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El
guardián de Charles Darwin
Dicen de este
filósofo británico nacido en Kenia que "ha sacado al ateísmo
del armario". Desde su cátedra en Oxford se erige en el «Rottweiler»
de las ideas de Darwin y la evolución. Richard Dawkins arremete
en sus programas en la televisión inglesa contra el
creacionismo y las religiones monoteístas, que defienden el
origen de la vida por obra y gracia de un dios.
Por
Kate Muir
Richard
Dawkins es uno de esos raros paladines de la inteligencia que se
lanza a la batalla contra la ignorancia y la falta de juicio del
populacho. Pero a diferencia de los franceses, que adoran a sus
intelectuales, a los británicos les encanta confinar a los
suyos al rincón más polvoriento. O incluso reírse de ellos.
Dawkins
(nacido en Nairobi, Kenia, en 1941, pero criado en Reino Unido)
escapó hace tiempo de ese círculo cerrado gracias, no sólo a
una mente extraordinaria, sino también a su talento para la
comunicación y la polémica. La versión inglesa de su reciente
canto al ateísmo, El
espejismo de Dios (Espasa Calpe), ha vendido millón y medio
de ejemplares y ha sido traducido a 31 idiomas. En 1976, cuando
se publicó su primer libro, El
gen egoísta (Salvat Editores), The New York Times calificó
su forma de divulgar la ciencia como «ese estilo de escribir
para todo el mundo sobre temas científicos que hace que el
lector se sienta un genio». Porque Dawkins proporciona algo
sustancioso sobre lo que meditar. Sus seguidores le agradecen
que dé un buen cachete a los creacionistas, aparte de explicar
el ateísmo de forma concluyente.
Cuando
se propuso hacer llegar la ciencia a las masas no se dio cuenta,
según dice, de estar imitando a Charles Darwin, aunque compartía
con él ese mismo objetivo: «Ser comprendido, servir de
inspiración», argumentaba. Su puesto en Oxford, la cátedra
Charles Simonyi para
la Comprensión Pública
de
la Ciencia
, resulta el lugar más apropiado para ello.
Lejos
de las aulas, este filósofo experto en ética lleva apareciendo
en televisión desde hace años. Su última serie para Channel 4
fue The enemies of reason (Enemigos de la razón), un ataque frontal a
la astrología, el tarot, la videncia y la homeopatía.
En
el ciberespacio.
Además,
ha aprovechado sin reparos los nuevos medios: su página web
registra un tráfico enorme y tiene vínculos con Facebook y
MySpace. Hay decenas de vídeos relacionados con Dawkins en
YouTube, algunos de los cuales han sido vistos más de un millón
de veces. No es el medio de comunicación habitual de un hombre
de su generación.
Elegido
por la revista Time como una de las personalidades más
influyentes el pasado año, Dawkins es un intelectual versátil.
Alterna su defensa de los derechos de los grandes simios con
apariciones televisivas en series de culto de
la BBC
en las que se interpreta a sí mismo y hace proselitismo. «Sin
complejos, ha sacado el ateísmo fuera del armario», afirma uno
de los productores de la pequeña pantalla.
El
programa Dawkins sobre Darwin ha sido fruto de un encargo para
conmemorar el 150 aniversario de la presentación del ensayo de
Darwin sobre su teoría de la evolución en
la Linnean Society
de Londres, y el bicentenario de su nacimiento, a celebrar el año
que viene. Dawkins sostiene que la selección natural es «la
idea más importante que se le haya ocurrido a la mente humana»,
esa evolución lenta de las especies a lo largo de millones de años
que refuta la teoría religiosa del designio inteligente de un
dios. «En muchos sentidos, es anómalo que la selección
natural esté todavía sometida a debate, aunque no la somete a
debate nadie que sepa mínimamente algo de lo que va», afirma.
