"No importa el triunfo de Bush, porque la gente no decidi� nada"

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Por Maya Jaggi
De The Guardian de Gran Breta�a. Especial para P�gina/12.
Traducci�n: Celita Doyhamb�h�re.

El disidente n�mero uno de Estados Unidos, Noam Chomsky, no est� ni sorprendido ni desilusionado por la re�ida elecci�n que puso en funciones al presidente George W. Bush. Fue el triunfo de la democracia norteamericana, dice, con una iron�a tersa que puede confundirse con cinismo. Los temas sobre los cuales el mundo empresarial est� de acuerdo no surgen en las elecciones, de manera que la gente vota por temas perif�ricos en los que se concentran los medios: la personalidad, el estilo, �se acordar� George Bush d�nde queda Canad�? Esa es la manera de mantener el poder cuando no se puede controlar a la gente por la fuerza.

Chomsky, de 72 a�os, pas� gran parte de su vida despojando a Estados Unidos de sus m�s preciadas ilusiones. Atacando un sistema pol�tico de cuatro a�os de dictadura y una intelligentzia servil al poder, �l no ve una prensa libre, sino una situaci�n parad�jica de lavado de cerebro bajo libertad. Un permanente flagelo para la pol�tica exterior de Estados Unidos, desde su patio trasero latinoamericano a Israel e Indonesia, Chomsky acomete contra la autoimagen elogiosa de benevolencia de Estados Unidos. Las libertades dom�sticas en la sociedad m�s libre del mundo coexisten, insiste �l, con una din�mica imperial que, al convertir al mundo en seguro para el capital de Estados Unidos, deja la sangre de las atrocidades en las manos norteamericanas. 

Edward Said, profesor de Literatura Comparada de la Universidad de Columbia, ve el trabajo de Chomsky como una guerra prolongada entre hechos y una serie de mitos. Para �l, Noam es una de las personas que con m�s entereza desaf�a la injusticia del poder; est� en contra de cualquier presunci�n sobre el altruismo y el humanitarismo norteamericano. Otro amigo, el periodista australiano John Pilger, acuerda en que el tema permanente de Chomsky es el poder, que el poder siempre debe examinarse y nunca debe ser aceptado de primera intenci�n. Quita las capas de propaganda no reconocidas como propaganda, filtra brillantemente sus cr�ticas a trav�s de los discursos pol�ticos. A menudo, recurre a los documentos p�blicos, revelando la verdad en las palabras del mismo poder. 

El t�tulo del �ltimo libro de Chomsky, A New Generation Draws The Line, (Una nueva generaci�n marca el l�mite), repite las palabras del primer ministro brit�nico Tony Blair durante la guerra de Kosovo de 1999. Para Chomsky, la doctrina oficial del amanecer de un nuevo mundo feliz de intervenci�n militar para salvaguardar los derechos humanos es tan falsa como el Nuevo Orden Mundial proclamado durante la guerra del Golfo. Contrastando la admitida preocupaci�n de Estados Unidos por Kosovo con la indiferencia por los kurdos de Turqu�a, el socio de la OTAN, o con las atrocidades provocadas por Estados Unidos en Colombia y Timor Oriental, �l niega que la incongruencia entre hechos y planteos pueda ser vista benignamente. En Kosovo, a�ade Chomsky, despu�s de las peores atrocidades serbias vinieron los ataques a�reos de la OTAN, justificados en esas atrocidades. En el camino entre los dos hechos, ni la protecci�n de los derechos humanos fue ni un motivo ni un resultado.

