MOVIMIENTO
ANARKOPUNK
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Estas
líneas son producto de una elaboración estrictamente personal.
Con esto pretendo dejar en claro que las razones que acá se exponen
no se hacen a nombre de ningún colectivo, banda o escena en particular.
Son hechas por alguien, ni más ni menos que nadie, involucrado
por más de una década con el movimiento contracultural en
un entorno tan particular como el latinoamericano; un esfuerzo por discutir
muchas de las suposiciones que se asumen bajo la etiqueta anarcopunk.
La ausencia de textos en castellano ha ocasionado que el mismo sea algo
con definiciones más precisas cuando se ve desde otras escenas
musicales, pero con fronteras movedizas cuando intenta ser definido desde
lo interno del movimiento
Anarcopunk es una palabra formada por la unión de dos conceptos:
uno con tradición política y otro con una historia ligada
a las vanguardias culturales. El anarquismo, repitiendo la afirmación
de Ángel Cappelletti, como filosofía social y como ideología
nace en
la
primera mitad del siglo XIX. Contando con una larga prehistoria, es a
partir de Pierre Joseph Proudhon (1809-1865) que se puede ubicar su formulación
clara y sistemática contando a partir de allí con exponentes
como Mijail Bakunin, Pietr Kropotkin, Enrico Malatesta, Emma Goldman,
Ricardo Flores Magón, Diego Abad de Santillán o Alberto
Ghiraldo (por citar sólo algunos) esparcidos por todos los rincones
del planeta. No desarrollaremos en extenso el significado del ideario
anarquista –recomendando para ello la lectura de cualquiera de los
estupendos escritos de los autores libertarios clásicos y contemporáneos-,
pero para estar claro de por dónde van los tiros, diremos que teniendo
como valores insustituibles a la libertad y la justicia social, pretende
una sociedad en dónde no existan divisiones permanentes entre dominantes
y dominados ni la existencia de una autoridad incontestable. El anarquismo
no es la izquierda del marxismo, pues se diferencia profunda y radicalmente
de la lectura de la realidad hecha por los cultores de Carlos Marx y sus
estrategias propuestas para la transformación social. Si bien significa
una corriente política con sus características, no es menos
cierto que el anarquismo constituye una actitud ética frente a
la vida en dónde los fines siempre deben corresponderse con los
medios utilizados para alcanzarlos.
Por
su parte, el punk es una vanguardia contracultural cuyas primeras manifestaciones
visibles datan de mediados de la década de los 70´s en alguna
de las urbes más industrializadas del mundo. Resumiendo groseramente,
podemos afirmar que tras la Segunda Guerra Mundial y la implementación
en las fábricas de los métodos de producción por
cadenas de montaje (el fordismo), las sociedades de Occidente experimentan
un inusitado crecimiento económico (en parte, por las propias labores
de reconstrucción de la Europa post-guerra) y el aumento cuantitativo
de sus clases medias. Esto a su vez catalizó la masificación
de la educación, especialmente la población asistente a
universidades, lo cual generó un segmento social, los estudiantes,
diferente del resto de las clases existentes -campesinado, obreros, terratenientes-
y con una conciencia y problemáticas que le eran propias. Recordemos
que aquellos días eran testigos del arribo al poder de revoluciones
que en la práctica, demostraron no sólo las limitaciones
de sus postulados, sino que en algunos aspectos aventajaron en dolor y
sumisión a los regímenes capitalistas. Tras el horror de
la devastación en Hiroshima y Nagasaki, la postguerra significó
para los poderosos de diverso signo (capitalistas y comunistas) un intento
de renovar la fe en la industrialización y el progreso como motores
de las riquezas nacionales. Lo que padecieron a la vuelta de los años
fueron distintos modos de rebeldía e insurgencia social que tienen
al Mayo Francés como símbolo del estado de ánimo
de una época. No es casualidad que sea considerado 1968 como el
año en que el anarquismo vuelve a la primera línea de los
movimientos sociales. El 68, en cualquiera de los países en dónde
los estudiantes se enfrentaban en las trincheras a la policía,
significaba un cuestionamiento a los excesos del mundo moderno erigido
sobre los soportes de la razón. Es por esto que se habla de una
explosión de la subjetividad, partera a su vez de diversas maneras
de plantearle cara al sistema. El desarrollo de una izquierda no estalinista,
la irrupción del movimiento ambientalista, feminista y antimilitarista
y el desarrollo de culturas enfrentadas a la lógica dominante –las
contraculturas- son algunos de los fenómenos que cobran fuerza
tras el Mayo Francés.