De hecho, Dawkins se niega a comparecer en un mismo acto con los
creacionistas. «No me gusta darles el oxígeno de la
respetabilidad, la sensación de que, si se suben a un estrado
en un debate con un científico, es que debe de haber un
desacuerdo que responde a una realidad. Sería como si alguien
sin idea de física se pusiera a discutir apasionadamente
la Teoría
de
la Relatividad
de Einstein», añade.
En
el programa de televisión, Dawkins expresa su preocupación por
que se dedique a la evolución poco más de dos horas de toda la
educación científica que un niño recibe en la escuela, frente
a lo que puede ser toda una vida de adoctrinamiento religioso en
casa. «Es una auténtica tragedia que a los niños se les esté
privando de estos conocimientos. Les están educando como si
viviéramos hace dos siglos».
En
su hogar, Dawkins se muestra sonriente y convincente. Su
argumentación es concisa y va al grano. No es el clásico
intelectual vestido de tweed y con coderas en las chaquetas.
Lleva unos calcetines con topitos y unos zapatos que están más
bien a la última. No aparenta los 67 años que tiene. En
contraste, por televisión se transforma en un profesor mesiánico.
Sus frases se enmarcan en el lenguaje de su verdadera religión:
la ciencia.
Es
conocido desde hace mucho tiempo con el sobrenombre de «el
rottweiler de Darwin», en referencia al biólogo de la época
victoriana T.H. Huxley, al que llamaban «el bulldog de Darwin»
porque era un defensor acérrimo de la tesis de la selección
natural y se hizo célebre cuando aceptó debatir este tema, en
1860, con el obispo de Oxford. Eso era lo que se discutía
entonces y también lo que ocurre hoy, pero ¿qué es lo que ha
cambiado? «Según una encuesta de Gallup, el 44% de los
norteamericanos cree que el mundo tiene menos de 10.000 años de
edad. Se trata de un error descomunal que equivaldría a que la
anchura de Estados Unidos, desde Nueva York a San Francisco,
fuera de 7,13 metros», explica con convencimiento.
En
su opinión, existe un árbol de la vida; no el que encabezan Adán
y Eva, sino el más sugerente esbozado por Darwin. Las diversas
especies se van ramificando poco a poco y diferenciándose unas
de otras a lo largo de millones de años. Si el creacionismo se
viene abajo, así lo hará también el resto de las religiones
que se sostienen sobre él. En El
espejismo de Dios sus ataques se dirigen fundamentalmente
contra el cristianismo. «Decía algunas cosas sobre el
islamismo, pero no muchas. A mí me ha parecido claro que el
libro se metía con todas las religiones, especialmente con las
tres monoteístas: el islamismo, el judaísmo y el cristianismo.
No se ponía el acento en particular en ninguna de ellas; aunque
como conozco mejor el cristianismo, hice más hincapié en él»,
añade.
Asegura
que el programa que ha grabado para televisión no trata sobre
el cristianismo sino sobre el darwinismo, y que se ha esforzado
por dejar al margen la religión, tema que ya trató en una
serie anterior, titulada ¿La
raíz de todos los males? En ella se incidía en el viaje de
cinco años de Darwin a bordo del HMS Beagle y en sus estudios
en las islas Galápagos.
Ideas
y camisetas.
En
el año 2006, Dawkins empleó los ingresos de sus libros por
derechos de autor para constituir
la Fundación Richard
Dawkins para
la Razón
y
la Ciencia
, una organización benéfica que, a ambos lados del Atlántico,
apoya la enseñanza de las ciencias y de la evolución. Su página
web personal aparece etiquetada como «un oasis de pensamiento
libre»… que también vende gorras, camisetas y demás
merchandising.
