Del
ser y el parecer anarquista
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Douglas García
"Quiero
seguir siendo este hombre imposible, ya que todos los que hoy son
posibles no cambiaron."
BAKUNIN
"Ha caído la mascara odiosa, el hombre queda sin su cetro:
libre, sin coerciones, hombre igualitario, sin clase, sin tribu, sin
nación, exento de toda casta, culto, orden. Señor de
si mismo, justo, noble, sabio..."
SHELLEY
El Anarquismo ha tenido entre sus teóricos y pensadores una
notable característica. Se ha podido condensar en una frase
posiciones cuya exposición sistemática requeriría
cientos de paginas. Así, tenemos expresiones como "Ni
Dios ni amo" de Bakunin, "La propiedad es un robo"
de Proudhon, o "La pasión de destruir es una pasión
creadora", del mismo Bakunin, que nos dicen mas que libros y
libros de sesudos análisis. Esto no es casualidad.
Las razones son varias. La primera es la capacidad de una persona
brillante de plasmar, de darle forma a la frase. Lo logra gracias
a que es capaz de superar todo el complejo de palabras y de acciones
individuales y sociales, de las motivaciones mediatas e inmediatas
de cada uno, del peso y los prejuicios de la historia, llegando así
a definir sintéticamente el núcleo de un complejo problema.
Pero hay algo mas, porque no es gratuito que esto lo logren en su
mas alto grado los anarquistas. La razón es que son los anarquistas
un conjunto de personas que buscan rescatar lo esencial de cada ser
humano, su libertad e igualdad. Es por ello que son capaces de enfrentarse
a la visión de la historia presentada por los sistemas de interpretación
dominantes, en tanto que los anarquistas enfocan la espontaneidad
creativa de la humanidad. Son y serán eternos buscadores, pues
reconocen que por encima de cualquier doctrina acerca de la vida esta
la vida misma. No intentan ser creadores de sistemas inmodificables
o proyectos perfectos de sociedad, que obliguen a cada quien a ser
teórico conocedor antes que práctico que participe.
Los anarquistas no temen el desorden pues confían en la fertilidad
que conlleva y la rica armonía en que desemboca, armonía
que no es solo de la razón sino de la totalidad del hombre.
Por eso mismo, su objetivo es una sociedad abierta, un estado de mutación
permanente por la viva interacción entre el individuo y la
sociedad, sin autoridad ni gobierno.
Solo así es posible para un gran intelecto individual llegar
a ese núcleo, definiendo en pocas palabras un rasgo de la naturaleza
humana concreta y de su aspiración.
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Intentemos aclarar lo que entendemos por anarquismo, tarea pertinente
cuando la palabra ha tenido significaciones tan equivocas. Así,
anarquismo es respetar al individuo y su libertad, asumir el socialismo,
luchar contra el Estado y su opresión, ser critico e irreverente;
pero la inversa no necesariamente es cierta y expliquemos por que.
Respetamos al individuo y su libertad, pero no todo individualista
es anarquista. Pensamos que una persona libre no puede dejar de asumir
su compromiso social pues es inherente a la condición humana
vivir en comunidad. Un individuo que niegue este compromiso o que
se aproveche egoístamente de lo colectivo no es anarquista.
Por esto es que también somos socialistas, pero no todo socialismo
es anarquismo. Ese socialismo que en nombre de lo colectivo somete,
anula, sacrifica al individuo negando su libertad, impidiendo la expresión
de todas sus capacidades, no es anarquismo.
Nos enfrentamos al Estado, pero no todo el que protesta contra el
Estado es anarquista. Nuestra lucha contra el Estado es un aspecto
de la lucha contra todo poder permanente cualquiera que sea. Por ello,
luchar contra el Estado sin luchar contra otras formas de poder como
el económico, el social, el político, el religioso,
el de las costumbres y prejuicios, el de la educación, no es
anarquismo. Nuestra lucha contra el Estado no es coyuntural, ni contra
el partido de gobierno, ni hasta lograr el "poder", sino
que es un aspecto en la búsqueda de una sociedad autogestionaria,
fruto de la libertad e igualdad de sus miembros.
Somos irreverentes contra los ídolos que nos tratan de imponer,
sean políticos, históricos, religiosos, estéticos
o filosóficos. Pero no todo irreverente, tremendista o de verbo
audaz, con ropas y actitudes de protesta, es anarquista. Nuestra actitud
es la de rechazo a toda imposición por la fuerza, sea física,
del habito, de la educación o del chantaje moral, y por ello
asumimos actitudes irreverentes. Pero la intención es construir
una sociedad mejor. Sin el aspecto constructivo, el desenfado y el
tremendismo no pasan de ser modas vacías, que no pocas veces
ocultan la pretensión de disfrutar de ese poder contra el que
dicen luchar.
Entonces, como en muchas otras cosas, ni son todos los que parecen,
ni parecen todos los que son, aunque es fácil confundirse,
porque de anarquista y de loco todos tenemos un poco. Aunque por ahora
ese poco no sea suficiente.
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