Es en este contexto que aparece el punk en los centros urbanos aquejados
de altas tasas de desempleo, marginación y pobreza. Tras la conversión
de la contracultura hippie en una subcultura de consumo, un puñado
de jóvenes desarrollaron códigos, símbolos y diversas
maneras de asumir las manifestaciones artísticas (orbitando alrededor
de la música) para manifestar su repulsa a lo que se había
convertido en una gigantesca máquina de hacer dinero. Al igual
que las vanguardias artísticas del pasado, los punks irrumpen declarando
la decadencia de la vanguardia precedente y la superioridad de sus propias
manifestaciones. Frente al colorido psicodélico del llamado “flower-power”
las ropas oscuras y desgarradas, frente al pelo largo de los hippies el
pelo corto y erizado, botas militares versus sandalias y zapatos artesanales
de cuero, canciones cortas de tres o cuatro acordes enfrentadas a los
extensos y virtuosas canciones del rock sinfónico y psicodélico,
autodidactismo de los músicos punks frente al virtuosismo académico
de los músicos hippies, drogas duras versus blandas. El contraste
no puede ser mayor.
Como fenómeno musical el punk revivía la furia de los primeros
rockers mezclado con un sonido tan primitivo como pegajoso, consecuencia
del rechazo de la música como privilegio de algunos “elegidos”
por el virtuosismo. Cualquiera podía tener una banda musical y
subirse a un escenario, amplitud que genera la heterogeneidad conceptual
de las primeras bandas del género. El punk nace bizarro y diverso,
a pesar de que luego sólo cierta estética lo representara.
Para comprobar esta afirmación puede observarse las diferencias
–mas pronunciadas en la puesta en escena que en su sonido- de las
primeras agrupaciones musicales:
Sex
Pistols,
Damned, Buzzcocks, Ramones, X, Germs, The Adicts, Crass, The Clash, Generation
X, Exploited, Vice Squad, The Boys, etc...El punk no era sólo música,
pero fueron los conjuntos los mejores propagadores de eso que se denominaba
como tal. Más que un sonido, el punk representaba una manera de
asumir la música y la propia existencia.El punk no es político
por definición, fueron determinadas bandas que al politizarse inauguraron
las tendencias combativas dentro del punk. Quizás The Clash sea
la más representativa banda punk de izquierda socialista, pero
es definitivamente Crass la agrupación pionera en combinar coherente
y explícitamente el anarquismo con el punk.
Cuando
en 1978 los desmanes publicitarios del punk eran primera página
en los periódicos ingleses, los Crass cantaban un tema visionario
llamado “El punk esta muerto”. Es difícil recordar
mayor lucidez crítica hacia un movimiento en plena efervescencia.
Hurgando en la historia, los paralelismos vienen de la mano de otros anarquistas:
Cronstand, 1921, los anarquistas publican en su periódico Izvestia
las resoluciones de asambleas multitudinarias que, contrariamente de la
propaganda soviética, solicitaban la reelección de los soviets,
la libertad de propaganda y prensa, libertad para los presos políticos
y fin de la desigualdad en los racionamientos. Cuba, 1960, la Asociación
Libertaria de Cuba imprime una “Declaración de principios”
en donde condena enérgicamente el autoritarismo que bulle “en
el seno mismo de la revolución” y la estatalización
de todas las riquezas del país a manos de Fidel Castro y el Partido
Comunista Cubano. No hay que dejar de recordar que a los miembros de la
ALC esta declaración les valió la cárcel, la muerte
y el exilio .
