PRÓLOGO
El texto que sigue pretende reemprender el debate sobre la organización
desde una perspectiva anarquista. Tema viejo, siempre presente, nunca saldado,
aunque existan quienes hayan encontrado la certeza de tal o cual modelo.
No te engañes, no encontrarás en las páginas que siguen ninguna
novedad (maldita palabra de marketing), ya el siglo pasado se debatía en
similares términos, ni tampoco recetas mágicas que nos ahorren el
pensar y actuar, cuestionar, criticar y experimentar, si algo se intenta, es precisamente,
incentivar eso mismo. Nos falta debate y comunicación, y nos sobran monotonías,
certezas y modelos. Estas “cuestiones de organización” son
pretendidamente subjetivas e intencionadamente críticas. Este texto que
ya se define en el título como insurreccionalista por un tomar partido,
surge del deseo de destruir lo existente y trata de indagar en los caminos que
hagan posible la materialización de ese deseo, buscando desde la palabra
el encuentro, en la palabra y la acción, con tod@s aquell@s individu@s
insurgentes que mantienen viva la pasión demoledora de la libertad.
I. Siempre han existido dos tendencias
visibles en el Movimiento Obrero. Una es la tendencia etapista, que conservando
las “victorias” parciales pretende fijarlas como peldaños ascendentes
a la conquista del cielo. Otra es la tendencia insurreccional, que hace del presente
momento mismo de posibilidad revolucionaria. En la práctica no han existido
líneas precisas de demarcación de ambas tendencias. Las dos tendencias
encuentran sus semejantes en el Movimiento Libertario.
II. La tendencia etapista se define en la práctica
de reivindicación como medio gradual de alcanzar transformaciones globales.
Asumiendo la negociación con el Poder y posponiendo el enfrentamiento directo
con éste. Fijando sus perspectivas revolucionarias en el futuro, trata
de acumular en el presente el mayor número de adept@s a l@s cuales concienciar
hasta que se den las condiciones (¿?) esenciales para un ideal asalto a
los Palacios de Invierno. El crecimiento cuantitativo es consecuentemente su primer
objetivo.
Esta tendencia se ha organizado históricamente es estructuras clásicas
(partidos, sindicatos, etc.) La estructura clásica es representativa en
tanto se erige en representante material o espiritual no sólo de sus miembr@s
sino de todo el colectivo de explotad@s, convirtiéndose en el eje del “verdadero”
movimiento proletario.
Desde aquí se impulsa y estimula la “conciencia de la organización”,
la pertenencia a un grupo homogéneo por encima del / a individu@ del que
se puede ser y con el cual te identificas y te identifican.
La estructura clásica, es estructura pesada que produce y reproduce aparatos
burocráticos. Tiene sus comicios decisorios, comités representativos
y ejecutivos, y un entramado de protocolos, vicios y normativas.
Simbólicamente se concibe como guardián de la sangre de l@s mártires,
del pasado glorioso, de los principios inamovibles. Estimulando el culto a la
personalidad, bien sea del héroe / heroína muert@ del / a destacad@
compañer@ viv@.
Las organizaciones pesadas son en si mismas conservadoras y tienden a preservarse
en el tiempo a pesar que las coyunturas que las hicieran surgir se hayan modificado.
Por ello una parte importante de su tiempo se dedica a realizar “análisis”
y gestos que muestren la inefable necesidad, “actualidad”, del movimiento
organizativo. El resto de su tiempo se divide en las reivindicaciones concretas
como forma de proselitismo; en la organización de la Organización
llegándose al máximo de complejidad posible; y a la reproducción
ideológica, teniendo en los referentes pasados una verificación
de su existencia.
La tendencia etapista y las formas orgánicas que adopta nos muestran la
permeabilidad en el Movimiento Obrero de los valores sistemáticos; la burocratización
inherente a la organización pesada, la delegación del / a individu@
en el colectivo, el establecimiento de jerarquías difusas o regladas, la
rentabilidad de la acción como valor de cambio, la acción como mercancía,
la asunción de límites y programas mínimos, el reconocimiento
del Poder como mediador a través de la negociación...
III. En el Movimiento Libertario se da, como reflejo
del Movimiento Obrero, la tendencia etapista.
