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   Opinión

Temas del Laicismo Chileno

Grandes Chilenos

Jorge Ibáñez Vergara

El canal nacional de televisión, TVN, bajo un formato copiado de la BBC de Londres, desarrolló el programa titulado "Grandes Chilenos", consistente en una lista de sesenta nombres de figuras escogidas por ese medio de comunicación, para someterlos, luego, a la votación de estudiantes y profesores de enseñanza básica quienes, de acuerdo a las normativas del Canal, eligieron a diez finalistas.

La misma televisara preparó documentales sobre la vida y obra de estas figuras seleccionadas, para estimular la participación de los televidentes que determinarían, también mediante un sistema de votación, los lugares de la preferencia popular.

Por aceptable que sea la evaluación popular en áreas como la música o el deporte, su competencia es bastante dudosa en el juzgamiento de las significaciones históricas o los méritos literarios.

El propio canal de TV, a través de uno de sus personeros, sostuvo, como una prevención, que no se pretendía competir con los estudios históricos formales, a pesar de que los programas difundidos alteraran flagrantemente hechos históricos conocidos y respecto de cuya verdad no hay cuestionamiento.

La entrega y difusión de una "pauta", que emplea términos descalificadores respecto a cada uno de estos "Grandes Chilenos", es reflejo irrefutable de la peligrosa liviandad en que caen algunos programas de televisión: Allende (eterno secundón, alcohólico y extravagante); Prat (su heroísmo es un mito); Hurtado (cura rojo y agitador); Víctor Jara (sólo figura en esta lista por su muerte trágica); Neruda (extravagante y arribista); Gabriela Mistral (poesía noña, dulzona, menor ); Lautaro (mito exagerado por la distancia histórica);Violeta Parra (dejó a sus hijos abandonados); Carrera (golpista, temperamental); Rodríguez (sirve de inspiración a movimientos que abrazan conductas terroristas). Esta "pauta", que fue divulgada con algún detalle por el diario El Mercurio, contiene, también, aquellas referencias positivas que contrastan con los otros contenidos del insólito pauteo dado a conocer y cuyo efecto, en caso alguno, hace desaparecer la intención afrentosa.

La reacción ponderada, a través de opiniones y de testimonios comprometidos en la defensa de algunos personajes contemporáneos y de nuestro pasado histórico, no podía competir, en caso alguno, con el poder de la imagen y la propaganda televisiva. No obstante, algunas publicaciones deberían destacarse por la seriedad, el rigor y la fundamentación empleada para la mención de figuras que merecen la calificación de grandes o respetables chilenos y que difieren de la selección del canal mencionado.

Diez profesionales calificados en materias históricas confeccionaron una lista con aquellos nombres de personalidades que, por sus hechos y obras, no pueden ser excluidos en ninguna selección de grandes figuras nacionales, tales como Bernardo O'Higgins, Andrés Bello, Diego Portales, Arturo Alessandri y Luis Emilio Recabarren.

Posteriormente, la encuesta nacional Bicentenario UC-Adimark, del 2007, preguntó porel chileno más admirado. También aquí, como en el caso anterior, O'Higgins - excluido entre otros de la lista de TVN - ocupa los primeros lugares. La encuesta publicada en el libro "Chile Sueña el Bicentenario", ha seguido un método coherente para la calificación de los personajes históricos, entre aquellos vinculados a la historia de la Independencia de Chile, al mundo de la cultura y la política.

Estas selecciones llegan a resultados lógicos y razonables, logrados a través de una metodología elemental y mediante la autoridad del conocimiento historiográfico. Pero tales esfuerzos esclarecedores no podrán, sin duda, reparar el daño causado por el poder persuasivo que, en distintas materias, tiene la televisión para establecer y fijar, como verdades, fabulaciones y errores de muy difícil desarraigo en los sectores populares.

Se advierte, también, en este programa una gran semejanza con la serie "Héroes", del Canal 13, que, con el pretexto de conmemorar el Bicentenario, utilizó las figuras de padres de la Patria manipulando verdades históricas indesmentibles, y en algunos casos denostando a las principales figuras del proceso de la independencia.

En ambos casos, el silencio observado por quienes deben tener una responsabilidad de supervisión en iniciativas de esta naturaleza, más que una mera tolerancia parece un consentimiento al desvarío cultural.

 

 

 

 

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