La
búsqueda de los Crass no se enfocaba en lo estético ni se
limitaba sólo a la música. Como anarquistas reflejaban la
influencia de los movimientos surrealista y situacionista, de los intelectuales
contemporáneos como Wilhem Reich, Erich Fromm y Jean-Paul Sartre,
así como el desarrollo de un estilo de vida comunitario y autogestionado.
Además, sus creaciones líricas y musicales obviaron la camisa
de fuerza sonora y compositiva del resto de la camada punk, de la cual
ellos mismos renegaron por su predecible institucionalización.
Penny Rymbaud, baterista de la banda, lo ha expresado en los siguientes
términos: “No pertenecíamos a ese tipo de pantomima
que es el rock´n roll... y probablemente menos en la pantomima que
se conoció con el nombre de punk”. Los Crass fueron los primeros
en asumir tácticas de guerrilla urbana en un escenario con su iconografía,
la repetición de consignas, samplers de segmentos radiofónicos
y una sesión interminable de canciones una detrás de la
otra. Asimismo, desarrollaron a través de su sello discográfico
Crass Records una trayectoria referencial en cuanto a independencia y
compromiso en la comercialización de su propia música.
La vida de Crass fue corta pero intensa. Sus maneras fueron reflejadas
en bandas continuadoras de un punk de clara filiación anarquista,
que cada vez tenía menos que ver con su contracultura originaria.
Bandas como Subhumans, Oi Polloi, Conflict, Sin Dios, Propagandhi, Submission
Hold, Petrograd y Resist & Exist tienen más en común
su filiación política y su activismo que su estética
o el sonido de sus canciones.
Punk
y Anarcopunk en América Latina
Cuando
se inician las primeras experiencias punks en nuestro continente, comienzos
de la década de los 80´s, el anarquismo era una imprecisa
referencia dentro de sus países. Parafraseando de nuevo a Angel
Cappelletti se puede afirmar que el eclipse del anarquismo latinoamericano,
tras su claro pero interesadamente ocultado protagonismo entre las décadas
de 1870 a 1930, se debe a los golpes de Estado ocurridos a partir de 1930
–y por supuesto la represión subsiguiente-, el monopolio
de la disidencia secuestrado por los Partidos Comunistas –y el chorro
de rublos recibidas desde el Kremlin y el prestigio prestado de los barbudos
cubanos- y, en tercer lugar, por la aparición de corrientes nacional-populistas
vinculadas a las Fuerzas Armadas.
La
década de los ochentas fue más propicia en Latinoamérica
para el auge de los grandes uellos de camisa y las anchas botas de pantalones
–Saturday Fever Night- que para el punk, el cual se hallaba restringido
por el propio desarrollo y masificación del rock en los países
ubicados al sur del Rio Grande. No es fortuito que las primeras agrupaciones
identificadas como “punks” surgieran en México, Argentina
y Brasil, con grandes volúmenes de población y una consecuente
tradición rockera.
Las influencias musical de estas primigenias agrupaciones se ubican en
dos grandes tendencias: Inglaterra y Estados Unidos (Sex
Pistols,
Exploited, The Clash, Ramones, Dead Kennedys, Misfits...) y España
(Kortatu, Eskorbuto, Siniestro Total y, especialmente, La Polla Records).
Con las deficiencias educativas de nuestros países, tampoco es
casualidad que para quienes veían en el punk sólo una velocidad
en la batería prefirieran la primera, y para quienes era parte
de una búsqueda más amplia, la segunda.
El boom del rock cantado en español experimentado en el continente
a finales de los ochentas (exceptuando a la Argentina, quienes contaban
con una movida establecida e impulsada, paradójicamente, por la
Guerra de las Malvinas), marginó, por suerte, a la corriente que
a su vez se marginaba de los circuitos masivos de difusión. El
punk era motor de las escenas llamadas “subterráneas”
de cada país y no fue sino hasta que la eclosión del grunge
catapultó al punk rock a las pantallas de MTV que sus exponentes
se masificaron.