Esta tendencia cristaliza el modelo organizativo clásico compuesto por
la organización de masas, las organizaciones específicas y las organizaciones
pantalla de tipo juvenil, de mujeres, culturales, etc.
Este modelo surgido a principios del siglo XX tiene un sentido lógico en
el momento de su aparición, de crisis y reestructuración capitalista.
En el se conjuga en forma de contradicción tanto la necesidad y deseo de
autoorganización proletaria, como el reflejo de los cambios en curso que
conducen a un nuevo modelo de acumulación capitalista.
En el desarrollo de este modelo se enfrentan y complementan las dos tendencias
anunciadas. Por un lado se da la práctica reivindicativa de la tendencia
etapista que consolida la estructura pesada las nacientes burocracias. Por otro
lado se producen explosiones insurreccionales que rompen el etapismo y superan
a la organización pesada en un sentido positivo.
La coyuntura histórica de crisis capitalista propicia tal contradicción.
Esta puede observarse en la revolución española. Mientras las masas
proletarias alentadas por la CNT-FAI desencadenan una revolución sin precedentes
generando sus propios organismos autogestionarios, éstas serán a
su vez frenadas y estranguladas por la burocracia de la misma CNT-FAI, que no
encontrará dificultades en alinearse con las otras burocracias “obreras”
en organismos interclasistas, lo cual será justificado como “necesidad
histórica”. El epílogo es la derrota del Movimiento Obrero,
insuficientemente fuerte y autónomo para anular y superar en la práctica
insurrecional a sus propias organizaciones representativas.
IV. La tendencia insurreccional del Movimiento Obrero
no se identifica con formas regladas de organización, sino a través
de la práctica del ataque directo al Poder sin admitir negociación,
diálogo o intermediario alguno con éste. Encuentra su razón
de ser y extracción teórica en la acción colectiva o individual
del proletariado consciente, que se revuelve contra los aparatos de dominación.
Su objetivo presente e inmediato es la destrucción de dichos aparatos.
La materialización de esta tendencia en el movimiento de masas surge en
todos los momentos de lucha directa que superan la mera reivindicación
y se hacen dueñ@s de su propia vida y construcción histórica.
Nacen en y desde el enfrentamiento y tienen en él su sentido, generando
situaciones concretas de destrucción de lo existente y creación
de realidades autogestionarias.
Las organizaciones gestadas en el movimiento insurreccional de masas, sólo
tienen su razón de ser en el instante concreto de la revuelta generalizada.
Su construcción a priori o su mantenimiento posterior sólo conduce
a la práctica reivindicativa y/o a la recuperación sistemática.
Desde l@s luditas a la insurrección albanesa encontramos las señas
de identidad de esta tendencia donde explotar las posibilidades, siempre presentes,
de su materialización actual.
V. La tendencia insurrecional del Movimiento Obrero
ha tenido entre l@s libertari@s (incluyendo en este término a todos aquellos
movimientos nominados o innominados que han desarrollado una práctica antiautoritaria
y revolucionaria) a sus mayores animadores e impulsores. El enfrentamiento directo
con el Poder y el deseo de destrucción inmediata de éste, son consustanciales
al pensamiento y la práctica libertaria, que rechaza las “políticas
de fase” y las representaciones simbólicas.
Si bien la plasmación de esta tendencia en el movimiento libertario no
ha tenido las repercusiones “espectaculares” que ha podido tener la
tendencia etapista, ella está presente en toda la historia libertaria,
con una práctica visible generadora de tensiones en el seno del Movimiento
Libertario y del Movimiento Obrero. Sus reediciones más palpables corren
parejas al desarrollo del Movimiento Obrero insurreccional y encuentran su fusión
con éste a través de la catarsis revolucionaria.
El hecho de que el movimiento insurreccional libertario no tenga la magnitud espectacular
del movimiento anarquista etapista se debe a sus mismas características.
El movimiento insurreccional libertario no mantiene formas de organización
pesadas, ni basa su acción en la acumulación cuantitativa, ni se
erige en representante de nadie. No posee pues referencias estructurales palpables
y sus señas de identidad siguen el curso del enfrentamiento directo y espontáneo
del proletariado, mientras este no cae en la manipulación y recuperación
de los aparatos burocráticos de las estructuras clásicas. Es, en
consecuencia, un movimiento difuso, mayormente tangible en los momentos álgidos
de insurrección de masas pero que perdura en los periodos de reflujo revolucionario
en las mil y una formas que adquiere la revuelta (sabotajes, expropiaciones, absentismo,...)
