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Luis Arce Borja
Frei
Betto en un articulo titulado "Desafíos a la nueva izquierda"
(01/02/2005), falsea a Lenin y manipula el pensamiento de José Carlos Mariátegui
bajo el propósito de sostener una idea política que beneficia a
los grupos de poder y al imperialismo y no a los movimientos que buscan el cambio
social en América Latina. Su planteamiento político se resume en
anteponer la "fuerza de las ideas" a la fuerza de la rebelión
popular para buscar el cambio. La esencia de este discurso, como veremos en el
desarrollo de este artículo, es anunciar que no hay que tocar al Estado
opresor (no hay que asaltarlo) y dejar que todo siga igual sin que nada cambie.
Según Betto, en la "actual coyuntura latinoamericana queda descartada
la estrategia liberadora centrada en la propuesta de asalto al Estado… antes
de apelar a la idea de fuerza es necesario recurrir a la fuerza de las ideas.
La elección de Lula es expresión de este nuevo camino".
Lenin
decía que si los axiomas geométricos chocasen con los intereses
de los hombres (grupos de poder), "seguramente habría quien los
refutase" (1). Algo parecido se da en la distorsión que hace Frei
Betto de la concepción socialista propuesta por el marxismo. Usa para
ello el problema de la electrificación y del progreso material en Rusia
socialista de los bolcheviques. Según Frei Betto, "el ideario socialista"
se vino abajo "víctima de su pragmática identificación
con el progreso material", y acusa a Lenin de haber enfatizado "el
socialismo como sinónimo de electrificación" (2). Desde
el punto de vista de la teoría del socialismo científico es un
error ubicar en el mismo nivel un elemento tecnológico (electrificación)
y la concepción socialista de la sociedad. Lenin nunca hizo una amalgama
conceptual de electrificación y socialismo. La electrificación
en la Rusia soviética de los años 20 fue concebida, de acuerdo
al mismo Lenin (3), como parte del programa de desarrollo socialista de este
país para "reconstituir la economía nacional, y que mostrara
la manera de asentar a Rusia sobre la verdadera base económica necesaria
para el comunismo". El aspecto principal de este planteamiento tiene que
ver con el atraso económico de este país al momento de la revolución
y con la necesidad que tenía el nuevo sistema de dotarse de un aparato
de producción moderno y competente. La agricultura en Rusia era una de
las más atrasadas de Europa donde millones de familias ligadas a la tierra
eran víctimas de un sistema de explotación casi feudal y alejado
de todo rasgo tecnológico en la producción. Cerca del 90% de los
campesinos pobres eran analfabetos, y miles de pueblos y millones de personas
sobrevivían en un estado de atraso medieval sin electricidad y al margen
de cualquier elemento que les aliviara la vida cotidiana y las duras jornadas
de trabajo. No
se puede reducir el socialismo a un elemento de naturaleza tecnológica
importante pero que no hace parte de la concepción doctrinaria de la
teoría socialista. La conquista del poder político y el establecimiento
de la dictadura del proletariado es el primer paso hacia la construcción
del socialismo. Pero la nueva sociedad no se reduce a la destrucción
del viejo Estado y las antiguas relaciones de producción capitalistas,
sino también a edificar el Estado socialista que sólo puede desarrollarse
en la medida que consolide bases materiales de producción socialistas
y que las necesidades de los trabajadores sean resueltas y satisfechas plenamente.
