Los Derechos, de lo utópico a lo social

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Reflexión acerca del sentido de lo utópico en su proyección social, y del valor de defender nuestros derechos en el camino hacia la concreción de lo utópico

En las distintas épocas, en oposición a las condiciones políticas y económicas existentes, los grupos huma- nos hemos construído utopías de diversos tipos. Nuestra visión utópica nos provee destino y camino a la vez y, en tanto compromete a toda la sociedad, necesita asentarse en el libre acuerdo por lo que es intrínsecamente dinámica.
El libre acuerdo se mantiene vigente cuando y sólo cuando permite el continuo replanteo y la necesaria revisión del mismo entre los involucrados. Dicho de otro modo, una proyección de nuestras actividades hacia un futuro social tiene que ir diseñando una utopía dinámica.
La referencia a la visión utópica es indispensable a la hora de analizar el tema de los derechos. Porque los derechos, mejor dicho nuestros derechos, son las ventanas que desde la realidad presente se abren hacia la utopía y la lucha por nuestros derechos es una sucesión de pasos difíciles y valientes hacia nuestra visión utópica. Los derechos son en definitiva elementos vehiculares para concretar nuestros deseos utópicos.
Hoy en día los derechos ocupan un amplio espacio en la discusión pública. Es obvio que esto tiene a la vez aristas positivas y negativas. Los derechos son delicadas posesiones sociales y populares y por lo tanto provocan el interés de los partidos políticos, gobiernos, sectas religiosas y en los últimas décadas, empresas priva das que supuestamente “defienden nuestros derechos” y de tal manera se adueñan de ellos. Es casi como si nosotros entregáramos la gestión de nuestros derechos a ellos, o si los pusiéramos bajo su custodia.
Una vez bajo control de las autoridades se transforman profundamente. Codificados, les queda una forma todavía reconocible, pero ahora estática, vaciada y sin vitalidad. De esta manera las autoridades utilizan nuestros derechos en su propio provecho y, siendo custodiados por las autoridades, no están más a disposición social. Así podemos ver que las luchas por la jornada de ocho horas han muerto en las sucesivas legislaciones del trabajo, las demandas populares de participación han muerto en las leyes electorales, las luchas por la igualdad de la mujer están cayendo en el freezer de la ley del cupo femenino. Cuando la administración de los derechos queda sometida a una autoridad, ni los in- dividuos ni los grupos pueden decidir cuando ejercerlos y aún menos optar por ejercerlos contra la propia autoridad. Basta ver la situación de los inmigrantes, las minorías o tantos otros cuyos derechos están garantizados jurídicamente.
Yendo al grano
Primero queremos echar una mirada atrás de la escenografía para entender el objetivo y funcionamiento de las autoridades suficientemente para poder desarrollar el tema entre manos, es decir la posición que queremos tomar frente a los derechos. Las autoridades, las civiles, las religiosas, las económicas y las comerciales exigen la organización del mundo social y político que las rodea “...sobre su propio modelo...que a su vez supone una cierta idea del poder como su causa.” (E. Colombo). Paralelo a este proceso corre otro, esta vez entre aquellos de la mayoría, al cabo del cual se va formando una no deliberada, tácita aceptación de las exigencias de las autoridades, o sea, se va construyendo la legitimidad del monopolio del poder político, de la dominación. “El poder político lo en- tendemos en el sentido que da Bertolo al concepto de dominio, es decir, como expropiación y control en manos de una minoría de la capacidad regulativa de la sociedad.” (E. Colombo). Cerramos esta mirada con otra cita de Colombo; “Proudhon decía: En el orden natural, el poder nace de la sociedad, es la resultante de todos las fuerzas reunidas para el trabajo, la defensa y la justicia. Y agregaba: Según la concepción empírica sugerida por la alienación del poder, es al contrario, la sociedad que nace de él...”.
Nos parece que nuestros derechos son instancias de la capacidad autoregulativa social que queremos reconquistar.
