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   Ensayos

Temas del Laicismo Chileno

Diversidad en la universidad

Danny Monsálvez - Académico Historia U. de Concepción

Entre el 1 y el 10 de diciembre se desarrolló en nuestra Universidad de Concepción la “Semana de la Diversidad”, en una clara muestra del valor inalienable que tiene el desarrollo libre del espíritu.

Esta actividad, impulsada valiosamente por jóvenes universitarios es un claro ejemplo de lo que es pensar, vivir y proyectar la universidad; es decir, ser el espacio preciso donde tienen cabida todas las expresiones e ideas. La universidad, tal como lo señaló Helmut Schelsky, es el lugar por esencia donde se adquiere la más clara conciencia de la época.

Uno de los puntos más valiosos de la “Semana de la Diversidad” fue colocar en el tapete de la discusión que tan tolerantes y pluralistas somos los académicos y nuestros jóvenes estudiantes.

Al especto, no podemos desconocer, ignorar y falsear la realidad (historia) que en determinados pueblos, culturas, organizaciones e instituciones se acepta sin mayor cuestionamiento lo establecido o la tradición (escrita), bien desde el punto de vista divino o de aquello que emana de los centros de poder.

Es decir, aquello que otros fundaron, escribieron, constituyeron y desarrollaron se convirtió -para algunos- en convencionalismo, tradicionalismo, imposición; peor aún, en un dogmatismo disfrazado de una verborrea y fraseología propia de un pensamiento único, específicamente porque determinados sujetos se sienten cómodos hasta donde han llegado, bien desde el lugar donde están situados, otros aludiendo a la verdad revelada o en último caso insinuando una tolerancia residual, o sea “toleramos lo que está incluido en un ámbito cuyo cerco es lo intolerable”.

Así, la aparente aceptación de la diversidad y un determinado discurso tolerante y pluralista es un eufemismo que en el fondo esconde un pensamiento intolerante, vago, tradicional y en ocasiones autoritario; es decir, una actitud por mantener la defensa de un mundo heredado, a través de una veneración y valoración inconsciente de su propia realidad en la cual se está circunscrito.

Esta perspectiva de análisis, es claramente un subterfugio o temor a pensar la realidad histórica desde nuevas perspectivas de análisis. Es no -querer- aceptar nuevas visiones, enfoques, formas de entender y concebir las cosas. Ya lo decía el destacado intelectual Michel Foucault: “¿qué hay de peligroso en el hecho de que las gentes hablen y de que sus discursos proliferen indefinidamente?, ¿en dónde está por tanto el peligro?”.

No resulta del todo comprensible y menos entendible que subrepticia y solapadamente envíen mensajes expresando que aquello no es debatible y no es tema de discusión; pero al mismo tiempo señalan formalmente que existe el espacio para el debate y la reflexión, pero en la práctica te dicen desde dónde y con quién debes debatir.

La diversidad, así como la tolerancia y la igualdad deben ser concebidas como valores inmanentes y trascendentales de la esencial misma del ser humano, especialmente de nuestros estudiantes; más todavía en su inherente relación con sus semejantes y en su realidad más contigua.

De ahí que la universidad sea el espacio por naturaleza desde donde emana la diversidad por medios del desarrollo libre del espíritu; que tal como lo señaló el ex rector David Stitchkin, se va construyendo progresivamente a través de tres pilares: la honestidad, la dignidad, y el respecto y no por medio de fórmulas absolutas e irrefutables, menos en alguna ideología, dogma o pensamiento exclusivo; todo lo contrario, la idea es ir dando vida a una mente razonadora y crítica, con el objetivo que nuestros jóvenes pueda determinar libre y responsablemente su conducta individual y social.

 

 

 

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