Materialmente, y en todo los aspectos de la vida social (económico, científico,
ideológico y cultural), el nuevo sistema tiene que ser superior a la
sociedad abolida. El socialismo no significa la distribución de la miseria
engendrada por el sistema que ha sido reemplazado, sino más bien desarrollar
la economía en función de abolir para siempre los sufrimientos
materiales de la población. Para cumplir este objetivo estratégico
(suprimir la miseria y la explotación) se plantea no solamente la electrificación,
sino también la industrialización del país. En el supuesto
caso de que el socialismo, ya sea en China, Vietnam u otro parte del mundo,
no sea capaz de desarrollar su base material bajo el propósito de suprimir
la miseria, la desocupación, la prostitución, la corrupción
y otras lacras propias del sistema capitalista, no podrá sobrevivir mucho
tiempo al desarrollo de sus propias contradicciones internas y a las inevitables
explosiones de la lucha de clase. Es
una tergiversación de la historia de la lucha de clases y del socialismo,
admitir que la bancarrota y fragmentación de la ex Unión Soviética,
tuvo como causa primordial, como dice Frei Betto, en una "pragmática
identificación con el progreso material". Esta idea hace creer que
si los soviéticos se hubieran quedado en los marcos de una economía
de autarquía y atrasada, el socialismo se hubiera mantenido sano y robusto
hasta ahora. Eso no es así. La electrificación, junto con el desarrollo
industrial, constituyó uno de los logros más grandes de la época
del socialismo en Rusia. Por ello hay que anotar que las causas fundamentales
de la caída del socialismo en la ex Unión Soviética, no
hay que buscarlas en los éxitos industriales y materiales de este país,
sino más bien en el desarrollo de la intensa lucha de clases en el seno
mismo del socialismo. Desde
1917 se inicia una aguda contienda entre la burguesía que había
perdido el poder, y las fuerzas socialistas que hacían su experiencia
en el manejo del Estado y la nueva sociedad. Esta lucha fue más aguda
en las altas instancias del Estado y en el Partido Comunista donde el revisionismo
y el oportunismo complotaron con el apoyo de burgueses y terratenientes. El
fin del socialismo en la Unión Soviética se relaciona al triunfo
político de la alianza burguesía y revisionismo que en acción
conjunta (apoyados por las potencias mundiales) actuaron desde adentro y desde
afuera contra la dictadura del proletariado y el Estado socialista. Cuando en
1956 Nikita Kruschev implanta el capitalismo monopolista burocrático
y da inicio al desmantelamiento del socialismo, a pesar que habla en nombre
del socialismo, lo hace en función de los intereses de la burguesía
rusa y de las potencias imperialistas. El proceso de restablecimiento del capitalismo
en la ex Unión Soviética y su bancarrota económica posterior,
bajo la dirección de Kruschev, Brezhnev, Kosygin y Gorbachov, no hay
que cargarlo a la cuenta del sistema socialista diseñado por Marx y Engels,
sino más bien al fracaso del revisionismo moderno. Betto
y Mariategui Según
Frei Betto, Mariátegui "latinoamericanizó el marxismo"
y propugno un "socialismo a partir del pueblo", contrario al progreso
y basado en la cuestión indígena y no en "el proletariado
industrial". En resumen, dice Frei Betto, tomó "más
atención al pueblo y menos rigor en la óptica de clase" (4). ¿Verdad
o mentira? No
es la primera vez que se tergiversa el pensamiento de Mariátegui. Por
lo general los intentos de manipulación provienen más del campo
de la "izquierda", que de la propia derecha que en este terreno ha
perdido toda esperanza de ganar alguna batalla. Aquí hay una confusión,
y se trata de adjuntar a los postulados de Mariátegui, las ideas reaccionarias
y anticlasistas de Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador en 1924
del APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana), que durante toda su existencia
propuso una "revolución antiimperialista", al margen de la
lucha de clases y del socialismo. Alan García Pérez, actual líder
de este partido reaccionario a señalado que la "lucha de los pueblos
por su desarrollo no es una lucha de clases sino de pueblos... Esa es la diferencia