Esta tendencia no se restringe tan sólo al hecho violento de la acción
directa, sino que como movimiento anarquista etapista, también se dota
de medios formales de propaganda, pero a diferencia de los otros, tales medios
sólo son herramientas para avanzar hacia el enfrentamiento y profundizar
en la lucha insurreccional de las masas.
VI. Dos fenómenos son reseñables:
1. Que la tendencia etapista
en el movimiento libertario siente como un peligro la existencia del movimiento
anarquista insurreccional. pistoler@s, delincuentes, aventurer@s, provocadores,
infiltrad@s, psicópatas, son algunos de los adjetivos que tanto el Poder
como el / la “revolucionar@” etapista dedican a l@s insurgentes
y, aunque el etapista pueda admitir, e incluso aplaudir, la insurgencia lejana
(en el tiempo o en el espacio) no la aceptará en el aquí y ahora.
Sus miedos están justificados. La verificación práctica
del hecho insurreccional pone en peligro la propia estructura conservadora del
/ a “revolucionari@” etapista a salvo del enfrentamiento en su feudo
ideológico, desde donde se puede lucir la pose “radical”
sin riesgo de serlo y a la vez mantener pequeños y miserables reductos
de poder reproducido en la forma de naturales jerarquías.
2. ya no existen fronteras exactas entre ambas
tendencias. La intensificación y el flujo de las muchas hacen que la
confluencia y la mezcla se den con frecuencia.
Así la frontera inexistente se cruza en ambas direcciones, demostrándonos
la historia que el / la anarquista insurreccional encuentra su lógica
en el movimiento obrero revolucionario cuando éste se desata de l@s recuperador@s,
mientras el / la anarquista etapista ha mostrado en el pasado su facilidad para
trazar alianzas con las organizaciones clásicas del movimiento obrero.
VII. La etiqueta insurreccionalista otorgada por
un@s y autoasumida por algun@s no deja de ser más que eso, una etiqueta,
que corre el riesgo de petrificarse en seudoideología si no se profundiza
en el ámbito teórico y práctico de la intervención
insurreccional. Más allá de la posible moda que pueda suponer
esta “novedad” (¿qué novedad?) para aquellos que idealizan
sus aspectos más morbosos y ficticios (principalmente el uso de la violencia
como estrategia revolucionaria) y que basándose en un inmediatismo voluntarista
poco argumentado desprecien el papel de la crítica. Si de los debates
surgidos de la práctica insurreccionales sólo valoramos las formas,
no tardarán en aparecer quienes suscriban un nuevo istmo que les ahorra
pensar.
VIII. Desde lo que (no) hay, en el pobre panorama
libertario actual nos encontramos con un número creciente (creciente
por la dinámica escicionista en que se ve envuelto, que evidencia su
debilidad) de organizaciones pesadas, que se reclaman libertarias desde muy
distintos ámbitos. Unas se aproximan más que otras al reformismo
y otras se revuelcan en lo indecorosamente, mientras algunas nadan en el ostracismo
absoluto que no lleva a ningún sitio.
De las diferentes familias anarcosindicalistas a los a los “autonomistas
organizados” se nos ofrece un arco iris de posibilidades perdidas en los
trayectos de la política reivindicativa etapista.
Sus diferencias teóricas ante un inexistente auditorio sólo evidencian
sus compartidas miserias, la imposibilidad de destruir o contribuir a la destrucción
de la miseria realmente existente y su inconsciente contribución a ésta.
Sin un movimiento revolucionario a la vista, pretenden suplantarlo a partir
de un crecimiento cuantitativo que l@s convierta en la organización guía
de las masas, dejándolo todo postergado a un futuro inexistente en el
que vuelvan a producirse las “condiciones objetivas” de un pasado
mitificado. El enfrentamiento con la realidad se hace en consecuencia imposible.
Ni el 17, ni el 36, ni el 68, ni el 77 van a volver por más que copiemos
las organizaciones que en esos momentos se dieron, hecho que demuestra que en
lugar de aprender de los hechos históricos sólo hemos sido capaces
de imitar sus carcasas.
