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Temas del Laicismo Chileno |
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Las Caricaturas del Islam Raúl Sohr (Chile) El
“choque de civilizaciones” pronosticado por el norteamericano Samuel
Huntington no se ha materializado. Sin embargo, existen señales
importantes de un enfrentamiento entre la cultura judeo-cristiana y la
musulmana. La publicación en un diario de Dinamarca de unas caricaturas
consideradas blasfemas por algunos islamistas, ha tocado un aspecto
sensible del mundo democrático, así como la identidad religiosa de
parte de los mil 200 millones seguidores de Alá que existen en el
mundo. La
confesión islámica prohíbe cualquier tipo de reproducción gráfica
de Mahoma. Una particular indignación provocó una imagen del profeta
donde aparece con turbante que es un explosivo con la mecha encendida.
Las manifestaciones de protesta cruzaron desde Pakistán hasta el Medio
Oriente y África del Norte. Libia cerró su embajada en Copenhague.
Siria retiró a su embajador. Arabia Saudí promovió un boicot a los
productos daneses. En la Franja de Gaza, hubo grupos armados que
rodearon las oficinas que tiene en la zona de la Unión Europea. El
Presidente egipcio, Hosni Mubarak, advirtió que estas caricaturas podrían
servir a los fines de grupos terroristas. En Afganistán, el Presidente
Hamid Karzai dijo que los dibujos eran una ofensa para cientos de
millones de personas. La
respuesta de la prensa europea no buscó, por el contrario, el
apaciguamiento. El periódico francés “France Soir” lideró una
serie de medios de España, Alemania, Noruega, España, Italia y Holanda
que publicaron algunas de las caricaturas cuestionadas. En Chile, “El
Mercurio” reprodujo anteayer el más polémico de los dibujos. En lo
que toca a Dinamarca, el Primer Ministro, Anders Fogh Rasmussen, fijó
una postura desafiante al señalar que no pediría disculpas a nadie,
puesto que el periódico actuó de acuerdo con la legalidad y al
Gobierno no le cabe censurar a la prensa. Esto último es algo difícil
de entender en la mayoría de los países islámicos, donde los medios
gozan de libertades muy limitadas. Una excepción fue el periódico
jordano “Al Shihan”, que con admirable coraje reprodujo algunos de
los dibujos y señaló que la gente, por lo menos, debía saber contra
qué estaba protestando. En un editorial, titulado “Mundo musulmán se
razonable”, dijo además: “¿Qué causa más prejuicios contra el
Islam? Estas caricaturas o las fotos de secuestradores cortando el
cuello de su víctima frente a las cámaras o un suicida que estalla con
su bomba en una fiesta de matrimonio en Ammán?”. La
independencia de la prensa frente al poder político está a la cabeza
de las libertades de toda sociedad democrática. En Occidente existe
desde hace mucho una clara separación entre el Estado y la Iglesia. En
la actualidad, una parte del mundo islámico es gobernado por
teocracias. En varios países funcionan policías religiosas con el propósito
de castigar a quienes no acaten las prohibiciones, como la de no beber
alcohol o la imposición de usar ciertas vestimentas. Las mujeres tienen
una ciudadanía de segunda categoría, como lo muestra el hecho de que
en muchos países la tasa de analfabetismo femenino duplica a la
masculina. Por ejemplo, Pakistán, que construyó una bomba atómica,
registra a 70% de sus mujeres como iletradas, mientras que en esa misma
situación sólo está 40% de los hombres. El
caso más brutal de intolerancia fue el régimen talibán, que prohibió
la emisión del cine y la televisión debido a que sostenía que
mostraban imágenes humanas. La misoginia de sus líderes llegó al
punto de cerrar todas las escuelas de mujeres. La reciente victoria
electoral de Hamas en Palestina impondrá las normas islámicas al
conjunto de la sociedad. Ello ya es visible en el aumento de mujeres que
utilizan el velo. Algo que no era frecuente hace una década. El auge del islamismo plantea un serio conflicto interno a sus sociedades. Pero en lo que toca a Occidente, no puede permitir que la sombra de la intolerancia religiosa amague la libertad de prensa ni el derecho de los individuos a formarse su juicio personal sobre las opciones éticas, filosóficas o teológicas. Febrero 2006 |
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