Chomsky hizo un nombre originalmente en la ling��stica, donde la revoluci�n chomskyana en el estudio del lenguaje como una facultad de la mente fue fundamental en el cambio radical en la ciencia cognitiva de las d�cadas de 1950 y 1960; la era anterior a �l era conocida como Ling��stica a.C. (antes de Chomsky). Aunque ha modificado su teor�a ling��stica a trav�s de los a�os su �ltima modificaci�n fue el Programa Minimalista, esbozado el a�o pasado en su libro Nuevos Horizontes en el Estudio del Lenguaje y la Mente, su impacto en el campo ha sido equiparado al de Einstein o Freud. Acerc� las ciencias y las humanidades. Hizo por la ciencia cognitiva lo que Galileo hizo por la f�sica, dice Neil Smith, profesor de Ling��stica en el University College, London. Ahora estudiamos la mente como parte del mundo f�sico. Chomsky figura junto con Marx, Shakespeare y la Biblia como una de las diez fuentes m�s citadas en la literatura human�stica anglosajona, y es el �nico escritor entre ellos todav�a vivo. Hasta uno de sus m�s fieles cr�ticos, el fil�sofo Hilary Putnam reconoci� que leer a Chomsky era leer a alguien con un gran poder intelectual; uno sabe que se est� encontrando con una mente extraordinaria, cuyas virtudes inclu�an originalidad y desprecio por lo caprichoso y lo superficial. Su destreza dual, en ling��stica y pol�tica en algunos de los 70 libros, han despertado sospechas de que debe haber dos Chomskys. Sin embargo, la relaci�n entre estos dos Chomskys sigue siendo un enigma. Por un lado, The New York Times lo llam� quiz�s, el intelectual vivo m�s importante. Por el otro, el autor de esa nota se preguntaba ,�(Entonces) c�mo puede escribir cosas tan terribles sobre la pol�tica exterior de Estados Unidos?

Es profesor titular de Ling��stica y Filosof�a en el m�tico MIT (Massachusetts Institute of Technology) ,en Cambridge, cruzando el r�o Charles de Boston. Su contextura delgada y espigada ahora parece m�s llena (aunque sigue siendo un h�bil nadador) y su voz suave y grave desmiente su reputaci�n de feroz pendenciero. 

La seriedad da lugar a una esperanza radiante que se le dibuja cuando recuerda la visita que este fin de semana le har� su hija Diane, que trabaja para agencias de desarrollo junto a su marido nicarag�ense en Managua, y sus dos hijos, Ema y Inti. Chomsky y su mujer Carol tienen otra hija, Avi, que ense�a historia latinoamericana y un hijo, Harry, ingeniero de software en California. Chomsky naci� en 1928 en Filadelfia, Pennsylvania, el mayor de dos varones. Su padre William, un hombre de letras jud�o, hab�a huido de Rusia en 1913 para evitar ser reclutado en el ej�rcito zarista. Su madre Elsie, que lleg� siendo una ni�a desde Lituania, tambi�n ense�aba en una escuela hebrea. Chomsky dice que el debate sobre los inmigrantes forma parte central de su educaci�n pol�tica. Anarquista de toda la vida o socialista libertario no lo reconoce como una doctrina sino una tendencia en el pensamiento humano, cree que la violencia, el enga�o y el desorden son funciones naturales del Estado.

Para John Pilger, que dice que Chomsky, pr�cticamente en soledad, fue quien expuso por primera vez las atrocidades de Indonesia en Timor Oriental, el ling�ista es un genuino h�roe del pueblo; una inspiraci�n para todas las luchas en el mundo por esa decencia b�sica conocida como libertad. Para mucha gente que lucha marginal y desconocidamente, es un defensor y un ejemplo incansable. Con un cierto sentido del cinismo (una narraci�n realista de la forma en que funciona el mundo sonar� siempre c�nica), Chomsky favorece el pesimismo del intelecto y el optimismo de la voluntad del pensador italiano Antonio Gramsci. Algunos ven una embestida teol�gica en ese rol �nico que se asign� de ser la conciencia moral del pa�s m�s poderoso del mundo, en esa insistencia en que los privilegios del mundo libre no deber�an descansar en cad�veres de otros lados. Pero en todo caso es �l quien levanta bien alto la antorcha moral en Estados Unidos. 

Hay una verdad en eso, dice. Soy un ciudadano de Estados Unidos y tengo mi cuota de responsabilidad por lo que hace mi pa�s. Me gustar�a verlo actuar de manera que cumpla con los niveles de decencia moral. Es un regreso al altruismo moral: se trata de tener un m�nimo de valor moral para criticar los cr�menes cometidos contra otros. La verdad es que no tengo ninguna influencia sobre la pol�tica de Sud�n, pero s� tengo un cierto grado de influencia sobre las pol�ticas de Estados Unidos. No es una cuesti�n de esperanza sino de aspiraci�n. 
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