Hay una experiencia esencial que intento no perder nunca de vista y es mi
propia relación con el lenguaje y, en particular, con mi lengua nativa, que es
la lengua que pretendo que otros aprendan y adquieran. En este sentido, las
palabras, el lenguaje y la gramática son los elementos de los que se nutre mi
hacer como profesora de una segunda lengua. Las palabras pueden resultar
fascinantes por las formas concretas que adquieren para designar objetos,
acciones y sentimientos. El lenguaje, como posibilidad de infinitas
combinaciones de comunicación con el otro, es un lugar de creatividad por
excelencia. Y la gramática, como estructura hermosa que nos explica como los
elementos de una lengua se asocian y se complementan, puede resultar un reto.
Estos tres elementos son, pues, referentes a las que recurro en mis clases una
y otra vez a la hora de proponer actividades y ejercicios para poder transmitir
a mis estudiantes pasión y entusiasmo en su proceso de aprendizaje de una
lengua.

Privilegio aquellas actividades orientadas a que adquieran las habilidades y
recursos cognitivos necesarios para desenvolverse con fluidez en diferentes
situaciones comunicativas de la vida real. También me interesa dar solidez a
sus nociones básicas sobre gramática para que puedan entender el mecanismo
inherente a la lengua y les permita, en un futuro, autocorregirse. Las
actividades que planteo dentro del aula están orientadas a lograr un equilibrio
entre sus habilidades orales, escritas y auditivas. Les animo a que en el papel
jueguen con las palabras y en el aula improvisen creando con el lenguaje.
Promover la curiosidad y el interés por la historia y los valores culturales de
la comunidad de hablantes de la lengua que están aprendiendo es indisociable de
la filosofía de enseñanza que se plantea en estas líneas. Contextualizar pues
la lengua con actividades que hagan referencia es parte integrante del proceso
de aprendizaje.

Mi rol es enseñarles los fundamentos de la lengua y promover la comunicación
dentro del aula, pero también motivarles y sugerirles. Es muy importante para
mí, como profesora, conocer a mis estudiantes y soy consciente de que tanto sus
necesidades cognitivas como sus modos de aprendizaje varían de unos a otros.
Algunos necesitan visualizar los conceptos, otros entenderlos racionalmente y
escribirlos. Sólo conociendo bien a mi grupo puedo transmitirles mi confianza
en ellos y ser coherente con lo que lo que espero de ellos. A medida que nos
vamos conociendo y ellos son más receptivos a mi discurso como profesora, puedo
proponerles modos de que se relacionen con la lengua directamente y venzan sus
resistencias y miedos. Es en su trabajo fuera de la clase, frente a sus libros
en casa, viendo una película, escuchando una canción o participando en una
conversación con nativos, ojeando un periódico o animándose a leer una revista,
dónde podrán empezar a verse ellos mismos a solas con la lengua y convertirse
en parte activa del proceso comunicativo.


--Maria Barker

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