Sobran mitologías ortopédicas y mentiras complacientes y faltan
autocrítica, acción y objetivos concretos para el ahora, desde
donde proyectar todas esas ganas frustradas de rebelión que estando presentes
se ahogan en los pudrideros de las “viejas nuevas” estructuras.
IX. Tres afirmaciones sobre el tiempo presente:
1. El proletariado no ha sido abolido. Ha modificado
su composición en el transcurso de las estructuraciones capitalistas,
convirtiéndose en sujeto menos perceptible, más irreconocible.
Sin embargo, es creciente, a la par que su descomposición como sujeto
unitario, la existencia de una mayoría explotada, privada de todo poder
de decisión sobre sus vidas.
2. El capitalismo sigue desarrollando sus alineaciones.
Estas ya no están sólo sujetas al modelo productivo que tiene
su eje en la fábrica y el trabajo centralizado. En el momento en el que
el capitalismo ha convertido toda actividad humana en mercancía, el trabajo
represivo ha traspasado los muros del recinto fabril, para abarcar todos los
aspectos de la supervivencia social. La alineación es ahora global.
3. la posibilidad de revolución es una posibilidad
presente. El problema teórico planteado hace un par de siglos por el
socialismo no ha sido resuelto, tan solo reestructurado, ahondándose
en la contradicción inherente al sistema capitalista.
X. El objetivo revolucionario, pasa por incidir
en tal contradicción que posibilita la generación de movimientos
reales capaces de superar el estado actual de las cosas.
Ataquemos a través de la práctica subversiva, la realidad cotidiana
que tod@s l@s sometid@s a la dominación capitalista sentimos, aunque
una gran mayoría vea esa realidad distorsionada por la reducción
a espectáculo que el sistema hace de ella.
Utilicemos como estrategia el enfrentamiento continuado. Donde y cuando l@s
individu@s insurrect@s decida, desde una perspectiva global que no admite diálogo
alguno con el Poder.
Salir a la calle a perturbar el miserable y embrutecedor orden de las cosas,
haciendo visible la brutalidad sistemática que tod@s percibimos esencialmente.
Desatar nuestra rabia es un objetivo posible en el aquí y el ahora, unir
nuestra rabia a la de nustr@s iguales será una necesidad ineludible.
XI. El ataque es la acción colectiva o individual
contra la cotidianidad, sin necesidad de excusas en forma de acontecimientos
mediáticos teledirigidos por el Poder.
No es necesario ninguna masacre televisada para atacar. Protestas dirigidas
contra tal o cual fenómeno parcial solo evidencian la manipulación
folclórica de ésta, que eluden la globalidad del enfrentamiento,
reduciéndose la protesta a un consentido desahogo vacío.
El ataque muestra sus pretensiones destructivas de la totalidad, porque el objeto
atacado es tan solo una excusa para cuestionar lo existente, es, en consecuencia,
irrecuperable.
XII. La violencia es un aspecto secundario en el
ataque, no su razón de ser. El ataque es toda forma de destrucción
de lo existente de donde parte la posibilidad de generar nuevos nodos de creatividad.
La creación-destrucción es un proceso que se retroalimenta en
el transcurso de la lucha.
XIII. La organización informal es una vía
óptima para la organización del ataque anarquista. La organización
informal no se basa en estructuras clásicas y pesadas, sino que se adapta
al momento y la voluntad de acción de l@s insurrect@s, no supeditando
sus deseos a la estructura y su programa.
La organización informal se da a través de la afinidad entre l@s
individu@s y grupos tiene en ésta, y sólo en ella, su nexo de
unión y la formación de un tejido orgánico nunca acabado,
siempre en movimiento.
La organización informal se da en el territorio y puede ser tan extensa
como de sí la afinidad, no estando sus miembros sujetos a mayores compromisos
que los adquiridos voluntariamente y siendo su cohesión tan fuerte como
sea la pasión compartida por destruir el Poder.
No poseyendo órganos ni comicios de decisión a ésta se
llega desde el encuentro, la comunicación, el debate y la acción.
Los hechos nos dan las claves de la afinidad con nuestr@s iguales.
No cabe duda que hemos de encontrarnos con todos aquell@s grupos de individu@s,
con los que, aún sin saberlo, estamos recorriendo el mismo camino.
