| LA
JABAR DEL NÓMADA - |
Revista
Ilustrada de la Hermandad de Veteranos de Tropas Nómadas
del Sahara
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| Núm.
7- Enero 2002 |
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"Historia de un saharaui
visionario"
Por
MIGUEL NAVARRO RUIZ
Nómada
Fué en mi etapa en la Segunda Sección de la
Delegación Gubernativa de Smara donde, por casualidad, llegó a
mis manos un informe sobre un saharaui que, desde el primer
momento, despertó mi curiosidad de una forma poco usual.
Posteriormente, con motivo de reducir un viejo archivo, fui
conociendo más detalles de este hombre que demostraba con sus
acciones una visión de futuro poco común.
Era
su nombre Salec uld Ba Aali, chej de Erguibat Charg, Brahim uld
Daued, Ahel Belgasen uld Brahim, Ahel Ba Aali, que durante las
décadas de los años cuarenta y cincuenta tenía fama de
sensato, juicioso, querido por mucha gente y no solo de su tribu.
Coincidió
en el tiempo con Said uld Yumani, también prestigioso chej de
Erguibat Charg, El Boihat, padre de Jatri uld Said uld Yumani,
que tantos quebraderos de cabeza dio a la Administración
española desde que apenas sucedió a su padre, hasta que marchó
a Marruecos, desde Las Palmas, a su regreso de la última
reunión de las Cortes Españolas a la que asistieron los
Procuradores saharauis.
Pero
volviendo a nuestro hombre, tuvo Salec tres hijos: Mohamed
Moulud, Labeid y Abbuachej. Se quedó con Mohamed Moulud por la
zona de Smara al que fue guiando y enseñando poco a poco, para
que fuese conocido por su buen hacer , hasta que estuviera
preparado para sucederle a su muerte o en el momento oportuno. El
prestigio de Mohamed Moulud creció, llegando a ser a la muerte
de su padre, chej, miembro de la Asamblea General y Procurador en
Cortes.
A
Labeid, lo envió Salec a Mauritania a prepararse para ingresar
en la administración civil de aquel país, objetivo que alcanzó
al poco tiempo, pues en las últimas noticias que me llegaron en
el año 1973 lo situaban como Segundo en la Prefectura de Atar,
importante ciudad mauritana famosa por sus palmerales, en los que
según decía la tradición se cosechaban los dátiles más
dulces del todo el Sahara Occidental.
Puedo
dar fe de ello por haber tenido la dicha de probarlos más de una
tarde en la casa o haima de algún amigo saharaui, teniendo
delante un buen té, dátiles y frutos secos, que muy bien se
podría prolongar dos o tres horas de historias tradicionales y
bromas que, como colofón, si el grado de amistad tenía un nivel
aceptable, te hacían la pregunta de ¿dónde estaba el hueso del
primer dátil que te habías comido aquella tarde? Y tú
siguiendo la broma ponías cara de sorpresa y después de unos
segundos de duda, disimuladamente sacabas el hueso, que de igual
forma habías escondido de entre los dedos de un pié y entonces
se producían las risas y carcajadas de satisfacción porque
habías demostrado que conocías sus costumbres y las
practicabas, ello indudablemente contribuía a consolidar aún
más la amistad.

Abbuachej, marchó a Marruecos con el mandato
paterno de estudiar y tratar de ingresar en las R.F.A.M.,
consiguiendo también su meta y buena prueba de ello fue que en
el año 1975 y con el grado de capitán, entró con su compañía
en Mahbes donde lo capturaron las fuerzas españolas. Se le
trasladó a Villa Cisneros e ingresado en el Torreón Prisión
del acuartelamiento del IV Tercio de la Legión, bajo la
supervisión directa dela Segunda Sección de la Delegación
Gubernativa Sur, donde me encontraba yo en esa fecha.
Gracias
a la influencia de su hermano Mohamed Moulud, la prisión de
Abbuachej fue muy llevadera, porque se le permitieron frecuentes
visitas familiares al igual que entregas de ropas limpias o
nuevas, comida, té, azúcar y enseres para hacerle la vida un
poco más agradable.
En
los primeros días de enero de 1976 fue entregado a las Fuerzas
Armadas marroquíes que llegaron a Villa Cisneros.
Como
Salec imaginó en los años cuarenta, sus hijos se pudieron
ayudar en los difíciles momentos en que España dejó el Sahara
y finalmente Abbuachej devolvió el favor a su hermano Mohamed
Moulud, integrándolo en la sociedad marroquí con toda
facilidad.