| LA JABAR DEL NÓMADA - | Revista Ilustrada de la Hermandad de Veteranos de Tropas Nómadas del Sahara |
| Núm. 7- Enero 2002 |
Al sur
del Atlas
Continuación
de ¿Por qué no doblan las campanas? (La Jabar del Nómada, 6)
Por
JUAN A. FERNÁNDEZ SAMIÑAN
Nómada
Partimos de Sidi-Ifni, entramos en la segunda parte del itinerario "La Ruta del Sur del Atlas", nuestra próxima etapa, en el cuarto día de viaje, es llegar a la Hammada del Dráa - lago salado Iriky. Tomamos dirección sur, Goulimine, conocida por el mercado de camellos y porque en estos sitios se hacinaban elementos de las bandas armadas de liberación en la guerra olvidada de Sidi-Ifni.
Ascendemos y a unos 15 km. de Bou-Tzafarni, a la derecha oteamos una base militar. Proseguimos por carretera secundaria y en la bifurcación de Icht, control de gendarmería interesando pasaportes. Enfilamos Akka, Tata, oasis de Foumzguid; salimos del asfalto, se convierte en una pista. Antes de Zaouia-Sidi-Abd-En-Nebi, un control militar, un sargento nos indica que siempre - á gauche (a la izquierda); á droit (derecha), Argelia.
La pista relativamente va paralela entre el Oued Dráa, al sur; al norte Yebel Banin, cordón montuoso pelado; Allá, más allá la barrera natural del Atlas. En este corredor hay que mantenerse. Abandonamos la pista de piedras trituradas. El calor en abril, no es intenso, se soporta bien; en el cielo nubes rojas, predicen calor al día siguiente. La Hammada del Dráa, los nómadas le dan el sobrenombre "Horno de Alá".
"Patrullamos" por este mosaico de guijarros, que las cubiertas del 4x4 acusan, y rumbo hacia el sur el terreno pelado, seco, desnudo, no distrae. Nos encontramos unos compatriotas peninsulares (tres vehículos 4x4), que nos interrogan acerca de si portamos GPS. Negativo, se quedan pasmados. Llevamos una brújula, un mundi-mapa de carreteras 1/800.000 y otro Michelín. Nuestra excursión entraña el riesgo de un "solo" vehículo (Ulises se lanzó al abierto mar "solo" con un navío), no traspasar el Oued Dráa y el sumo cuidado de no anclarnos en la arena y en las dunas que ribetean el reseco río. Aparece en la arena el esqueleto de un dreomedario, afirmamos la sabiduría africana: "El camello no morirá teniendo la espalda en el suelo".

Habiendo unanimidad de pareceres, a la caída de la tarde montamos nuestras tiendas. La noche, a la titilante luz de la mesa portátil y en el silencio de la soledad de Iriky, ha quedado la imagen del esqueleto.
Qinta jornada. Salida de la Hammada Du Dráa, Zagora, remontar el valle y penetrar en algunos lugares poco frecuentados y alojarnos en Ouzazate.
En la travesía, con el mismo sentido pequeñas caravanas de dromedarios, los camellos andando; divisamos y alcanzamos un pozo denominado Azalay, subvencionado por una organización altruista italiana, a sus alrededores moraban dromedarios y asnos, y solidarios les sacamos agua.
Avanzamos Mhamid y entramos en el valle. Convoyes de turistas y guías que venían de de Zagora. Visitamos en Tamgroute la biblioteca, escuela coránica que posee unos manuscritos antiguos, sobre piel de gacela. Nos impresionó las viviendas semienterradas y las callejuelas estrechas de estos nómadas sedentarios. Subimos a una meseta tabular tan características del desierto y la mirada abarca una panorámica del valle del Dráa, Zagora con elegantes y variados complejos hoteleros y mercados de guías.
Escapamos del mercantilismo. Abandonamos la carretera a 45 km. de Ourzazate y por pista pedregosa a Tizgui, falla con un salto de agua que carece y desembocaría al Oued Dráa; paraje montañoso. Otro desvío a 9 km. de nuestra meta, nos conduce al El-Masour-Eddambi; una barrera militar corta el paso, empatiamos con el personal del control y nos muestran el embalse y la iglesia de madera, la cruz en lo alto de la espadaña -sirvió en algunas de las películas- hoy empleada de aprisco.
La odisea del alojamiento nocturno en una vivienda -mansión de recreo en el campo de golf reseco- que nos facilita un encargado de la misma que habíamos entablado cierta amistad y temerosos de que acudiera el dueño que de Rabat u otra ciudad norteña, nos salió venturoso.
Reanudamos el viaje, pasamos el valle de Dadés - ruta de Kasbah, Tinerhir; en Tnejedad elegimos el ramal más corto por el Oued Rheris, carretera estrecha asfaltada a Tafilalt, donde dicen que procede el opulento monarca espiritual del país. Erfoud, oasis alimentados por los ríos Zis y Rheris, en lo alto de una colina un fuerte que domina el valle. Al Suroeste de este lugar se celebró el maratón de las arenas en el año 1998. Muchos turistas y algunos vestidos de saharauis.
Queremos algo más de autenticidad, "al Este" primero visitamos las canteras de goniatita, mármol negro repleto de fósiles; "patrullamos" la zona de Merzouga y Erg Chebbi por pistas practicables e impracticables, teniendo muy en cuenta los límites fronterizos. Estos se trazaron sobre la descolonización que no tuvieron en base -creo- las culturas ancestrales y milenarias.
Alejándonos de los albergues que pululan por esta zona, vivaqueamos en piso arenoso, en la arena, cerca de sus formas caprichosas, las dunas, ondas o medias lunas, de estrella etc. El sonido de la arena al resbalar de la cima de la duna, una vibración que afecta a los sentidos. El misterio de la arena: canta, gime, ronca... el tambor de las arenas, Marco Polo lo oyó en el arenoso viento de Caraburan en el desierto de Gobi. Nada de enigmas y alucinaciones, atendiendo a la máxima de Tertuliano: "El tiempo todo lo descrubre".
Las condiciones en el desierto son infrahumanas, exigen una enorme resistencia y un indispensable proceso de adaptación.. El desierto no está habitado, no se vive. Únicamente se atraviesa. Para sobrevivir en el desierto no hay que estar parados, por eso se desmontan las haimas o tiendas frecuentemente. Los Kirguises y Kigures nominan al desierto Taklamakán, cuya tradición significa: "Si entras, no saldrás".
Retornamos a Erfoud. Ar Raichidía, garganta del Ziz (gacelas); el túnel del legionario en el alto Atlas, horadado por ellos en los años treinta. Dicen que había una placa: "La montaña nos cortaba el paso. Nos fue dada orden de pasar a pesar de todo; la Legión la ejecutó".
Dejamos vía principal y desvío a Missour a Ourcif, carretera que los melillenses titilan "la interminable"; al flanco izquierdo el Medio Atlas, llanura de Gareb, donde estaba la línea del protectorado español; Monte Arruit, sitio luctuoso para los españoles. La embarazosa aduana y "Sol de España en África: MELILLA". 2.400 KM.