XIV. El militarismo es la antítesis de la
responsabilidad individual. El primero es sometimiento a la ideología
y a la organización, es martirio, acción separada de la vida,
alineación. El segundo es acción vivida y compartida, ruptura
de la alineación, liberación del deseo.
Superamos al militarismo cuando nos hacemos responsables de nuestros actos por
muchos esfuerzos que nos supongan.
La organización informal anarquista es la organización de individuos
responsables no militantes.
XV. La organización informal tiene una necesidad
de autonomía extrema, ya que su propia composición es autónoma,
de la / el individu@ al grupo, del grupo a la red.
XVI. La organización informal tiene una
necesidad de comunicación constante como un todo impreciso que piensa
y actúa, que decide y lucha a un mismo tiempo. El acuerdo entre sus miembr@s
se da de forma natural y es fruto de las necesidades sentidas y la responsabilidad
individual.
XVII. La organización informal tiene una
necesidad de autocrítica implacable. Siendo su propia existencia una
crítica práctica al miserabilismo impuesto por la falsa paz social,
se hace imprescindible el análisis de sus actos sin buscar la autocomplacencia,
evitando la fosilización y recuperación sistemática, recuperación
que es la primera forma represiva del sistema contra las potencialidades revolucionarias.
Todo es cuestionable y susceptible de crítica, no hay recetas mágicas.
A partir de aquí la práctica ratifica o no la teoría y
viceversa, evitándose caer en la reproducción de estereotipos
y modelos ideológicos y cuestionando todo apriorismo y mistificación.
XVIII. La organización informal tiene necesidad
de espacios autogestionarios en el territorio desde donde operar, experimentar
y encontrarse l@s individu@s, grupos e iniciativas insurgentes. Espacios que
ya de por sí supongan ruptura y ataque contra el sistema y desde donde
se construyan situaciones reales de autogestión libertaria.
XIX. La organización informal tiene la necesidad
de impulsar redes de comunicación, debate y difusión de ideas.
Redes que cubran la necesidad de comunicación directa entre l@s insurgentes
y las diferentes luchas en curso, sin caer en la contrainformación (interpretación
y transmisión de noticias sin más) y/o transmisión ideológica
(venta de un modelo a imitar) que vendría a ser el reverso de la información
y/o transmisión ideológica oficial (en escala diminuta) pero en
sus mismos parámetros alienantes.
XX. La organización informal tiene la necesidad
de dotarse de medios materiales para combatir la represión. La solidaridad
con l@s represalid@s ha de ser una constante prioritaria, puesto que es la única
defensa de la / el revolucionari@. La solidaridad con l@s compañer@s
represaliad@s no puede quedarse en una pose o una actividad circunstancial.
XXI. Al hilo de lo expuesto, la organización
informal evita y combate la reproducción en su seno de relaciones sociales
capitalistas y es generadora de relaciones sociales comunistas y realidad latente,
el aquí y el ahora, de la sociedad libertaria.
XXII. Las necesidades d la organización
informal no son un catecismo preestablecido que ha de cumplirse obligatoriamente
punto por punto. Se trata de necesidades que se dan en el transcurso de la lucha
y que puede adoptar formas diversas y variables, si bien, en esencia, son consustanciales
al desarrollo positivo del proceso. Ninguna necesidad verdadera surge de forma
provocada y ninguna es superior a otra, sino que estas aparecen como necesarias
por la propia dinámica del enfrentamiento.
XXIII. La organización informal no es organización
separada de las luchas, ni superior o guía de éstas. Es parte
consciente de la tendencia insurreccional del movimiento de l@s explotad@s y
participe de las luchas sociales. No renunciando en los períodos de reflujo
y falsa paz social al enfrentamiento y fusionándose de forma natural
en los movimientos autónomos de clase cuando estos se desarrollan en
dirección insurreccional.
XXIV. Pese a quien afirma lo contrario, la organización
informal es organización. Desde l@s etapistas organizacionistas, para
quienes toda acción ha de pasar primero por acabar la siempre inconclusa
organización perfecta, hasta l@s individualist@s, incapaces de articular
cualquier actividad en compañía de otr@s y en consecuencia instalad@s
en la crítica y en el güetto de sus propias ilusiones, la gama de
opositor@s teóric@ y práctic@s al desarrollo de la organización
informal como organización y no como mera formalidad ve desde sus detractor@s
más acérrim@s, a sus supuest@s precursor@s más teóric@s.