Si bien en algunos países –hacia el sur del continente, básicamente-
el punk se desarrolló como un clon de las escenas del llamado Primer
Mundo (un fenómeno ubicado principalmente en las clases medias,
con circuitos de promoción y conciertos y canales más o
menos institucionales para la difusión de sus expresiones), algo
distinto sucedió en el resto de Latinoamérica. El punk,
de la mano con el heavy metal y enfrentado con el pop, comenzó
a ser vivido –y por tanto adecuado a un entorno específico-
por los chic@s de las villas miseria, marginados del reparto de la riqueza
social y de las oportunidades educativas. Los casos de
Colombia,
México
y Brasil
son emblemáticos en este sentido. El punk adoptó un mestizaje
desconocido en otras latitudes. Bajo los mohicanos o los pelos erizados
con jabón barato se encontraban facciones oscuras e indígenas.
El slam dancing o pogo era tan rabioso como la furia contenida de l@s
adolescentes tras una infancia llena de hambre y privaciones, con mayor
conexión que sus pares europeos a un baile tribal de comunidades
originarias. Ajenos a los escuetos programas culturales estatales, los
cuatro acordes significaban su única posibilidad compositiva y
de creación artística en un entorno presionado por la supervivencia
cotidiana. La ética “Do It
Yourself” o Hazlo Tu Mismo era la única respuesta
a la precariedad: Es frecuente que ante la imposibilidad de adquirir instrumentos
musicales, los miembros de las agrupaciones los construyan en una singular
vocación Luthier.
Colombia es el ejemplo más recurrente de punk como expresión
de la marginalidad social. La película “Rodrigo D, No Futuro”
(1988) del director Víctor Gaviria, muestra una correspondencia
entre punk y sicariato que si bien es magnificada por el recurso cinematográfico
no deja de reflejar lo que se sucedía en las comunas pobres de
la ciudad de Medellín, un documento de cinema verité que
haría palidecer de envidia a los punks de postal de Londres. La
banda sonora del film era compartida a rajatabla por bandas verdaderas
de los suburbios paisas. Del continente, es el punk colombiano el que
más cuenta con una nítida personalidad y sonido propio,
minestrone de cuatro acordes, violencia, cocaina, sacol , guitarras de
tercera mano, baterías artesanales y estudios de grabación
improvisados.
La influencia de la Unión Soviética, el prestigio de una
Revolución Cubana triunfante y el imaginario proyectado por los
grupos armados insurgentes de la región provocaron que las primeras
bandas punks “políticas” del continente asumieran una
particular mezcolanza de ideas provenientes de todo el espectro de la
izquierda. Sus letras y fanzines trataban de dar una respuesta a la convulsión
social del continente revolviendo sincreticamente símbolos y contenidos
del marxismo en sus vertientes locales (guevarismo, sandinismo, tupamaros...)
y el anarquismo.
México y Brasil fueron los dos sitios en dónde un movimiento
anarcopunk comenzó a desarrollarse, es decir en dónde una
serie de personas identificadas como punks reivindicaron tanto la tradición
e historia del movimiento libertario como sus propuestas para la sociedad.
Las iniciativas que a mediados de los 90´s aparecieron en el resto
de los países eran realizadas con la motivación de lo que
en Ciudad de México y Rio de Janeiro acontecía.
Desarrollemos brevemente uno de estos casos: el mexicano. Junto quizás
a la Argentina, México fue testigo del desarrollo, a comienzos
del siglo XX, de un amplio movimiento obrero y campesino de corte anarquista
del que Ricardo Flores Magón es una de sus figuras descollantes.
En la década de los 40´s el anarquismo mexicano se reducía
a grupos de propaganda nutridos en buena parte del exilio cenetista español.
