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El
son de artesa o son de tarima, original de la costa este de Guerrero y la
costa oeste de Oaxaca, en México, se remite a la llegada de esclavos
africanos traídos de Cuba durante el virreinato; escuchar a la distancia
música española tocada en casoríos, bautizos y fiestas patronales, les llevó
a bailar sobre sus canoas, hechas con troncos de parota. Nacida la necesidad
del baile se creó la artesa del mismo árbol para que sirviera de tarima. La
artesa es un cajón cuadrilongo que mide entre tres y cuatro metros de largo
por uno y medio de alto, y tiene labrada en sus costados la forma de un
animal, sea caballo, toro o lagarto. Anteriormente se utilizaba en
celebraciones comunitarias, sobre todo, en bodas y en la fiesta de Santiago
(celebrada el 5 de julio), ahora su uso se limita a encuentros culturales en
la región. En Oaxaca se adaptó un cajón más pequeño como substituto de la
artesa costeña. El
número de músicos partícipes en el son de artesa es variable, pero en la
mayor parte de las ocasiones son cinco, uno de ellos toca el violín, otro más
canta, dos interpretan un solo instrumento que es el cajón y el restante toca
la charrasca. El
son de tarima tiene cuatro variantes: petenera, jarabe, toro y son discreto.
Está fuertemente influido por la raíz cultural negra de la Costa Chica. |
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