porque no queda bien que la tinta se corra.

Aquí no hay cielo.




Presentación
Mario Benedetti


Acaso alguien se pregunte cómo, en este oscuro presente, nos quedan ganas para cantar y para acompañar, aplaudir, o corear a quienes cantan. Podemos decir poco de lo que sentimos. Podemos hacer pocas referencias a hechos trágicos y recientes pero ¿acaso los olvidamos? No es el olvido lo que nos congrega junto a las canciones. Sucede, simplemente, que el cantor dice con su canto su rabia o su alegría. Es un profesional, en el mejor sentido de la palabra, porque su arte se basa en una profesión de fe, en una apuesta hacia el futuro. De algún modo es un intérprete de nuestra indignación o de nuestra esperanza. Y, si pese a toda la amargura y toda la rabia, cantamos con él, es porque, ni él ni nosotros, apostamos a un mundo de ignominia y de crueldad, sino a otro de justicia y alegría. Mientras tanto las canciones son ventanas abiertas, algunas veces hacia el pasado aleccionante y otras hacia un futuro que queremos ganar. Pero siempre que esas “ventanas-canciones” se abren, es como si circulara por el sórdido callejón una corriente sana, un aire puro, algo que, de algún modo, nos oxigena y nos ayuda a cumplir con dignidad y con valor esa dura tarea que es vivir, simplemente vivir.




Vidalita por las dudas
Mario Benedetti (sobre un tema popular)


Las voces de abajo, vidalita
están casi mudas
Pero los gendarmes, vidalita
matan por las dudas.

No saben en dónde, vidalita
se enredo el enredo
Por las dudas llevan, vidalita
chalecos de miedo.

Dudan los dudosos, vidalita.
Duda poca gente
Dudan los esbirros, vidalita.
Duda el presidente.

Pero si supieran, vidalita
lo que el pueblo sabe
ya no dudarían, vidalita
que duda te cabe.

Conseguir lo justo, vidalita
cuesta dios y ayuda.
Pero se consigue, vidalita
no te quepa duda.

Yo tan sólo dudo, vidalita
cuando es más barato.
Si para mañana, vidalita
o dentro de un rato.




De qué se ríe
Mario Benedetti - Alberto Favero


En una exacta foto del diario,
señor ministro del imposible,
Vi en plena risa y en plena euforia
y en pleno gozo su rostro simple.
Seré curiosa, señor ministro,
¿De qué se ríe?
¿De qué se ríe?

De su ventana se ve la plaza
Villamiseria no está visible.
Tienen sus hijos ojos de mando
pero otros tienen mirada triste.
Aquí en la calle suceden cosas
que ni siquiera pueden decirse
Los estudiantes y los obreros
ponen los puntos sobre las íes
Por eso digo, señor ministro,
¿De qué se ríe?
¿De qué se ríe?

Usted conoce mejor que nadie
la ley amarga de estos países.
Ustedes, duros con nuestra gente,
por qué con otros son tan serviles.
Cómo traicionan el patrimonio
mientras el gringo nos cobra el triple.
Cómo traicionan, usted y los otros,
los adulones y los serviles.
Por eso digo, señor ministro,
¿De qué se ríe?
¿De qué se ríe?

Aquí en la calle sus guardias matan
y los que mueren son gente humilde.
Y los que mueren son gente humilde
y los que quedan, llorando rabia,
seguro piensan en el desquite.
Allá en la selva sus hombres hacen
sufrir al hombre y eso no sirve.
Después de todo usted es el palo mayor
de un barco que se va a pique.
Por eso digo, señor ministo,
¿De qué se ríe?
¿De qué se ríe?

Seré curiosa, señor ministro,
¿De qué se ríe?




Vamos juntos
Mario Benedetti - Alberto Favero


Compañero, te desvela la misma suerte que a mí.
Prometiste y prometí encender esta candela.
Prometiste y prometí encender esta candela.
Con tu puedo y con mi quiero vamos juntos compañero.
Con tu puedo y con mi quiero vamos juntos compañero.

La muerte mata y escucha, la vida viene después.
La unidad que sirve es la que nos une en la lucha.
La unidad que sirve es la que nos une en la lucha.

La historia tañe, sonora, su lección como campana.
Para gozar el mañana hay que pelear el ahora.
Para gozar el mañana hay que pelear el ahora.
Con tu puedo y con mi quiero vamos juntos compañero.
Con tu puedo y con mi quiero vamos juntos compañero.