Para 1968 el anarquismo en las manifestaciones estudiantiles era apenas
un precedente remoto y el ideario de Magón, desprovisto de su beligerancia
anarquista, era patrimonio de la revolución institucionalizada
del PRD. No es sino hasta la década de los 80´s que la expansión
del punk permite, más temprano que tarde, el surgimiento de una
activa tendencia ligada al anarquismo. “Los punks son los que mantienen
vivo el anarquismo en México”. La afirmación proviene
de Juan Carlos Beas, miembro del Consejo Popular e Indígena “Ricardo
Flores Magón”. Los anarcopunks aparejan su promoción
del “orgullo punk” con el desarrollo de diversas maneras de
expresión libertaria: bandas, fanzines, jornadas de colectivización
y recuerdo del magonismo y el mantenimiento de un espacio clave del anarquismo
mexicano: La Biblioteca Social Reconstruir (http://www.libertad.org.mx).
Los anarcopunks mexicanos poseen diversos grados de relación con
el movimiento zapatista y una especial interacción con uno de sus
espacios más libertario: los municipios autónomos. La extensión
del territorio del país fomenta la relación de los distintos
colectivos en red y la organización de encuentros regionales y
nacionales para el intercambio y la coordinación. Uno de los nodos
más activos de esta red se encuentra en Guadalajara, ciudad de
la banda Fallas del Sistema y de la Coordinadora Libertaria.
Semejanzas
y diferencias
Si
en nuestro texto las bandas nos han servido para hilar una historia que
nos lleva del punk al anarcopunk es porque, precisamente, es la música
la que genera identidad y cohesión en el conjunto de iniciativas.
Como todo, esta preponderancia tiene sus virtudes y limitaciones. Su acierto
se refleja en la capacidad de aglutinación de voluntades en los
tiempos de la degradación de la política. Los viejos oradores
anarcosindicalistas son relevados por la amplificación de canciones
sobre una tarima. A falta de organizaciones y libros, muchos jóvenes
(inclusive el autor de estas líneas) inició su búsqueda
por el anarquismo seducido por la música de bandas punks. Esto
debe tener una justa valoración, pero no es todo lo que se puede
hacer. Además, el utilizar el espacio de los conciertos como vía
de concientización supone asimismo una de las características
del anarcopunk: su directa relación con aspectos de la vida cotidiana.
Entre sus fallas se encuentra su vaciado de contenido debido a la transformación
actual del punk en una mera subcultura de consumo.
En este texto tratamos de establecer las diferencias entre punk y anarcopunk,
pero son criterios que no son compartidos por los anarcopunks que tratan
de “convertir al punk en una amenaza de nuevo” (Profane Existence),
cuando como hemos demostrado anteriormente la diversidad del punk originario
sólo representó una intimidación real a tímpanos
despistados. Intentaremos definir la especificidad del anarcopunk, es
decir, tanto sus semejanzas como diferencias del “punk” a
secas. Ambas corrientes se nutrían de la exclusión de los
circuitos institucionalizados de la Cultura (en mayúsculas), de
la marginación y del rechazo social a lo “diferente”.
Asumían una estética particular como forma de rebelión
a lo establecido, reivindicando artículos baratos de uso corriente
(clips, imperdibles, cadenas, cierres…) como una ornamenta diferente
a los costosos accesorios de consumo masivo. Pero, y por esto escribimos
lo anterior en verbo pasado, esta misma cultura de masas ha tenido la
triste virtud de recuperar incluso las estéticas marginales y convertirlas
en mercancías vaciadas de contenido. La estética punk ha
dejado de ser transgresora y su apego a la misma como norma de lo “diferente”,
un romanticismo ingenuo, muchas veces conservador. Es decir, si alguna
vez la creatividad y la renovación fueron la impronta del movimiento,
continuar con esa búsqueda de significados problematizadores (es
decir, cuestionadores de la “normalidad”) es una tarea pendiente
para los anarcopunks. Ambos son fenómenos típicos de conglomerados
urbanos y asumen, concientemente, códigos de la marginalidad callejera.
