volver al index

  

   Opinión

Temas del Laicismo Chileno

Confusión Lingüística

Jorge Ibáñez Vergara

 

El término laicidad, como derivación del francés “laicité”, no obstante haberse deslizado desde los sectores católicos hacia el mundo del libre pensamiento, no tuvo en los países de lengua española, y no lo tiene ahora en la mayoría de ellos, dificultades para ser aceptado como neologismo con una significación similar a “laicismo”. Así se ha estado haciendo repetidamente en los Seminarios Latinoamericanos organizados por los Institutos y Centros de Acción Laica, como el efectuado recientemente en México.

Sin embargo, la Real Academia Española no ha reconocido hasta ahora el vocablo “laicidad”, no obstante que algunos diccionarios lexicográficos lo incluyen, definiéndolo como un “neologismo inútil por laicismo”.  Por ello, buena parte de los textos traducidos del francés, que se refieren a la “laicité”, utilizan el término laicismo como su equivalente en español.

En los últimos años ha ido aumentando, no obstante, la concepción de “laicidad” como una doctrina diferente del laicismo, cuyo objetivo principal sería la armonía social, abriéndose, de este modo, una brecha distanciadora entre estos vocablos, en una dudosa división terminológica.

Algunos autores estiman que el nuevo vocablo, que se ha introducido con mayor frecuencia en los debates de los países europeos con lenguas latinas, tiene la ventaja de restar al laicismo su antigua connotación de enfrentamiento beligerante con la Iglesia Católica y suavizar su imagen anticlerical.

No se trata, desde luego, de un simple problema lexicográfico.  La ambigüedad que ha originado esta separación en el significado de palabras que fueron aceptadas durante largo tiempo como sinónimos, ha sido estimada por algunos estudiosos del laicismo como una tentativa absurda, sospechosamente orientada a perturbar el desarrollo del libre pensamiento en aquellas áreas como la de América Latina que tienen una organización débil o incipiente en el desarrollo del laicismo, dando origen a una anfibología semejante a la ocurrida con el término laico.

La significación generalmente aceptada de laicismo está referida, como se sabe, a la independencia del hombre, la sociedad y el Estado, respecto de las religiones o comunidades de fe.

El enfrentamiento del laicismo con cualquier iglesia dominante surge cada vez que los poderes confesionales pretenden alterar el respeto a la libertad de conciencia e imponer a toda la sociedad de un país sus reglas morales. Ese es le concepto del laicismo político, cuyo objetivo es alcanzar un Estado verdaderamente Laico.

La actitud mantenida por el laicismo político, destinada a lograr y preservar la existencia de un Estado laico y, por consiguiente, aconfesional, garantizador de la libertad de creencias, se manifestará cada vez que una determinada iglesia o confesión religiosa se inmiscuya indebidamente en los asuntos del Estado. 

Cuando se expresa que la “laicidad” es una doctrina que procura la armonía social y que surge cuando el Estado ya no se legítima por una religión, es decir, cuando el Estado encuentra su fundamento en la voluntad popular, no se observa diferencia alguna con el laicismo que lucha por alcanzar en plenitud ese entendimiento social.

El debate religioso en Francia en los años recientes; el manifiesto laico contra el integrismo religioso en Italia; la creación de la asignatura sobre “Educación para la Ciudadanía”, en España, hacen surgir las viejas querellas similares a las que alimentó el clericalismo en Chile en el siglo XIX, y de paso, aparecen marginalmente los debates acerca de la “laicidad” y el laicismo.  Dejan, también, en evidencia que todavía se mantiene, en los hechos, el afán de legitimar el Estado en un compromiso eclesial.

Estas consideraciones llevaron, sin duda, al Cuarto Seminario Latinoamericano de Laicismo, a aceptar unánimemente el uso del término “laicidad” sólo como neologismo con significación similar a laicismo.

 

 

 

 

Hosted by www.Geocities.ws

1