En
sus giras recientes por Estados Unidos –para dar conferencias
al lado de otros pensadores como Christopher Hitchens y Sam
Harris– se ha encontrado con salas repletas de público que le
ovacionaba puesto en pie. «En mi opinión, en Estados Unidos
están pasando cosas. Creo que es una reacción contra Bush y
contra el islamismo militante», afirma. Además, es miembro de
los Brights (literalmente, geniales), un grupo de personas que
se han
declarado
públicamente ateos, aunque él no se siente nada contento con
el nombre que los designa. «La palabra brights resulta
sumamente ridícula. Una gran parte del pensamiento
norteamericano es arrogante, como afirmar que la personas no
religiosas son más inteligentes que las religiosas. Por término
medio probablemente lo sean, pero nadie tiene derecho a decir
una cosa así», afirma con una sonrisa burlona.
La
televisión ha demostrado ser un elemento poderoso de su
arsenal, pero se agita inquieto de forma desacostumbrada ante la
sola mención de un polémico programa de telerrealidad. «Siento
un desprecio total por Gran Hermano. Lo encuentro verdaderamente
espantoso. Lamento profundamente que se me asocie a él por
estar en el mismo canal. Es realmente degradante», afirma.
A
la evolución no le han dado nunca una oportunidad tan mediática.
«Me habría gustado que a todo el mundo se le hubieran dado
algunas clases sobre evolución desde una edad bastante
temprana, porque es muy importante y muy estimulante. Responde a
un gran número de interrogantes y de misterios. Hasta que no
sabes algo de evolución, te dedicas a deambular por este mundo
contemplando los árboles, los pájaros y las flores, pero sin
saber por qué están ahí. La evolución es la respuesta a ese
enigma, así que el hombre no es realmente una persona en toda
su plenitud si no sabe de dónde viene y por qué existe».
Los
primeros que ilustraron a Dawkins acerca de la evolución fueron
sus padres, que en la actualidad tienen más de 90 años. Su
familia se trasladó de Kenia a Nyasaland (Malawi en la
actualidad), cuando él tenía 2 años y, posteriormente, a
Inglaterra cuando ya había cumplido 8. No sintió la pasión
por Darwin hasta que era un estudiante universitario. Ahora, la
culminación de su prolongada relación intelectual es la serie
de televisión y un libro sobre la evolución que tendrá en
cuenta los últimos conocimientos sobre la genética y el ADN.
Dawkins acaba además de editar una obra colectiva, Manual oxoniano de
literatura científica moderna, que reúne ensayos de
docenas de científicos –como, por ejemplo, Steven Pinker,
Oliver Sacks o Steve Jones– y que ha conseguido interesar al
lector medio.
Lo
que aún no logra entender es por qué la literatura y la
ciencia deberían ser enemigas. Le gusta la ciencia ficción de
autores como Isaac Asimov, Arthur C. Clarke y Fred Hoyle, pero
al que adora es a P.G. Wodehouse. Dawkins se describe a sí
mismo como «culturalmente cristiano. Reconozco un vago encariñamiento
por el anglicanismo heredado de mis padres». También admite
que siente una curiosa confusión ante los cristianos que
aceptan la teoría de la evolución porque, por un lado, son
unos aliados naturales mientras que, por otro, están de acuerdo
con él en que el mundo científico es incompatible con lo
sobrenatural, al menos aquellos a los que él se refiere como «fundamentalistas
radicales».
No
obstante, hay algo casi espiritual en Dawkins, una curiosidad y
una alegría casi infantiles por las maravillas del universo.
Cuenta que sintió una emoción que casi le hizo llorar cuando
cogió entre sus brazos a su hija Juliet (la única que tiene,
nacida de su matrimonio con Eve Barham), por entonces de 2 años
de edad, y la sacó al jardín envuelta en unas mantas en 1986
para ver el paso del cometa Halley por la bóveda celeste en
plena noche. Dawkins apenas pudo vislumbrar el cometa pero,
sabedor de que jamás lo volvería a ver en toda su vida, susurró
a Juliet al oído que ella podría volver a contemplarlo la próxima
vez que pase, que será cuando su hija tenga 78 años.
+
En la página
web oficial del escritor e intelectual inglés.
Suplemento
Magazine del diario El
Mundo, España, 31 de agosto de 2008
Enviado
por Rogelio Rodriguez |