Ilustraciones
Ahora queremos presentar dos ilustraciones de esta tensión entre lo ofrecido por las autoridades a la mayoría que no pertenece a los monopolios del poder y las pretensiones de esta mayoría.
El trabajo socialmente útil es una responsabilidad que las personas tienen como parte de una sociedad. Este enunciado puede tener varias lecturas, una de ellas lo muestra como un argumento que adorna la pretensión de la clase explotadora de movilizar a grandes cantidades de personas a volcarse a la naciente actividad industrial. En todo caso, teniendo en cuenta la creciente necesidad de dinero para costear las necesidades de los trabajadores y sus familias, el tra- bajo, su único valor de cambio ha sido tanto responsabilidad como derecho. El trabajador reclama un trabajo socialmente útil en condiciones dignas y con la remuneración adecuada. Es- tos son los derechos del trabajador. La lucha por estos derechos remonta a los orígenes de la revolución industrial. Mas tarde o más temprano los partidos políticos fueron incorporan- do a las distintas legislaciones los derechos del trabajador a fin de legitimar una representación. Fueron “las leyes de Palacios” o “las leyes de Perón”. Las condiciones laborales cambiaron, la automatización unida al afán de lucro dejó miles de trabaja- dores fuera del sistema. La jurisprudencia cambió para ponerse a tono con la nueva realidad y los trabaja- dores se han visto expropiados de sus derechos. Les han sido enajenadas sus luchas, sus organizaciones, su misma función social.
Es paradójico ver que a la vez que el sistema expulsa a las personas en tanto que trabajadores, reivindica sus derechos en tanto que consumidores. La crisis del sistema eléctrico puso de manifiesto la preocupación del estado así como de numerosas organizaciones civiles deseosas de llevar tranquilidad a aquellos ciudadanos que aun permanecen en el sistema.
Conclusión
Proponemos que los derechos, que de forma real pueden ser solamente nuestros, sean considerados como el vehículo de nuestra visión utópica, y que aún nos sirvan como martillo para forjar nuevas oportunidades de autoregulación basada en el libre acuerdo social.
Encontramos el siguiente comentario de mucho valor como vista de la misma situación desde otra perspectiva y, también, como propuesta acerca de que posición tomar frente a las realidades de hoy en día: «Vivimos en una sociedad en la cual la alienación está tan profunda y difusamente arraigada que casi no somos más capaces de actuar. Me refiero a la «comodificación» de práctica- mente todo, a la destrucción de la comunidad y de las relaciones humanas en general, a la extensión del mercado en prácticamente todos los aspectos de la vida, a la pérdida generalizada del sentido del significado, de los valores que yacen mucho más profunda- mente que los valores del dinero en mano. (....) Me parece que el concepto de alienación nos da una plataforma desde la cual se pueda criticar la sociedad existente. Nos permite declarar que los se- res humanos tienen necesidades intrínsecas (no sólo las de alimento y de techo, sino también las de relaciones viables humanas, de comunidad, de la posibilidad de realizar un trabajo social- mente significativo), que el capitalismo contemporáneo hace que la satisfacción de estas necesidades sea prácticamente imposible y que nosotros queremos una sociedad en la cual los seres humanos puedan prosperar. El concepto de la alienación me parece el elemento clave en la presentación de este argumento: Nos provee una manera de decir que la sociedad con- temporánea es totalmente inadecua- da y que necesitamos una mejor.» (B. Epstein)

Bibliografía
- Daniel Chodorkoff, The utopic vision; grabado durante su curso sobre Ecología Social en el ILES, Montevideo, 1996.
-Eduardo Colombo, El Estado como para- digma del poder; en El Lenguaje Libertario, Ed. Nordan, Montevideo, 1990.
-Alfredo Errandonea, Sociología de la dominación, Ed. Nordan-Comunidad del Sur, Montevideo, 1990.
-Barbara Epstein, entrevista por Rebecca Dewitt en Perspectives on Anarchist Theory, Institute for Anarchist Studies, otoño 1998, Nueva York.

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