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Temas del Laicismo Chileno |
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La historia del laicismo en Chile. Sebastián Jans Chile ha tenido una larga tradición de laicismo, desde sus orígenes mismos como República. Ha modo de ilustración haré un somero bosquejo sobre algunos de los antecedentes mas destacados. Cuando Chile emerge como Nación, luego de la Independencia, recibiendo toda la herencia cultural y social, que caracterizó a la España colonizadora. La influencia religiosa y conservadora, predominó en la clase dirigente, en toda la primera parte de la centuria, en queChile logra la independencia, y se consolida como emergente República. En la Constitución de 1813, se estableció categóricamente, que la Religión Apostólica y Romana, era la religión oficial del Estado de Chile. Este planteamiento fue refrendado, posteriormente, por las cartas constitutivas de 1818, 1822 y 1833. La influencia laica, dentro de ciertos personeros de la emergente clase dirigente de la época, ya estableció ciertos hitos, que denotaban la preocupación por la hegemonía de la Iglesia Católica, sobre la sociedad global, y la inexistencia de derechos en las minorías de conciencia. Una personalidad digna de destacar en ese período, fue la figura sobresaliente de José Miguel Infante, escéptico en materias religiosas y persistente promotor del federalismo. Mención especial, empero, corresponde al Director Supremo, Bernardo O'Higgins, que en la redacción de la Declaración de la Independencia, objetó que se estampara en su texto, alusiones de carácter religioso, dado que una profesión de fe "podía chocar algún día con nuestros principios políticos", añadiendo que "los países cultos han proclamado abiertamente la libertad de creencias"; para reflexionar luego que " proclamar en Chile una religión excluyente significaría prohibir la emigración hacia nosotros de una multitud de talentos y brazos útiles que abundan en el otro Continente (Europa)". En su breve gobierno dictó el decreto que estableció los cementerios de disidentes, es decir, para aquellos que no eran parte de la iglesia o religión católica; de la misma manera que contrató al pedagogo protestante Diego Thompson, de nacionalidad inglesa, para introducir en nuestro país el sistema de enseñanza lancasteriano; también, como una contribución al conocimiento, eximió del pago de derechos aduaneros a toda clase de libros e impresos. Sin embargo, la visión de O'Higgins no fue compartida por sus contemporáneos, que refrendaron en las Constituciones Políticas la idea de proclamar la religión católica como la única y exclusiva de la República de Chile, asignando a los jefes de gobierno del deber de proteger y conservar esta religión. La Constitución de 1833, incluso indicó taxativamente "la exclusión del ejercicio público de cualquiera otra". Los atisbos de liberalismo fracasaron en la contingencia de la época, a poco de emerger, siendo uno de sus hechos más relevantes el intento constitucionalista de 1828. El liberalismo doctrinario, representante de las nuevas clases motoras del proceso económico-social del siglo XIX, a partir de la década de los 50, no podía escapar a una visión laicista de la sociedad, si querían representar fielmente el signo de los tiempos. Ello porque, al frente, entronizado en el poder, tenían al conservadurismo y tras él, el apoyo de la jerarquía de la Iglesia Católica, en un compromiso férreo de oponerse a los cambios que el progreso del país demandaba, en el plano cultural y social. El liberalismo representó, entonces, la necesidad de liberalización de los espíritus, la posibilidad de ejercer derechos de conciencia que hasta entonces estaban vedados. Así, las llamadas "leyes laicas", no solo representaban un anhelo de dar satisfacción a necesidades reales de modernizar la legislación, producto de la nueva realidad económico-social, sino también daban respuesta a las minorías (religiosas, culturales, políticas, etc.) cuyos derechos eran desconocidos por el sistema legal entonces existente. El gran apóstol laicista de mediados del siglo XIX, sin discusión alguna, fue Francisco Bilbao, quien abrirá los fuegos de su lucha inclaudicable con la jerarquía católica, al lanzar el ahora casi legendario escrito "Sociabilidad Chilena", su primer intento de estudiar