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Temas del Laicismo Chileno |
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Definiendo los conceptos. 1)
¿Qué quiere decir laico o laicista? El término “laico” indica a las personas o grupos que son independientes de toda actividad u organización religiosa. “Laicista” se refiere a quien actúa en función de promover las libertades de conciencia en el ámbito de las creencias. 2)
El laicismo El laicismo no es una ideología como pretenden tipificarla sectores tendenciosos, sino una doctrina para la cual la libertad de conciencia en el marco de las creencias constituye un fin fundamental. El laicismo se opone a que una visión religiosa particular se imponga a todos los miembros de la sociedad, especialmente a quienes no comparten esa visión. El laicismo es una forma de vida fundada en el respeto a las distintas opciones de conciencia. El laicismo no es antirreligioso; por el contrario, constituye el único medio para garantizar a cada uno el respeto real a sus convicciones religiosas o filosóficas, independiente de cuales sean. El laicismo se opone a las prácticas de hegemonía religiosa sobre la sociedad. 3)
La laicidad. La laicidad es un logro cuando los principios laicistas se implantan en la sociedad permitiendo operar la libre concurrencia de las diversas opciones de conciencia, no solo aquellas relativas a las confesiones, y donde ninguna de ella tiene el privilegio para sobreponerse hegemónicamente, o para imponer formas de exclusión a quienes no comparten sus creencias. Algunos líderes religiosos han tratado de crear una interpretación antojadiza de este concepto, refiriéndolo solo a la libertad religiosa garantizada por el Estado. Lejos de ello, bajo una condición de laicidad política y social, la libertad religiosa es solo una de las libertades de conciencia, toda vez que deben garantizarse también los derechos de quienes no profesan fe alguna. De la misma forma, debe garantizarse que las leyes carezcan de connotación religiosa, y que quienes deben administrarlas y aplicarlas, deben actuar con independencia de sus creencias, toda vez que sus actos tocan a creyentes de distintas confesiones y a no creyentes. La laicidad es una consecuencia, el efecto, que se desprende de la aplicación de la doctrina laicista. La laicidad, como materialización del laicismo, en síntesis, no niega el derecho de las confesiones a la interpelación moral a sus adeptos, pero tampoco niega el derecho de quienes no sienten la obligación de aceptar la interpelación de confesión alguna. 4)
La laicización de la sociedad. La laicización de la sociedad procura que la vida pública sea independiente de ordenanzas religiosas. A este respecto, convendría destacar algunos procesos de laicización: la creación de cementerios para todas las personas (en el siglo XIX solo había cementerios en las iglesias), el Registro Civil (antes las personas inscribían los nacimientos en la parroquias católicas), la abolición de condenas que afectaban a los no católicos. Posteriormente cabe señalar la separación de la Iglesia y el Estado, la ley de divorcio, las políticas públicas para la planificación familiar y la lucha por el respeto a las minorías de conciencia. 5)
La neutralidad del Estado. Un Estado laico no privilegia ninguna religión o concepción de vida, y confiere derechos y establece la igualdad para todos los ciudadanos, independientemente de sus convicciones filosóficas o religiosas. En un Estado democrático y laico, todos los ciudadanos deben ser iguales. Por esto, la neutralidad del Estado es indispensable: las leyes deben aplicarse a todos los ciudadanos, cualesquiera sean sus convicciones. El Estado laico debe también organizar un sistema de enseñanza pública neutra donde todos los niños aprendan a vivir en conjunto en la diversidad de creencias, de convicciones no religiosas, de nacionalidad, etc. Un Estado laico no debe financiar colegios privados de orientación religiosa, sino que ellos deben ser financiados por los padres de quienes quieren que sus hijos reciban una educación religiosa particular. En un Estado laico, las instituciones que lo componen y quienes las dirigen, están impedidos de efectuar proselitismo o servicios religiosos referidos a una religión en detrimento de otras. Ninguna autoridad debe usar las instituciones del Estado para promover sus valores religiosos. Ninguna autoridad de organismos o instituciones del Estado puede obligar a sus subalternos a concurrir a actos religiosos específicos. 6)
La separación de la Iglesia y del Estado. La separación de la Iglesia y del Estado protege a todos los ciudadanos contra la desigualdad de trato, desde un punto de vista religioso. Cuando la Iglesia y el Estado se separan y por tanto son autónomos, las doctrinas religiosas no pueden ser consideradas como leyes, y las leyes deben garantizar el ejercicio religioso, en tanto derecho de conciencia. 7)
Laicismo, mercado, empresa y trabajo. En el plano del mercado, de la empresa y el trabajo, debe garantizarse que las actividades empresariales y laborales no estén sometidas a sesgos confesionales. Nadie puede ser excluido del mercado, de una empresa o de su trabajo sobre la base de sus opciones de conciencia. La existencia de lugares de culto dentro de la empresa debe ser prohibida por la ley, ya que establecen diferencias discriminatorias. Las empresas deben estar impedidas legalmente de hacer erogaciones a organizaciones religiosas, recibiendo por ello franquicias o beneficios tributarios. Los aportes económicos a las iglesias debe ser efectuado solo por sus fieles, en calidad de personas. 8)
El laicismo hoy. El ideal laico comprende la vida humana en todos sus aspectos. Los laicos quieren construir una sociedad más justa, generosa y racional. Para alcanzar este objetivo el laicismo en el sentido amplio de la expresión, debe responder con agilidad a los nuevos desafíos y ser activo en el plano social, cultural y político. La actitud de vida laica es profundamente humanista, porque cree que el ser humano goza de libertades que son inalienables, y que a través del ejercicio de ellas puede alcanzar su más plena realización personal. Laicizar la ley significa que se la libera de toda sumisión a las doctrinas religiosas. El hecho de que una parte de la población rechace ciertas conductas por razones religiosas, no puede impedir a los otros ciudadanos hacer sus propias elecciones en su vida privada. Los laicos no quieren que la investigación científica se desarrolle sin control, pero tampoco quieren impedir las investigaciones y los progresos útiles que ellas propician. Entonces se hace necesario que haya un constante debate alrededor de los problemas relativos a la ética y que las instancias éticas se ocupen sistemáticamente en estos problemas. Los laicos estiman que hay que respetar dos valores en este ámbito: el respeto a la calidad de vida y la preservación del medio ambiente humano. 9)
El laicismo y los debates recientes en Chile. Frente a las discusiones valóricas del último tiempo, el laicismo sostiene que las libertades sexuales, y los derechos que de ellas emanan, están en el ámbito personal de cada ciudadano o ciudadana, entendiendo que la ciudadanía se ejerce con la mayoría de edad, y que cada cual debe decidir según sus valores o convicciones. La planificación familiar y el momento de la concepción de los hijos, son aspectos privativos de las personas, y la ley debe garantizar ese derecho. Por lo mismo, la anticoncepción, a través de los medios que la ciencia pone a disposición de los seres humanos, es un derecho de quienes prefieren optar por esa alternativa. Nos parece incongruente que si la ley permite la comercialización del tabaco, que atenta contra la vida de las personas, se prohíba un fármaco de emergencia que impida el embarazo.. De modo decidido, el laicismo sostiene que la vida humana comienza según lo indican los consensos establecidos en los organismos de salud de la comunidad internacional, esto es, cuando se implanta el óvulo fecundado, dando comienzo al embarazo. Aún así, la interrupción del embarazo es un derecho de la mujer o de una pareja, que debe ser establecido legalmente.
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