XXV. La mistificación cuantitativa pasa
en la actualidad por dos caras ce una misma moneda. La de quienes necesitan
de la acumulación significativa de parroquian@s para decidirse a hacer
algo que vaya más allá de las rutinas simbólicas y las
de los que sólo son capaces de “hacer” desde las capillas
grupusculares suponiendo que estas son la garantía para prevenir los
males de los que se acusa a las organizaciones pesadas. Si l@s primer@s quedan
instalad@s en el limbo, l@s segund@s tampoco llegan más lejos, puesto
que las limitaciones que suponen al actuar colectivo les aparta irremediablemente
de la intervención social y de los hipotéticos movimientos de
masas adoptando poco a poco la conciencia de vanguardia voluntarista, y me refiero
intencionadamente a movimientos de masas por el miedo de algun@s a tal término.
Si la organización informal no es organización separada debe partir,
buscar y concluir en el movimiento de l@s explotad@s y extender su práctica-teoría
en y desde la realidad de las luchas y no desde ilusorias barricadas y fantasiosas
clandestinidades con afanes tan meritorios como suicidas. La organización
informal debería ser el aglutinante de la tendencia insurreccional del
movimiento de l@s explotad@s en su propio seno, en lugar de otro factor de dispersión.
En cualquier caso, el número chico no vacuna de los males achacables
a la organización pesada (delegacionismo, organizacinismo, burocratización,...)
Como prueba basta echar un vistazo a los grupitos de nuestro alrededor involucrados
siempre en sus asfixiantes dinámicas.
XXVI. los movimientos sociales autónomos
son organismos populares que responden a necesidades sentidas. Se desarrollan
al margen de los aparatos de recuperación del Poder, manifestándose
en las prácticas de la autogestión y de la acción directa.
XXVII. Los movimientos sociales autónomos
surgen como negación de aspectos concretos y cotidianos de la explotación
capitalista. Su objetivo es destruir tal aspecto, atacar un aparato del Poder.
En consecuencia tiene una limitación en el espacio-tiempo.
XXVIII. Si el movimiento autónomo incide
en el ataque y la práctica insurreccional, tiende a radicalizarse adquiriendo
una cosmovisión de la realidad, buscando en tal caso nexos de unión
con otros movimientos similares y alcanzando un pensar y actuar global.
XXIX. La creación de situaciones insurreccionales
difusas por parte de los movimientos autónomos, su conexión, cohesión,
amplificación y radicalización, transforma los movimientos efímeros
de revuelta en momentos de revolución y autogestión generalizada.
Los movimientos autónomos se transforman por la vía insurreccional
en movimientos revolucionarios.
XXX. Los movimientos sociales difieren de los movimientos
sociales reformistas en que estos últimos basan su acción en la
reivindicación parcial, lo cual no niega la dominación capitalista,
simplemente demandan de ésta una cesión de poder, un servicio
concreto insatisfecho.
En la práctica no es fácil diferenciar entre uno y otro y es su
propia evolución, en muchos casos, y las circunstancias que los envuelven
las que nos darán las claves para su reconocimiento.
XXXI. hay que distinguir entre movimiento autónomo
como práctica autónoma del proletariado y organización
autónoma como estructura ideologizada que pretende suplantar al movimiento
mitificándolo y vaciándolo de contenido.
La ideología no es autónoma, está sujeta a sus propias
limitaciones, es falsificación de la realidad.
Sólo la crítica y la acción pueden ser autónomas.
EPÍLOGO
Lo expuesto en estas tesis no tratan de expresar el deseo de un modelo organizativo.
Tratan de indagar desde la crítica las líneas generales que ayuden
a superar el estado actual de las cosas. Como se ha dicho, esto no es un catecismo.
Existen formas dispares de actuar y hacer y diversos caminos que tomar, siendo
imposible preestablecerlos sin caer en ficciones ideológicas.
Pero si bien es cierto que existen formas dispares de actuar y diversos caminos
que experimentar, sólo existe uno para el no hacer y ese ya lo conocemos.