la realidad chilena, sometida aún al letargo colonial español, desde un punto de vista ético y cultural, y que le significó la persecución casi inquisitorial del clero y la condena judicial de blasfemo e inmoral. Luego de su viaje a Europa, Bilbao volverá empapado de una mayor convicción en sus principios, luego de su relación con los más eruditos pensadores laicistas de Francia, con algunos de los cuales mantendrá intercambio epistolar por mucho tiempo. De regreso al país, Bilbao insistió en la necesidad de sacar al país de la rémora colonial, y promovió los cambios a través de la ahora ya mítica Sociedad de la Igualdad, hasta verse obligado a abandonar al país, producto de las persecuciones desatadas por la insurrección anticonservadora del 20 de abril de 1851 A fines del gobierno de Montt, el liberalismo accedería al poder a través de la Fusión liberal-conservadora, un pacto de gobernabilidad entre sectores de los dos partidos, que logró establecer algunos hitos iniciales, en favor de una perspectiva laicista del gobierno. De esta forma, en 1865, el gobierno del Presidente José J. Prieto, dictó la ley que autorizaba a los no católicos para practicar sus cultos en recintos privados, de la misma manera que les permitía fundar y sostener escuelas privadas para sus hijos, bajo la religión familiar. Bajo el gobierno del Presidente Domingo Santa María, se promulgó la ley de cementerios laicos (1883), la ley de matrimonio civil (1884) y la de registro civil (1884). La ley de registro civil y de cementerios laicos, enfrentó no solo derrotó rotundamente la posición conservadora, sino que privó a la Iglesia Católica de los privilegios que la situación anterior le brindaba, donde las actas de bautismo constituían el único medio legal de inscribir a un recién nacido, y los cementerios existentes eran los que administraban los párrocos. Y este no fue un hecho intrínsecamente chileno. Lejos de ello, la misma situación abarcó a gran parte de la América hispano- parlante. Fue un proceso que agitó las aguas de la política y la sociedad de todos los países desde México al sur, produciendo una profunda crisis en las sociedades en que se manifestó. En América del Norte, donde la Iglesia Católica tuvo menor presencia, y donde primó un fuerte concepto laicista en la estructuración del gobierno y la ley, en cambio, no hubo crisis. Empero, fue en la lucha por la instrucción primaria obligatoria, donde se dio una de las batallas mas duras, en el campo de las ideas, entre los sectores laicistas y aquellos que representaban el conservadurismo y el clericalismo. Fue el parlamento el escenario principal en que se enfrentaron los argumentos, en que participaron los más sobresalientes tribunos de ambas posiciones, y que se prolongó por varios años, culminando el 20 de agosto de 1920, en que se dictó la Ley de Instrucción Primaria, Gratuita y Laica, que, en 1929, cambió su nombre por "Educación Primaria". En ella se establecía que la enseñanza de la doctrina cristiana sería optativa y de decisión de los padres o apoderados. En 1950, la jerarquía católica volvería a poner en debate el tema, tratando de reimponer en los colegios la obligatoriedad de las clases de religión católica, intento que fracasó. La Constitución de 1925, sancionó desde el punto de vista institucional, la ruptura entre la Iglesia Católica y el Estado, poniendo fin al tutelaje que la primera había mantenido sobre el sistema político chileno. Ambos poderes, el civil, representado por el Estado, y el religioso, marcharían en adelante en forma independiente, y dedicados a sus definidos propósitos.En su artículo 10, el texto constitucional indicó que la carta aseguraba "a todos los habitantes de la República, la manifestación de todas las creencias, la libertad de conciencias y el ejercicio libre de todos los cultos que no se opongan a la moral, a las buenas costumbres, o al orden público". Sin duda, esta Carta Fundamental fue uno de los grandes logros en la modernización del país, consecuencia de un largo proceso de confrontaciones, que, en el plano político, se dio entre los liberales y conservadores, y en el plano moral, entre la Masonería y la Iglesia Católica. Las décadas siguientes a la entrada en vigencia, de la Carta de 1925, fueron dominadas en su escenario político-social por partidos de tendencia liberal (Partido