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Temas del Laicismo Chileno |
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A
propósito de la excomunión por aborto en Brasil. Gonzalo
Herrera G. La
crónica apareció escueta, reducida al limitado espacio que la prensa
“seria” suele destinar a las noticias provenientes del tercer mundo.
El arzobispo de Recife, José Cardoso, ha excomulgado a la
madre de una niña brasileña de 9 años que fue sometida a un aborto
inducido después de quince semanas de embarazo, tras haber sido violada
por su padrastro. La pena canónica se hizo extensiva también al equipo
médico que practicó la intervención, pese a que éste actuó en
concordancia con la legislación de ese país, la que permite la
interrupción del embarazo cuando hay riesgo de vida para la madre o
tratándose de casos de violación.
La
que podría aparecer como una medida apresurada y excesiva de un obispo
fue prontamente corroborada por
el cardenal Giovanni
Battista Re, presidente de
No
es que la posición de la estructura de La
justificación del cardenal Re para el castigo es que “siempre hay que
defender la vida”. La insensatez y falta de lógica del argumento –
la prolongación del embarazo de mellizos en un cuerpo inmaduro de Tras la pretensión de defender la vida, la familia y la sociedad, sin tomar en consideración la realidad muchas veces brutal de millones de víctimas de estructuras sociales injustas y opresivas, condición que bien conocen y con la que son consecuentes y solidarios muchos curas y religiosas de base, parece esconderse un alineamiento doctrinal que busca retraer a los individuos de las controversias provocadas por las tensiones de la sociedad moderna. Temas como el aborto, el divorcio o la píldora del día después no surgen por imposición de científicos, pensadores o periodistas. Saltan al plano de la discusión porque responden a acuciantes problemas que afligen a muchos seres humanos, víctimas de atropellos a sus derechos fundamentales, entre los que la violencia de género y el abuso infantil conforman realidades de cada día. Abismantes son las cifras de abortos clandestinos en América Latina y países del Tercer Mundo, constituyendo un problema grave aunque encubierto de salud pública. Su condición misma de ocultación e ilegalidad hace imposible cuantificar los casos en Chile, aunque se estima que la tasa es de 50 por cada mil mujeres en edad fértil, en tanto que en países como Colombia y Brasil, que contemplan el aborto terapéutico en sus respectivas legislaciones, esta tasa es de 30 ó 40. Está más que demostrado que la criminalización que se hace de las mujeres que recurren a este recurso extremo no resuelve el problema y, por el contrario, lo agudiza. Es urgente abrirse a un debate abierto y franco que considere los pro y los contra de la despenalización del aborto, libre de interferencias eclesiásticas y dogmáticas, en el que la sociedad civil confronte las diversas posiciones que existen sobre éste y otros temas valóricos, reconociendo la legitimidad de distintas consideraciones de conciencia, para fortalecer una sociedad más tolerante y solidaria. Sólo así avanzaremos para que medidas tan aberrantes como la que comentamos dejen de causar impacto.
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