El punk posee tanto una visión pesimista, nihilista o despreocupada
del futuro, asumiendo una actitud de vivir aquí y ahora sobre el
límite. Por tanto, la noción de “libertad” del
punk es muy distinta a la del anarcopunk. La primera se confunde con el
“hacer lo que quieras cuando quieras”, satisfaciendo casi
primitivamente sus instintos. El punk es irresponsabilidad, quizás
por esto los punks no superan los traumas del paso de la adolescencia
a una vida “adulta”. El punk no tiene propuestas, se agota
en un individualismo casi extremo. El universo punk finaliza en la música,
todas sus expresiones orbitan en torno a esta. Para un punk la historia
comienza en Ramones y finaliza en Ramones (qepd). Cuando un punk escucha
la palabra “anarquía” su mente, automáticamente,
activa el video “Anarchy in the UK” de los Sex Pistols.
El anarcopunk tiene una visión utópica del futuro, el cual
ve como posibilidad, como camino de construcción hacia otra cosa,
muy distinta, de la realidad que aborrece. La noción de “libertad”
del anarcopunk implica un alto grado de responsabilidad consigo mismo
y con sus semejantes. Construye propuestas y vínculos con otras
minorías marginadas, sin desechar su identidad personal como miembro
de una contracultura. Para un(a) anarcopunk la música es tanto
un elemento lúdico como un canal de comunicación. La historia
es una búsqueda de incierto comienzo que se nutre de relatos de
movimientos de resistencia y liberación social. Cuando un(a) anarcopunk
oye la palabra “anarquía” recuerda que debe devolver
los libros de Bakunin o Zerzán que pidió prestados.
Si bien creemos necesario el fortalecimiento de los núcleos anarcopunks,
entendiéndolos como comunidades de resistencia e identidad, esta
labor debe saber conjurar los riesgos de la autoreferencia permanente
y de la promoción narcisista. Los anarcopunks debemos involucrarnos
realmente con la problemática que hablamos en fanzines y canciones
y, especialmente, con los movimientos sociales que llevan adelante la
denuncia de estos temas. La organización de espacios de entretenimiento
alejados de la lógica del mercado y el lucro, la promoción
de una alimentación sin crueldad ni explotación, la organización
de sellos discográficos independientes y la publicación
de nuestras propias publicaciones es un escapismo si esto no está
involucrado con un proceso de transformación social más
amplio.
Una
autocrítica permanente
A
diferencia de otras corrientes de pensamiento, el antidogmatismo del anarquismo
promueve el aporte y desarrollo de las visiones de los individuos que
lo asumen según sus propias afinidades. Por eso es natural la existencia
de tendencias como el anarcofeminismo, el anarquismo verde o, en este
caso, el anarcopunk. El anarcopunk, por tanto, es una tendencia del anarquismo
que desarrolla manifestaciones culturales enfrentadas al sistema capitalista
y ligadas a la cotidianidad de sus promotores. La actitud Hazlo Tu Mismo
D.I.Y es el sinónimo
en el día a día de la Autogestión social anarquista.
El anarcopunk “made in” Latinoamérica se desarrolla
en un contexto de pobreza y corrupción de las clases dirigentes,
a diferencia de las escenas del llamado “Primer mundo”, más
proclives ser reducidas a meros “estilos de vida”. A pesar
de nuestro discursivo interés en temáticas sociales, el
movimiento anarcopunk agota sus energías en el mantenimiento de
una escena musical, sí contestataria, sí con parámetros
distintos que el negocio musical, pero recurrentemente encerrado en un
circulo cerrado de entendidos. Incluso, hay países en dónde
la relación del anarcopunk con otras tendencias del anarquismo
no puede calificarse menos que de “traumática”. Los
anarcopunks tenemos un gran potencial para el establecimiento de cooperativas
de distribución y consumo así como una riqueza lúdica
comparada con las ideologías momificadas (y tremendamente aburridas)
de izquierda, una práctica demoledora del “sujeto único”
de la revolución y de la división de los ámbitos
públicos y privados. Pero, con frecuencia, dejamos para un después
que nunca llega la profundización del cuestionamiento a todos los
órdenes del poder y la construcción de propuestas para la
sociedad, en la que el propio anarcopunk se disuelve dando paso a los
debates y prácticas llevadas a cabo por el conjunto de grupos libertarios
y resto de movimientos sociales de base.
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