entre el comunismo científico y el socialismo democrático, cuyo
fundador en América Latina es Haya de la Torre" (5). Haya de la
Torre cobró notoriedad como promotor de las más sucias campañas
contra el comunismo y contra la revolución bolchevique en Rusia. Durante
sus 50 años de carrera política, pactó y colaboró
con los peores regímenes civiles y militares del Perú. El jefe
del APRA buscó un entendimiento con el imperialismo yanqui y los grupos
de poder en el Perú, mientras que Mariátegui postuló una
total ruptura con el capitalismo, la semifeudalidad y el sistema imperialista
mundial. Las
tergiversaciones a Mariátegui comienzan a partir de su famosa frase de
que la "revolución peruana no será ni calco ni copia sino
creación heroica". Es cierto que el revolucionario peruano hizo
de la teoría revolucionaria marxista no un simple calco o copia (más
cerca del estilo dogmático religioso que científico) sino más
bien una creación heroica del proletariado y su partido comunista. En
esta dirección supo combinar la ciencia marxista surgida en Europa donde
la lucha de clases había alcanzado pleno desarrollo (por el rol preponderante
del proletariado) a la situación concreta del Perú con una economía
semifeudal y de capitalismo incipiente. Desde esta perspectiva internacionalista
él precisó que: "La revolución latinoamericana, será
nada más y nada menos que una etapa, una fase de la revolución
mundial" (6). Mariátegui
es internacionalista, y su forma de aplicar el marxismo no niega de ninguna
forma la importancia de la experiencia revolucionaria mundial, sobre todo la
revolución Rusa a la que Mariátegui consideró paradigma
y ejemplo universal del tránsito del capitalismo al socialismo. "La
Aurora de una edad nueva", dice el marxista peruano (7). Mariátegui,
nunca habló de un "socialismo a la peruana", o un socialismo
a la brasileña, o ecuatoriana, alejado de la ciencia marxista y de la
lucha de clases. El marxismo es universal y su aplicación depende de
las circunstancias objetivas de la realidad, pero ello no significa ningún
cambio en sus principios y en sus propuestas estratégicas. Como él
mismo lo señala, el marxismo es "un método fundamentalmente
dialéctico que se apoya íntegramente en la realidad en los hechos"
(8). Y en esta misma dirección señala en 1929: "El Partido
socialista adapta su praxis a las circunstancias concretas del país,
pero obedece a una amplia visión de clase, y las mismas circunstancias
nacionales están subordinadas al ritmo de la historia mundial" (9). Acusar
a Mariátegui de haber concebido la revolución como un hecho alejado
de las clases dejando de lado al proletariado, es una exageración pocas
veces vertida contra el fundador del Partido Comunista del Perú. Para
Mariátegui ningún cambio social se realizaba al margen de la lucha
de clases. Enfatiza que sólo la lucha política dirigida por el
proletariado tenía carácter liberador. En 1923 analiza problemas
históricos en Perú, Brasil, Ecuador y Bolivia y otros países
de América Latina. Su conclusión resume su posición clasista
y revolucionaria para resolver las reivindicaciones del campesinado pobre (principalmente
indígena), y de otras clases oprimidas. Señala que el problema
de la tierra y el brutal sistema de explotación semifeudal impuesto contra
millones de campesino, se resolvía únicamente con la lucha por
el poder político y el establecimiento del socialismo. Como él
mismo lo dijo, estas eran "tareas que incumben a los Partidos Comunistas
de la América Latina", y que los partidos tenían que infundir
en las masas "una clara conciencia de clase, orientándolas a sus
reivindicaciones concretas y revolucionarias", alejándolas de soluciones
utópicas de carácter moral o religioso. "Sólo una
conciencia de clase, sólo el "mito" revolucionario" hará
avanza a las masas hacía su liberación dice Mariátegui
(10). El
pensamiento de Mariátegui, tiene su más alta materialización
en la fundación del Partido Comunista del Perú (PCP) en octubre
de 1928. Esta organización, que en sus inicios se llama Partido Socialista,
fue concebida como organización del proletariado, y en tanto ello, hizo
parte de la Tercera Internacional Comunista dirigida por los bolcheviques rusos.
