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Temas del Laicismo Chileno |
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Laicismo y
ecumenismo en educación Carlos Leiva Villagrán Para
el laicismo, no basta que el Estado sea neutral en materia religiosa,
debe ser prescindente. Esto es particularmente significativo cuando se
refiere a la educación de la juventud, plano en el cual el laicismo
proclama la necesidad de cautelar el libre desarrollo de la conciencia
del niño, esto es, libre de adoctrinamientos y de la acción de grupos
de presión. Más válido es esto aún en la educación pública, que es
financiada por la ciudadanía en general. En
la etapa de la vida en que se encuentra el educando en la enseñanza básica
y media, toda presión religiosa o ideológica atenta en contra de su
libre despertar de conciencia, al que la escuela colabora procurándole
acceso al conocimiento, preparándolo así para alcanzar un nivel de
madurez en libertad y autonomía personal. Por este motivo, el laicismo
postula la prescindencia absoluta de doctrinas y signos religiosos en el
aula, al tiempo que respalda los esfuerzos institucionales, docentes y
financieros por elevar la calidad de la entrega de conocimientos en la
formación del alumno. En
Chile, la situación del Estado puede calificarse de "semi
confesional" o "no confesional", pero en ningún caso de
laica. La actual Constitución Política mantiene la exención de toda
clase de contribuciones a los templos religiosos y sus dependencias, y
no hace tanto tiempo se ha dictado una Ley de Cultos que reconoce y
otorga privilegios a las religiones en general lo que, por cierto, ha
permitido a los distintos credos religiosos superar la discriminación
de que habían sido históricamente víctimas en relación con la
Iglesia Católica. Sin embargo, esta especie de ecumenismo no es
laicismo, sino, por el contrario, significa ampliación a todas las
religiones de los beneficios que ya tiene la Iglesia Católica. A
diferencia de esto, el laicismo implica que toda religión debe ser
ajena y externa al Estado. El
carácter no laico de la Educación en nuestro país se hace evidente
con la existencia de enseñanza religiosa en las escuelas públicas, así
como en los reconocidos intentos de la autoridad eclesiástica por
lograr que su asignatura tenga la más alta relevancia en la formación
de los jóvenes. Tan escasamente laica, por otra parte, es la conciencia
pública en esta materia, que hasta la fecha pocos han objetado una
proposición del diputado Maximiano Errázuriz, que se encuentra en trámite
en el Congreso, destinada a que el Estado sufrague la erección de
capillas de oración en todos los establecimientos educacionales que se
construyan en adelante en el país. A
un nivel global, la Iglesia Católica ha dado por finalizada su histórica
guerra ideológica con las demás religiones, y ha iniciado una ofensiva
mundial revisionista, bajo la dirección del papa Benedicto XVI, contra
el laicismo. Con este objeto, la Iglesia ha considerado útil conformar
una estrategia ecumenista que una a hombres de distintas religiones,
sean cristianos, musulmanes, judíos u otros, en contra de aquellos que
pretendan bloquear su acceso al poder político y su pretensión de
poner en cuestión las bases que dieron origen a la moderna
institucionalidad republicana a partir de la revolución francesa. Esta
estrategia papal ecumenista se manifiesta actualmente bajo el confuso rótulo
de laicismo positivo, y se materializa, entre otros, en el intento de
volver a entronizar la religión en los Estados y en la educación. Por
ello, en nuestro país, aún cuando pareciera que el tema no está a la
orden del día en Educación, puesto que, dada la crítica situación
actual, el principal énfasis debe estar puesto en la calidad de la enseñanza
y en el papel que en ello debe cumplir el Estado, cabe no olvidar que el
carácter laico de la educación pública, que está considerado en el
proyecto de ley que actualmente se tramita en el Congreso, debe
significar prescindencia absoluta de enseñanza religiosa en la educación
pública y no neutralidad religiosa ni aceptación del ecumenismo en la
escuela. |
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