LA JABAR DEL NÓMADA -

Boletín de la Hermandad de Veteranos de Tropas Nómadas del Sahara

Núm. 4 - Julio 2000

Volver a portada


LA PATRULLA DE CAMELLOS

Por FRANCISCO MORENO DONCEL

En el desierto africano
de aquel Sáhara Español, 
tropas Nómadas y sol,
se daban siempre la mano.

Y allá en la vieja Daora, 
o en la oculta Hagunía, 
en Smara o Echdeiría, 
andaban a cualquier hora.

Por los "uadis”, la Hamada, 
por Mahbes o el Ben Amera, 
eran la fuerza señera 
aquella Tropa montada.

Patrullas motorizadas
el Sáhara recorrían,
más la gracia la ponían
las “mías” tan celebradas.

Eran camellos por cierto, 
aunque en verdad dromedarios, 
los cuadrúpedos primarios, 
que andan por el desierto.

Las patrullas las montaban 
los saharauis hispanos, 
que por ser más veteranos 
del camello se encargaban.

Y tocados con turbante, 
que es su prenda predilecta, 
en actitud circunspecta, 
iban de charla constante.

Nosotros, con teresiana, 
con orejeras al viento; 
y al trote o a paso lento, 
según la hora y galbana.

Y había que aprovechar 
cuando el sol no calentaba, 
porque si no te dejaba 
próximo a deshidratar.

Los Nómadas oteaban
desde el propio dromedario,
siguiendo el itinerario
que en el Puesto les marcaban.

Iban por zonas dispares,
por los “uadis”, por las dunas, 
por las “sebjas” o lagunas, 
patrullando los lugares.

Recorrían sus fronteras, 
sus pistas largas, desiertas, 
y aquellas praderas muertas, 
batidas por tolvaneras.

Y se afianzaba al “pescante” 
cuando debía bajar, 
porque temía “volcar” 
hacia atrás o hacia adelante.

Y aguantaban el siroco
que en verdad es el simún, 
como el “hamsin” de común, 
y que a veces vuelve loco.

Era una rara proeza
salir indemne de aquello, 
porque el montar a camello 
requiere... tener corteza.

Cuando el mando disponía 
el camello “abarracaban”, 
el campamento montaban 
y la radio, si la había.

Cuando al fin descabalgaba 
sentía estar magullado, 
llevar el paso cambiado
y que la tierra temblaba.

Y en horas que se ordenaba 
se le daba a la magneto,
y allí un mensaje secreto 
por las ondas se lanzaba.

Mas pronto se reponía
y enfundado en la “kandora”, 
que vestía a cualquier hora, 
hasta un “gurka” parecía.

Se daba la novedad 
del trayecto recorrido, 
tras modular el sonido, 
sintonía y claridad.

Hoy sentimos añoranza
de aquella patrulla nuestra, 
que ha quedado como muestra 
de una singular andanza.

Y ocurría al principiante, 
en sus primeras jornadas, 
que acababan “desolladas” 
sus nalgas en el “pescante”.

Tropas Nómadas dejaron 
honda huella en nuestra vida, 
que se ha quedado prendida 
a tiempos que nos marcaron.

Le habían dado un camello 
desgarbado y grandullón, 
como todos de gruñón,
y larguirucho de cuello.

Y la “ráhala” era dura, 
la jornada más bien larga, 
y con su inexperta carga 
no encontraba la postura.

Cuando marchaban al trote 
sobre la silla botaba,
y el trasero le quedaba 
machacado del rebote.

Y el novato con presteza 
cambiaba de posición, 
fijando más la atención 
en no caer de cabeza.

O en no quedar del revés 
si acaso se despistaba, 
bien porque no se aguarraba 
o se cruzaban sus pies.


El autor en sus años "mozos” de nomadeo en la zona de Mahbes

Hosted by www.Geocities.ws

1