Liberal y Partido Radical), y aquellos de tendencia agnóstica (Partido Socialista y Partido Comunista), lo que se manifestó en un mayor nivel de libertades de conciencia, sin embargo, nunca prospero, por ejemplo, una ley de divorcio, producto de la presión religiosa sobre la clase política. El reciente régimen militar, desde sus orígenes, se declaró ideológicamente cristiano, aunque chocó permanentemente con gran parte de la Iglesia Católica, por la acción de las fuerzas armadas en el campo de los derechos humanos. En los hechos, mas que buscar un accionar laico, este se produjo como consecuencia de la propia realidad. La Constitución de 1980, impuesta por el régimen de Pinochet, en su art. 19 Inc. 6, establece la libertad de conciencia y el ejercicio libre de todos los cultos. Empero, en 1983, el gobierno de Pinochet dictó el Decreto # 924, reglamentó las clases de religión en todos los establecimientos educacionales del país. Si bien el decreto posibilita la libre elección de los padres, respecto de que tipo de religión debe entregarse a sus hijos, en los hechos tal derecho no se ejerce por una falta de neutralidad de las direcciones de los colegios con respecto al tema. Así, el laicismo en la educación ha dejado de existir. El fin de una dura época en la historia de nuestro país, como lo fue el régimen militar, ha significado reconstruir el sistema democrático, en un proceso paulatino y gradual, que no ha estado exento de dificultades. Estas se originan en gran medida, por un sistema electoral que no posibilita la real expresión democrática, y por la presencia de poderes fácticos, que actúan permanentemente, contra la opinión mayoritaria del pueblo. Entre estos poderes, la jerarquía de la Iglesia Católica, ha expresado abiertamente su presión sobre los partidos políticos y la clase política, respecto de temas de conciencia en que el sentir mayoritario del país, se inclina por la modernización. Entre estos temas, se encuentra la hasta ahora fracasada legislación sobre divorcio vincular, y el veto a toda discusión sobre el aborto terapéutico. La experiencia dolorosa de 1973, y su secuela de dramas en la sociedad de chilena, han conducido, luego de reimpuesta la democracia, que la llamada "política de los consensos" sea la que determine la forma de resolver los grandes temas nacionales, buscando evitar las confrontaciones que puedan ser traumáticas para la convivencia armónica de la sociedad. La buena perspectiva de esa línea de acción, sin embargo, en aquellos aspectos relativos a las cuestiones de conciencia y en el debate de las ideas, ha resultado nefasta, porque inevitablemente se ha tendido a la homologación y la hegemonía de determinados actores de conciencia, que no garantizan precisamente la pluralidad y la libertad en todo su contexto. Conviene resaltar, al poner término a esta breve visión histórica, que la lucha laicista en Chile, no fue violenta, no hubo muertos, ni provocó guerras, y que los escenarios de confrontación siempre estuvieron dentro del marco de la ley y en el exclusivo estadio de las ideas. Para complementar las referencias históricas, conviene tener presente también el rol que han tenido los partidos políticos, y su actitud frente al tema que nos ocupa. El Partido Conservador tiene sus orígenes en la República misma, y se relacionó permanentemente con aquellos sectores mas apegados con el ordenamiento social existente, heredado de los españoles, y representativo, luego, de la aristocracia poseedora. Su ligazón con la Iglesia Católica siempre fue muy estrecha y determinante en su actitud política frente a los cambios que los demás sectores políticos proponían. Durante gran parte de su historia, el conservadurismo tuvo una fuerte influencia clerical, y representó una suerte de brazo político de la jerarquía católica, frente a los problemas más importantes enfrentados en la sociedad chilena. Su desaparición política, en la década de los 60, en cierto modo, fue consecuencia de la propia evolución de la Iglesia Católica producto de su "doctrina social", por la emergencia de nuevos actores políticos representativos de nuevas visiones respecto del rol a cumplir por los creyentes en la sociedad, y los cambios producidos por el Concilio Vaticano II. El liberalismo, también tiene sus raíces en las primeras décadas de la República, representando