La balada del empleado nuevo
Mario Benedetti / Alberto Favero
Viene contento el nuevo,
la sonrisa juntándole los labios.
El lápiz “Faber” virgen y agresivo.
El duro traje azul de los domingos.
Decente. Un muchachito.
Cada vez que se sienta piensa en las rodilleras.
Murmura “Sí, señor”.
Se olvida de sí mismo.
Agacha la cabeza.
Escribe sin borrones.
Escribe hasta las siete menos cinco.
Sólo entonces suspira
Y es un lindo suspiro
de modorra feliz,
de cansancio tranquilo.
Claro, uno ya lo sabe,
se agacha demasiado.
Dentro de veinte años,
quizá de veinticinco,
no podrá enderezarse
ni será el mismo.
Tendrá unos pantalones mugrientos y cilíndricos.
Y un dolor en la espalda, siempre en su sitio.
No dirá “Sí señor”.
Dirá “Viejo podrido”.
Rezará palabrotas despacito
y dos veces al año pensará convencido,
sin creer su nostalgia ni culpar al destino,
que todo, todo, ha sido demasiado sencillo.
Amor de tarde
Mario Benedetti / Alberto Favero
Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro los brazos como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras
Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco,
Una lástima, aunque estés a diez metros,
mientras soy la manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o alguien que hace cifras y les saca verdades.
Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y ya son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa y decirme “¿Qué tal?”
Y quedaríamos, vos con la mancha roja de mis labios,
yo con el tizne azul de tu carbónico.
Es una lástima que no estés conmigo.
Yo soy la secretaria
Mario Benedetti / Alberto Favero
Yo soy la secretaria ideal.
Mi jefe es elegante.
Mi jefe es tan discreto.
Es alto, es distinguido,
es un jefe completo.
Cuando viene y me encarga una copia textual
yo soy la secretaria ideal.
Mi jefe tiene esposa,
dos hijos y dos criadas.
La esposa, por lo menos,
no lo comprende nada.
Cuando viene y me dice “Somos tal para cual”
yo soy la secretaria ideal
Mi jefe tiene un Mustang
y algún departamento
donde vamos a veces
yo y su remordimiento.
Entonces lo conforto, es pecado venial.
Yo soy la secretaria ideal.
Mi jefe se comporta como un tipo maduro.
La panza disimula uando viste de oscuro.
Y si bosteza y dice “Hoy no, me siento mal”
yo soy la secretaria ideal.
Cuando se va mi jefe, mi jefe, ese hombre viejo,
yo me desarmo y quedo sola frente al espejo
y a mí misma me digo el cansado ritual
“Yo soy la secretaria ideal”
Cuando te jubiles
Mario Benedetti / Alberto Favero
El cielo de veras,
que no es este de ahora,
el cielo de cuando te jubiles,
durará todo el día,
todo el día caerá
como lluvia de sol
sobre tu calva.
Estarás algo sordo
para escuchar los árboles
pero, de todos modos,
recordarás que existen.
Tal vez un poco viejo
para andar en la arena,
pero el mar todavía
ye pondrá melancólico.
Estarás sin memoria.
Estarás sin dinero.
Con el tiempo en los brazos.
Como un recién nacido.
Y llorará contigo.
Y llorarás con él.
Estarás solitario
como una ostra.
Y podrás hablar
de tus fieles amigos
que, como siempre,
contarán desde Europa
sus más tímidos
contrabandos y becas.
Estarás en la orilla del mundo
contemplando desfiles para niños,
eclipses y regatas.
Te pondrás el sombrero
para mirar la luna.
Nadie pedirá informes,
ni balances, ni cifras.
Sólo tendrás horario
para tu muerte.
Pero el cielo de veras,
que no es este de ahora,
ese cielo de cuando te jubiles,
habrá llegado demasiado tarde.
Guardería
Mario Benedetti / Alberto Favero
Hoy vino el patrón
y nos dejó su niño
Casi tres horas
Nos dejó su niño.
Indefenso, sonriente y millonario,
Un angelito gordo y sin palabras.
Lo sentamos allí,
Frente a la máquina
Y él se puso a romper su patrimonio.
Como un experto desgarró la cinta
y le gustaron efes y comillas.
Nosotros, satisfechos como tías,
dejamos que haga y que deshaga.
Por suerte ya la máquina está rota.
Después de todo, el niño es un encanto.
Sólo dice “Papá”.
En diciembre dirá “Está despedido, no sea idiota”
Aquí no hay cielo
Mario Benedetti / Alberto Favero
Quién me iba a decir que el destino era esto.
Ver la lluvie a través de letras invertidas
Esa pared con manchas que parecen ministros.
El techo de los ómnibus brillantes como peces
Y esa melancolía que impregna las bocinas
Aquí no hay cielo.
Aquí no hay horizonte.
Hay una mesa grande para todos los brazos.
Y una silla que gira cuando quiero escaparme.
Otro día se acaba y el destino era esto.
Es raro que uno tenga tiempo de verse triste.
Siempre suena una orden, un teléfono, un timbre.
Y, claro, está prohibido llorar sobre los libros.
Porque no queda bien que la tinta se corra.
Aquí no hay cielo.
De qué se ríe
Mario Benedetti / Alberto Favero
En una exacta foto del diario,
señor ministro del imposible,
Vi en plena risa y en plena euforia
y en pleno gozo su rostro simple.
Seré curiosa, señor ministro,
¿De qué se ríe?
¿De qué se ríe?
De su ventana se ve la plaza
Villamiseria no está visible.
Tienen sus hijos ojos de mando
pero otros tienen mirada triste.
Aquí en la calle suceden cosas
que ni siquiera pueden decirse
Los estudiantes y los obreros
ponen los puntos sobre las íes
Por eso digo, señor ministro,
¿De qué se ríe?
