|
|
Temas del Laicismo Chileno |
|
|
El
Vaticano y la embriología Jorge
Palacios C. Benedicto
XVI hizo un llamado a los juristas, los estados y las instituciones
internacionales para que “reconozcan jurídicamente los derechos
naturales del mismo surgir de la vida humana y además se hagan tutores
de los derechos inalienables que los millares de embriones han
adquirido, intrínsecamente, desde el momento de la fecundación (…),
para que desde sus orígenes se tutele el valor de la democracia, la
cual hunde sus raíces en los derechos inviolables reconocidos a cada
individuo humano”. Pero ¿no será exagerado considerar que un embrión
es un “individuo humano” del que depende el “valor de la
democracia”? Pienso
-quizá ingenuamente- que una democracia se basa en humanos hechos y
derechos con capacidad de elegir a sus representantes. O al menos a
quienes creen que pueden hacerlo. No imagino un grupo de embriones
escogiendo Presidente. El embrión, hasta la diferenciación celular que
conduce al feto, es sólo un conglomerado de células indiferenciadas,
sin órganos ni atributos humanos. En su etapa inicial de desarrollo, es
idéntico en todas las especies. A una hora de la fecundación, el embrión
de un pejerrey, un pollo, un perro o un gorila son iguales. A los tres
meses, el feto de un chimpancé sólo se diferencia de uno humano porque
ya es peludo. Los
ideólogos papales acotarán que un embrión humano es ya -en potencia-
un humano y debe ser considerado como tal. No obstante, si atribuimos a
lo virtual los derechos de lo real enfrentaremos graves problemas. Toda
célula humana es un humano en potencia por la clonación. La oveja
Dolly fue producto de una célula de la ubre de su madre. Debiéramos
exigir al Vaticano, por consiguiente, preocuparse por mantener viva cada
célula que se desprende de la piel de un fiel, porque -en potencia-
puede originar un clon perteneciente a su Iglesia. Equiparar
un embrión con un humano no es más que un sofisma. El embrión de un
chimpancé comparte con el de nuestra especie 99% de los genes. Sólo la
teoría de El
doctor Yoshiyuki Sakaki, de
|
|