en el plano de las ideas a los sectores más modernizadores durante el siglo pasado y las primeras décadas del siglo XX, y que provenían de la aristocracia mas ilustrada. Su planteamiento fue eminentemente laicista hasta la década del 20, cuando cobró mayor gravitación el radicalismo, como representante de la emergente mesocracia. A partir de entonces, y ya bajo el segundo gobierno de Arturo Alessandri, su ligazón con los conservadores contribuyó a su desperfilamiento y a la despotenciación de su discurso laicista. Refundidos en el Partido Nacional, durante los 60 y 70, convivieron las dos visiones sin entrar en contradicción. Herederos históricos de estos sectores, son hoy la UDI, partido manifiestamente confesional, y Renovación Nacional, con un sesgo laico bastante notorio. El radicalismo, desde fines del siglo XIX, había albergado en su seno las percepciones más laicas del liberalismo. De hecho, proclamó abiertamente su condición de partido laico, en clara diferenciación con los demás partidos existentes. Los gobiernos que el radicalismo encabezó, supieron encauzar fuertemente el proceso de laicización del Estado, profundizando notablemente los alcances de la Constitución del 25. El Partido Comunista, proclamó siempre una política anticonfesional u anticlerical, desde sus orígenes en el Partido Obrero Socialista, fundado por Recabarren. Sin embargo, ello no implica por consecuencia que planteara una política laicista. Esto tiene, su explicación en que la doctrina que lo sustenta está planteada mas profundamente en la reivindicación de otro tipo de derechos y en un proyecto político-social, que da por hecho la hegemonía del marxismo-leninismo, que entiende el Estado como un ente desprovisto de toda influencia religiosa, al ser específicamente ateo. En la década de los 30, el emergente Partido Socialista, liderado por destacados miembros de la Francmasonería, también representó una voluntad específicamente laicista, y dio acogida en su seno a minorías religiosas que provenían de iglesias evangélicas. Ello destacó en las primeras tres décadas del partido, pero, las influencias ideológicas que sufrió, a partir de los años 60, lo llevarán a perspectivas fuertemente dogmáticas, que entraron en contradicción con su propio legado histórico. El ateísmo doctrinario que postuló entonces, llevaba implícito un laicismo de hecho, pero, que se diferenciaba del laicismo doctrinario, que no reivindica un planteamiento antirreligioso. Sin embargo, en los años recientes el PS ha proclamado como una de sus vertientes el "racionalismo laico", forma nominacional que señala de manera un tanto rebuscada el reconocimiento de su raigambre laicista. El Partido Demócrata Cristiano, en tanto, provino de una escisión del conservadurismo producido en los años 30, que representó la llamada "doctrina social de la Iglesia". Fuertemente influidos por las encíclicas sociales y el pensamiento de Maritain, siempre estuvo apoyado por una parte del clero mas progresista, y sus principales líderes fueron activos miembros de la fe católica. Sin embargo, a principios de los 60 ingresaron algunos componentes laicistas, que no han tenido gravitación en las definiciones doctrinales respecto de este tema, pero, que han cobrado cierto nivel de relevancia en el último tiempo. El Partido Por la Democracia (PPD), es el más nuevo de todos y el único de los partidos nuevos que surgió luego del régimen militar y que ha perdurado con real presencia electoral. Recogió en su seno a militancia proveniente del PS, del PR, del PC y a personeros del liberalismo histórico. En su planteamiento doctrinario se valoriza como aporte a su perfilamiento, entre otros, el del laicismo. Sin embargo, su acento esencial se plantea en términos de su proyección electoral, lo que provoca que haya extremada cautela en aspectos doctrinales fundamentales, y que su acervo laico sea, generalmente, minimizado. De lo expuesto, considerando a los partidos políticos de mayor gravitación actual, queda esperar que aquellos laicistas, que militan en estas organizaciones del actual espectro político chileno, puedan establecer preeminencias doctrinarias en sus organizaciones, que repongan la aspiración del laicismo en cuanto garantizar una sociedad realmente libre, plural y tolerante. 1996. |
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