¿De qué se ríe?
Usted conoce mejor que nadie
la ley amarga de estos países.
Ustedes, duros con nuestra gente,
por qué con otros son tan serviles.
Cómo traicionan el patrimonio
mientras el gringo nos cobra el triple.
Cómo traicionan, usted y los otros,
los adulones y los serviles.
Por eso digo, señor ministro,
¿De qué se ríe?
¿De qué se ríe?
Aquí en la calle sus guardias matan
y los que mueren son gente humilde.
Y los que mueren son gente humilde
y los que quedan, llorando rabia,
seguro piensan en el desquite.
Allá en la selva sus hombres hacen
sufrir al hombre y eso no sirve.
Después de todo usted es el palo mayor
de un barco que se va a pique.
Por eso digo, señor ministo,
¿De qué se ríe?
¿De qué se ríe?
Seré curiosa, señor ministro,
¿De qué se ríe?
Vuelo 202
Mario Benedetti / Alberto Favero
Desde el viento
que arrastra tantas nubes
como ángeles caídos.
Desde este
basto sótano de cielo,
hasta el que dios no baja,
pero igual llega el miedo.
Desde aquí.
Desde arriba.
Mi país
es una mancha verde.
Una mancha tan verde
que parece rosada.
Sin embargo
allá abajo es tan distinto.
Hay glorias,
pero glorias de bolsillo,
campanillas y coimas,
tangos viejos,
almas verdes,
almas de la estación,
y almas podridas.
Pero aquí, desde arriba,
no se ve nada de eso.
no se ve ni se nombra.
Desde este
basto sótano de cielo,
con brincos de aire
y pasos de azafata,
mi país
otra vez tiene misterio,
quizás porque no puedo
reconocer sus marcas.
Desde aquí, desde arriba,
no se ve ni se nombra,
no se distingue nada,
ni el corazón de oro,
ni la cola de paja.
Fin de fiesta
Mario Benedetti / Alberto Favero
El sol pesa menos que una sombra en pena.
La luna se esconde, la tarde se enmienda.
El sol pesa menos, pero igual se queda.
Pasa algo sencillo.
El viento no evito, pide santo y seña.
Las hojas se mueven, pero con cautela.
Los muros rebeldes entran en sospecha.
Pasa algo sencillo.
La paz era breve, breve la paciencia.
Ya lo saben todos, sálvese quién pueda.
Regalo del hambre donde la miseria
Pasa algo sencillo
Se acabó la siesta
El cielo está en duda, la ley está en quiebra.
Los futuros libres nacen donde quiera.
Nacen como nunca, crecen con urgencia.
Pasa algo sencillo
Se acabó la siesta
El sol pesa menos que una calma en pena.
Y, no obstante, ahora todo aquí se incendia.
En la tarde herida y en la vida abierta.
Pasa algo sencillo.
Se acabó la siesta.
Vidalita, por las dudas
Mario Benedetti
Las voces de abajo, vidalita
están casi mudas
Pero los gendarmes, vidalita
matan por las dudas.
No saben en dónde, vidalita
se enredo el enredo
Por las dudas llevan, vidalita
chalecos de miedo.
Dudan los dudosos, vidalita.
Duda poca gente
Dudan los esbirros, vidalita.
Duda el presidente.
Pero si supieran, vidalita
lo que el pueblo sabe
ya no dudarían, vidalita
que duda te cabe.
Conseguir lo justo, vidalita
cuesta dios y ayuda.
Pero se consigue, vidalita
no te quepa duda.
Yo tan sólo dudo, vidalita
cuando es más barato.
Si para mañana, vidalita
o dentro de un rato.
Tu quebranto
Mario Benedetti / Alberto Favero
Tu voz no quiere cantar.
Tu voz se esconde en el llanto.
Si pregunto tu quebranto
es sólo por preguntar.
Desde que tu pena existe
como un ileso sentido
todo está triste y cumplido,
todo está cumplido y triste.
No tiene melancolía
el limpio dolor que tienes.
Ya no te quedan rehenes
para obtener la alegría.
Tu voz no quiere cantar.
Tu voz se esconde en el llanto.
Si pregunto tu quebranto
es sólo por preguntar.
Tu pena no es tu tortura.
Tu pena es tu peregrina.
Quién sabe cómo termina
si termina la aventura.
Tu pena es un cautiverio
sin mar sin cielo y sin rosas.
Por sobre todas las cosas
tu pena es como misterio.
Tu voz no quiere cantar.
Tu voz se esconde en el llanto.
Si pregunto tu quebranto
es sólo por preguntar.
Tu voz se calla por sabia
y ese silencio es mejor.
Si tu dolor no es dolor
es que tu dolor es rabia.
Tu dolor es una espada
que hiere o corta o libera.
Tu pena es una manera
de vencer la madrugada.
Tu voz no quiere cantar.
Tu voz se esconde en el llanto.
Si pregunto tu quebranto
no me vas a contestar.
Antes del sueño
Mario Benedetti / Alberto Favero
Voy a cerrar los ojos en voz baja.
Voy a meterme a tientas en el sueño.
En este instante el odio no trabaja
para la muerte que es su pobre dueño.
La voluntad suspende su latido
y yo me siento lejos,
tan pequeña,
que a dios invoco, pero nada pido,
con tal de compartir a penas
este universo que hemos conseguido,
por las malas y, a veces, por las buenas.
Por qué el mundo soñado no es el mismo
que este mundo de muerte a manos llenas.
Mi pesadilla es siempre el optimismo.
Me duermo, débil sueño, que soy fuerte.
Pero el futuro aguarda, es un abismo.
No me lo digan cuando me despierte.