Su concepción de la revolución y el socialismo es científica
y dialéctica, cuya gestación es parte del proceso de la agudización
de la lucha de clases y de la crisis del sistema económico social imperante.
Basándose en el marxismo sabe que el socialismo se gestaba en las mismas
entrañas del capitalismo, pero para llegar a ella, no bastaba que se
desarrollen las causas objetivas (crisis del sistema) sino que era fundamental
la actuación conciente (factor subjetivo) y la decisión de lucha
del sujeto revolucionario, es decir del proletariado y sus partido de vanguardia.
Pero Mariátegui no sólo habla de la lucha violenta para llegar
al socialismo, sino que plantea su concepción doctrinaria sobre socialismo
y modernidad. No hay ninguna contradicción dice él en respuesta
a sus enemigos que han tratado de adjudicarle sin ninguna razón posiciones
campesinistas y hasta anti modernidad. El no concibe el socialismo al margen
de la tecnología, la ciencia y en todo lo adquirido por la "civilización
moderna", comprendiendo en esto lo que en toda su existencia ha producido
el capitalismo. Dice Mariátegui: "El socialismo presupone la técnica,
la ciencia, la etapa capitalista, y no puede importar el menor retroceso en
la adquisición de las conquistas de la civilización moderna, sino,
por el contrario, la máxima y metódica aceleración de la
incorporación de estas conquistas en la vida nacional." (11). Como
quiera que sea, Mariátegui en aplicación del marxismo-leninismo,
proclamó que no había lucha antiimperialista sin lucha por el
socialismo, y que no habría solución al problema de los pobres
del campo sin una tenaz contienda de clase por el poder político. Mariátegui
sustenta su estrategia revolucionaria en un profundo análisis de las
clases sociales y sus relaciones en el proceso de producción de bienes
materiales. Para él, la clase más oprimida de la sociedad peruana
es el campesinado (a causa de la semifeudalidad), pero admite que esta clase,
no era portadora del nuevo régimen social, el socialismo, al cual se
llega solamente bajo la dirección del proletariado y de su partido revolucionario.
Mariàtegui sostuvo romper con cualquier relación con el capitalismo
y el imperialismo, y llamo a luchar contra las posiciones pequeño burguesa
"adversa a toda fórmula de populismo demagógico e inconcluyente
y de caudillaje personalista" (12). De ahí que quedan refutados
todos los intentos de sociólogos, historiadores, curas y otros personajes,
de poner a Mariátegui como un teórico abstracto y no clasista. Frei
Betto y el camino de Lula Frei
Betto, no tiene ningún problema para anunciar su concepción abstracta
sobre el "mal y el bien" en las acciones políticas en América
Latina. Recurrir a la fuerza y asaltar el Estado es lo malo, lo importante es
la fuerza de las ideas, dice. Y para reforzar sus argumentos anuncia que la
"elección de Lula es la expresión de este nuevo camino".
() "En la actual coyuntura latinoamericana queda descartada la estrategia
liberadora centrada en la propuesta de asalto al Estado… antes de apelar
a la idea de fuerza es necesario recurrir a la fuerza de las ideas. La elección
de Lula es expresión de este nuevo camino" (13). Hace
más de 500 años el fraile Bartolomé de las Casas (14),
uno de los máximos exponentes del movimiento pro indigenista de su época,
no con pocos méritos, había recurrido a la fuerza de las ideas
para convencer a los conquistadores españoles de mantener una relación
"humana y cristiana" con los indios americanos. Era posible, había
dicho él, "colonizar a los indios sin arrebatarles sus derechos
sobre sus tierras, ni atropellarles física o culturalmente" (15).
De las Casas, dedicó gran parte de sus 82 años, y entre 1515 y
1566 fue el autor de numerosas denuncias y textos plenos de razones morales,
éticas y evangélicas, con el propósito de defender a los
indios del crimen, tortura y genocidio practicado contra ellos por los españoles.