Ya no somos inocentes, ni el la mala ni en la buena.
Cada cual en su faena, porque en esto no hay suplentes.
Cada cual en su faena, porque en esto no hay suplentes.

Algunos cantan victorias porque el pueblo paga vidas.
Pero esas muertes queridas van escribiendo la historia.
Pero esas muertes queridas van escribiendo la historia.
Con tu puedo y con mi quiero vamos juntos compañero.
Con tu puedo y con mi quiero vamos juntos compañero.




Presentación
Mario Benedetti


Las tres canciones que siguen forman parte de un nuevo libro: “Poemas de otros”. Confieso que son poemas de una técnica casi narrativa, y que han sido escritos a partir del punto de vista de personajes inventados, aunque, por supuesto, a través de ellos, en alguna proporción, también soy yo mismo. En cierto sentido los otros que invento son confidencias sobre aquello que, desgraciadamente, no me ocurre. También, los otros que invento dicen en ocasiones cosas que yo no hubiera dicho ni aunque fuera otro. Una parte del libro se llama, precisamente, “Canciones de amor y desamor” y, en base a ella, estamos preparando un nuevo disco con Alberto y Nacha. A lo mejor a ustedes les extraña, pero varias de esas canciones son canciones de amor y sólo eso. Y no pensamos avergonzarnos de semejante realismo. El amor no es un artículo suntuario, sino una necesidad vital del ser humano. Es claro que no siempre uno es capaz de colmar era necesidad pero, aún en ese caso, la soledad es también un homenaje al prójimo y, en el cincuenta por ciento de los casos, a la prójima.




Todavía
Mario Benedetti - Alberto Favero


No lo creo todavía,
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría.
Palpo, gusto, escucho y veo.
Tu rostro, tu paso largo, tus manos
y, sin embargo,
todavía no lo creo.
Tu regreso tiene tanto que ver
contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto.
Nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estas llegando a casa.
Sin embargo todavía
no puedo creer mi suerte,
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía.
Pero venís y es seguro.
Y venís con tu mirada.
Y por eso tu llegada
hace mágico el futuro.
Y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos,
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido.
Y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios,
te querré más todavía




Vos lo dijiste
Mario Benedetti - Alberto Favero


Vos lo dijiste,
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto.
Solo de a ratos parecía
que iba a vivir,
que iba a vencernos.
Pero los dos fuimos tan fuertes
que lo dejamos sin su sangre,
sin su futuro, sin su cielo.
Un niño muerto, solo eso.
Maravilloso y condenado.

Tal vez tuviera una sonrisa
como la tuya,
dulce y honda.
Tal vez tuviera un alma triste
como mi alma,
poca cosa.
Tal vez aprendiera con el tiempo
a desplegarse,
a usar el mundo.
Pero los niños que así vienen,
muertos de amor,
muertos de miedo,
tienen tan grande el corazón
que se destruyen sin saberlo

Vos lo dijiste,
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto.
Y qué verdad
dura y sin sombra.
Qué verdad
fácil y que pena.
Yo imaginaba que era un niño
y era tan solo un niño muerto.
Ahora qué queda.
Solo queda venir la fe.
Que recordemos
lo que pudimos haber sido para él,
que no pudo ser nuestro.
Qué más.
Acaso cuando llegue
un 23 de abril y abismo
vos donde estés
llevale flores
que yo también iré contigo.




Te quiero
Mario Benedetti / Alberto Favero


Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo.
Y en la calle, codo a codo,
somos mucho más que dos,
somos mucho más que dos.
Tus manos son mi caricia,
mis acordes cotidianos.
Te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo.
Y en la calle, codo a codo,
somos mucho más que dos,
somos mucho más que dos.
Tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada.
Te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro.
Tu boca, que es tuya y mía,
tu boca no se equivoca.
Te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo.
Y en la calle, codo a codo,
somos mucho más que dos,
somos mucho más que dos.
Y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo.
Porque sos pueblo te quiero.
Y porque amor no es aureola,
ni cándida moraleja.
Y porque somos pareja
que sabe que no está sola.
Te quiero en mi paraíso,
es decir, que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo.
Y en la calle, codo a codo,
somos mucho más que dos.
Y en la calle, codo a codo,
somos mucho más que dos.





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