Como se conoce, los españoles, entre ellos los reyes católicos
de España, si bien es cierto leyeron las bien documentadas denuncias
de Bartolomé de las Casas, ello no sirvió para detener el genocidio
y la inhumana explotación de los indígenas americanos. Los conquistadores
se quedaron 300 años y fueron expulsados de las tierras conquistadas,
no con razones morales o cristianas, sino más bien cuando los pueblos
se levantaron en armas, y con cañones, fusiles, y cuchillos, violentamente
acabaron con el Estado colonial y el sistema impuesto a la fuerza por los conquistadores. ¿Alguien
cree, que bastará la "fuerzas de las ideas" (razones morales,
éticas, etc.) para que los americanos y las otras potencias mundiales
dejen de matar de hambre y de miseria a los pueblos latinoamericanos?. ¿Se
puede concebir una América Latina justa, en paz y de pleno confort para
sus habitantes, sin echar abajo al Estado y los testaferros del imperialismo
que tienen el control del poder político?. El
aspecto esencial del discurso de Frei Betto, convocar a la "fuerza de la
idea", antes de "recurrir la fuerza" resume un planteamiento
político que se desarrolló en América Latina desde mediados
de la década del 80 y que cobra fuerza en 1990 cuando la Perestroica,
se había convertido en el libro de cabecera de la burguesía internacional,
y cuando el naufragio de la URSS se había consumado. A partir de aquí,
la izquierda latinoamericana se puso a la cabeza de una campaña internacional
con el claro objetivo de defender y apoyar los "acuerdos de paz",
en Centroamérica y en toda América Latina, incentivar el abandono
de la lucha armada, proponiendo al mismo tiempo la participación electoral
y el abandono de la lucha por el socialismo. Estos puntos servirán de
base para que en los inicios de la década del 90, una centena de organizaciones
de izquierda de diferentes países de América Latina, entre ellos
el Partido de los Trabajadores de Brasil (PT) representado por Luis Ignacio
Da Silva (Lula, actual presidente de Brasil) crean lo que se conoce como el
Foro de Sao Paulo. Este Foro en su III encuentro de julio de 1992, realizado
en Managua (Nicaragua), y en el que estuvieron presentes los máximos
dirigentes de los grupos guerrilleros latinoamericanos , entre ellos las FARC-EP
(Colombia) y la Unión de Liberación de Guatemala (URNG). En dicho
evento, exigió la "agilización del proceso negociador en
Guatemala y en Colombia", indicando que el contenido de esta negociación
constituía "una respuesta viable" para lograr una solución
política y no militar al conflicto armado" (17). Las conclusiones
de este evento, apuntalaron la campaña para que los grupos guerrilleros
capitulen y se integren al sistema político burgués. Las discusiones
y resoluciones de este Foro, como lo señalaron sus voceros en 1993, durante
la clausura del IV encuentro realizado en La Habana (Cuba), significaban para
la llamada izquierda latinoamericana: "el programa de la izquierda de América
Latina y del Caribe" (18). ¿Y cuál fue este "programa"?.
El programa, que aún esta vigente se resume en lo fundamental en el rechazo
a la vía armada para la conquista del poder político, y descarta
la lucha por el socialismo, en tanto no "hay condiciones subjetivas ni
objetivas", se dice. Se privilegia la lucha electoral, y aboga por una
economía, "Social de Mercado", en contraposición al
"capitalismo salvaje". Y es aquí que nace lo que se conoce
como "antineoliberalismo". La
aplicación de estos planteamientos han sido desastrosos para el movimiento
popular en América Latina, y ha entregado grandes beneficios al imperialismo
(sobre todo a los americanos) y a los grupos de poder locales. Los primeros
en poner en ejecución las directivas del Foro de Sao Paulo fueron los
grupos guerrilleros (M-19 en Colombia, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, etc.)
que mediante acuerdos de paz y salidas electorales capitularon frente a la gran
burguesía, los terratenientes y el imperialismo. Más fresco aún
se refiere a la guerrilla Zapatista, que públicamente ha renunciado a
la lucha por el poder del Estado, cuya acción política y guerrillera,
sirve más a la especulación turística que a los intereses
de los campesinos pobres en México. Una acción renovada de las
ideas del Foro de Sao Paolo, se han materializado en los conceptos de gobierno
"antiimperialista" y "antineoliberalismo" acuñados
por una izquierda que ha perdido completamente el paso de la historia de la
lucha social. El producto, más reciente y destacado de este peregrinaje
hacia la derecha y el engaño, son Lula en Brasil, Lucio Gutiérrez
en Ecuador, Néstor Kirchner en Argentina, Carlos Mesa en Bolivia, y ahora
ultimo la participación gubernamental de los Tupamarus en Uruguay. Es
esencial tener claro la dimensión histórica clasista del Estado,
y como en más de 190 años de República no ha cambiado su
carácter de clase. En los gobiernos (sistema de gobierno) se han turnado
civiles, militares, democráticos, dictaduras, cholos, blancos, obreros
y otros, pero ello no ha afectado en nada el lugar preponderante en el Estado
de burgueses y terratenientes. No tomar en serio la lucha contra el Estado,
es como recibir la muerte por cucharadas. Mientras se mantenga la intangibilidad
del Estado, se continuará pagando la deuda externa, el Fondo Monetario
Internacional (FMI) y otras instituciones imperiales seguirán dictando
la política interna, el hambre y la miseria seguirán en alza,
y los grupos de poder locales y el imperialismo seguirán explotado brutalmente
a los oprimidos de este sub continente. ¿Lula
es el camino como se dice?. Los hechos hablan por si solos y no hay necesidad
de ningún argumento adicional. En Brasil nada ha cambiado para los pobres.
El hambre y la miseria sigue en desarrollo, los campesinos siguen sufriendo
el brutal sistema de explotación semifeudal. La lucha de los pobres se
criminaliza como en las peores épocas dictatoriales. Los grandes propietarios
de tierras siguen asesinado a cientos de pobladores. Los ricos siguen explotando
y manejado el Estado y la política de este país a su antojo. La
gran burguesía y los terratenientes no han perdido un milímetro
de su poder con la llegada al gobierno del líder del Partido de los Trabajadores
de Brasil. El discurso de Lula disfrazado de populista, de antiimperialista
o de antineoliberalismo, es parte del juego político que le conviene
ahora a la burguesía, y que en lo inmediato sirve como elemento de una
estrategia de largo alcance que refuerza (momentáneamente) el Estado
y el cimiento jurídico-político donde descansa la falsa democracia
y el derecho de los opresores. Además, los gobiernos de "izquierda"
como el de Brasil, aparte de constituir una mascarada de gobierno burgués-terrateniente,
son una especie de espejismo en los ojos de los pobres y contribuye a desactivar
(por poco tiempo), las explosiones sociales en América Latina, cuyo crecimiento
es inevitable a causa de la aguda lucha de clases y del sufrimiento de los pobres.
Terminamos este artículo con la opinión de uno de los fundadores
del PT de Brasil, cuyo argumento es un contundente desmentido a la plegaria
de Frei Betto en torno a la validez política del ejemplo de Lula en esta
región. "La dirección del partido se convirtió de
manera fanática al neoliberalismo y las reformas que están siendo
hechas en Brasil son mucho más profundas y perversas que las reformas
que ya venían del gobierno anterior de Fernando Henrique Cardozo".
(19). Bruselas,
25 de febrero 2005. 1.
Lenin, Marxismo y Revisionismo, 16 de abril 1908. Fuente: Rebelión.org Luis Arce Borja
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